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Chapter 5 Conclusions and Future Work

5.1 Future Work

El empleo de los diferentes géneros periodísticos en El Arriero se encuentra indisolublemente vinculado a los significados que se desea transmitir y a las peculiaridades de las proposiciones. Ideas laudatorias o críticas se difunden en cualquiera de los géneros, aunque algunos supongan más que otros el análisis e interpretación de la realidad. Estos llamados pactos de lectura están presentes en una diversa proporción en las páginas del suplemento.

ofrecidos no aparecen en medios provinciales o nacionales. “Crece la exportación de miel en Sancti Spíritus” (Borrego, M.L., 2003) y “Sesionó Taller de Educación en la montaña” (Jacomino y Martínez, 2004) constituyen ejemplos ilustrativos. Sin embargo, no es ese el género periodístico que debiera predominar teniendo en cuenta la poca frecuencia del periódico. Acerca de los hechos, al reportero correspondería aportar criterios de valor (en forma de comentarios) o profundizar en sus más variadas aristas (reportajes), con el propósito de que no llegue al lector un producto comunicativo desactualizado por completo.

Los 64 reportajes presentes en el suplemento resultan en su mayoría superficiales, carentes de investigación previa. El periodista conforma este tipo de trabajo con fuentes oficiales, opiniones de campesinos o juicios propios, pero sin profundizar en los fenómenos. Casi siempre de exaltación a los logros alcanzados, panorámicos de una comunidad en específico o del Plan Turquino, sobre el trabajo de una UBPC, CCS u otro centro laboral, no constituyen los mejores exponentes del periodismo espirituano.

No obstante, los buenos patrones tampoco faltan. Entre ellos, “El café está servido” (Borrego, M.L., 2001a), “Serranos de la capital” (Proenza, D., 2002b) y “Fidel: estratega del Escambray” (Alfonso, 2006b).

La entrevista resulta el género idóneo para conocer la idiosincrasia del personaje, su labor, su modo de vida y para satisfacer sus necesidades de reconocimiento social. Con estos objetivos fundamentales se emplean en El Arriero, generalmente tomando como pretexto el desempeño destacado de algún montañés en el trabajo o en otra esfera de actuación social. En 25 textos de este tipo, el 13.02% del total, se logra reflejar aspectos de la historia del entrevistado, así como sus criterios. Por ejemplo: “Del Escambray me queda todo” (Ramos, 2001) y “El muchacho de la Shilka” (Guzmán, 2005).

A diferencia de las informaciones, reportajes y entrevistas que se hallan en una mayor proporción, los comentarios apenas aparecen en El Arriero, lo que deviene mal síntoma del empleo de los géneros de opinión en dicho suplemento. Sólo se publicaron 10 comentarios en toda la muestra (el

Capítulo IV El Arriero: ¿las necesidades satisfechas?

ausencia de crítica en El Arriero. Los temas abordados (recursos forestales, meteorología, adolescencia, etc.) resultan polémicos, pero no se enfocan desde sus ángulos más preocupantes. Sobre el decrecimiento en la cosecha del café, por ejemplo, no hay ni un comentario en las 12 ediciones analizadas, y los juicios que se emiten sobre otras temáticas tienden a la exhortación, la moraleja y hasta el regaño.

En los números de El Arriero de septiembre-octubre de 2002, noviembre de 2004, junio de 2004, septiembre-diciembre de 2005, y mayo-agosto de 2006 no se publicó ningún texto en este género. Dos exponentes bien logrados son: “Llamado contra el fuego” (Herrera, 2003) y “La vida o…” (Concepción, 2001).

Mayor debería ser asimismo la presencia de crónicas en las páginas de la publicación destinada a reflejar el devenir del serrano. Este género posibilita recrear los temas noticiosos, que por la escasa salida del suplemento ya se han desactualizado, o aquellos de interés permanente. Sin embargo, sólo ocho de los 192 textos (el 4.17%) obedecen a los cánones de este pacto de lectura.

A pesar de la pobre presencia, la inmensa mayoría de las crónicas publicadas poseen un alto grado de elaboración en cuanto a recursos estilísticos y calidad de las ideas. “Vereda Bejuco en pantalla” (Ojito, 2004), por ejemplo, deslumbra por su sencillez y originalidad, al describir un día normal en una comunidad que apenas cuenta con una Sala de Televisión. El reportero recrea la atmósfera propia de las zonas rurales, sin que nada delate su condición de pueblerino. La llegada de este programa de la Revolución a la localidad se narra realzando lo cotidiano, lo que realmente perciben los habitantes del lugar (Consultar Anexo No. 11).

Otra crónica, “Con permiso de la muerte” (Alfonso, 2002), comunica las muchas ideas que suscita en el periodista el deceso inesperado de Camilo Cienfuegos. Con un lenguaje asequible y llano, acorde a las competencias comunicativas de los receptores, se transmite una visión del Héroe para nada mitológica ni ultraterrena, sino bien humanizada.

Igual cantidad de reseñas (8) se incluyen en las muestras analizadas de El Arriero, por lo general sobre flora, fauna o bellezas de la serranía; género apropiado para puntualizar los beneficios de

algunas plantas, remedios de la Medicina Natural y Tradicional, entre otros que tanto piden los campesinos. Algunas reseñas publicadas de 2001 a 2006 son “Las ventajas del Noni” (Alfonso, 2004b) y “Paisajes preservados” (García, A.C., 2003).

Un fotorreportaje, una fotonoticia y una sección completan el cuadro genérico del suplemento, en el que hay una ausencia total de artículos y editoriales. El indiscutible predominio de informaciones, reportajes y entrevistas en detrimento de los comentarios y crónicas incide también en la escasez de crítica apreciada en El Arriero, amén de que la opinión no es privativa de uno u otro género.

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