6. CONCLUSIONS AND FUTURE WORK
6.2 Future Studies
Uno de los primeros estudios sociolingüísticos sobre las diferencias entre mujeres y hombres corresponde a la investigación de William Labov en 1966. A través de un estudio sobre el habla de Nueva York en el que se relacionaban prácticas lingüísticas con representaciones lingüísticas, Labov observó una población bastante inclinada a lo que él denominó inseguridad
lingüística, que se manifiesta a través de fluctuaciones estilísticas,
una tendencia a la hipercorrección, una percepción errónea de su propio discurso y una desvalorización del habla local. Como señala Singy (1998), diversos estudios sociolingüísticos demuestran que este fenómeno se observa principalmente en las mujeres como consecuencia de una desigualdad socio-económica entre ambos sexos.
En su trabajo Conversational Insecurity, Fishman (1998) intenta demostrar que muchas veces algunas de las características del estilo conversacional de las mujeres, como question-asking y el uso de expresiones como ‘you know’, que se atribuyen a la inseguridad lingüística de ellas, se deben principalmente a una cuestión de jerarquía y no de género. La autora señala que las relaciones de poder estructuradas socialmente se reproducen y se mantienen activas en las interacciones diarias, y que los problemas de conversación de las mujeres reflejan no sólo su formación social inferior, sino también su posición social inferior. En este estudio la autora concluye que para las mujeres es más difícil comenzar y mantener una conversación cuando hablan con un hombre y que por este motivo formulan más preguntas que ellos y utilizan expresiones como ‘you know’. Por lo tanto, la evidencia de la inseguridad femenina es, de hecho, evidencia del trabajo que están realizando para convertir una conversación insegura en una conversación exitosa.
Sin embargo, algunos enfoques desarrollados por lingüistas feministas (que veremos más adelante) rechazan la tesis de una diferencia en términos de inseguridad lingüística. En 1998, Pascal Singy publica el libro Les femmes et la langue. L’insecurité
linguistique en question en el que intenta demostrar cómo y en qué
direcciones ha evolucionado esta relación entre las nociones de inseguridad lingüística e identidad sexual. En esta obra, distintos autores abordan el tema de la inseguridad lingüística, por ejemplo, en relación con el silencio impuesto a las mujeres argelinas, el conformismo lingüístico de las mujeres occidentales, o bien relacionándola, más que con la pertenencia a un grupo socialmente determinado, con una orientación más personal influenciada por el imaginario lingüístico, concepto al que nos referiremos a continuación.
1.3.2.1 Imaginario lingüístico
En los años 1975-1980, Anne-Marie Houdebine Gravaud reformuló la noción de inseguridad lingüística propuesta por Labov y propuso y construyó el concepto de imaginario lingüístico al analizar las distorsiones detectadas entre las declaraciones o actitudes de los sujetos con respecto a sus realizaciones o la de otros locutores de su entorno (sus normas auto-evaluadoras o evaluadoras de grupos) y sus propias producciones (ver Houdebine y Baudelot, 1986).
Así, la autora define el imaginario lingüístico como:
Le rapport du sujet à lalangue (Lacan) et à La Langue (Saussure). Ainsi, sont pris en compte les aspects les plus intimes (autant que faire se peut) d’un sujet, ses fantasmes, fictions (d’où les normes fictives, non étayées par un discours social) et l’aspect plus social et idéologique, étayé par un discours institutionnel (normes prescriptives) (Houdebine, 1998: 161).
Para estudiar este fenómeno (para dar cuenta de los comentarios de los hablantes y de su evaluación), Houdebine propone una tipología de normas: normas objetivas vs. normas subjetivas. Entre estas últimas, propone normas evaluadoras, comunicativas, ficticias y prescriptivas, las cuales constituyen el imaginario lingüístico, ya que hacen referencia a una lengua ideal o a un ideal purista8.
Debido a que nuestro corpus está formado por artículos y blogs periodísticos, nos parece importante destacar la investigación que realizan Houdebine y Baudelot (1986) sobre estas normas y las producciones de un grupo de profesionales de la prensa escrita (redactores en jefe, secretarios de redacción, correctores, periodistas, redactores, etc.) con el fin de saber si el imaginario lingüístico influye o no en las producciones de estos profesionales. El análisis de diferentes corpus (corpus de actitudes y corpus de producciones) les permitió obtener unos primeros resultados que indicaban que en el imaginario lingüístico de estos profesionales existe una norma prescriptiva (de tipo purismo) que se manifiesta en varios niveles y en grados diferentes según los individuos. Sin embargo, esta norma es distinta a los usos, lo que les lleva a establecer una tipología de distancia en relación con dicha norma, distancia conocida como “falta”: ortografía, vocabulario y sintaxis. Por ejemplo, el campo vocabulario o léxico agrupa los elementos que surgen por no respetar las reglas propias de este nivel, es decir, el uso de neologismos o de términos inadecuados.
Uno de los resultados que nos llama la atención, y así lo señalan también las autoras, consiste en el hecho de que, de acuerdo con la existencia de la norma prescriptiva, de los cuatro secretarios de redacción entrevistados, los dos hombres se mostraron mucho
8Para una explicación más detallada de estas normas ver Houdebine y Baudelot (1986) y Houdebine (1998).
más normativos que las dos mujeres, lo que parece ir en contra de la idea de que las mujeres son más prescriptivas que los hombres. Por último, las autoras destacan la importancia de la norma ficticia, que se caracteriza porque toma en cuenta al destinatario, agrega un punto de vista comunicativo y genera un imaginario lingüístico profesional-comunicativo. Los periodistas intentan definir la especificidad del lenguaje comunicativo de la prensa escrita refiriéndose a las relaciones privilegiadas que éste mantiene con la lengua hablada, lo que explicaría la existencia de una categoría de
“deformaciones aceptadas” o incluso recomendadas
(“deformaciones” desde un punto de vista prescriptivo). De esta manera, la actitud de estos profesionales frente a lo que llaman neologismos se ubica bajo la noción de tolerancia.
En otro de sus artículos, Langue et Imaginaire: Le Français
Aujourd’hui, publicado en 1998, Houdebine relaciona el imaginario
lingüístico con la innovación del lenguaje. La autora señala que una lengua viva favorece las innovaciones (inventar palabras nuevas, modificar significados antiguos) para reflejar las nuevas realidades; sin embargo, la prohibición que pesa sobre la creatividad lingüística no proviene del funcionamiento interno (de la estructura lingüística), sino de la legitimación social, de las ideas que nos hacemos de la lengua, de las normas prescriptivas, consecuencia de la educación y el discurso sobre la normalización. Por lo tanto, afirma que a veces hay que correr el riesgo para intentar decir lo que aún no se dice, ya que la lengua no sólo es transmisión de información sobre nuestra visión de mundo, sino que también es soporte de un vínculo social y, en consecuencia, soporte de la identidad subjetiva, social, nacional que garantiza la relación entre las personas.
Por otro lado, la autora señala que las representaciones imaginarias, prescriptivas, de toda lengua asignan un lugar fijo, inmutable, a la lengua, y que cuando estos imaginarios fluctúan, como los usos, detectamos una dinámica lingüística, lo que provoca que los hablantes ya no se adhieran a estas representaciones prescriptivas, sino a las normas funcionales o comunicativas. Por lo tanto, concluye que no hay que temer a la creatividad lingüística y que debemos aceptar las transformaciones lingüísticas que permiten a nuestra lengua permanecer viva y adaptarse al mundo contemporáneo con fluidez y libertad, y en esto los imaginarios lingüísticos tienen una gran influencia.
Si llevamos estas ideas a nuestra investigación, podríamos pensar que estos imaginarios lingüísticos también influyen en el comportamiento de los periodistas. Por una parte, y de acuerdo con el imaginario prescriptivo, mujeres y hombres intentarán apegarse a la norma (y aquí también debemos mencionar la función prescriptiva que cumplen los manuales de estilo de los periódicos). Pero, por otra, el imaginario lingüístico profesional- comunicativo justificará el uso de neologismos si estos son necesarios para establecer una buena relación con el lector, aspecto muy importante para los periodistas. Por lo tanto, de acuerdo con esto, creemos que tanto mujeres como hombres utilizarán neologismos en sus textos; sin embargo, lo que nos interesa es observar el tipo de neologismos que utilizan y su carácter más innovador o más transgresor, además de las diferencias lingüísticas, principalmente léxicas, entre mujeres y