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Muchos lectores de la Biblia tienen la opinión errada de que la Biblia es un libro de historia, una “Historia Nacional del Pueblo Judío”. El hecho de que los acontecimientos que allí se mencionan no siempre guardan una relación visible entre sí, y en especial parecen no concordar textualmente con la historia (ni tampoco con la de los pueblos circundantes) muchas veces es penoso. Así surge la cuestión de si la Biblia no tiene algo más para relatar que solamente la historia de un determinado pueblo. Admitamos que la Biblia no es históricamente incorrecta, sólo que las medidas con que debe ser medida la Biblia seguramente no son las medidas de la historia.

Uno de los primeros hechos que se constatará será que la Biblia evita unir entre sí períodos históricos. Por ejemplo, no se dice que el rey David nació tantos años después de la creación, o que Josué haya entrado en Canaan en el año tal. Tampoco la fecha del diluvio se comunica. (Bajo ese punto de vista la Biblia sería un mal libro de historia).

Parece entonces que con el sumar de los años pasa algo especial, algo distinto de lo que ocurriría con nuestra manera de contar23.

El período más largo mencionado en la Biblia es la edad de Metuselaj, 969 años. Nunca se menciona 1000 años o más.

Las edades indicadas de las primeras diez generaciones son especialmente altas en comparación con las de las generaciones más tardías. Los períodos más largos que se encuentran en el Pentateuco son justamente aquellos de las primeras diez generaciones, que finalizan con Noé. También se indica que Sem ha vivido aún 500 años después del nacimiento de su hijo Arpajsad; que la esclavitud en Egipto duró 430 años; y que el Templo de Jerusalem fue edificado 480 años después del éxodo de Egipto.

Todos éstos son datos posteriores al diluvio. También es llamativo que, por ejemplo, se dice de los reyes de Judá e Israel cuántos años duraba su reinado pero no cuántos años duraba la dinastía, a pesar de que hasta un niño podía haber sumado las cifras.

Entonces se puede suponer que no se trata de una continuidad en el tiempo tal como la conocemos24. En el tiempo parece existir aún otro elemento, algo que impide que se pueda tomar con los mismos parámetros distintos períodos.

Los acontecimientos en la Biblia muestran que éstos, y con ellos también la medida temporal, están vinculados siempre con cambios en el cosmos. Así, con el diluvio, el aspecto del mundo cambió. Después del mismo tiene lugar una nueva forma del mundo. Lo mismo se podría decir del mensaje en el libro de Josué, allí donde “el sol se detuvo en Gibeón, y la luna en el valle de Ayalón” (Josué 10:12); o respecto de la enfermedad de Jizkiá: “Y la sombra retrocedió por los grados que había descendido en el reloj de Ajaz, diez grados atrás” (Reyes II 20:11). Es de hacer notar que estos últimos mensajes se refieren a tiempos históricos.

En forma mucho más extensa se trata en la Tradición estos cambios en el tiempo. Aquella nos comunica que después de comer del fruto del árbol del conocimiento, un astro fue sacado del cosmos, por lo cual las relaciones en la Tierra cambiaron totalmente25.

23 Tal como ocurre con el cálculo del tiempo de la esclavitud en Egipto, como veremos más adelante. 24 Ein mukdam umeujar baTorá (no hay un antes ni un después en la Torá).

Del tiempo del diluvio se dice que dos estrellas fueron quitadas, con lo cual el mismo pudo darse. Aun mucho más clara es la Tradición allí donde comunica que la distancia entre Cielo y tierra está en constante cambio. Por supuesto que para la astronomía estos sucesos pueden constituir “horrores”; pero la Biblia no conoce la continuidad astronómica. Al contrario, parecería que no se supone una continuidad en el tiempo tal como nosotros la conocemos. Por lo tanto la Biblia no puede sumar los años, rompe la continuidad, y comunica acontecimientos en una discontinuidad26. Su relato juega en distintos niveles, incluso en distintos mundos, a pesar de que de una u otra manera el escenario es nuestro mundo.

También, en nuestro mundo nos parece inverosímil que haya Ángeles que paseen y que Dios hable con el hombre como sucedió en otros períodos. La Tradición llega hasta decir que sería imposible en el mundo actual tener un Templo y un servicio religioso como los relatados por la Biblia.

El mundo y las situaciones en él han cambiado de tal manera que se ha transformado en otro mundo. Sacrificios como los que conocemos de la Biblia, actualmente sólo serían matanzas de animales sin sentido.

La Tradición comenta también sobre el venir de un nuevo mundo, con un nuevo rey, el Mesías, con lo cual las situaciones, las relaciones, cambiarían totalmente. Entonces los sacrificios tomarían otro aspecto.

Así también la Biblia manifiesta que era imposible hacer sacrificios en Egipto, y que sólo se pudo sacrificar fuera de Egipto, en el desierto. El hecho de la imposibilidad de un sacrificio en Egipto indica una determinada estructura de la vida allí, por la cual el sacrificio sería un “horror”.

Durante todo el tiempo de la esclavitud en Egipto Dios no se revela. Recién al final Dios vuelve a hacerlo; y en el desierto, ello ocurre diariamente. Egipto es totalmente diferente del mundo anterior y posterior, en el que Dios aparece repetidas veces, y en el que el sacrificio es bien visto.

El mundo tal como lo conocemos hoy, es entonces un mundo cambiado. Sólo las imágenes y las palabras nos hacen intuir cómo es la vida en aquellas dimensiones. Como la Biblia no conoce una continuidad en el tiempo26, no tiene sentido hablar de su historicidad, en nuestra versión temporal, o aun en nuestras visiones del mundo.

Con sus medidas, el mundo bíblico se forma en nuestro mundo espacio–temporal, caracterizado por una ‘infinitud circular’.

El mundo bíblico es entonces reflejado, esto es, en un espejo con una curvatura tan pronunciada, que la imagen aparece en él sumamente alargada. Pero no debemos contemplar la Biblia en aquella imagen especular, sino tal como ella misma es y se da. Ella nos muestra que se debe contemplar los distintos períodos cada uno en sí, pero las imágenes de estos períodos no son comparables, los parámetros cambian. Sólo nos comunican la marcha a través de la diferentes situaciones, a través de los diversos mundos, pero no la duración en años a través de todos los períodos. Los años tienen otro significado que su mera medida astronómica en nuestro tiempo.

Pero cuando se toma conciencia de que no cabe leer la Biblia como un libro de historia, se intentará encontrar el sentido de aquello que se comunica con precisos datos temporales.

Ya conocemos el significado de la medida ‘4’. También hemos visto que 40 días, 40 años, y 400 años tienen otro significado que la sola medida temporal, y que el 5, el 50 y el 500 expresan algo en un mundo nuevo. El ‘4’ significa “muy largo” o “muy grande”. Una distancia de cuatro varas es vista como distancia esencial. La Tradición cuenta un tanto audazmente y contra nuestra percepción, que el país de Canaan es de un

ancho y un largo de 400 parsá (medida determinada)27. Dice que un hombre puede atravesar 10 parsá en un día, así que se necesitarían 40 días para atravesar el país en una sola dirección28. Las medidas del muro externo del Templo se indican con 500 varas (largo y ancho). Las 400 del país y 500 del Templo, de lo transmundano, deberían hacernos pensar. La afirmación de que en un lugar de esta zona del Templo –o sea dentro de las 500 varas– todo el pueblo, millones, cabría, y que a pesar de estar tan juntos habría suficiente lugar para prosternarse, muestra que este Templo no puede ser medido simplemente con nuestros parámetros mundanos.

Por lo tanto, cuando la Tradición manifiesta29 que Salomón fue rey sobre todo el mundo, que entendía también la lengua de los animales, se muestra nuevamente que la Biblia no es un libro de historia. Más bien nos enseña el sentido de la vida misma a través de los tiempos, más allá de nuestros conceptos de espacio y tiempo. Sólo con eso se hace significativa la Biblia, abarcativa de mundo y vida, y realmente algo muy distinto a un libro de recreación.

Así surge la pregunta esencial: ¿Qué es la Biblia? ¿Es un indicador para la vida? ¿Es un libro recetario? ¿Un “cómo debe ser”? ¿Nos da la Biblia la suficiente fuerza para aguantar con la mirada puesta en un mundo venidero mejor? ¿Es un libro de consuelo para este valle de lágrimas? ¿O es la Biblia más que ello? ¿Quizás un mensaje de Dios al hombre abarcando toda su vida, no sólo hasta los 70 ó 100 años sobre esta tierra, sino mucho más, realmente toda la vida? ¿Se entera el hombre acá de dónde ha venido?, ¿Cuál es su camino, y adónde va? En breve, ¿Es la Biblia el sentido de todo?

¿Para qué le sirve al hombre un mero indicador para su conducta, cuando igualmente debe abandonar su sociedad actual?, ¿Y qué viene después? Le gusta creer que todo se tornará hacia el bien, pero nadie sabe nada definitivo sobre ello ¿Es posible que Dios haya puesto al hombre en este mundo duro sólo porque sus antecesores hayan pecado hace tiempo en el pasado?

“Todas las lindas promesas de un cielo lleno de Ángeles no vienen de la Biblia, ¿Qué otra posibilidad queda entonces que dejarse consolar por hombres, creerles?, ¿pero cómo saben ellos?, y los que amenazan con el infierno y la condena, ¿De dónde lo saben?” “De todas maneras la Biblia no lo dice, sólo son construcciones y deducciones como las hace el hombre”.

Pero la Biblia es en verdad otra cosa. Es un mensaje de Dios dedicado al hombre sobre cómo es el mundo, cuál es el sentido de la vida, para qué todo tiene su existencìa, de dónde viene y adónde va. No es sólo un libro sobre esta vida, no, sobre todas las vidas, antes y después de este mundo, y también antes y después de esta vida. Tiene validez en todas las marchas a través de los mundos y a través de las vidas. Las imágenes de este mundo tienen que prestar su servicio porque no podemos comprender otras imágenes. Con palabras formadas de una manera muy especial, que conforman el puente entre este mundo y otros mundos, ella lleva a la comprensión de aquellos mundos. En la Biblia las imágenes están insertadas en un sistema de espacio y tiempo, que viene de lo esencial y lleva a lo esencial, quedando para nosotros la tarea de encontrar el paralelismo entre la palabra, el suceso y el sistema.

El relato de la Biblia se extiende también al futuro de esta vida. Pero otra vez somos nosotros los que debemos traducir las imágenes de este mundo en su esencia.

“Una de las cosas que nos sorprenden, es el hecho de que encontramos en la Biblia tantos aspectos de la vida que juegan en lo cotidiano del hombre actual solo un papel subordinado o ni siquiera existen. Así por ejemplo, los relatos sobre Ángeles, o

27 M.T. Shlaj. 28 T.B. Pesajim 94a. 29 Targum Sheni 1:2.

sobre profetas que hablan con Dios, sobre la aparición de Dios mismo, sobre los sacrificios, y sobre edades inverosímiles. ¿Para qué estos mensajes si no juegan ningún papel en nuestra vida?”

Muchas veces uno se pregunta si la naturaleza, creada por Dios, no efectúa un derroche increíble consigo misma. “¿Para qué todas estas semillas de las plantas, si sólo algunas de ellas se desarrollan llegando a ser vegetales?, ¿Para qué la crueldad de la naturaleza que sólo trae sufrimientos? Lo mismo es válido para el hombre. Si todo es bueno, ¿para qué tanta injusticia, el derecho del más fuerte? ¿Para qué las enfermedades? ¿Para qué la muerte oscura e impenetrable?”

Todos estos interrogantes son consecuencia de nuestra postura en la que esperamos que todo lo que acontece en este mundo debe ocurrir según nuestras normas. Si algo pasa fuera de ellas estamos inclinados a condenarlo como falso e inútil.

Pero si la Biblia nos habla de cosas que no existen en nuestro mundo, o que ‘no son útiles’, como por ejemplo sacrificios de animales o derroches sin sentido de la naturaleza, que están más allá de nuestras medidas, deberíamos preguntarnos si éstas quizás tienen un sentido aplicando normas totalmente diferentes referidas a otros mundos. ¿Tendrían quizás sentido Ángeles y sacrificios en otros mundos?

La muerte que nos es destinada es una de aquellas seguridades que no podemos comprender. Es justamente este abismo ‘muerte’ la más frecuente causa que lleva al hombre a un uso intenso (y abuso) de la vida. Siempre, nuevamente, intentamos eliminar los pensamientos sobre la muerte de nuestra vida. Sabemos que la muerte existe, pero hacemos todo lo posible por olvidarla.

En la Biblia, el hombre es enfrentado repetidas veces con estas cuestiones. De alguna manera esperamos que la Biblia nos advierta de portarnos bien para prometernos luego, como premio, un Cielo. Nuestra tendencia utilitaria pide tal sentido de la Biblia.

Pero la Biblia es algo totalmente distinto y más fuerte aun que la creación, que tiene por contenido todos los tiempos y todos los mundos. Esta creación fue dada al hombre como la creación del cosmos. Debe ser para él la base de su saber acerca del sentido de la vida.

Es llamativo cuántas cosas se han juzgado equivocadamente en el curso del tiempo de la Biblia, como por ejemplo la expresión “Temor de Dios”. En hebreo, “temor” es ‘yIRA’: 10-200-l, que se manifiesta en las expresiones Yirat Shamaim (temor del Cielo); e Yirat Hashem (Temor del Señor). Esta voz tiene la misma raíz que roé (ver). También la voz “temible”, ‘NoRA’, 50-200-1, tiene la misma raíz que roé (ver).

¿Que se entiende por la expresión temor de Dios? El hombre no debe temblar frente a la idea de un poder vengativo, sino que debe percibir a Dios e impresionarse por su grandeza, por la relación profunda de todas las cosas entre sí, y alcanzar una actitud de gran reverencia. La Biblia nos dice: “Deberás amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deut. 6:5). El amor a Dios crece por la percepción de los milagros del mundo, amor que busca Dios y por medio del cual el hombre anula la separación entre Cielo y tierra. Al crear Dios Cielo y tierra, vuelca el sentido de ello en la Biblia como una revelación dada al hombre para que éste comprenda por qué todo es así y hacia adónde lo conduce.

Querer hallar sólo la explicación de por qué todo es como es constituye una tarea infinita; pero el mirar, el reconocer esta creación con la ayuda de la Biblia, puede llegar a ser obra de una vida humana. Este reconocer da una sensación de infinita dicha (consuelo) y también temor.

El que sólo encuentra interesante la Biblia como documento de la antigüedad, como guía arqueológica, o como manual de una enseñanza moral, no conoce a la Biblia

como un mensaje de Díos; le falta aquella Yirá. No es la creación de Dios la que lo impacta, él mismo quiere impactar (quizás sólo a sí mismo).

La base de la fe es ese Yirat Hashem, el Temor del Señor, el ver lo que Dios es y lo que nos comunica. El Creador nos ha dado un camino para saber, para reconocer, para actuar según este reconocimiento. En este camino el hombre puede llegar a una relación adecuada con Dios. La fe y la confianza infinita deben basarse en aquel conocimiento, formando recién así el punto de partida de una acción justa.

Volvamos a la estructura temporal de la Biblia. Es interesante, por ejemplo, que el tiempo transcurrido entre el nacimiento de Isaac y el éxodo de Egipto sea de 400 años acorde a lo indicado por la Tradición. Dado que Abraham nació exactamente 100 años antes que Isaac, entre su nacimiento y el éxodo transcurrieron 500 años. El período entre Abraham e Isaac es el 100 frente al 400, hasta el éxodo, o sea el 1:4 de la estructura temporal.

Si se lee la Biblia sumando los datos, se obtiene la siguiente tabla cronológica.

Diluvio 1656

Comienzo del “ele Toldoth” de Shem 1658

Nacimiento de Abraham 1948

La Haflagá (Torre de Babel) 1996 340 años después

del diluvio (Abraham: 48 años) Nacimiento de Isaac 2048 Nacimiento de Jacob 2108 Jacob a Egipto 2238 Muerte de Jacob 2255 Muerte de José 2309

Éxodo de Egipto 2448 (entonces

nacimiento de Moisés: 2368) Muerte de Moisés, entrada en Canaán 2488

Reinado de David 2855-

2925 Comienzo de la construcción del Templo

de Salomón 2928

Período de deportación a Babilonia, que 3319- culmina con la destrucción del templo 3338

Con la muerte de José concluye el Génesis. Ahora relata el Éxodo que los hijos de Israel estuvieron en Egipto durante 430 años. Pero Dios le había comunicado a Abraham que sus hijos iban a ser oprimidos durante 400 años en un país extraño.

Aquí tiene lugar entonces una “dificultad técnica”. Si se tomaran 400 ó 430 años como período de la opresión, y el viaje de Jacob a Egipto como el comienzo de aquella, entonces el éxodo caería en el año 2638, ó 2668. No es lógico suponer que el comienzo de la esclavitud coincida aun con el reinado de José. Si se supone que ésta comienza con la muerte de José, el éxodo hubiera acontecido en el año 2709 ó 2739. Llegaríamos entonces a un conflicto con otro tipo de cálculo. En Éxodo 6:13-26 se mencionan los antepasados de Moisés. Moisés tenía 80 años cuando sucede el éxodo. Su abuelo Kehat alcanzó la edad de 133 años. Ese Kehat se encontraba entre las 70 almas que habían llegado con Jacob a Egipto, en el año 2238. Si tomáramos el caso extremo de que Kehat recién hubiera nacido, entonces hubiese fallecido en el año 2238 + 133, o sea en el año 2371.

Si además supusiéramos que Amram nació en el año de la muerte de su padre Kehat, entonces hubiese fallecido en el año 2371 + 137 años, o sea en el año 2508. Si en aquel año hubiese nacido Moisés, éste hubiese tenido en el año 2588 la edad de 80 años, mucho antes aun del 2638, y mucho antes aun que la fecha más probable del éxodo, 2739.

En este calculo algo falla, ¿No lo sabría la Biblia? Siempre, nuevamente, se menciona insistentemente los 400 años en Egipto, pero con la misma claridad muestran las edades indicadas que ello no pudo haber sido así.

Tenemos que concluir que no se pueden sumar los períodos mencionados libremente, sino que algo se oculta detrás de los datos. Estos muestran claramente que el 400 sólo expresa un “tiempo máximo” (ya conocemos al 400 como “número máximo”).

El tiempo de esclavitud en Egipto es indicado, según la Tradición, con las palabras empleadas en ocasión del traslado de Jacob con los suyos a Egipto en el año 2238, o sea a través de la expresión “Descender a Egipto” (Gén. 46:3). “Descender”, en hebreo, es ‘RDU’, y en cifras: 200-4-6.

El traslado a Egipto, también geográficamente significa un descenso. Por lo tanto, el camino de Egipto hacia Canaan es una ascensión, o como dice en Gén. 46:4 “un

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