En la actualidad, la mayoría de los psiquiatras y psicólogos clínicos suelen considerar que en los trastornos psicológicos o mentales están implicadas causas tanto biológicas, psicológicas como sociales (son los llamados “modelos multifactoriales”, “interactivos” o “psicobiosociales”). Según se hable de que determinado trastorno psíquico concreto, el peso de las causas
biológicas, psicológicas o sociales será mayor o menor. También el tratamiento en
determinados casos suele ser de tipo “interdisciplinar”, requiriendo la intervención coordinada de varios profesionales (psiquiatra, psicólogo clínico, asistente social...).
Podemos concretar diciendo que la conducta psicopatológica tiene dos tipos de causas: biológicas y ambientales. Estas causas se suelen combinar en la mayoría de los
trastornos psicológicos, llamándose a los modelos que la estudian “multifactoriales”. Uno de estos modelos es el llamado de “Vulnerabilidad-Estrés” (Zubin y Spring, 1977), que quizás sea el más compartido por la mayoría de los psiquiatras y psicólogos clínicos para dar cuenta de los factores causales de los distintos trastornos.
Modelo de Vulnerabilidad (Zubin y Spring, 1977). Este modelo postula que la vulnerabilidad de un individuo puede definirse como la predisposición a desarrollar un trastorno cuando las circunstancias vitales (externas y/o internas) producen un grado de estrés tal, que supera el umbral de tolerancia al estrés de dicho individuo.
Factores causales tempranos (1) • Alteraciones genéticas
• Experiencias sociofamiliares
Vulnerabilidad personal (2)
Factores actuales desencadenantes (3)
Fallo en los recursos personales o de apoyo social (4)
• Factores biológicos (p.e. alteraciones bioquímicas) • Factores psicológicos (p.e. capacidad atencional, estilo de
pensamiento y habilidades de afrontamiento)
• Psicosociales (p.e. tensiones familiares)
• Físicos (p.e. infecciones)
El modelo referido propone que los trastornos suponen una crisis en el funcionamiento psicobiológico de la personas con una cierta vulnerabilidad (disposición o características de personalidad) ante determinados estresores (situaciones que generan tensión y necesidades de adaptación). La vulnerabilidad incluye predisposiciones determinadas genéticamente que a su vez influyen sobre, por ejemplo, determinados niveles de sustancias bioquímicas en el cerebro del individuo. También incluyen procesos y habilidades psicológicas, como la capacidad atencional, los procesos de memoria, los estilos de pensamiento personales y las habilidades de conducta para afrontar
determinadas situaciones. Se supone, además, que esos factores se pueden consolidar y hacerse más persistentes en las épocas tempranas de la vida, donde la maduración del sistema nervioso está iniciándose y las influencias ambientales provenientes del medio sociofamilar pueden dejar una fuerte huella.
El ambiente actual de la persona (incluyendo tanto factores psicosociales como físicos) desencadena los trastornos, en función de lo vulnerable que sea el sujeto a ellos, haciendo que la reacción de la persona a éstos esté mediatizada por sus disposiciones biológicas (p.e determinados niveles de sustancias bioquímicas cerebrales), su reacción corporal global, sus procesos psicológicos básicos (p.e estilo de pensamiento y
capacidad atencional) y sus habilidades de afrontamiento (p.e sus métodos para resolver problemas). Además, los recursos externos, como el apoyo familiar, de los amigos o la existencia de servicios sociales o sanitarios disponibles, van a modular el mejor o peor manejo de las dificultades.
Si esos procesos mediacionales (la vulnerabilidad o disposición personal) y la disposición de recursos externos no son adecuados o accesibles, el resultado será el trastorno psicológico o la aparición de determinadas enfermedades. Esto no solamente puede ser válido para las llamadas “enfermedades mentales” sino también para las enfermedades médicas, en general.
Desde este punto de vista, la noción de estrés ha cobrado una especial relevancia en los últimos tiempos para explicar una parte importante del comportamiento de los seres humanos, para dar cuenta del malestar subjetivo y como elemento causal en el desarrollo de una variedad de trastornos médicos y psicológicos.
Sin embargo, en la mayoría de los trastornos psíquicos existe una estrecha relación entre sus componentes. Existe una relación de influencia mutua entre las respuestas
fisiológicas del cuerpo, los pensamientos, los estados emocionales y la conducta de una persona ante una determinada situación o problema. Así, si nos sentimos tristes y
deprimidos, nuestro pensamiento será negativo y pesimista, nuestra actividad descenderá y nuestro cuerpo modificará su funcionamiento. De igual manera si nuestro pensamiento o actividad imaginativa está centrado en posibles peligros que puedan ocurrirnos, nuestro estado anímico será ansioso, nuestra conducta tenderá a procurar evitar tales peligros y nuestro cuerpo estará preparado para reaccionar con tensión y sobresalto.
En la misma línea, si ante un problema importante nos encontramos con un no saber actuar de modo eficaz, nuestro pensamiento estará centrado en las preocupaciones e incapacidad, nuestros sentimientos estarán acordes con esa incapacidad y nuestro cuerpo podrá acompañar negativamente a tal reacción. Por supuesto, tambien un trastorno corporal (p.e una enfermedad infecciosa, o un trastorno bioquímico) suele afectar a nuestro estado animico, nuestros pensamientos y nuestra conducta haciéndola más problemáticas. Por ejemplo, determinadas personas tienen un nivel inadecuado de sustancias químicas que conectan el funcionamiento de su sistema nervioso y que hacen que respondan con más problemas emocionales o de conducta ante determinadas circunstancias.
La fuerza mayor o menor de cada uno de esos componentes (ambiente, pensamiento, estado anímico, conducta y reacción corporal) en cuanto a afectar a cada uno de los otros cuatro restantes componentes, estará en función del trastorno específico. Por ejemplo, en determinados trastornos de tipo afectivo, como la psicosis maniaco depresiva, donde parece haber evidencia suficiente de una alteración bioquímica, la reacción del cuerpo afecta a la conducta, pensamiento y sentimientos de la persona de una manera fuerte. Por supuesto que los otros componentes se afectan entre sí y a su vez sobre la reacción corporal (p.e la conducta de seguir adecuadamente la medicación y los controles médicos), pero la primera parece tener un mayor peso, por lo que debe de ser tratada prioritariamente (sin olvidar los otros componentes).
En otros casos, como por ejemplo los problemas de relación de pareja o muchos trastornos de la conducta infantil parece que la importancia de la conducta y los pensamientos parece mayor (p.e la habilidades de resolución de problemas y las actitudes hacia ellos). Otros problemas como el alcoholismo y las toxicomanias parecen estar muy relacionados con los hábitos de conducta y los componentes ambientales (p.e relaciones familiares). Algunas depresiones (llamadas distimias) parecen tener un fuerte componente cognitivo (pensamientos y creencias disfuncionales). En realidad, en cada trastorno, la “carga o el peso” de cada uno de los cinco componentes puede ser mayor o menor.
De lo que parece haber menos duda es que todos están relacionados. Y esto es verdad también para las enfermedades médicas. Por ejemplo, una persona con una enfermedad terminal cancerígena (componente corporal) puede reaccionar con un mayor o menor estado anímico depresivo (componente anímico), unas determinadas actividades para manejar esa situación (componente de conducta) y unos pensamientos más o menos desesperantes (componente cognitivo), también su entorno puede “asimilar y sobrellevar” mejor o peor la nueva situación (componente ambiental). Se sabe que en las personas con cáncer y mejores estados anímicos la sensación subjetiva de llevar una mejor vida es mayor, incluso las expectativas de vida (medidas en duración de la vida). También se conoce que en determinadas situaciones de estrés las personas pueden desarrollar más fácilmente determinadas enfermedades (p.e úlceras o enfermedades de la piel). Asi, la polémica tradicional de que si un trastorno es físico o es psíquico en su origen, está matizada desde esta perspectiva, por la cuestión de “En este trastorno ¿cómo se relacionan (funcionan) los componentes físicos, ambientales, cognitivos, emocionales y conductuales?”