El segundo elemento de esta triada franciscana lo conformaba el Colegio de San Diego de Alcalá, inmueble que desapareció luego del período de revolución pues, como indica Iturriaga, “[e]xistió … hasta los días de la Independencia, época en que lo expropió el Gobierno para instalar allí el Instituto Nacional.”431
Según nos indican documento originales el Instituto Nacional se construyó “[p]or decreto de 31 Diciembre de 1844 […], en terrenos pertenecientes al
428 “El de la Provincia de la Santísima Trinidad de Chile lleva por título el de Nuestra Señora del
Socorro y albergó en sus cinco claustros más de un centenar de súbditos.” Ramírez, Un Ilustrado Chileno: El Doctor Fray Joseph Xavier de Guzmán y Lecaroz (1759-1840), p.29.
429 Ver en esta tesis “Anexo 1: Planos Históricos y Catastros,” pp.287-302. En el plano de Gay
redibujado aparece el complejo de San Francisco representado según Herbage, p.222.
430 “Con arreglo a lo que por una cédula de 1523 se practicaba en todas las colonias españolas, el
terreno fue dividido en cuadrados de ciento cincuenta varas por lado, y separadas por calles de doce varas.” Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo I (Santiago: Editorial Universitaria, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2000), p.208.
431 Iturriaga, Casas, Misiones y Lugares, p.49.
Fig.115 “Antigua Iglesia de San Diego” (nd), el templo fue enajenado en 1884.
Fig.114: Elaboración propia, “Croquis de los límites de las posesiones franciscanas” (2010).
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Colegio de San Diego, que fueron tomados por el Gobierno…” 432
Posteriormente se continuó con el edificio de la Universidad de Chile (1863- 1872), actual Casa Central del establecimiento.
El Colegio de San Diego fue utilizado como cuartel de infantería y nunca volvió a ser ocupado por los franciscanos, de hecho sus ocupantes debieron ser trasladados al Conventillo según lo indica un documento original fechado en 1812: “… se resuelve que el convento de S. Diego se traslade en el día […] al Hospicio del conventillo en cuyo efecto se lo desocupara y allanara en el momento para que traspasado allí el colegio….”433
Sin embargo, años más tarde la Orden conseguirá que el Estado le indemnice por los terrenos tomados:
“Los Ministros de la Tesorería General entregarán al Sindico del Convento de San Francisco de esta Capital, don Joaquín Iglesias, la cantidad de tres mil pesos a cambio del precio estipulado por los terrenos que tomó el Gobierno para la construcción del edificio en que está situado el Instituto Nacional….”434
El pago de los terrenos del colegio tiene origen en un proyecto de ley de 1826 que exigía la devolución de los bienes de la Iglesia, declarando que las comunidades religiosas tenían derecho a la propiedad de sus bienes como cualquier ciudadano, por lo que se les devolverían los terrenos ocupados por el Fisco y la nación reconocería como deuda pública el producto de las enajenaciones ya efectuadas.435
Estos procesos de compensaciones por los terrenos tomados se encuentran documentados en las Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la República de
Chile, y específicamente en la Sesión de la Cámara de Senadores del 9 de agosto
de 1844 se registra una “Reclamación de la comunidad franciscana” que consiste en una solicitud entablada por la comunidad de San Francisco a través del síndico del convento grande, quien reclama que la indemnización por los sitios en que se encontraba el antiguo Colegio de San Diego era una cantidad de fondos públicos muy desproporcionada en relación al legítimo valor de la propiedad, por lo que solicita que suspendan la construcción de la casa de estudios en los terrenos hasta que se arregle una justa indemnización, solicitud que fue aceptada en la sesión del 16 de agosto del mismo año.436
432 “San Diego Tomado por el gobierno,” Asuntos Varios, Vol. 12 (15 Mar. 1850), Archivo Franciscano. 433 “San Diego: Traslado al Conventillo,” Asuntos Varios, Vol. 5 (21 Oct. 1812), Archivo Franciscano. 434 “San Diego: Pago de expropiación,” Asuntos Varios, Vol. 12, fj.71 (14 Ene. 1852), Archivo
Franciscano.
435 Valentín Letelier (comp.), Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la República de Chile: 1811-1845
(Santiago: Impr. Cervantes, 1886 -1908), Tomo XII (1826), p.192.
436 Letelier (comp.), Sesión de la Cámara de Senadores Tomo XXXV (9 Ago. 1844) y (16 Ago. 1844)
157 La transformación de la manzana del Colegio de San Diego permite constatar la permanencia de un programa educacional, primeramente desarrollado por los franciscanos para llegar a ser la universidad estatal (fig.116) y uno de los colegios más emblemáticos y representativos de la construcción del nuevo Estado: el Instituto Nacional. Este proceso manifiesta el traspaso ocurrido durante el siglo XIX momento en que el Estado se hace cargo de programas que solían estar en manos de las órdenes religiosas en el período colonial, como la educación,437 que pasará a manos laicas como consecuencia del complejo
proceso de secularización del Estado Chile, tal como señala la historiadora Sol Serrano al referirse al gran poder que se le atribuye a la Iglesia durante la Colonia, que decrece durante el siglo XIX.438
La historiadora Ruth Aedo-Richmond por su parte, expone el traspaso de la labor educativa desde la Iglesia al Estado, donde “[l]a clara manifestación educacional de estos importantes cambios fue el reemplazo de la Iglesia docente (la que representa el monopolio educacional de la Iglesia Católica), por el Estado docente, a través del cual el Estado aseguró su suprema autoridad sobre la provisión educacional del País. Una curiosa paradoja emergió eso sí. Por una parte, el Estado impuso su jurisdicción y control sobre la educación elemental, pero por otra, a través del decreto de 1813, pidió que la Iglesia proveyera esa educación.”439 Como indica la autora, este traspaso fue progresivo, de hecho en
un comienzo el Instituto Nacional funcionó en conjunto con el Seminario Conciliar.
Con respecto a la imagen urbana, algunos vestigios de la presencia franciscana se mantuvieron, pues los restos de la iglesia de San Diego se utilizaron como base para la biblioteca universitaria, como lo indican los planos del proyecto de la universidad (fig.117). Aún se conserva una antigua fotografía de la iglesia de San Diego, de fachada sencilla, con un tímpano y una pequeña torre (ver fig.115). Cuando se construyó la fachada de la universidad, iniciada por el arquitecto francés Lucien Ambroise Hénault y terminada por el arquitecto Fermín Vivaceta en 1872, pareciera ser que la intención de los arquitectos fue mantener el orden de la fachada del templo de San Diego a través de la reinterpretación de su tímpano que fue replicado tres veces en la fachada universitaria.440 La fachada de la iglesia convertida en biblioteca fue finalmente
demolida en 1884 y en su lugar encontramos hoy una pequeña plazuela donde
437 Autores como Fernando Aliaga confirman la importancia educacional del complejo en el contexto
nacional: “Durante el período del Obispo Humanzoro encontraremos que se funda el Colegio- Convento San Diego, que la Orden Franciscana establece para la formación de sus religiosos y que además significará un aporte intelectual para la Iglesia de Chile.” En R. Millar y H. Aránguiz (eds.), Los Franciscanos en Chile: Una Historia de 450 años (Santiago: Academia Chilena de Historia, 2005), p.44.
438 Sol Serrano, ¿Qué hacer con Dios en la República? Política y Secularización en Chile (1845-1885)
(Santiago: Fondo de Cultura Económica, Primera Edición, 2008).
439 Ruth Aedo-Richmond, La Educación Privada en Chile: un Estudio Histórico-Analítico desde el
Período Colonial hasta 1990 (Santiago: RIL Editores, 2000), p.40.
440 Vivaceta es el mismo arquitecto encargado de realizar la nueva torre de la iglesia de San Francisco
en 1858.
Fig.116: Recaredo Tornero, “Fachada de la Casa Central de la Universidad de Chile y de la iglesia de San Diego convertida en biblioteca” (1872).
Fig.117: Victor H. Villenueve, “Plano de la fachada principal y planta de la Biblioteca de la Universidad de Chile” (1884).
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el vacío rememora, en este caso, la antigua presencia franciscana en la ciudad (fig.118).
Esta situación se asemeja al vacío propuesto en los jardines del ex Congreso en Santiago, que evocan la tragedia de la iglesia de la Compañía que se ubicaba en la manzana posterior a la catedral. Ambas intervenciones demuestran una nueva propuesta en la forma de ocupación de la manzana donde se proyectan jardines o plazuelas dando hacia el exterior y no se completa todo el perímetro del manzanero como solía hacerse durante la época colonial.
2.4.4 El Conventillo
Según nos indica Fray Bernardino Gutiérrez, en el extremo sur del sitio franciscano el Director O’Higgins adquirió en 1821 una chacra en el llano que correspondía a tierras que integraban el Conventillo de los frailes franciscanos: “Existió en la colonia una casa filial de la Alameda, ubicada cerca de la parroquia San Miguel, Llano Subercaseaux, llamada Casa del Monte Alvernia, vulgo el Conventillo.”441 Éste, como aparece registrado en el plano de Sobreviela (1793)
revisado en el capítulo anterior, era un convento menor y su nombre indicaba el hecho de contar con menos de ocho frailes habitando en él. Según Iturriaga, “conventillo es el término con que se designaban las casas pequeñas en la que residían pocos religiosos y dependían de otras casas.”442 El convento menor
ejercía, probablemente, una función de control de la orden sobre sus terrenos más alejados, aquellos predios rurales que se extendían hacia el sur en sectores aún no urbanizados y poblados con ranchos y construcciones informales. Este sector permitía recolectar limosnas, cobrar por el uso de los caminos y permitir el pastoreo de los animales. De acuerdo a la descripción de Iturriaga, era una propiedad de unas trece cuadras que servía para mantener los caballos de los colectores de limosnas y los corderos que éstos recogían, confirmando su condición rural y una mayor extensión a la graficada en el Plano del Museo Británico. Según Iturriaga, aparece en los libros a partir de 1730 indicándose que en 1777 el Convento Grande cancelaba siete pesos a los peones de este Conventillo. El autor finaliza precisando que en los días de la Independencia, “cuando Carrera ocupó el Colegio de San Diego para usarlo como cuartel de infantería, los estudiantes fueron trasladados a este Conventillo.”443 Estos son
los pocos datos que existen de este convento menor franciscano, únicamente representado en el plano atribuido a Sobreviela y que terminó destinado a desaparecer debido al decreto de la reforma de los regulares que obligaba a clausurar los conventos menores.
Otra información interesante sobre las compras de terrenos franciscanos por parte del Director O’Higgins en el área sur donde se ubicaba el Conventillo, lo
441 Iturriaga, Casas, Misiones y Lugares, p.45. 442 Iturriaga, Casas, Misiones y Lugares, p.5. 443 Iturriaga, Casas, Misiones y Lugares, p.45.
Fig.118: Fotografía de la autora, situación actual con la plazuela en la fachada oriente de la Casa Central de la Universidad de Chile (2011).
159 obtenemos a raíz de la donación que recibe de un regador para unas tierras compradas con carga de censo en el área del Zanjón de la Aguada. El historiador Gonzalo Piwonka hace referencia a una orden de liberación del pago de impuesto por los terrenos adquiridos en esta zona e indica un detalle, que según el autor es muy interesante desde el punto de vista urbanístico de Santiago:
“Los documentos y el propio O’Higgins declaran que las tierras adquiridas con el desgravamen de censo estaban situadas en el área del Zanjón de la Aguada. Ahora bien, la resolución dispensatoria de la gabela indica que los terrenos están ubicados ‘en el conventillo.’ Ésta era una construcción muy antigua que servía de casa de ejercicio y noviciado de los franciscanos, y que estaba ubicada al costado sur de la hoy Avenida Matta, más o menos entre las calles San Francisco y San Diego. Se denominaba su contorno El Conventillo, como diminutivo de convento y con pobreza franciscana.”444
Hasta aquí el autor confirma los datos antes expuestos sobre el convento menor, con su ubicación aproximada. A continuación Piwonka explica la contradicción sobre la ubicación de las tierras franciscanas adquiridas por O’Higgins puesto que en un comienzo se especula que las tierras se ubicaban en el área del Zanjón de la Aguada:
“Ahora bien, no obstante los documentos senatoriales y la carta de O’Higgins que expresan que las tierras están en el área del Zanjón de la Aguada- que de ser así no estarían muy escasas de aguas- creemos que el reporte de Tesorerías al situarlas en el conventillo indica que las susodichas tierras del Libertador estarían sitas entre la Avenida Matta y el Zanjón de la Aguada, pero desconocemos su cabida y anchura.”445
Las descripciones del Conventillo franciscano indicaban que se ubicaba en la actual Av. Matta pero que sus tierras adjuntas llegaban hasta el Zanjón de la Aguada. Según la descripción realizada por Fray Bernardino Gutiérrez del Conventillo, éste era un “establecimiento religioso, cuyos edificios se alzaban a la altura de la actual Avenida Matta. Sus tierras adjuntas, que eran extensas, deslindaban con el Zanjón de la Aguada. Al iniciarse la Independencia, la iglesia del Conventillo se mantenía sin terminar y los frailes franciscanos tenían una fuente permanente de entradas, pidiendo erogaciones a los transeúntes que viajaban por los caminos inmediatos. O’Higgins adquirió toda propiedad e hizo en ella grandes construcciones y plantíos.”446 En términos de ocupación
territorial esta cita aclara que la Orden franciscana, aún en el siglo XIX, poseía grandes extensiones de terrenos en la zona sur que los frailes además
444 Gonzalo Piwonka, 100 años de las Aguas de Santiago 1742-1841 (Santiago: Lom Ediciones, 1999),
p. 261. Según el autor el término “conventillo” tendría relación con esta construcción: “De allí devino en Chile que la expresión conventillo fuese una casa colectiva de vecindad de pobres.”
445 Piwonka, p.261.
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explotaban cobrando un peaje por el paso, probablemente por una de las vías de ingreso a Santiago desde el sur: la calle San Diego.
En el Archivo Histórico Nacional de Chile (AHNCH) encontramos documentos que confirman la compra por parte de O’Higgins de los terrenos en la Alameda y hacia el sur, documentos firmados por el Director Supremo y por el Provincial de la Orden Padre Javier de Guzmán y Lecaros. Según el documento:
“Santiago, Noviembre veinte y seis de mil ochocientos veinte y uno Antonio Merino Villanueva 2º Sindico Administración de Dios del Estado = Sirvase mandar despacho boleta para que el Escrivano Dn Fernando Olivares otorgue Escritura de venta que yo el Infrascripto como Sindaco del Convento grande de Sr San Francisco hago el Exmo Sr Supremo Director del Estado Dn Bernardo O’Higgins de un sitio que forma la esquina de la Calle Angosta con frente a la Cañada…”447
El proceso de ventas y subdivisión de las chacras de la zona sur está explicado detalladamente en el texto de A. de Ramón “Estudio de una Periferia Urbana” publicado en la revista Historia nº20 en 1985. En el artículo el historiador explica como la zona rural compuesta por chacras y quintas sufrió un paulatino proceso de apertura de calles. Para A. de Ramón las poblaciones surgidas a mediados del siglo XIX en los límites de las chacras de El Conventillo y de La Pampilla (fig.119) son las que tienen mayor importancia histórica, por su antigüedad y por haber sido denominadas por el Intendente Vicuña Mackenna el ‘Potrero de la Muerte,’ debido a la existencia de rancheríos y conventillos. De estas propiedades la chacra de El Conventillo es la que perteneció a los franciscanos, de propiedad de doña Rosa Rodríguez Riquelme (alias O’Higgins) hermana de madre de Bernardo O’Higgins. La Charcra fue vendida en 1823 y según A. de Ramón sus límites eran: hacia el norte la actual Avenida Manuel Antonio Matta llamada en esa época Alameda del Conventillo o de Los Monos, hacia el sur el Zanjón de la Aguada, hacia el oriente la calle Santa Rosa y al poniente San Diego. Estos límites nos confirman la extensión de los terrenos más al sur de los franciscanos adquiridos por Bernardo O´Higgins en 1820.448
447 Fondo Notarios de Santiago, Escrituras públicas: 1799-1930, Vol.058, fs. 174. Archivo Nacional
Histórico de Chile (ANHCh).
161 A partir de las descripciones de estas tres piezas franciscanas emblemáticas logramos probar nuestra hipótesis de que la importancia de San Francisco en la construcción de la ciudad radica no sólo en su antiguo templo sino en los extensos terrenos que la orden mantuvo hasta avanzado el siglo XIX. Luego de estas pérdidas territoriales la orden se enfocó en participar de la construcción del nuevo paseo público proyectado frente a su Convento Máximo.