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HEA Composition with Low Density

9. Suggestions for Further and Future Work

9.2 Future work

Cuando el despertador sonó, la mano de Lauren salió de debajo del edredón y lo apagó. Después su cabeza volvió a esconderse bajo las cálidas sábanas. Me

pregunto qué haría falta para mantener a Dev en la cama aunque sólo fuera durante una mañana. Bostezó y se levantó, girando la cabeza hacia el

despertador. Las cinco de la mañana de un sábado. Nada puede ser peor que

esto. — Ughh, hoy toca gimnasio. Gracias Dios, hoy no vamos a correr.

Contempló la idea de volverse a acostar cuando Gremlin se acercó a ella desde los pies de la cama y apoyó la cabeza en su estómago. — Sí, lo sé, Grem. Si no me gusta cocinar, no debería estar en la cocina. Vale, mensaje captado. Me levanto.

—Pero, al menos es tu día favorito de la semana. En unas cuantas horas los niños estarán aquí suplicándote que salgas a jugar, y así te podrán malcriar. — Gremlin gruñó contento y su dueña le rascaba en la barriga. — Yo, en cambio tengo dos entrevistas telefónicas concertadas con algunos de los viejos profesores de instituto de Dev. Podría ser interesante, ¿no? — Se imaginó a una adolescente Devlyn, con unos brazos y piernas muy largas, alta y unos brillantes ojos azules. Una sonrisa le vino a los labios.

Lauren rascó a su perro detrás de las orejas, buscando la energía para quitarlo de encima y ponerse su chándal dispuesta a ir a ver sudar a Dev, Bueno la verdad es que esa última cosa no le costaba ningún esfuerzo. Rió suavemente. Su antención fue apartada de esa imagen debido a una gran agitación en el pasillo. Ni una vez desde que vivía ahí había oído algo así. Parecía como si el mundo fuera a acabarse. Lauren saltó de la cama y se puse una bata sobre el pijama. Rápidamente se pasó las manos por el pelo, peinándoselo, y cogió sus gafas de la mesilla de noche.

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El pasillo estaba lleno de agentes trajeados del Servicio Secreto. Asomó la cabeza y una mano la detuvo, hasta que el agente la reconoció y la dejó salir al pasillo. Mezclados entre los agentes había miembros del personal médico. Estaban entrando y trayendo equipamiento médico hacia la habitación de Dev. Por un momento, Lauren podría haber jurado que su corazón se había detenido. —¿Qué…? — Se aclaró la garganta y lo intentó otra vez. —¿Qué pasa? — Se apretó más la bata al cuerpo y ordenó a su estómago que parara de revolverse en protesta a lo que estaba viendo.

—La Presidenta no va a salir hoy, Srta. STrayer. Puede volver a la cama si lo desea.

—No he preguntado si va a salir. He preguntado que qué está pasando.

—No tengo la autoridad para decirlo, Srta. Strayer — Michale Oaks le dirigió una fría sonrisa. Habían dejado de pretender que se caían bien hacía mucho tiempo. — Y si la tuviera, le diría que no es de su incumbencia.

Un agente del Servicio Secreto golpeó a Michael en el hombro, y su atención se apartó de la biógrafa.

Lauren intentó asomarse por encima de los agentes, pero no era lo

suficientemente alta como para asomarse a la antesala de la habitación de Dev. Cogió a otro agente que pasaba por allí —¿Qué está pasando? ¿Está bien? Se encogió de hombros y continuó su camino.

Unos ojos grises iban de persona en persona, y oyó más agitación, voces de pánico que provenían de dentro de la habitación de Devlyn. En ese momento lo único que pudo pensar fue…

Lauren empezó a gritar con todas sus fuerzas. — ¡Emma! — Sabía que si algo le pasaba a Dev, la niñera estaría con ella.

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Los hombres de su alrededor se apartaron de ella como si estuviera loca. Y, por la mirada en la cara de Lauren, muchos de ellos estaban seguros de que ese era el caso. Sin embargo, sabían que era mejor no tocarle un pelo. Por algo así, la Presidenta Marlowe los transferiría sin ningún problema al Polo Norte, a guardarle el culo a Papa Noel.

Emma se asomó al pasillo para ver que pasaba ahora. —¿Qué esta pasando? ¡Por todos los santos! — preguntó, intentando adivinar por qué Lauren estaba

chillando con todas sus fuerzas.

Lauren inmediatamente recobró su compostura y dejó de gritar. Estaba un poco mareada por su esfuerzo. —¿Qué le pasa a Dev? Nadie aquí quiere decirme nada! Maldita sea!

—¿No se lo has dicho? — Emma miró a Michael Oaks. Su tono era de reprimenda.

— ¡Que alguien me lo diga!

—Vamos dentro — Emma sacudió la cabeza tristemente. — Tienes que verlo tú misma.

Lauren se preparó para lo peor. Suspiró profundamente y acompañó a Emma. Dev abrió los ojos. ¿Es esa la voz de Lauren? Entonces vio una cabeza rubia entre la multitud que había fuera de la habitación. Una tenue voz ordenó. — hacedle sitio a Lauren.

El ajetreo alrededor de su cama cesó por un momento, y los doctores y

enfermeras se apartaron y permitieron a Lauren tomar asiento en la cama. Sin pensarlo dos veces, tomó la mano de Dev en las suyas y la acarició

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Oyó que los doctores hablaban a Dev, pero sólo pudo ser capaz de captar una o dos palabras. Sus ojos y su mente estaban enfocados en la enferma mujer. Lauren iba a preguntarle a Dev qué le pasaba cuando oyó al doctor. — Sra. Presidenta, vamos a ponerle una vacuna. — Dejó dos largos tubos de ensayo llenos de sangre que había sacado a Dev hacía unos segundos. — Va a notar otro pinchazo.

El estómago de Lauren se retorció. La idea de que Dev fuera atravesada por objetos afilados era casi tan angustiante como la de ser ella la siguiente. Temblando, apartó los ojos de los tubos de ensayo.

El doctor se dirigió hacia ella, pero se detuvo cuando oyó el gruñido de Dev. — Mantenga alejada de mí esa maldita aguja. —¿No te das cuenta que estás

asustando a Lauren? Los ojos de Dev se fijaron en la bata de Lauren, y en el

pijama q se asomaba por debajo. Dios, ¿son elefantes rosas lo que hay estampado

en su pijama? ¿Podría estar más adorable? Me pregunto qué pensaría si la

invitara a una fiesta de pijamas. — Esto es por una comida en mal estado, no por

una plaga. No necesito ninguna vacuna. — Apuntó hacia la bombona de al lado de la cama. — U oxígeno.

Lauren se revolvió ante las palabras "comida en mal estado". Sabía

perfectamente cómo debía sentirse Dev, pero también estaba asombrada por toda la gente alrededor de Dev, que estaba actuando como si estuviera en el lecho de muerte. No le extrañaría en absoluto que la bandera del balcón de la Casa Blanca, estuviera ondeando a media asta. Lauren se tapó la cara con las manos. —¿comida en mal estado? — supiró, aliviada de que no fuera algo mas serio. Permitió que su corazón pudiera volver a latir.

—Buenos días, Súper Ratón. Sabes llamar la atención cuando quieres, eh? Lauren sonrió y acarició la mano de Dev con sus dedos. — Bueno, estaba cansada de que fueras el centro de atención todo el rato. Y voy a dejar de lado ese comentario de Super Ratón sólo porque estás enferma. Todo esto. — Dijo

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señalando la habitación llena de doctores y de agentes. — me ha asustado muchísimo. ¿Sabes?

Dev entornó los ojos. Dios, la gente sobreactúa alrededor tuyo cuando eres la

Presidenta. — Lo siento. No estoy realmente enferma. Es una excusa para

tomarme el día libre. — Pero su pálida cara decía todo lo contrario.

Una pequeña e inesperada carcajada escapó de la boca de Lauren —¿Cómo te encuentras? — preguntó amablemente. Pero antes de que Dev pudiera contestar, añadió — Y quiero una respuesta sincera, Devlyn.

—He estado levantada toda la noche, adorando el retrete. ¿Cómo estoy? —Hecha una mierda.

—Qué gracioso, yo no me veo tan bien.

Las cejas de Lauren se arquearon en gesto preocupado. Dev parecía sentirse realmente mal. Dirigió la mirada hacia uno de los doctores. — Es sólo comida en mal estado, ¿verdad? — Ella sabía que estaba exagerando, pero no podía evitar preocuparse.

El doctor, un hombre bajito, de mediana edad, calvo y con una barriga

protuberante, pareció molesto por la interrupción de Lauren. Estaba tomando notas en el historial de Dev, Cogió las dos muestras de sangre y las metió en un maletín, ignorando deliberadamente la pregunta.

Las cejas de Dev se arrugaron, y volvió la cabeza. —¿Doctor?

—¿Sí, Sra. Presidenta? — contestó inmediatamente, dedicando a Dev toda su atención.

—La Srta. Strayer le acaba de hacer una pregunta. Por su propio bien le aconsejo que le responda. ¡Inmediatamente! — Dev gritó. En sus ojos claros se podía

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La escritora y el doctor pegaron un salto, y el hombre se asustó y murmuró. — La Presidenta parece sufrir un caso agudo de Salmonelosis. Creemos que la causa fueron los langostinos que cenó la noche pasada. Los análisis de sangre son por precaución.

Lauren asintió, tratando de no perder los nervios ante la rudeza del doctor. Ellos

no tienen por qué darte una explicación. Métete eso en la cabeza. — Gracias — Se

giró hacia Dev y sonrió. — Si hubieras visto lo que cené en mi cita anoche, no te explicarías cómo eres tú la que está en cama enferma.

Una enfermera se acercó a Dev con una larga aguja otra vez. — Lo siento Sra. Presidenta. Me temo que necesito una muestra más. Uno de sus doctores acaba de pedir otra serie de pruebas. Se acercó incómoda, notando la mirada que

Lauren le dirigía. — Esto va a otro laboratorio diferente. Por eso necesitamos otra muestra.

—Oh, está bien. — Dev extendió el brazo.

La cara de Lauren palideció. — Vas a… justo ahora… — La oscuridad invadió la visión de Lauren, y sus ojos se giraron a la vez que caía desmayada sobre

Devlyn.

Dev miró a la mujer que acaba de desmayarse sobre su regazo. Sonrió cansada al doctor. — Le juro, doctor, que esta no es la reacción normal de alguien que está en la cama conmigo.

El doctor giró los ojos y ordenó a las enfermeras que quitaran a la rubia de encima de la Presidenta. Dev se rió y les dijo que dejaran a Lauren a su lado. La cama era de matrimonio, y Dev no estaba preparada para soltar su mano

todavía. Le hacía sentir mejor saber que Lauren estaba cerca.

Siguendo las órdenes de Dev, uno a uno, el personal médico y el de la Casa Blanca abandonaron la habitación. Emma arqueó una ceja y, con el

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Después limpiarse los restos de sangre, y sólo después, la joven mujer fue despertada con la ayuda de una cápsula de amoniaco.

Devlyn colocó la poderosa cápsula delante de la nariz de Lauren y, después de unos cuantos segundos, la escritora empezó a despertarse. Unos confusos ojos se empezaron a abrir, e inmediatamente se sentó en la cama y miró alrededor de la habitación. Miró a Devlin y luego otra vez a sí misma. —¿Estamos juntas en la cama?

Dev tosió y se rió. — Sí, pero te aseguro que tu integridad se mantiene intacta, Srta. Strayer. Te desmayaste sobre mí.

—¡Ohh, Dios mío! — sus manos fueron inmediatamente hacia su cara, donde se ajustó las gafas. La mano de Devlyn cubrió la suya, y antes de que se diera cuenta, las gafas fueron depositadas sobre la mesilla de noche. — Gra… Gracias — Lauren suspiró fuerte, sintiendo como su estómago se revolvía, aunque esta vez no era sólo por la preocupación.

Dev sonrió gentilmente. —¿Me harías un favor? —Lo que sea — contestó Lauren sinceramente.

Dev meditó la propuesta que quería hacerle a la joven mujer y se decidió por la segunda opción. — Bueno, ya ves que cuando estoy enferma soy como el bebé más grande del mundo. — Sonrió. — Odio estar sola. Emma está muy ocupada con los niños y no puede sentarse a mi lado a cogerme de la mano. ¿Te quedarías conmigo? Podríamos trabajar en el libro si quieres.

Lauren asintió. Por supuesto que se quería quedar. Si Devlyn no se lo hubiera pedido, ella se habría ofrecido. — Pero… umm — gesticuló hacia su pijama. — ¿Voy bien así?

Dev respiró profundamente. — Bueno yo tengo que estar así, pero ummm… —

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pijama. Pero no quiero que esté incómoda. — Si quieres ir y tomar una ducha y

cambiarte, creo que puedo apañármelas sola durante unos minutos.

Lauren estaba levemente decepcionada. — Tienes razón. No sé en qué estaba pensando saliendo de mi habitación así. Pero es que estaba preocupada… y… Dev puso sus dedos sobre los labios de Lauren. — Me alegro de que lo hicieras. Gracias por preocuparte por mí — Acto seguido apartó la mano, impresionada por la suavidad de esos labios de coral.

—Pero es sólo comida en mal estado, ¿verdad? — Lauren preguntó preocupada, dirigiendo la mirada a varias piezas de intrumental médico que había alrededor de la habitación. — Si fuera algo mas serio, ¿me lo dirías, verdad?

—Esto es solo precaución. Si no fuera la Presidenta, no se habrían tomado tantas molestias. Ellos no están preocupados por mí, están preocupados por su jefe.

Lauren frunció el ceño. — Eso no es verdad. — Yo estoy preocupada por ti. Los ojos de Dev empezaron a caer pesadamente, y se preguntó si el doctor no se había pasado un poco con la medicación. — Claro… que… lo es. Pero tú… te… preocupas… — No podía disimular que se estaba quedando dormida en medio de la conversación.

Lauren sonrió suavemente y susurró. — No luches contra el sueño.

Los ojos de Dev inmediatamente se cerraron, y la mujer de pelo negro soltó un profundo y lento suspiro.

Lauren levantó sus dedos cruzados con los de Dev, mirándolos como si hubiera olvidado que tenían las manos cogidas. Echó la colcha y tapó con ella el cuerpo de Dev, después miró hacia la puerta. Hazlo. Sabes que has querido hacerlo

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desde que entraste en esta habitación. "Incluso antes que eso". Le contestó su

mente.

Volviendo a fijarse en Dev, tiernamente acarició la mejilla de la Presidenta con sus nudillos justo antes de darle un suave beso. — Dulces sueños, Devlyn. Estaré aquí cuando te despiertes. — Lauren volvió a su sitio y se permitió cerrar los ojos durante unos segundos. Un sentimiento de paz se apoderó de ella a la vez que iba cediendo al sueño.

***

Lauren se despertó bastante antes que Dev. Estiró la cabeza y miró a la Presidenta. Instintivamente, levantó la mano y la puso sobre la frente de Dev para ver si tenía fiebre. Se sintió aliviada cuando la notó fría, no sólo porque no le gustara la idea de que Dev estuviera enferma, sino porque ella no estaba segura de si podría decir si tenía fiebre o no con solo tocarla.

Lauren se apartó lentamente, no queriendo despertar a la Presidenta, y cogió sus gafas de la mesilla de noche. Cuidadosamente, se bajó de la cama y se dirigió a su habitación. Se detuvo unos instantes para hablar con el agente del Servicio Secreto y la enfermera que había sentados afuera de la habitación. — Volveré en unos minutos. Por favor, decídselo si se despierta durante mi ausencia.

La enfermera asintió. — Sí, Srta. Strayer.

Mientras se alejaba oyó un comentario entre las personas que había dejado atrás. — ¿Que no se acuestan juntas? ¡Y una mierda!

Lauren se dio la vuelta y se dirigió hacia el agente del Servicio Secreto y la enfermera. Abrió la boca para desmentir el rumor, pero se detuvo a sí misma antes de decir una palabra. Su boca se mantuvo cerrada, y sus labios formaron una malévola sonrisa. Ella les guiñó un ojo. — No sabéis ni la mitad. — En ese momento su tono se endureció — Y nunca lo sabréis. Así que en lugar de pasar

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el tiempo cotilleando, ¿por qué no hacéis vuestro trabajo antes de que terminéis como guarda jurado y como celadora de la morgue?

Acto seguido, marchó hacia su habitación, sin creerse todavía lo que acababa de hacer. Se dio la ducha más rápida que ha existido, se puso su chándal, llevó a Grem a dar el paseo más corto de su vida y volvió a su habitación.

Lauren cogió el portátil y su cuaderno de notas, y se dispuso a volver a la habitación de Dev. Justo en el momento en que su mano tocaba el pomo, Gremlin empezó a ladrar. Sus hombros cayeron, y apoyó la frente contra la

puerta. — Vamos, Gremlin. Ahora no, ¡hoy no! Por favor — murmuró volviéndose hacia él. — Te compraré la cama más grande y cómoda que has visto en tu vida si te portas bien hoy.

El perro no estaba impresionado. Se acercó hacia su ama y se puso patas arriba, preparado para que Lauren le rascara la barriga.

Lauren suspiró frustrada y miró su reloj. Todavía era pronto para que los niños estuvieran despiertos. — Ok, puedes venir conmigo, pero tienes que prometerme que te vas a portar bien. Devlyn no se encuentra bien. Nada de ladrarle.

El perro saltó contento. Agitaba el rabo muy deprisa.

—Pequeño extorsionista con colmillos — gruñó Lauren. — Vamos. Y en serio, un ladrido y eres historia. — Abrió la puerta.

Una enfermera estaba saliendo de la habitación de Lauren para reunirse con el agente de la puerta. Lauren les saludo con la mirada antes de que ella y Grem entraran en la habitación. Después de colocar sus cosas, se dirigió hacia la cama para ver cómo estaba la Presidenta. Dev gimoteaba un poco, su cabeza se movía de lado a lado. Parecía tener problemas con la respiración.

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Unos ojos claros se abrieron.

—Hey — sonrió Lauren. —¿Qué te pasa? — Rápidamente recorrió con sus dedos los labios secos de Dev. —¿Te duele la garganta, o tienes sed?

La morena negó con la cabeza salvajemente y murmuró lastimosamente. — Laur… te consejo… que…

Lauren se inclinó más para oír a Dev mejor. —¿Qué pasa?

El cuerpo de Dev se convulsionó, y se inclinó hacia delante devolviendo sobre el pecho de Lauren. Los ojos de la escritora se abrieron al sentir un líquido caliente y con tropezones deslizarse por su camiseta y goteando sobre su sujetador. Ella gimió, sintiendo como su propio estómago se revolvía furiosamente ante el olor rancio. — ¡Oh, señor! ¡Eewwwwwwwwwwwww! — Miró hacia su camiseta mientras Dev se inclinaba de nuevo y Grem salía escapado de la habitación. — ¡No, no lo hagas! — Lauren cogió una zafa de la mesilla de al lado de la cama y la puso delante de Dev justo a tiempo de la segunda ronda.

Después de un momento que pareció una vida entera, Dev paró de devolver y se giró, totalmente roja hacia su amiga. — Lo, lo — se detuvo, intentando ignorar el sabor de la bilis. — Lo siento muchísimo.

Lauren volvió a poner la zafa bajo la barbilla de Dev, y la dejó ahí hasta que se aseguró de que la Presidenta había terminado.

—No puedo creer que hiciera eso.

A la mujer rubia le picaba todo, y no podía creer que hubiera aguantado tanto tiempo sin vomitar ella también. —¿Estás bien? — preguntó, intentando

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