Según Manuel Orozco (2004), las remesas ocurren en el sector informal debido a que la mayoría de los cubanos prefieren enviarlas por medio de mecanismos no oficiales. Estas estructuras involucran a personas con capacidades para la entrada frecuente a Cuba, trans- portando dineros, alimentos, medicinas y ropas. También por medio de ellas, han crecido sectores de empresarios que controlan y dirigen estas operaciones empleando a terceros. Es una práctica que se ha elevado con los años y que tiene modalidades diversas, condiciona- das en su mayoría por los altos costos que tienen las transferencias al país del Caribe y las restricciones que ha impuesto el Estado estadounidense por períodos para su envío (Orozco, 2004:17). antes de 1991, 1105, 12% 1991 -2000, 3515, 37% 2001-2006, 4240, 45% no residentes permanentes, 535, 6%
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La entrada de remesas a Cuba ha tenido momentos de crecimiento y disminución. Lorena Barberia (2007) describe que antes de la crisis económica su entrada era esporádica y limitada por el conflicto entre los dos países, circunscribiéndose al envío de “paquetes” con ropa, alimentos y medicinas fundamentalmente. Después de 1989, comienza a desem- peñar el rol de ingresos familiares, aceptándose socialmente como un mecanismo de acceso a espacios de consumo de bienes duraderos de uso cotidiano, para la alimentación y otros (Fresneda, 2006). No se verifica su uso en la medicina y la educación porque en Cuba esos servicios son gratuitos. Tampoco existe una nitidez abierta sobre el monto monetario al que ascienden las remesas que ingresan por distintos mecanismos a Cuba.
Jorge Pérez-López y Sergio Díaz-Briquets (2005) aportan algunas ideas en este sentido basados en los datos ofrecidos por las instituciones cubanas en relación a las trans- ferencias corrientes netas. Éstas representan, según Méndez Delgado, Figueroa González y Lloret Feijóo (2006) transferencias de rentas que pueden implicar o no, una contrapresta- ción en términos de bienes y servicios hacia y desde el resto del mundo. En el caso de las transferencias con contrapartida, se refiere a los pagos netos de intereses de la deuda exter- na, remesas netas de utilidades, remesas de trabajadores cubanos en el exterior, primas e indemnizaciones por seguros, y otras similares. Las transferencias sin contrapartida com- prenden las donaciones materiales y financieras, aportes a organismos internacionales y pagos netos de impuestos y derechos consulares.
La medición de las remesas por medio de las transferencias corrientes netas en- cuentra como dificultad, la no desagregación de datos en función de definir qué porciento le corresponde dentro de las donaciones recibidas. Por otra parte, es también un conflicto el hecho de que las cifras oficiales se refieren a transacciones ajustadas a mecanismos legales donde no se incluyen las cantidades relacionadas con el sector informal de envío de reme- sas.
Lo interesante, sin embargo, es que ha ido emergiendo un consenso sobre la im- portante presencia de las remesas en la sociedad cubana y en el plano internacional. Son cada vez más reconocidos los efectos reales de los envíos de dinero a las familias o perso- nas residentes en Cuba desde el exterior, por las formas en que son utilizadas en el consu- mo y por su incidencia en la emergencia del sector informal. Los debates iniciales de si era o no una fuente de ingresos importantes a la isla parecen haber sido superados. Sin embar-
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go, sigue siendo una deficiencia la poca transparencia que el Estado-agencia cubano ofrece para la elucidación de sus efectos reales en la sociedad y economía cubanas. Fresneda (2006) advierte sobre la secuela macro-social de las remesas como divisas disociadas de los ingresos y salarios generados en el proceso productivo internamente. También alerta acerca del su uso en el consumo de la familia y el financiamiento de microempresas familiares, valorándolas de manera general como algo positivo para el hogar. En no poca medida ello conllevaba a la visualización de la emigración como un mecanismo de movilidad social de la familia encaminado a contrarrestar el deterioro en el ingreso, capacidad de consumo y bienestar social.
Existen varias suposiciones en torno a los montos totales de este fenómeno en la isla:
• José Alejandro Trujillo (2001) cruza variables que describen la población cubana residente en los Estados Unidos según el Censo de 1998, para arribar a cálculos so- bre el monto de las remesas. Atendiendo a la cifra anual autorizada en la época por las autoridades estadounidenses que era de 1200 dólares anuales, y a las categorías de nacidos en Cuba y redes de parentesco, empleados u ocupados, ingresos por en- cima de los mil dólares y período de emigración, fijaba las cifras en rango oscilato- rio que iba de aproximadamente 300 a 700 millones de dólares.
• Siguiendo la tesis elaborada por la CEPAL (1997) de que las remesas tuvieron un mayor efecto macroeconómico, constituyéndose en una importante fuente de ingre- sos de moneda convertible, de capital libre de intereses y otras obligaciones en Cu- ba, se elabora un artículo desde el Economic Press Service donde además se esta- blece como destino final de las remesas, las compras en las Tiendas de Recaudación de Divisas (TRD), Casas de Cambio (CADECA), Mercados Agropecuarios y ateso- ramiento, sobre todo por la poca capacidad adquisitiva del peso cubano en estos mercados. Las ventas en las llamadas TRD en 1999, ascendieron a 1,300 millones de dólares estadounidenses y el cambio en las CADECAS a 82 millones. De ahí el estimado de que las remesas privadas procedentes del exterior crecieran de 537 en 1995 (considerando el dato estimado por Trujillo) a 1100 millones de dólares en el 2000 (Economic Press Service, 2001).
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• Jorge Duany (2001), por su parte, establece el monto en 744 millones vinculándolos con el sector informal.
• Pedro Monreal (2003) abunda en la idea de que las remesas que entraban al país en- tonces y en relación a las tasas de cambio del mercado, equivalían a nivel de ingre- sos familiares a una cifra varias veces superior a los salarios pagados en el país.
• Jorge Pérez-López y Sergio Díaz-Briquets (2005) estiman que las remesas ascien- den a un monto de 600 a 800 millones de dólares como media general entre 1991 y 2000 de acuerdo a diferentes cálculos que mencionan en su estudio. Sin embargo, dentro de sus estimaciones existe una mutabilidad ostensible de acuerdo al tipo de variables que analizan. Tal es el caso de las variables “número de hogares compues- tos por cubano americanos nacidos en Cuba” e “ingresos promedios de los hogares de cubanos americanos nacidos en Cuba”, que, al cruzarse, arrojan un saldo poten- cial de hasta 2 mil 030 millones de dólares si en su totalidad remesaran a sus fami- lias (Jorge Pérez-López y Sergio Díaz-Briquets, 2005: 405).
• La CEPAL (2010) que en 1999 valoraba que estarían alrededor de 700 millones de dólares, en 2010 estima que es un “elemento fundamental para dinamizar el merca- do interno” en el proceso de actualización del modelo económico cubano, estiman- do que, producto del relajamiento de las restricciones desde los Estados Unidos, éstas estarían alrededor de los 2 mil millones de dólares (CEPAL, 2010: 10).
Independientemente de las dificultades en la medición e intentos de estimaciones de las remesas por la variabilidad de las condiciones y mecanismos de cotejo de ese fenó- meno, dentro de un contexto de crisis económica se corrobora un uso sostenido en el con- sumo y de acuerdo a las nuevas estrategias económicas establecidas en la sociedad cubana, en el reverdecimiento del sector informal y la emergencia de nuevos estratos sociales. A todo ello se agrega su impacto macroeconómico en cuanto a la generación de divisas, as- pecto decisivo en la compensación de distorsiones estructurales a lo largo del período de estudio.
En los noventas ese flujo monetario deviene en un mecanismo de rearticulación de las redes familiares y en no poca monta, como apuntamos, de la reinserción cubana al inter- cambio internacional. A diferencia de otros países, su uso no se circunscribe a los pagos
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relacionados con el acceso a servicios de salud y educación, por lo que las teorías de co- aseguramiento familiar carecen de validez. El rol que asume en los ingresos y su presencia más general en el funcionamiento macroeconómico del país, responde en gran medida a la desarticulación y heterogeneidad de los procesos productivos que, en su conjunto, limitan el acceso al consumo y movilidad social de la mayoría de la población.
Se ha planteado en la literatura cubana que al nivel de las representaciones sociales se le asigna al emigrado un “papel de ayuda como deber” (Rodríguez, José. L., 2002) de cara a la crisis económica, que se materializa por medio de la ayuda económica. A modo de ejemplo, de marzo a mayo del año 1993 entraban a Cuba alrededor de quinientos paquetes diarios con medicina y ropas. En mayo de ese año se duplica la cifra y ya en septiembre pasa a un primer lugar el envío de remesas, recibiéndose entre 100 y 200 envíos diarios con una media de importe por remesa de 220 a 230 dólares estadounidenses, de los 300 permi- tidos por mes (Martin, 1996). Uno de los resultados de la investigación realizada por esta autora, muestra que las remesas amplían las comunicaciones entre los emigrados y las fami- lias en la sociedad de origen, utilizando para ello los accesos a la telefonía, pero también, de un modo creciente, las nuevas tecnologías, lo que conlleva el uso de recursos estatales para ese fin. Los temas más recurrentes en las comunicaciones eran la salud, los problemas económicos que enfrentaba la familia, las visitas al exterior, la emigración, la educación y el trabajo ordenados por orden de mayor presencia. Se incluían, entre los objetivos princi- pales, la reunificación familiar y el mejoramiento de las condiciones materiales de vida.
En ese sentido, Manuel Orozco (2009) establece un vínculo en cuanto a la motiva- ción de envío, la demanda de remesas y la emigración como aspectos contenidos en las aspiraciones de movilidad social e incremento de los ingresos en la isla. Al comparar a Cu- ba con otras naciones como República Dominicana, Honduras y Nicaragua (gráfico 5.21) hace evidente que entre las razones por las que un miembro de la familia emigra, una de las más importantes es porque los salarios (ingresos) son muy bajos. Y por ello el envío de dinero a la familia y el mejoramiento de las condiciones de vida en el hogar se establecen como las motivaciones subsiguientes en orden de importancia (Orozco, 2009:2).
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Gráfico 5.21. Principales motivaciones en el acto de emigrar en Cuba según Manuel Orozco (2009).
Fuente: Orozco, Manuel (2009)“El Caribe en su Inserción Internacional”, sponsored by the CIPR/CIAPA, San José, Costa Rica, February 3-4 2009.
Las remesas asumen el carácter de mejoramiento del ingreso por las motivaciones iniciales de la emigración. En este sentido, que sean los aspectos de mejora de la vida fami- liar, incrementar los bajos salarios, y el envío de dinero los fermentos de la decisión de tras- lado del país, evidencia que desde la heterogeneidad estructural emerge un flujo que tiene al componente laboral como catalizador de las salidas. En relación a los nuevos destinos, según Sergio Días-Briquets (2008), ocurre una legitimación de las remesas como ingreso por la insuficiencia del Estado-agencia para cubrir las necesidades insatisfechas de la po- blación a pesar de las políticas sociales. Algunos de los países con mayor envío de remesas hacia Cuba se aprecian en el gráfico 5.22.
Gráfico 5.22. Envío de remesas a Cuba en porcientos desde diferentes destinos.
Fuente: Sergio Díaz-Briquets (2008). Remittances to Cuba: an update. Cuba in Transition. ASCE 2008. 156.
para mejorar la vida familiar
por salarios bajos para enviar dinero a la familia
por contactos con familia y amigos que
viven en el exterior
porque es muy difícil encontrar un trabajo
Cuba Honduras Nicaragua R. Dominicana
66.2 8.7 5.3 2.9 2.4 2.3 2 1.4 1.3 1.1 1 5.4 U . S . It a lia E sp a ñ a C o st a R ic a M é xi co ve n e zu e la C a n a d á A le m a n ia U . K . F ra n ci a R u si a O tr o s
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5.5. Migración y exportación de servicios intensivos en la compensación de distorsio-