CHAPTER 2: LITERATURE REVIEW
2.5 Full-scale testing
275
“L´ethique de Rousseau n´est pas une éthique du sentiment, mais la forme la plus catégorique d´une pure éthique de l´obligation qui ait été établie avant Kant» (Philonenko, op. cit., p. 83).
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Como ya hemos visto en los dos primeros capítulos y sobre todo en el apartado2.4. El corazón como núcleo de la existencia humana basada en el amor, la belleza, la sabiduría y el entusiasmo por la virtud.
277 Waterlot afirma que “es posible comprender la integración de dogmas de la religión natural en la religión civil,
sin que esto produzca una contradicción”. Cf. Rousseau: religión y política. Buenos Aires: FCE, 2008, p. 19.
Teniendo en cuenta lo que podría denominarse una “metodología integral de crítica social”, utilizada como rasero para la elaboración de su pensamiento, será más fácil
comprender cómo surge el concepto de “religión civil” de Rousseau, en qué consiste y cuál es su contribución real a la filosofía política.
El problema de las relaciones entre política y religión es sumamente complejo y obligará a Rousseau a inventar una nueva religión –la religión civil del Contrato Social– que hasta hace relativamente poco se pensaba que no podía integrarse, sin contradicción, con la religión natural postulada por el vicario saboyano en el Emilio.
"Los dogmas de la religión civil –afirma Rousseau
La religión civil propuesta por Rousseau está compuesta por nueve dogmas o artículos de fe: ocho positivos y uno negativo.
– deben ser simples, de número reducido, enunciados con precisión, sin explicaciones ni comentarios. La existencia de la Divinidad poderosa, inteligente, bienhechora, previsora y proveedora, la vida futura, la felicidad de los justos, el castigo de los malos, la santidad del contrato social y de las leyes: éstos son los dogmas positivos. En cuanto a los dogmas negativos, yo los limito a uno solo, la intolerancia: ella entra dentro de los cultos que hemos excluido". 278
La tesis de la invención de la "religión civil" por parte de Rousseau, como algo totalmente original, fruto del "sincretismo químico" de la religión del hombre y de la religión del ciudadano, es expuesta por Ghislain Waterlot basándose en la interpretación del Contrato Social de Bruno Bernardi.279 Según Waterlot, la religión civil sirve como “instrumento crítico universal” aplicable a los Estados ya existentes y dotados de una religión política oficial y heredada, instrumento a través del cual pueden evaluarse las situaciones históricas concretas en relación con el Estado y la religión. La función específica de la religión civil no es reemplazar o anular las religiones políticas nacionales, sino más bien ayudar a mejorarlas.280
La contribución de Rousseau en el planteamiento del problema de la relación entre religión y política consiste en lo siguiente. Él no comete el error de sus antecesores
– v.g. Turgot–
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CS, en OC, III, 468 y 469: “Les dogmes de la Religion civile doivent être simples, en petit nombre, énoncés avec précision sans explications ni commentaires. L´existence de la Divinité puissante, intelligente, bienfaisante, prévoyante et pourvoyante, la vie à venir, le bonheur des justes, le châtiment des méchans, la sainteté du Contract social et des Loix ; voilà les dogmes positifs. Quant aux dogmes négatifs, je les borne à un seul; c´est l´intolérance : elle rentre dans les cultes que nous avons excluds ».
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Cf. Bernardi, Bruno, "Jean-Jacques Rousseau, une chimie du Politique? Pour une relecture du Contrat social, I, 5", en Philosophie, núm. 56, diciembre de 1997, en: Waterlot, op. cit., pp. 112 y 113.
280
Waterlot, op. cit., pp. 137 y 147.
de pretender convertir la religion natural en política o de reducir una a otra. Por el contrario, considera que sólo una nueva síntesis puede superar las limitaciones propias de cada una de ellas, resolviendo el agudo problema de la debilidad política del cristianismo del Evangelio y eliminando la violencia cruel de las
religiones cívicas del mundo pagano. La religión civil constituye, pues, un tercer término, una invención original de Rousseau que abre hacia la humanidad preservando la particularidad y manteniendo la ciudadanía. Las sociedades políticas no pueden diluirse en un Estado Mundial omniabarcador, en una suerte de cosmopolitismo gaseoso e inviable, pero ellas mismas ya no pueden tampoco ser tan fanáticas –como en el mundo pagano precristiano– porque la verdadera religión, con su mensaje de amor y fraternidad universales, se ha extendido ampliamente por todo el mundo.281
El problema con varias de las interpretaciones anteriores –como la defendida por Philonenko–
“Es legítimo hablar aisladamente del pensador o del soñador, del político o del perseguido, del músico o del novelista. Pero cada una de estas perspectivas es fragmentaria, y no alcanza más que una verdad incompleta: no solamente por el vicio inherente a toda aproximación parcial, sino porque Rousseau en todo momento, e incluso en los textos más sólidamente construidos, asocia su palabra explícita a la presencia implícita de su persona y de su pasión”.
es que dificultan una adecuada labor interpretativa frente a la complejidad, riqueza y originalidad del pensamiento rousseauniano. Sobre la riqueza y complejidad del pensamiento rousseauniano, Jean Starobinski ha sostenido que:
282
Felizmente una nueva línea de interpretación de críticos en Francia e Italia283, ha reevaluado las tesis tradicionales de consagrados intérpretes284 acerca de varios aspectos de la filosofía política del pensador ginebrino. El nuevo enfoque hermenéutico garantiza la unidad del pensamiento de Rousseau y justifica la vigencia de de sus ideas morales y políticas.
281 Cf. Waterlot, op. cit. pp. 116 y 117. 282
Starobinski. La transparencia y el obstáculo. Madrid: Taurus, 1983, p. 331.
283
Me refiero específicamente a los trabajos recientes de Bruno Bernardi (“J.-J Rousseau, une chimie du politique? Pour une relectura du Contrat social, I, 5», 1997; y «La religion civile, institution de tolérance», 2004), Hélène Bouchilloux (“Le statut de la religión civile chez Rousseau”, 2001) y André Charrak («Position des Lettres écrites de la montagne, Émile et le Contrat social dans la première lettre», 2004; «La revisión del concepto de ciudadanía en Rousseau, 2005) en Francia, y de Gabriella Silvestrini («Contrat social et religion civile», 1999; «Il concetto di «governo della legge» nella tradizione repubblicana», 2000; «Républicanisme, contrat et gouvernement de la loi»,
2002 op. cit., p. 10, n. 1.
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Entre ellos se encuentran, por ejemplo,Victor Goldschmidt y Robert Derathé. Comentaristas más severos como L.- J. Talmon y S. Cotta han visto en los supuestos “vacíos” de la religión civil los gérmenes del totalitarismo. Cf. G. Waterlot, op. cit. p. 112, n. 33.