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CHAPTER 5 – Continued Research

5.1 Future Research

La Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, dirigido por la primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland, publicó en l987 su extensamente conocido Informe Brundtland. El diagnóstico global que presenta sobre las condiciones del me- dio ambiente y hasta cierto punto sobre la pobreza, representa la toma de conciencia sobre los problemas medioambientales de la

tierra en las más altas esferas del poder, y en la corriente tradicio- nal del pensamiento sobre desarrollo y medio ambiente. De he- cho, es a partir de la publicación de este informe, se generaliza el uso del término «desarrollo sustentable» a escala mundial.

El concepto de desarrollo sustentable, de acuerdo a la Co- misión es:

«el desarrollo que cubre las necesidades del presente sin com- prometer la habilidad de dar cuenta de las necesidades pro- pias de las generaciones futuras» (1987).

Como se puede ver, es un concepto tan amplio donde todo puede caber, así que al final dice bien poco. No establece cómo se pueden cuidar las necesidades presentes sin comprometer las futuras, ni quienes deben comprometerse en la tarea, ni a qué plazo. Pero lo más complicado del informe es que la literatura crítica estima que dicho informe no contempla las causas reales del deterioro ambiental, y al equivocar el análisis, termina reco- mendando políticas contraproducentes, contradictorias al espíritu que inspira el propio informe.

El diagnóstico de la Comisión incluye el fenómeno mundial de la pobreza como una de las causas del deterioro ambiental, en el sentido que establece el documento a saber: en la procura del sustento, las poblaciones pobres depredan los recursos naturales en todo el mundo. De ahí que se pueda inferir que disminuir la pobreza, a través del crecimiento económico, puede redundar en mayor sostenibilidad del desarrollo. Desafortunadamente ha sido precisamente éste argumento central del Informe Bruntdland, el que sirvió de base para generalizar la idea de que los países tie- nen que lograr altos niveles de PIB per cápita, para poder «darse el lujo» de proteger su medio ambiente.

Claramente, el informe sesga la responsabilidad hacia la pobreza y el subdesarrollo. Falla en identificar la opulencia y la

ineficiencia energética y material de los países desarrollados, como igualmente causantes del daño ambiental. La riqueza en los paí- ses del Norte es una verdadera causa de la insustentabilidad del desarrollo, pues el sobreconsumo y la sobrecontaminación afec- tan el patrimonio natural de otros países y deteriora los bienes globales comunes, en forma desproporcionada y determinante, ya que sus estilos de vida y desarrollo no pueden sostenerse si no es importando espacio ambiental ajeno, en forma sistemática. De ahí que la sustentabilidad del desarrollo, sea un problema suma- mente arduo que debe abordarse desde la transdisciplinariedad y desde la complejidad.

A simple vista, en escala planetaria, se observa que en con- diciones de fuerte crecimiento económico como el que ha opera- do en las últimas cuatro décadas, también se han agudizado los problemas de inequidad distributiva, no se ha podido reducir la pobreza, los deterioros ambientales y los desastres naturales se han agudizado y los conflictos, la violencia y las guerras, siguen floreciendo. De ahí que el crecimiento económico por si sólo no es capaz de gestar desarrollo compartido, ni de incrementar el bienestar humano en forma solidaria y sustentable en el planeta. Al mirar la evidencia empírica disponible, como aporta Brown (1991), se puede ver que el crecimiento cada vez más intenso de la producción económica, no sólo no necesariamente trae más bienestar consigo, sino que incluso va asociado a deterioros en la situación de las personas y el medio donde viven. A escala mun- dial, en los cuarenta años de la postguerra, se ha experimentado un crecimiento económico de magnitud simplemente espectacu- lar. La expansión económica en el mundo, en cada una de las décadas de los cincuenta a los noventa, ha sido igual o superior al experimentado desde el año cero hasta l950. Sin embargo, nunca ha habido tantos colapsos sociales y políticos, ni han sido mayores las manifestaciones de la crisis ambiental y ecológica en el mun- do (Brown, 1991), ni han operado procesos de concentración de la riqueza (PNUD) como durante dicho período. Respecto a los

años noventa, se tiene que todos los rasgos de deterioro reporta- dos han continuado como se puede ver en capítulos posteriores. Para lograr equidad y sustentabilidad en el desarrollo humano, se requiere en realidad de una distribución distinta de los recursos, del trabajo y la riqueza a escala planetaria, y otros estilos de vida en el Norte, para comenzar a construir estilos de desarrollo más autónomos, locales, sostenibles y culturalmente específicos en nuestros países.

Al respecto, Ted Trainer (1990) abiertamente rechaza el citado Informe Brundtland, considerándolo una obra conservado- ra, que acentúa la ilusión de que el crecimiento económico y la riqueza son necesarios para resolver los problemas del medio ambiente. Según el autor, aunque proporciona informaciones va- lederas sobre estos problemas, es insuficiente en el análisis, las causas y las prescripciones. Aún más, a pesar de que fue realiza- do durante tres años de consultas de alto nivel entre académicos, ministros y expertos, parece ignorar la creciente literatura que vincula precisamente el crecimiento económico, la inequidad distributiva y los estilos de vida suntuosos y consumistas, con el deterioro ambiental. Al no identificar las causas fundamentales, el informe propone soluciones que van directamente en contra de las que se imponen. En síntesis, el informe constituye una decla- ración convencional que promueve la continuación de valores, de sistemas y de estrategias tradicionales, las mismas que originan los problemas que describe.

El autor (Trainer, 1990) ilustra sus argumentos estableciendo que el enfoque de crecimiento indiscriminado junto al mecanismo del chorreo a escala global, ha sido acompañado por mejoramien- tos significativos en la expectativa de vida, mortalidad infantil, alfabetismo y PIB en las últimas décadas. Pero la distribución de los beneficios ha sido extremadamente inequitativa, como mues- tran todas las estadísticas disponibles. De hecho, las cifras que presenta el autor, se han deteriorado aún más a la fecha, de acuerdo

a los Informes de Desarrollo Humano del PNUD. A principios de los noventa, el quinto más rico de la población del mundo ha incrementado su ingreso 38 veces más que la mitad más pobre de la humanidad. En l960 el PIB per cápita de los países ricos era 20 veces superior al de los países del tercer mundo, relación que para 1980 había aumentado a 45 veces y en los noventa a 60 veces. Correspondientemente, en los noventa un quinto de la po- blación del mundo que vive en países ricos utiliza 4/5 de la energía producida en el mundo.

Como es sabido, debido a los programas neoliberales, esta situación empeoró de manera violenta durante la crisis de los años ochenta, donde la población más pobre del planeta pagó un costo desproporcionado, al tiempo que los ecosistemas fueron seria- mente degradados. Lo anterior se refleja hasta hoy en los indicadores ambientales globales43 y locales, al tiempo que la alerta

mundial por estos factores crece.

En un tenor parecido Hilkka Pietilä (1992) establece que el citado Informe Brundtland es demasiado cauto, internamente con- tradictorio, niega el impacto de las corporaciones transnacionales e ignora el rol de las mujeres. Brundtland propone la continua- ción del crecimiento económico a escala global, y por eso niega su propio objetivo de promover un desarrollo internacional más justo. Pietilä argumenta que el crecimiento no ha beneficiado a los pobres, pero si ha implicado el deterioro ulterior del ambiente y el incremento del desperdicio de recursos naturales. Si el con- cepto de desarrollo sustentable, que constituye la noción central del reporte, se debe tomar en serio, se requiere un cambio pro- fundo en el estilo de desarrollo. Se deberán establecer considera- ciones filosóficas sobre la economía y el rol del trabajo no remu- nerado, fundamentalmente realizado por mujeres, junto a las eco- nomías de subsistencia no monetizadas y la economía doméstica, todas las cuales deberían ser reconocidas como partes integrales de la economía humana.

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