Una de las cuestiones importantes que surge al abordar el tema de los estudios de género y lenguaje es precisamente la diferencia entre los conceptos sexo y género. En este apartado veremos cómo fue cambiando el punto de vista con respecto a la variable
sexo, cómo surgió el concepto de género, y la discusión que se ha
generado entre diversos autores sobre las diferencias entre ambos conceptos.
Generalmente se admite que los seres humanos son de sexo masculino o de sexo femenino de acuerdo con su físico y su función biológica (su papel en la reproducción). Esta diferencia biológica de sexos ha dado lugar a una especialización de roles en la sociedad; por ejemplo, las mujeres serían las encargadas del hogar y los hombres de defender su territorio, y estos roles han ido adquiriendo un valor normativo que se construye socialmente y que guía, por ejemplo, a los niños a comportarse de acuerdo con el rol que le corresponde a su sexo. Así pues, como señala Bailly (2008), muchas veces las diferencias biológicas provocan diferencias sociales, lo que genera la necesidad de pensar en estas categorías sexuales con otro término que no sea sexo y sus connotaciones biológicas.
En los primeros estudios, los investigadores no distinguían entre las influencias biológicas y culturales de los hablantes, por lo que el comportamiento social y lingüístico se atribuía principalmente al sexo. Sin embargo, esto cambió hacia fines del siglo XX y hoy se sostiene que los hablantes nacen biológicamente hombres o mujeres, pero las influencias sociales y culturales son las que determinan su forma de hablar (Coates, 2007). Recordemos la frase tan conocida de Simone de Beauvoir “on ne naît pas femme, on le devient” en su libro Le Deuxième Sexe (1949), importante obra en la que se consideran elementos fundacionales del feminismo, ya que la autora realiza un profundo análisis sobre el papel de las mujeres en la sociedad y la construcción del rol y la figura de éstas.
Así pues, a partir de estos planteamientos surgen dos conceptos que es necesario distinguir: sexo y género. En nuestra búsqueda bibliográfica hemos constatado que diversos autores se refieren a ambos conceptos con el fin de aclarar la diferencia que existe entre ellos: la mayoría coincide en el hecho de que el sexo es una característica biológica de los hablantes, mientras que el género es un aspecto sociocultural (Cheshire, 2002; Chambers, 1995/2009; Romaine, 1994/2000; Moreno, 1998/2009; Boix y Vila, 1998; Talbot, 2010). Veamos a continuación lo que plantean algunos autores y cómo sus ideas se van complementando para justificar esta diferencia.
Cheshire (2002) plantea que el término sexo se ha usado generalmente para referirse a la distinción fisiológica entre mujeres y hombres, mientras que género se refiere a la elaboración social y cultural de las diferencias de sexo, un proceso que restringe nuestros roles sociales, oportunidades y expectativas. Sin embargo, agrega que es difícil mantener separados estos conceptos, ya que el cuerpo y los procesos biológicos son parte de las historias culturales. Moreno (1998/2009) concuerda con lo anterior al señalar que ambos conceptos tienen límites no muy bien definidos, ya que el sexo forma parte del género.
Chambers (1995/2009) especifica que la biología de la masculinidad y femineidad (es decir, diferencias de sexo) comienza a diferenciarse antes del nacimiento, poco después de la concepción, mientras que la sociología de la masculinidad y la femineidad –es decir, diferencias de género– se diferencia después del nacimiento. Además, afirma que las diferencias de género están basadas, en parte, en las diferencias de sexo. Por ejemplo, el rol social de la maternidad lo asume la mujer como consecuencia de su capacidad biológica de dar a luz y alimentar a un bebé, mientras que el hombre se ocupa de las tareas físicas duras porque, en promedio, son más grandes que las mujeres; sin embargo, algunas tareas no son exlusivas de cada género, y en las sociedades desarrolladas las diferencias no están bien definidas. De acuerdo con esto, Boix y Vila (1998) recuerdan que el género varía de comunidad en comunidad y está relacionado con los roles sociales que se le atribuyen a mujeres y hombres. Por su parte, Romaine (1994/2000) señala en su capítulo
Language and Gender que utiliza el término género en lugar de sexo para enfatizar su interés por la dimensión sociocultural de la
características biológicas. Sin embargo, la autora plantea que a pesar de que esta distinción de términos parezca clara, presupone que podamos distinguir entre diferencias innatas y sociales, lo que le parece muy lejos de la realidad, ya que parte del problema es que, incluso en biología, la visión de la sociedad sobre la posición cultural de la mujer considera que el hombre es genéticamente superior a ella, y muchas de las primeras investigaciones científicas sobre las diferencias entre mujeres y hombres intentaban validar estas ideas.
Para Talbot (2010), el sexo también es biológico, mientras que el
género es una conducta aprendida. Básicamente, el sexo es una
cuestión de genes y la secreción de hormonas y el desarrollo físico que resulta de ello. A diferencia del sexo, el género no es binario, es decir, uno nace hombre o mujer biológicamente, pero a lo largo de los años adquirimos características que se perciben como masculinas o femeninas y podemos encontrar casos de un hombre al que consideramos más masculino (o femenino) que otro. Por lo tanto, si sólo fuera cuestión de sexo biológico, no se manifestaría la gran diversidad que encontramos hoy y sería lo mismo en cualquier parte del mundo. A partir de esto, la autora agrega que es importante no mezclar los conceptos, pero tener claro que la conducta de las personas surge de una interacción entre las prácticas biológicas y sociales. El género, entonces, no es biológico, sino psico-social y siempre debe considerarse en el marco de las relaciones sociales entre las personas.
Eckert (1989), por su parte, nos entrega una explicación desde el punto de vista lingüístico, y señala que el sexo no está relacionado directamente con dicho comportamiento, sino que refleja una práctica social compleja. Según esta autora, las correlaciones del
sexo con las variables lingüísticas son sólo un reflejo de los
efectos en el comportamiento lingüístico del género y es aquí donde se debe buscar explicaciones para dichas correlaciones. Señala, además, que los sociolingüistas generalmente tratan el
sexo en términos de categorías opuestas (hombre/mujer), y los
efectos de éste en la variación se buscan generalmente en las diferencias lingüísticas entre hablantes hombres y mujeres. Sin embargo, los efectos del género en el comportamiento lingüístico pueden aparecer en las diferencias existentes entre ambos grupos (sexos). De esta manera, el sexo es una categoría biológica que sirve como base fundamental para la diferenciación de roles, normas y expectativas en todas las sociedades, por lo que
concluye entonces que la construcción social del sexo constituye el
género.
Serrano (2008) resume, en parte, estas ideas cuando señala que ante una realidad que parece clara (la diferencia en la forma de hablar de mujeres y hombres), tanto la nomenclatura (sexo o
género) como las teorías existentes al respecto resultan
controvertidas, ya que están implicadas diferentes características biológicas, culturales y sociales. La autora plantea dos cuestiones cruciales; por una parte, se pregunta si las diferencias entre mujeres y hombres se deben a su propia naturaleza o son aprendidas culturalmente desde la infancia y, por otra, presenta el problema de la nomenclatura: ¿sexo o género? y retoma lo que plantean los autores citados anteriormente con respecto a la distinción biológica y la elaboración social y cultural de las diferencias sexuales. Por último, señala que el estudio de las diferencias en el comportamiento de niñas y niños durante su infancia y a lo largo de su vida y su explicación a través de factores biológicos o culturales pertenece a otros campos científicos, y que lo que interesa a la sociolingüística es la distribución desigual de las distintas formas de hablar entre ambos sexos, estableciendo paralelamente qué factores son operativos en esa distinción. Así pues, a través de estas ideas observamos que los distintos autores coinciden en las diferencias planteadas entre ambos conceptos: el sexo es una categoría biológica, mientras que el
género es un aspecto sociocultural. Sin embargo, también
destacan, y en esto estamos de acuerdo, que es difícil mantener ambos conceptos separados, ya que no tienen límites muy definidos.
De acuerdo con las ideas presentadas, en los años 80 comenzó a utilizarse principalmente el término género en los estudios relacionados con esta variable. Sin embargo, Bucholtz (2002) señala que a pesar de que los términos hayan cambiado, las investigaciones sobre las “diferencias de género” eran investigaciones sobre “diferencias de sexo”, y como los estudios ya no eran comparativos, género se transformó en sinónimo de mujer, y ya casi no se estudiaban las identidades de género masculinas. Además, algunos sociolingüistas continuaron usando el término
sexo como una forma de entregar argumentos biológicos a su
trabajo. La autora afirma también que para entender la identidad de género en toda su complejidad no es suficiente considerar sólo el género, o incluso la relación entre éste y sexo, ya que las teorías
de género están siempre aseguradas por teorías de sexualidad, y considera que deben tomarse en cuenta estos tres conceptos en los estudios sociolingüísticos.
Por último, con respecto al concepto de género, Bailly (2008) señala que éste es un calco del inglés gender, que hace referencia a lo que distingue a mujeres y hombres en el plano social, económico, demográfico, político o, incluso, psicológico6. Por lo
tanto, los conceptos de género o género social se presentan como alternativas al concepto de sexo para precisar la dimensión social de éste.
Nuestra investigación se basa en el concepto de género, ya que en nuestro análisis consideraremos algunos aspectos socioculturales que pueden influir en el comportamiento neológico de mujeres y hombres de manera general; sin embargo, no abordaremos aspectos como las teorías de sexualidad o la idea de que el género no es binario. Por lo tanto, utilizaremos principalmente el concepto de género, pero más adelante, en los casos en que éste pudiera confundirse con el género textual, utilizaremos género
social para referirnos al primero.