industrialista y una PE autonómica y pro-latinoamericana continuaron como ejes rectores entre la gestión de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Sin embargo, durante la campaña electoral que llevó a Cristina al poder se mencionó que ella tenía una vocación más inter-
nacionalista en comparación con su antecesor. Esto generó expectativas en Washington sobre que Argentina a finales de 2007, con una situación política y económica interna más acomodada, podría inclinarse hacia una inserción más pro-occidental que la que había acontecido después de la Cumbre de Mar del Plata. Sin embargo, como se señaló más arriba, los condicionantes domésticos iniciados a partir del conflicto con el campo más el impacto internacional de la crisis financiera de 2008 y el fallecimiento del expresidente Kirchner en 2010, afectaron de manera constante estas expectativas.
Los hechos mencionados más arriba sumados a las convicciones ideológicas de las Presidenta generaron, a lo largo de toda esta etapa, una primacía de las causalidades in- ternas sobre el diseño y ejecución de la PE. Consecuentemente, tanto los sectores de opo- sición política y económica como los medios de comunicación comenzaron a presentar al mundo una Argentina que estaba siendo conducida, vía su PE, a un creciente aislamiento o desinserción internacional. Dicha postura argumentaba críticamente la propuesta de inserción que privilegiaba a América del Sur y desjerarquizaba los vínculos con los EEUU, dando lugar a un incremento de la conflictividad entre Buenos Aires y Washington.
A pesar de estos avatares Cristina es relecta para su segundo mandato y mantiene las líneas principales de la PE, pero el incremento de la condicionalidad sistémica le otorgó un rol más protagónico a China a lo largo de este segundo mandato.
Como ya se afirmó (Busso, 2010 y 2014) al analizar los vínculos de Buenos Aires con Washington durante el kirchnerismo se da una secuencia recurrente de “acercamien- to-crisis-intento de recomposición”. En este marco, las diferencias entre ambos países incluyeron episodios de notable repercusión mediática, pero lo cierto es que el avance o retroceso del vínculo bilateral desde la perspectiva argentina se concentrará en la re- solución, o no, de temas centrales para el modelo de desarrollo y el perfil autonómico que proponía el gobierno y, desde la perspectiva estadounidense, en función del rol que desempeñe Argentina en la política general hacia América Latina a la que Washington co- menzó a atender con mayor dedicación desde el segundo gobierno de Obama.
Un repaso de los hechos muestra que, a pesar de la puerta abierta por el discurso anti Irán de Kirchner en Naciones Unidas en 2007, la gestión de Cristina se inició con un enfrentamiento directo con Washington por el llamado “valijagate”, cuando un fiscal de Florida afirmó que el dinero que había ingresado Antonini Wilson desde Venezuela a la Argentina estuvo destinado a financiar la campaña de Cristina y Cobos.
Un año después, en el marco de la profunda crisis financiera, George W. Bush reactivó el G20 financiero convocando a una Cumbre en Washington en noviembre de 2008 e invitó a nuestro país –junto a Brasil y México– a participar como representante de las economías emergentes, lo que fue un gesto importante en tanto se suponía que este grupo gestionaría la crisis.
Sin embargo, el patrón crisis-intento de recomposición reapareció en la gestión de Obama, la cual despertó grandes expectativas tanto en Latinoamérica como en Argenti- na. En este marco, los críticos del gobierno subrayaron persistentemente la condición de aislamiento e irrelevancia de Argentina, lo que había conducido al Presidente Obama a reunirse con Lula y Bachelet, pero no con Cristina. Además, se remarcó un incidente con el entonces Secretario Adjunto para el Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, quien en
su visita de diciembre de 2009 declaró que empresarios estadounidenses le habían ma- nifestado falta de “seguridad jurídica” en Argentina y, además, apuntó que había notado un “cambio” en el entusiasmo respecto al clima de inversión entre las firmas de su país en comparación con 1996 (Lopez San Miguel, 2009).
Los críticos de la PEA hacia EEUU durante el primer gobierno de Cristina se basa- ron en los hechos antes mencionados, pero no incluyeron en sus análisis que la gestión externa de Obama estaba atada a su agenda doméstica enmarcada por los índices de des- empleo, las dificultades para establecer controles al sistema financiero nacional e interna- cional, el progresivo déficit fiscal, la reforma al sistema de salud, la búsqueda de fuentes proveedoras de energía tradicionales y alternativas, todo en el marco de una creciente oposición del partido republicano. Tampoco destacaron que en ese momento el lugar de Latinoamérica no era prioritario y, menos aún, el de Argentina. EEUU siguió sólo algunas cuestiones regionales que, desde su perspectiva, eran parte de una agenda preocupante comogobernabilidad democrática, comercio, migraciones, energía, narcotráfico y crimen transnacionalizado, temas en los que Argentina no ocupaba un lugar relevante.
Consecuentemente el primer año de la administración Obama también conoció los vaivenes cíclicos de la relación entre Buenos Aires y Washington y el 2010 se inició con las declaraciones de Cristina a CNN en referencia a que el Presidente estadounidense “no había cumplido con las expectativas”14, las que despertaron muchas críticas opositoras en
Argentina. Sin embargo, luego se inauguró un ciclo de recomposición donde se destaca la visita de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, a Buenos Aires y sus comentarios positivos sobre la economía argentina; el apoyo del entonces presidente del Subcomité Regional de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, Eliot Engel, quien le reclamó a Va- lenzuela que el presidente Obama tratara de recibir a la Jefa de Estado argentina cuando llegase a Washington para la Cumbre de Seguridad Nuclear15, cuestión que se efectivizó
en una reunión privada que realizaron Obama y Cristina en esa ocasión (Busso, 2010). Por otra parte, en junio de 2010 Bill Clinton arribó a Buenos Aires en una vista privada, pero se reunió con Cristina y, posteriormente, en una conferencia afirmó que “en el próximo medio siglo la Argentina puede recuperar su lugar en la línea de frente de las naciones”, a la vez que consideró que nuestro país “recibió un crédito insuficiente de las agencias calificadoras luego del giro de 180 grados en su economía”16.
Esta tendencia positiva en el vínculo pareció consolidarse cuando Cristina decidió nombrar a Héctor Timerman, por entonces embajador en Washington, como Canciller en remplazo de Taiana. Esta elección hizo presuponer que se buscaba a una persona que había tejido vínculo en aquella capital y que era conocedora de la política estadounidense para lograr estabilizar la relación. Sin embargo, a inicios del segundo mandato de Cristina
14. La entrevista de CNN realizada por Carmen Aristegui, el 25 de febrero de 2010, puede consultarse en: https://www.youtube.com/watch?v=CygLtXUoTzw
15. Para detalles de esta solicitud ver Silvia Pisan, “Piden que Obama reciba a Cristina”, Diario La Nación, Buenos Aires, 11 de marzo de 2010 y Ana Barón, “Presión en el Congreso de Estados Unidos para que Obama reciba a Cristina”, Diario Clarín, Buenos Aires, 11 de marzo de 2010.
16. “CFK recibió a Bill Clinton”, TN on line, Buenos Aires, 7 de junio de 2010. Disponible en: http://www.tn.com.ar/2010/06/07/politica/02201964.html
los avatares en torno al avión C-17 Globemaster III de la Fuerza Aérea estadounidense en febrero de 2011 y el rol sobreactuado del Canciller debilitaron los vínculos de manera notoria y darían, junto a los temas financieros, una señal clara del deterioro/parálisis que afrontarían las relaciones con Washington desde entonces. Si bien Cristina y Obama se reunieron nuevamente en Cannes donde mostraron reconocimientos mutuos y dieron por cerrado el tema, lo cierto es que para algunos miembros del Departamento de Estado y del Pentágono este hecho puso el vínculo entre paréntesis en un momento donde ya no contábamos con defensores en la Cámara de Representantes, en tanto la presidencia de los Comités pasó a manos de los republicanos que habían ganado las elecciones de mitad de mandato y veían a la Argentina con el mismo lente que miraban a Venezuela.
B.2 La relación de los gobiernos kirchneristas (2003-2011) con Brasil: del vértice