La primera comunicación de un período temporal en la Biblia, después de los seis días de la creación y del séptimo día, son los 130 años de Adán hasta que vuelve a tener un hijo: Set (Gén. 5:1-3). Ciento treinta años se mencionan también en la Biblia allí de donde surge que Moisés nació ciento treinta años después de la llegada de Jacob a Egipto. Cuando después del éxodo se da la Revelación, ésta sucede en el Sinaí. La voz
SINaI equivale a 60-10-50-10, cuyo valor total es 130. Este 130 es la expresión del 13
en el nivel de las decenas. “Uno”, en hebreo, es ‘EJaD’: 1-8-4, cuyo valor total es 13. El trece sigue al 12 que todavía corresponde a este mundo, tal como el 500 sigue al 400. El 12 es la combinación aún no cumplida del 3 y del 4; que sumados arrojan como valor el 7, y multiplicados 12. Tanto el 7 como el 12 esperan su culminación en el 8 y en el 13.
Fue entonces la meta de Jacob tener 13 hijos. Pero debido a la acción de Rubén (Gén. 35:22) quedaron sólo en 12. Según la Tradición, Rubén sabía de ese 12 y de ese 13, y también sabía que los hijos de Jacob serán “completos” recién con el decimotercero, pero no comprendía de donde iba a llegar éste último, ya que Raquel había fallecido. Entonces él intervino en los acontecimientos para forjar el camino44. Fue la actitud de un hombre quien sabe que todavía algo debe llegar, y que ve que todo toma un camino distinto, quizás falso. Él piensa hacer un bien indicando el desarrollo justo, pero Jacob reta la acción de su primogénito (Gén. 49:4). Es la misma tendencia de querer ayudar al desarrollo, de la cual oímos también en el relato de Uza (Sam. II 6:6- 10), quien quiso sostener el Arca de la Alianza al estar ésta en peligro de caerse. El hombre no debe interferir en el curso de la historia.
A pesar de Rubén, el número de los hijos de Jacob queda en doce, tal como se encuentra expresamente escrito en Gén. 35:22. Pero finalmente llega aquel decimotercero del lado de Jacob, cuando la tribu de José es dividida en dos partes: Efraím y Menasés, nacidos en Egipto. Así llega el número de las tribus finalmente a trece. El decimotercero proviene realmente de Raquel, si bien fue indirectamente, por intermedio de José (Gén. 48:1). El hombre no debería preocuparse por el curso de la historia, ya que no sabe que es lo que ocurre del otro lado de los acontecimientos.
Así, el decimotercero es una unidad, es la expresión de la palabra “uno” en otro nivel, el 13, el que tiene lugar después de nuestro tiempo, después del 12.
Después del 130 de Adán tiene lugar un nuevo mundo. Set ocupa el lugar de Abel. Mientras el hombre Caín, el lado corporal, vivió sólo durante siete generaciones, Set vive durante diez generaciones.
Con Noé, con la décima generación, proviene un gran cambio en el mundo. La tierra, debilitada después de haber comido del árbol del conocimiento, vuelve a encontrar nuevas posibilidades. La Tradición relata de manera extensa sobre este hecho. Se volvió a tener poder sobre la tierra. Se cuenta que antes de Noé los dedos del hombre estaban juntos aún; a partir de Noé, el pulgar se enfrentó con el resto de los dedos. Llegó un tiempo de gran abundancia.
También los hombres en la tierra comenzaron a multiplicarse y “generar hijas” (Gén. 6:1). Vemos que se está acercando un final, el fin del primer Toldot está a la vista. La multiplicidad es expresada por el dato de que nacen muchas hijas, ya que la mujer es expresión de cuerpo, de la materia. La extensión de la materia sobre el final de un período es típico. Muchas hijas, o sea muchos cuerpos, nacen. En Egipto, el faraón
ordenó tirar a los varones recién nacidos al agua. Las niñas pudieron quedar con vida. El mundo de la dualidad ama la materia, ama la fuerza del desarrollo. Los hombres futuros son arrojados al agua sin color y sin forma para perecer en ella. El agua iguala todo.
Los egipcios se dedicaban a la impudicia con las hijas45. La fuerza material desea metas falsas, pero el cuerpo debe ser unido al Alma para que el hombre íntegro se forme. Cuando al cuerpo se le impide esta meta, es objeto de la impudicia. Dejado solo, cae en goce y embriaguez.
La Biblia no ve en la mujer un ser inferior. No ve en ella una esclava. El hombre debería entender que con ella se ofrece la posibilidad de la unificación. En Gén. 2:18 este concepto está expresado con las palabras “ayuda idónea para él”, su “Ezer
kenegdó”, literalmente: “ayuda que se le enfrenta”. La tarea de la mujer en la
unificación es tan importante como la del hombre. Ella debe aprender a ocupar su lugar de tal forma que se logre la meta, la unificación de la creación con Dios.
En la Biblia, ningún orden social viene a ser prescripto. Sólo se habla de él en forma de imágenes en el tiempo. La Biblia describe cómo es el mundo. Recién entonces se puede edificar un estilo de vida. La mujer, en la sociedad, tiene la misma dignidad que el hombre; puede ejercer todas las profesiones. Si no lo hace, es por ella misma. En este mundo, la meta del hombre es la unificación del principio masculino con el femenino. El compromiso entre ambos prepara la unificación; no se basa en reflexiones prácticas. “Comprometido” (masculino), en hebreo, es ‘JaTáN’ –8-400-50. Esta palabra está construida sobre la octava letra del abecedario, la letra JeT, 8-400; y finaliza con la letra Nun, 50. Ya conocemos el 50 como expresión de lo “octavo”, aquel “octavo día” que representa el Mundo Futuro. Por lo tanto, tal como en su principio la voz Jatán muestra el “futuro” –el 8– finaliza también con lo futuro, el 50.
"Comprometida”, en hebreo, es ‘KaláH’, 20-30-5. Con el Hé como desinencia se expresa el 5 femenino que espera su reunión con lo masculino. El Hé es la desinencia de las palabras de género femenino. La raíz de la palabra es entonces KaL, 20-30, que traducida significa ‘todo’, cuyo valor total es 50. El día de la revelación es el octavo día. En él está contenido el 50 en forma de 72 + 1, o sea que el séptimo día ha culminado, siguiendo a continuación el comienzo del “octavo día”.
Los “comprometidos”, que se han encontrado en el séptimo día, se han unido entre sí. En la estructura de la palabra cada uno lleva el “ocho”, porque la destinación de ellos está en el “octavo día”, tal como se expresa ya en su manifestación del “séptimo día”.
“Boda”, en hebreo, es ‘JaTuNáH’: 8-400-50-5, voz que deriva de jatán. En ambas voces se encuentra el Jet, 8; y el Nun, 50. Este es el origen de la costumbre de hacer girar a la novia alrededor del novio siete veces en la ceremonia de la boda; y de la costumbre de los siete días festivos posteriores a la boda, dejando a los novios solos, como unidad, para sí, recién en el octavo día.
En este esquema la mujer no está sólo en un plano de igualdad con el hombre, sino que es parte indispensable en todo el sistema. Tal como es simbolizado a través de las siete vueltas que la novia da alrededor del novio –del centro– la mujer es la materia que rodea al núcleo; y sólo por su mutua unión el mundo existe.
Hacia el final de un tiempo provienen entonces “las muchas hijas” que son expresión de la cultura caínica, de los que hacen materia. Los “hijos de Dios” eligen entre estas hijas a sus mujeres (Gén. 6:2). Los “hijos de Dios” son hombres creados a la imagen de Dios, tal como se cuenta de la generación de Set. Eva dijo de Set, quien ocupó el lugar de Abel: “Dios me dio otra simiente por Abel, a quien Caín ha matado” (Gén. 4:25).
La multiplicidad y la abundancia siempre significan seducción. La belleza de las hijas seduce al hombre. La materia atrae al Alma, el Alma no puede resistir, al contrario, da su enorme energía a la materia, y “gigantes” nacen con fuerzas más allá de lo normal. “Llegaron poderosos al mundo, hombres famosos” (Gén. 6:4). Ellos mismos se asignan nombres. El sentido de ello es para que el hombre pueda gobernar él solo el mundo. Pero Dios interviene, y decide arruinar este mundo. Si lo dejara existir, los hombres se alejarían más y más del origen. Creerían ser dioses.
Viene el fin del primer Toldot. Noé tiene 600 años. El nuevo mundo que ahora comienza es el del séptimo día, el séptimo siglo de Noé. Comienza el segundo de los cuatro Toldot, consignado en la historia del tiempo con la letra Hé del Nombre Divino. El primer 10, el Iod ha concluido. Comienza ahora el primer 5 del Nombre 10-5-6-5.
IV. LA PALABRA LLEVA LA VIDA