CHAPTER 5. CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
5.3. Future research and some recommendation
Es verdad que Pablo pudo haber utilizado otros términos de marcador étnico para referirse a los no-judíos, como, por ejemplo, incircunciso (akrobustia), paganos o idólatras (eidolatroi), y que particularmente se utilizaban en singular30. Pero no es así. Para Pablo “ethne” es su principal forma de direccionar narrativamente – y, de hecho – su vocación, misión, en definitiva, su identidad; y sobre todo la religación de los gentiles al designio, promesa y salvación de Dios y de su Hijo Jesús, sin pasar por las prescripciones de la ley, y de manera irrevocable, con la circuncisión, llamándolos a formar parte de la comunidad de Dios y del Evangelio. ¿Qué hay de fondo en esta elección y categoría de Pablo para su pensamiento teológico y que por analogía y sentido implica nuestra manera de hacer teología hoy? Intentaremos responder sensatamente a tal pregunta.
Para Pablo, la circuncisión no hace ninguna diferencia, y supeditar la identidad de las personas o de la comunidad de acuerdo con esta prescripción legal y cultual no es más que una contradicción performativa. Pablo, “se dirige a sus destinatarios más allá de una diferencia que ha perdido su valor en y después de Cristo”31. En el hecho que los gentiles asuman la
conformación de una nueva comunidad de Dios empieza a pertenecer al mundo del Espíritu, deslegitimando la categoría de paganos. Pero aún más, y he aquí la novedad, deslegitima la categoría de incircuncisos, porque desde el punto de vista teológico es irrelevante: ya no son las “obras de la ley” sino la fe en Jesús, en el Evangelio de la justicia de Dios que no es de origen humano, lo que reputa con justicia a la persona y a la comunidad, y le confiere identidad. Los gentiles, desde esta novedad son invitados a participar por derecho propio de la narrativa y experiencia divina de la salvación de Dios, salvación que es universal y universalizable. De esta manera, “las naciones y sus prácticas cultuales ya no ocupan la posición de mediadoras entre los individuos y los dioses, y no hay que hacerse miembro en particular de alguna nación – o
religión – para pertenecer al verdadero Dios”32.
En definitiva, con la semántica del término gentil (individualizado- universalizado) Pablo rechaza dos modelos que coexistían en la mentalidad de su tiempo: el modelo etnopolítico, en el que la circuncisión se erige como el único camino de pertenencia al designio salvador de
30 Rosen, Ishay & Ophir, Adi. “Paul and the Invention of the Gentiles”, The Jewish Quarterly Review, Vol. 105, No. 1 (Winter 2015), 34.
31 Ibidem, 35. 32 Ibidem, 36.
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Dios y su consecuente justificación, y en el que las “naciones” aceptan como por “osmosis” al Dios de Israel (Is 68,18-24) o en que las naciones aceptan la ley de Dios pero mantienen sus propios dioses (Miq 4,1-5; Is 2,2-4), respectivamente. “Ambos modelos santifican lo que Pablo quiere superar: las fronteras y la singularidad de la étnia judía […] Pero él mismo mientras rechaza estos dos modelos no desaparecen completamente; el plantea el del gentil genérico-
individualizado donde no es necesario “cortarse el pedacito”33, para vincularse a la promesa,
alianza y justica del Evangelio de Dios.
Pues bien, ¿Qué implicaciones tiene esta propuesta “novedosa” de Pablo narrativamente hablando para una pedagogía de la fe en los inicios del siglo XXI y en los umbrales del tercer milenio? Dicho de otra manera, queremos implicar al quehacer teológico desde la categoría de
gentiles como categoría de comprensión análoga o clave hermenéutica como hacer una lectura
de fe al fenómeno de la migración y movilización humana, fenómeno que, no puede dejar de ser un lugar teológico hoy de carácter ineludible para el quehacer de la teología y la reconfiguración de identidad.
Los contextos multiculturales y en ellos la realidad de las migraciones, no son un hecho aislado sino un fenómeno humano. El ser humano se ha entrelazado y migrado cultural y geopolíticamente por diversos motivos: oportunidades de trabajo, comercio, conquista, esclavitud, catástrofes, epidemias, invasiones políticas, guerras internas. Por tanto, las migraciones y la movilidad humana “no son un fenómeno moderno o postmoderno, sino esencialmente humano, que hoy ha alcanzado dimensiones globales”34. Esta situación ha
estimulado que a nivel de los estatutos disciplinares de las ciencias humano-científicas, esté teniendo lugar la emergencia de “opciones epistemológicas que cuestionan los límites monoculturales de sus axiomas, métodos y contenidos”35, entre ellas, el quehacer teológico ha
de pasar por ese tamiz, por no decir filtro hermenéutico y humano.
¿Cómo comprender este fenómeno para que se convierta en un lugar teológico, y quizá el lugar teológico hoy por excelencia en este momento de la historia de la humanidad? (1) Como un hecho fundamentalmente humano en el que es imposible hacer una reflexión teológica con
33 Ibidem, 37.
34 Campese, G. Hacia una teología desde la realidad de las migraciones”. Método y desafíos. (México: Sistema Universitario Jesuita, 2008), 7.
35 Castillo Guerra, J. “Teología de la migración: movilidad humana y transformaciones teológicas”, Theologica Xaveriana, vol. 63. No. 176 (jul-dic.- 2013), 369.
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sentido al margen de ello. (2) Las consideraciones que podamos hacer sobre este fenómeno humano serán siempre parciales y abiertas, y como una experiencia que aún está en construcción, aunque tenga raíces profundamente bíblicas36. (3) Hemos de tomar “caer en la cuenta” que hoy más que otrora existimos e interactuamos y configuramos nuestra identidad/es en medio de la movilidad y de la pluralidad humana y las transformaciones identitarias, y una teología que no haga lectura, reflexión y plantee pedagogías de fe plural, interhumana, intercultural e interreligiosa es fundamentalmente cínica, antiecológica, antievangélica. (4) Se ha de tener claridad a qué es en realidad la movilidad humana y los verdaderos migrantes, haciendo opción por los inmigrantes indocumentados, los refugiados y desplazados, los sospechosos, vulnerados, criminalizados en las sociedades de tránsito y de destino, esos que no gozan de una visa de la comunidad europea o estadounidense, canadiense o Suiza. Son estos y otros muchos, los sujetos del quehacer de la teologia. (5) respondiendo al porque los fenómenos migratorios son lugares teológicos: porque en tal condición Dios se manifiesta de manera radical, están los rostros más aptos para la vivencia de una fe auténtica que vincule humanamente, y por último porque son el lugar más propicio para hacer, hoy por hoy, reflexión teológica y praxis pedagógica.
Para cerrar este apartado, propondremos un itinerario pedagógico-teopolítico desde el fenómeno migratorio y la movilidad humana que implica el quehacer teológico de manera radical. Primero. El quehacer de la teología ha de hacerse cargo de la realidad de las migraciones como dimensión teopolítica (la pedagogía de Dios no exime y, de hecho, ha de llevarnos a la transformación radical de las relaciones humanas, de comprometernos con la política del mundo). Segundo. Hay que cargar con la realidad de las migraciones, o lo que es lo mismo, el quehacer teológico ha de asumir ética, evangélica y teologal y responsablemente (con habilidad para responder) ante el fenómeno de las migraciones que implica, por un lado, una exigencia educativa y formativa (hay que aprender de y aprehender en esta realidad), y por otro, visibilizar narrativa, discursiva y práxicamente esta realidad en nuestros currículos, programas académicos, pastorales y de la acción teológica. Tercero. Es el momento de
encargarse de la realidad de las migraciones, es decir, comprometernos teologalmente con la
transformación humana, y transformar el quehacer teológico desde la realidad de las migraciones. Dicho de otro modo, el carácter político del quehacer teológico tiene que hacerse
36 Para ampliar esta temática desde el punto de vista de la teología bíblica confrontar: Cervantes, José., “El inmigrante en la Biblia”, en: Armando Levoratti (Editor). Comentario Bíblico Latinoamericano. Antiguo Testamento, Vol. 1. (Navarra: Editorial Verbo Divino, 2005), 227-235.
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más “católico” en el sentido primigenio del término. Cuarto. El momento final del itinerario pedagógico es el de dejarse cargar por la realidad de las migraciones, es decir, el discorso y la
praxis teológica ha de ser un discurso que nazca de la realidad, atento y discerniente de la
presencia de Dios que nos sorprende encarnándose en ella37.
3.2.4. Gál 1,18-20. La pedagogía de la fe: hospitalidad, memoria Iesu y alteridad o la