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El subprefecto, de espaldas a la mesa se cuadro con un papel en la mano, empezó a hablar: Señor alcalde y señores vecinos: tengo que darles una mala noticia. He recibido una circular de la Dirección del Gobierno, prohibiendo las corridas sin diestro. Para ustedes que han hablado tanto de las corridas de este pueblo, es una fatalidad. Pero yo creo que esta prohibición es en bien del país, porque da fin a una costumbre que era un salvajismo, según ustedes mismos que han informado, porque los toros ocasionaban muertos y heridos. (Arguedas, 2002, p. 38)

La presencia del Estado no es notoria salvo por dos o tres instituciones públicas: salud, educación y Poder Judicial. El Estado, como hasta ahora, solo es Lima, entonces sobreviene la aspiración del hombre andino a emigrar a esta metrópoli para hacerse un lugar en la sociedad o tener cerca de la cultura que favorezca el desarrollo de sus hijos, aunque para ello se vuelve uno más de la clase marginal. El Estado en el mundo andino no tiene arraigo porque el poblador de estas latitudes basa sus normas de convivencia en decálogos y reglas ancestrales que provienen del incanato. El Estado por ser Lima está muy lejano a estos pueblos y así lo ve también el indio: un Estado

inalcanzable, insensible que no sufre los padecimientos de los de abajo.

2.2.3.1. Centralismo del Estado

Cuando entró a su despacho, las dos velas del candelero flameaban humildes lamiendo el aire, al otro extremo de la sala el retrato del Presidente parecía temblar tras de esa luz.

–¡Si tú estuvieras aquí! ¡Desgraciado!

Y el subprefecto avanzo a tranco largo, hacia la cabecera del salón. (Arguedas, 2002, p. 60)

“Al fin, el gobierno se acordaba de algunos pueblos, mandaba ingenieros, dinero y herramientas” (Arguedas, 2002, p. 71). El centralismo dentro de la geopolítica ayuda al resguardo territorial, pero en centralismo como gobierno no favorece a una acción rápida hacia los pueblos de las provincias. Por eso es que el gobierno central llega tarde a los requerimientos de los pueblos porque el aparato burocrático tiene que dar tramitación regular a los requerimientos con la lentitud y la negligencia que se nota en tramitación documentaria. A pesar de que en la actualidad se ha dado la regionalización por departamentos, el centralismo está vigente en los poderes del Estado, todo está en la capital.

2.2.3.2. Leyes a favor de las minorías

“Año tras año, los principales fueron sacando papeles, documentos de toda clase, diciendo que eran dueños de este manantial, de ese echadero, de las pampas más buenas de pastos y más próximos al pueblo” (Arguedas, 2002, p. 14). “Los indios miraban al juez con miedo “pasto es ya de don Santos, ¡indios!”. Ahí está pues papel allí esta pues werak’ocha juez, ahí está gendarmes…” (Arguedas, 2002, p. 15).

Cumunkuna: con ley ha probado don Santos que estos echaderos son de su pertenecía. Ahora don Santos va ser respeto; va ser patrón de indios que viven en estas tierras. Dios del cielo también respeta ley; Ley es para todos, igual. Cumunkuna ¡a ver! Besen la mano de don Santos. (Arguedas, 2002, p. 15)

La justicia siempre ha estado a favor de los que tienen poder económico. No es como se proclama que “todos somos iguales ante la ley”. Aquí influye raza, posición social, e intereses para promulgar una ley. Las leyes carecen, muchas veces, de una autenticidad e interés de la mayoría.

2.2.3.3. La interpretación sesgada de la ley

Como ustedes se dan cuenta, yo tengo que hacer cumplir esta orden. Y les aviso con tiempo para que contraten a un torero

en Lima, si quieren tener corrida en fiestas patrias. La circular será pegada en las esquinas del jirón principal. (Arguedas, 2002, p. 38)

Las leyes son interpretadas de acuerdo a intereses personales o de grupo; se interpretan de manera sesgada y no acordes con el momento y el contexto. Las leyes en el Perú y las instituciones tutelares se someten a una subasta para inclinar la balanza a favor del que más tiene. Las leyes en el Perú se interpretan arbitrariamente y muchas veces influida por el estipendio y el compadrazgo.

2.2.3.4. Los delitos administrativos de funcionarios

Otro apuro más violento se despertó en su ánimo. ¡Muy bien, muy bien! ¡Mis queridos amigos! Los tres querían reír.

¡Precisamente! Tengo un apuro grave. Podrían prestarme mil quinientos soles. Yo en cambio los ayudaría…

Los ojos de los tres mistis se pusieron turbios, como si del fondo de sus conciencias se hubiera levantado un arrepentimiento grande. Sus ojos se redondearon, se pusieron como duros. Pero don Demetrio contestó rápido con voz firme, y como en sueños: ¡Ni una palabra, señor! ¡Está listo! (Arguedas, 2002, p. 95)

“¡Y que termina esto! El consejo dará 500 soles, don Demetrio que dé 500, yo 300, y usted 200. ¿Acepta?

No sea tacaño. Solo sus indios de Tile-pata le dan 1,000 al año. ¡Y por nada!” (Arguedas, 2002, p.99).

“A las tres de la tarde, don Demetrio y don Antenor entregaron al subprefecto los 1,500 soles. Los tres se abrazaron varias veces, hablaron alegres. Y se citaron en el villar para la noche. Festejaremos el arreglo de la corrida” (Arguedas, 2002, p.100). La asociación para delinquir, el cohecho, el latrocinio siempre ha estado presente en los dirigentes; siempre se han comprado voluntades a espaldas del pueblo. Todas estas autoridades, como el que se cita líneas arriba, se juntan en contubernio para decidir el destino de los pueblos.

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