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6.4 Conclusions

7.3.4 Package size

Junto a los trastornos del sueño consecuencia de alteraciones endógenas, es posible que se produzcan alteraciones en los mecanismos del ciclo sueño-vigilia debido a otras causas. Estas son fundamentalmente tres: una enfermedad médica, otro trastorno psicológico o el consumo de drogas. En estos casos sería necesario evaluar el factor específico que pudiera ser responsable del trastorno del sueño, considerándolo como causa primaria.

En general, los trastornos del sueño constituyen una causa directa de aparición de fatiga, disminución en la reactividad, cambios importantes en el estado de ánimo, pérdida de capacidad de reacción y de precisión en la ejecución de determinados movimientos, incluso alteraciones perceptivas que pueden incidir en la seguridad del tráfico.

4.5.2 La somnolencia

En cualquier caso, y cualquiera que sea la causa que ha producido el estado de somnolencia o adormecimiento, las alteraciones son mayores cuanto mayor es el tiempo que se ha estado sin descansar, pudiendo variar de unos individuos a otros. Las numerosas investigaciones sobre privación de sueño muestran que a las 24 horas de privación se produce un incremento del tiempo de reacción e hipersensibilidad a la

distracción (dificultad en mantener la atención, sobre todo en tareas continuas y rutinarias, como es el caso de la conducción). Si la privación continúa más tiempo, se observan síntomas de confusión, dificultad de expresión, etc. Por encima de las 72 horas se ha descubierto la aparición de alucinaciones visuales, despersonalización e incluso estados psicóticos transitorios. En otros estudios se ha insistido en que el rendimiento en una tarea especializada está muy afectado por la pérdida de sueño y, más aún, en aquellas habilidades adquiridas recientemente por un sujeto, lo que tendría especiales implicaciones para los conductores con poca experiencia (Toledo y Alonso, 1997).

Por otra parte, sabemos también por numerosas investigaciones que los efectos de la pérdida de sueño son acumulativos y más notorios en la ejecución de tareas monótonas, como algunos tipos de conducción (Dodge, 1990).

En ocasiones, los mecanismos utilizados para afrontar este déficit de sueño pueden hacer al conductor inconsciente de la pérdida de sueño acumulada, lo que le convierte en especialmente vulnerable a episodios de somnolencia repentina, fundamentalmente en situaciones donde la alerta se encuentra muy disminuida (por ejemplo, durante un largo periodo de inmovilidad debido a la postura durante la conducción), pudiendo aparecer una somnolencia irresistible e incluso breves episodios de sueño.

Los estudios sobre los efectos de la privación del sueño dejan claro, tal como ya se ha dicho, que al cabo de 24 horas sin dormir se va haciendo difícil impedir el sueño, aparecen signos de irritabilidad, de fatiga, ardor y sequedad de ojos, así como euforia e hilaridad ante estímulos neutros. A las 48 horas comienzan a presentarse alteraciones en la percepción, la atención y los reflejos, la visión se hace borrosa, e incluso se dan algunas ilusiones visuales. A partir de 48 horas se agrava considerablemente el estado del individuo, presentando procesos alucinatorios y la somnolencia se vuelve angustia, con los primeros síntomas de lo que se llama «psicosis de privación de sueño». Además, los estudios de laboratorio demuestran que los primeros indicios de fatiga aparecen a las diez horas sin dormir. A medida que este tiempo se incrementaba se producía una alteración de la concentración, la atención y los tiempos de reacción (deteriorándose considerablemente la atención continua y la memoria inmediata),

multiplicándose por tres los errores de confusión, y se producía un aumento de la tensión con incremento de la presión sanguínea, así como de adrenalina y noradrenalina. Por otra parte, los participantes en los experimentos sufrieron dolores de cabeza, tensiones, mayor excitabilidad y susceptibilidad al deslumbramiento, así como una actitud

más agresiva. También, junto con la euforia, aparecía un peligroso sentimiento de autoestima y sobrevaloración de sus posibilidades (Toledo y Alonso, 1997).

En general, se puede decir que con el sueño se identifica peor cualquier objeto del medio ambiente o que se encuentre en el entorno cercano de la vía, se hace más difícil la rectificación de la trayectoria y da lugar a un menor control del vehículo.

El adormecimiento o falta de sueño puede conducir a un accidente debido a que da lugar a una alteración en algunos aspectos del desempeño humano que son críticos para la seguridad en la conducción. Los deterioros más relevantes identificados en estudios de laboratorio y con vehículo incluyen:

Enlentecimiento del tiempo de reacción: el sueño reduce el tiempo de reacción

óptimo, incluso la persona moderadamente adormecida puede ver deteriorada su ejecución al aumentar su tiempo de reacción impidiéndole frenar a tiempo para evitar una colisión (Dinger, 1995). Incluso pequeños deterioros en el tiempo de reacción pueden tener un profundo efecto en el riesgo de accidente, especialmente a altas velocidades.

Reducción de la vigilancia: el desempeño de tareas basadas en la atención

declina con la falta de sueño, incluyendo un incremento de los periodos de no respuesta o respuesta demorada (Haraldsson et al., 1990; Kribbs, Dinges, 1994). Es necesario mencionar también la aparición de distracciones, muy frecuentes cuando se conduce adormecido. Éstas se producen con más facilidad por la baja activación que tiene el sistema nervioso y que hace perder el control voluntario y la concentración sobre todo lo relacionado con la conducción. En estas condiciones es muy probable la aparición de distracciones, una de las causas que según las estadísticas genera un gran número de accidentes e incidentes.

Déficits en el procesamiento de la información: con la acción del sueño,

procesar e integrar información lleva más tiempo, la fiabilidad de la memoria a corto plazo disminuye y declina la ejecución (Dinges, 1995). Ello se debe a que la somnolencia no se manifiesta sólo a nivel fisiológico y subjetivo, sino también a nivel comportamental. En general, en el conductor con sueño disminuye la habilidad para integrar información y para realizar funciones analíticas, aumentando por contra las confusiones y el número de errores en la ejecución de maniobras. Las personas se suelen volver también más tensas, nerviosas y agresivas, lo que unido generalmente a una mayor prisa por llegar al sitio donde se descansará, da lugar a la aparición de conductas más arriesgadas de lo normal.

Alteraciones fisiológicas y cognitivo conductuales de la falta de sueño en la

conducción: en general, los deterioros descritos se deben a una serie de alteraciones fisiológicas y cognitivo-conductuales que se producen como consecuencia de la privación del sueño, como serían:

– Alteraciones motrices: aunque a nivel cerebral la corteza motora sigue funcionando cuando se está bajo los efectos del sueño, los mensajes neurales no llegan a los músculos de la misma manera que cuando se está despierto. Es por ello por lo que los músculos se relajan en demasía, con detrimento de las respuestas motrices y aumento en la lentitud de las reacciones, tan necesarias cuando se conduce. Por otra parte, es relativamente frecuente que aparezcan leves temblores en las manos u otros miembros del organismo, con el riesgo derivado. – Se ha comprobado en los conductores que han dormido poco, que tienden a

hacer movimientos más automáticos, disminuyendo notablemente su reactividad, así como la velocidad y la exactitud de los movimientos y maniobras, perdiendo en ocasiones esas milésimas de segundo vitales para evitar un accidente. Ello se debe fundamentalmente a que el sistema nervioso central (SNC) y el tono muscular se encuentran muy relajados por la acción del sueño. En algunos estudios se ha observado, asimismo, como la privación de sueño modificaba la relación entre el ritmo de la temperatura corporal y el del tiempo de reacción, que por lo general corren paralelos. Por ejemplo, en una serie de investigaciones realizadas en el Instituto Walter Reed, se descubrió, que después de 30-40 horas de vigilia, muchos sujetos requieren un tiempo tres veces mayor de lo normal para reaccionar ante una señal de peligro.

– Aparición de microsueños: uno de los efectos más negativos de la falta de sueño al volante es la aparición de lo que ha dado en llamarse «los microsueños». Son una defensa del organismo por no dormir y que hacen que durante un brevísimo lapso de tiempo se pierda la conciencia, respecto de la carretera, señales u otros vehículos. Son, en un elevado porcentaje, la causa explicativa de esos restos de frenada de emergencia, con trayectoria desviada, que podemos observar en muchos tramos de las carreteras. Los microsueños suelen aparecer entre las personas que conducen muchas horas y duermen poco y que, aunque no se llegan a dormir, su nivel de vigilancia disminuye, lo mismo que su capacidad de juicio en una situación de riesgo. – Alteración de las funciones sensoriales: la falta de sueño altera algunas de las

funciones sensoriales que son de suma importancia cuando se maneja un vehículo. En general, se puede decir que sube los umbrales sensoriales,

disminuyendo por contra su capacidad receptiva, por lo que se necesitan estímulos más altos de lo normal para que puedan ser captados. El sueño afecta a todos los sentidos, pero tiene especial repercusión en el órgano de la vista, en el que produce un considerable deterioro. Puede alterar la convergencia binocular, crea dificultades para enfocar la vista, produce visión borrosa y potencia una mayor fatiga ocular.

•Alteraciones en la percepción: las personas a las que se ha mantenido sin dormir en situaciones de laboratorio para estudiar sus reacciones, han mostrado curiosas alteraciones en la percepción de elementos que son vitales en la conducción. Captan peor o de manera más incorrecta las señales, luces, sonidos, etc., alterándose especialmente la percepción de la profundidad y del tiempo, lo que conduce a una más deficiente reacción, en el caso de que sea necesaria. Esto es de gran relevancia para la conducción, ya que la estimación subjetiva de la distancia y del tiempo influirá en la percepción de la velocidad y viceversa. Se ha observado que, a medida que los sujetos se hacen más lentos en tiempo de reacción, debido a la somnolencia, su juicio del tiempo real también se alargaba (Buela-Casal, 1992).

Los más vulnerables:

•Trabajadores con turnos fijos. Esto es especialmente cierto si tiene turno de noche ya que el riesgo es casi seis veces mayor, o si tiene un turno rotativo o tienen más de un trabajo.

•Conductores comerciales. Aquellos que conducen una gran cantidad de kilómetros durante la noche tienen un mayor riesgo de accidentes causados por el sueño.

•Personas que no están sometidas a tratamiento por problemas o trastornos para dormir (insomnio, apnea del sueño, narcolepsia, etc.); la gente con apnea del sueño tiene un riesgo siete veces mayor.

•Viajeros de negocios que manejan muchas horas o que sufren cansancio causado por viajes en avión.

•La gente que trabaja más de 60 horas a la semana aumenta su riesgo en un 40 por ciento.

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