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D* The Role of Cold War Politics in Enabling and Constraining the Mobilization of Federal “Pro-Black” Criminalization Policy

C. The Structural Transformation of the Political Opportunity Structure for the Mobilization of “Pro-Black” Criminalization Policy

61 Garland (2001a: chapter 2) 62 Simon (2004).

Betty Friedan (1921-2006) nació en Estados Unidos, tuvo una formación en psicología social y esta perspectiva fue la adoptada para elaborar su teoría y el enfoque de sus

investigaciones las cuales se basaban en datos empíricos; tenía una visión de la mujer como ser psíquico, la cual configura su identidad individual a partir de sus relaciones sociales (Perona, 2005).

La obra completa de Friedan se enmarca dentro del feminismo liberal o Nuevo Feminismo, como ya se dijo en los capítulos anteriores.

“entendiendo por tal aquel que pone énfasis en la idea de que la subordinación de las mujeres hunde sus raíces en una serie de restricciones legales y consuetudinarias que impiden la entrada y/o el éxito de las mujeres en el espacio público” (Perona, 2005, pág. 17).

La filosofa española Ángeles Perona (2005) señala que la feminista estadounidense Z. Einsenstein, pronosticaba que el feminismo liberal tendría un futuro radical, lo que haría que abandonara sus postulados liberales por los de un feminismo radical, de matiz socialista para poder alcanzar sus objetivos. Si se analiza el devenir teórico de la obra de Betty Friedan puede decirse que las predicciones de Einsenstein fueron correctas, ya que ella pasó “desde un liberalismo escuetamente formalista a lo que ha venido a llamarse social-liberalismo” (Perona, 2005, pág. 17).

El Nuevo Feminismo surgió a mediados del siglo XX en Estados Unidos, este feminismo tiene la particularidad de ofrecer simultáneamente rendimientos prácticos y teóricos, debido a que las mujeres que hacen parte de él no actúan espontáneamente sino de acuerdo a pautas y procesos de reflexión previos (Perona, 2005). Este nuevo feminismo se articuló con una de las

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organizaciones feministas más antiguas en Estados Unidos, como es la NOW (Organización Nacional de Mujeres) que Friedan cofundó en 1966 (Perona, 2005).

Perona (2005) argumenta que aunque Betty Friedan no fue una filosofa su obra avanzó en problemas, adentrándose por primera vez en campos de investigación de la futura teoría

feminista posterior; el alcance teórico de su obra se centra en sus dos principales libros que son: La mística de la feminidad y La segunda fase ambas publicadas en 1963 y 1981

respectivamente, estas dos obras responden a dos situaciones distintas, vividas por las mujeres estadounidenses y en extensión de las mujeres occidentales; dichas obras han sido muy

influyentes y polémicas, aún siguen vigentes por lo cual siguen alimentando la teoría y reflexión feminista.

Por su parte la feminista y filosofa española Amelia Valcárcel (2009) señala que La mística de la feminidad ha sido un libro extraordinariamente influyente, ya que ha propiciado uno de los cambios más determinantes del siglo XX que fue la posición y autoconciencia de las mujeres como grupo.

El libro es un clásico del pensamiento feminista, fue publicado en Estados Unidos en 1963, es el libro de cabecera de la tercera ola feminista, es un libro de investigación respaldado por un trabajo descriptivo, lo que lo aproxima al otro gran clásico del siglo XX El segundo sexo de Simone de Beauvoir; Betty Friedan empezó a trabajar en la elaboración de su libro desde 1957, en ese momento era un ama de casa de un barrio residencial y tenía tres hijos (Valcárcel, 2009).

La mística de la feminidad hace parte del contexto de la segunda posguerra después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, antes de este periodo había existido un feminismo sufragista que había conseguido un derecho político fundamental, como lo fue el del voto (Perona, 2005). Sin embargo tras el auge de sufragismo el feminismo en Estados Unidos y en Europa entró en un proceso de declive que se inició en la década de 1920 hasta la década de 1960 cuando surgió el nuevo feminismo, durante este tiempo, surgieron nuevas condiciones sociales e históricas, que engendraron nuevos problemas en la vida de las mujeres

estadounidenses (Perona, 2005).

Estos nuevos problemas son tratados por Betty Friedan en La mística de la feminidad, ella los explica en conjunto por medio del “problema de la identidad femenina, que nace de la preponderancia de un estereotipo de mujer que no satisface a las mujeres reales por mucho que lo intenten” (Perona, 2005, pág. 16).

Por su parte La segunda fase responde a nuevos problemas surgidos de la teoría y práctica feminista ya que

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“los problemas de las mujeres surgen ahora al constatar que, aunque ya pueden acceder a puestos de trabajo públicos, sin embargo ello no va acompañado ni de un igualdad en el ámbito público, ni de una igualdad en el privado; el problema

característico de esta etapa histórica es el de la doble jornada y la imagen de mujer que le corresponde: la superwoman“ (Perona, 2005, pág. 16).

11.1. Postulados presentes en La mística de la feminidad

Betty Friedan parte de la idea de que las mujeres estadounidenses de la segunda posguerra vivían su vida de una manera equivocada, de manera que realizó una encuesta a sus ex

compañeras de universidad para preguntarles cómo se sentían con sus vidas y postuló la idea del malestar que no tiene nombre (Valcárcel, 2009).

Según los datos aportados por Friedan, este malestar se expresaba en múltiples patologías psicológicas todas de carácter autodestructivo, como la ansiedad, el alcoholismo, el desmedido deseo sexual, la neurosis o el suicidio, desde la psicología se explicaba que estos trastornos eran producto de la naturaleza femenina (Perona, 2005).

Al respecto Friedan consideraba que el malestar no se podía entender como si fuera un fenómeno de depresión generalizada, sino una insatisfacción creciente por parte de las mujeres estadounidenses (Valcárcel, 2009), ya que “las mujeres aparecen definidas y narradas única y exclusivamente como amas de casa: esposa y madre; a esto se reducen las fuentes de su identidad personal” (Perona, 2005, pág. 18).

Dicha insatisfacción se presentaba a pesar de que las mujeres lo tenían todo, habían estudiado un carrera profesional, tenían una bella casa con jardín, hijos y un marido, “todas pertenecían a la generación que no había tenido que pelear la agenda sufragista. Tenían

derechos políticos y se habían sentado en las aulas universitarias, todo ello sin mover un dedo” (Valcárcel, 2009, pág. 10).

La insatisfacción se presentaba porque se consideraba que las mujeres no tenían otro horizonte diferente que no fuera casarse y tener hijos, así hubieran tenido la oportunidad de estudiar una carrera universitaria en esa época “se suponía entonces que las jóvenes estudiaban, sin demasiado empeño, para dar un lustre a su posición verdadera, de esposas y madres”

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asignado no colmaban sus energías, no desarrollaban sus potencialidades ni saciaban sus aspiraciones en tanto que individuos” (Perona, 2005, pág. 18).

El modelo imperante de mujer estadounidense establecía que esta debía ocuparse de su casa, cuidar a las suyos, ocuparse de la carrera profesional de su marido, estar guapas y presentables, ser expertas en la cocina y ante todo estar contentas; Betty Friedan concibe a la mística de la feminidad como una imagen de lo esencialmente femenino, este modelo de mujer era creado y vendido en las revistas para mujeres, la publicidad y los libros de autoayuda (Valcárcel, 2009).

En su estudio sobre la mística de la feminidad Friedan argumentó que por medio de los mass media de la época se persuadió a las mujeres de que dejaran los puestos de trabajo que habían ocupado en reemplazo de sus esposos mientras estos participaban en los frentes de batalla de la Segunda Guerra Mundial, después de acabada la guerra las mujeres debieron volver a su situación tradicional en el matrimonio (Valcárcel, 2009).

A pesar de que las mujeres estadounidenses no estaban de acuerdo con dejar sus puestos de trabajo, fueron convencidas por medio de las revistas femeninas

“y en la trama de fondo estaba la reactivación de la producción fabril: la industria bélica y pesada necesitaba nuevos objetivos en tiempos de paz. Había que diversificarla. Las líneas blancas y los hogares tecnificados, siempre hasta cierto punto, fueron la respuesta” (Valcárcel, 2009, pág. 12).

De tal manera que las mujeres femeninas tuvieron que regresar a sus casas y abandonaron por propia iniciativa el mundo profesional que conocían y para el que estaban totalmente preparadas (Valcárcel, 2009).

“Lo que tenían embobadas a las mujeres con aquella imagen de la feliz ama de casa no era otra cosa que los anuncios de la televisión, los seriales y aquellas revistas femeninas que habían corrido la voz de que las mujeres de carrera eran unos monstruos, y que denostaban a las mujeres que se atrevieran siquiera a soñar con otras metas” (Valcárcel, 2009, pág. 13).

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En esta obra Friedan utiliza igualmente el método de encuestas y análisis psicológico- social para describir el nuevo problema de la situación de las mujeres, consistente en la doble jornada, jornada en el mundo laboral y jornada como ama de casa, en este contexto la mujer se convierte en una superwoman, esto implica una gran exigencia por parte de la sociedad para ella y también una auto exigencia que “le generan ciertos problemas de identidad: por un lado no quiere renunciar a lo conseguido en la esfera pública, pero, por otro, tampoco quiere renunciar a la familia” (Perona, 2005, pág. 26).

Al problema de la doble jornada debe añadirse la mala remuneración recibida por la mujeres en comparación con la de los hombres, las dificultades a la hora de conseguir buenos puestos de trabajo, esta situación presenta un contexto de existencia de un derecho formal en cuanto acceso al trabajo en igualdad de condiciones, pero en la realidad no existe una autentica igualdad material en el ámbito público ni en el ámbito privado (Perona, 2005).

De manera que para Friedan la solución a este problema radica en una revolución en la vida doméstica y un cambio radical en las instituciones públicas comprendidas las políticas y sociales; la revolución en la vida doméstica va encaminada a que las tareas domésticas del ámbito privado se lleven a cabo de forma compartida “y las que no entran en ese grupo habría que convertirlas en asuntos de responsabilidad pública (lo cual exige la inmediata ampliación del número de guarderías, la creación de comedores y guarderías comunitarias, etc.)” (Friedan, 2009, pág. 27).

El cambio radical de las instituciones públicas lleva a pensar que en el pensamiento de Friedan estaría presente el liberalismo de bienestar consistente en la defensa de cierto nivel de intervencionismo de Estado en la esfera económica como en las instituciones de educación, sanidad y ayudas sociales (Perona, 2005).

De igual manera Friedan postula que se debe modificar el feminismo para alcanzar el cambio del sistema, esto se entiende como la modificación de la actividad política en base a un ideal humanista, que tenga en cuenta el factor de participación personal activa en el

movimiento feminista pero que no se preocupe solamente por la satisfacción de los intereses y las necesidades de las mujeres sino también de los hombres (Perona, 2005).

Esta propuesta está intrínsecamente relacionada con el feminismo ilustrado ya que si se tiene en cuenta el concepto de razón este

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“se trata de una capacidad mental que permite a los humanos (al margen del sexo) dar cuerpo a una idea o a un proyecto y ajustar el futuro a ellos, es decir, es una capacidad que ayuda a construir teorías y prácticas en mutua conexión” (Perona, 2005, pág. 20)

Otro aspecto del pensamiento ilustrado en la propuesta de Betty Friedan supone que la igualdad de las mujeres se hace necesaria para liberar también a los hombres, lo que traería como consecuencia una sociedad menos conflictiva y mejor para los seres humanos, una mejor civilización (Perona, 2005).

11.3. Cómo las mujeres superaron la mística de la feminidad

En abril de 1997 Betty Friedan escribió una serie de reflexiones donde resalta cómo las mujeres habían superado la mística de la feminidad dos generaciones después; anteriormente se definían a las mujeres en cuanto a su relación de genero con los hombres, como esposa, ama de casa, madre, objeto sexual, pero nunca como personas que se definieran así mismas por sus propias acciones en la sociedad (Friedan, 2009).

En la época de la posguerra las profesiones eran definidas por los hombres, estos eran los únicos que ocupaban cargos de catedráticos, abogados, ejecutivos de empresas, expertos médicos, académicos, directores de hospitales y clínicas; “no había voto femenino las mujeres votaban lo que decían sus maridos” (Friedan, 2009, pág. 18).

El aborto era un delito que avergonzaba y que con frecuencia llegaba a matar a las mujeres quienes lo practicaban podían ir a la cárcel, de tal manera que cuando las mujeres superaron la mística de la feminidad reclamaron y disfrutaron de los derechos humanos, pudieron participar activamente en la sociedad, “tener las mismas oportunidades de acceder a un salario y a una formación y tener voz propia en las grandes decisiones” (Friedan, 2009, pág. 19) que afectaban el destino de las mujeres.

Pudieron participar en cargos de la política estadounidense, acceder a los permisos de maternidad, de la misma manera padre y madre adquieran el derecho de pasar unas horas libres para acompañar a sus hijos en diversas actividades. Sin embargo Friedan es consciente de que se sigue considerando a las mujeres como objetos sexuales, pero “la violencia contra las mujeres y otras formas de acoso sexual se consideran delitos lo suficientemente serios como para acabar con la carrera de un senador” (Friedan, 2009, pág. 20).

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Friedan (2009) argumenta que en la actualidad más de la mitad de mujeres

estadounidenses llevan su sueldo a más de la mitad de los hogares estadounidenses, las mujeres representan el 50% de la fuerza laboral, el 59% de mujeres trabajan en empleos fuera de casa y sus salarios constituyen el 75% del de los varones. Sin embargo en los niveles más altos de empleo no hay igualdad, ya que estos puestos siguen siendo ocupados por los hombres “y mientras un número creciente de mujeres está engrosando en los últimos años las filas del mercado de trabajo, son cada vez más los hombres que se han visto expulsados de él” (Friedan, 2009, pág. 22).

Debe tenerse presente que en el sector de servicios se emplean a muchas mujeres, pero la contratación se da temporalmente o eventualmente sin derecho beneficios de cesantías, lo que hace que la participación en estos empleos no permitan a las mujeres desarrollar una brillante carrera profesional y además deben conciliar su trabajo, su carrera, su matrimonio y su maternidad (Friedan, 2009).

Friedan (2009) señala que la verdadera discrepancia en relación al trabajo que afecta a las mujeres y los hombres es que el 10 % de ciudadanos estadounidenses obtienen los mayores ingresos en el mercado laboral, por ende propone que la sociedad debe agruparse contra las ideologías que pretendan dividir a hombres y mujeres, blancos y negros, para hacer frente al excesivo poder de la codicia corporativa.

“Las mujeres y los hombres de ahora tienen que hacer frente juntos a los excesos de la cultura de la codicia y del brutal y desbocado poder de las corporaciones, que amenazan nuestra supervivencia. Es preciso que se definan y se midan de una manera nueva los resultados de la competitividad y del éxito corporativo y personal” (Friedan, 2009, pág. 33).

Considera que la violencia contra la mujer ha aumentado en Estados Unidos porque las mujeres han venido denunciando estos casos de maltrato que antes soportaban en forma silenciosa, pero también porque los varones descargan su frustración actual contra las mujeres (Friedan, 2009).

El hecho de haber superado la mística de la feminidad implica que se ha revalorado tanto ámbito privado del hogar como el ámbito público de la sociedad, lo que ha generado un cambio en la dimensión política y personal del matrimonio, la familia y la sociedad; el matrimonio que

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en el pasado reciente era la única función social de la mujer y su sostén económico, es ahora una opción libre tanto para mujeres como hombres (Friedan, 2009).

De la misma forma el matrimonio se transformó en una nueva forma de igualdad y estabilidad, en la medida en que las mujeres pueden desarrollar una carrera profesional y contribuir con un sueldo al presupuesto de la familia, algo que anteriormente solo tenía la posibilidad de hacerlo el hombre, los maridos “empezaron a compartir las tareas del cuidado de las criaturas y de la casa, que anteriormente habían sido coto exclusivo y definitorio, así como responsabilidad – ámbito de poder- de las mujeres” (Friedan, 2009, pág. 26).

La mayoría de divorcios actuales se da entre parejas jóvenes, en un estudio realizado a parejas estadounidenses se muestra que las relaciones sexuales son frecuentes y placenteras, también se pone de manifiesto que la igualdad estaría relacionada con un buen matrimonio; la perspectiva que tiene Friedan sobre el futuro del matrimonio supone que a varias madres no les gustaba mucho cuando sus maridos se entrometían de lleno en las tareas domésticas, de ahí que considere que la teoría feminista no había podido ver el poder considerable que tiene la mujer en la familia, lo que implicaría que los estudios se enfocaran en el poder de educar que

comparten tanto el padre como la madre (Friedan, 2009).

Propone que la estructura de la sociedad debe cambiar para que la mujer puede conciliar trabajo y familia, lo que implicaría que los entornos de trabajo promuevan estrategias de conciliación y que la sociedad tome este problema como un tema político, donde se den horarios flexibles, rotación en el puesto de trabajo, permisos de maternidad y paternidad (Friedan, 2009).

Para educar a una criatura haría falta más que una madre y un padre, las familias necesitan del apoyo de la comunidad ya que las parejas hacen malabarismos con el trabajo, la carrera, la formación de sus hijos, la casa y el cuidado de los hijos pequeños; “a veces las mujeres se toman uno o dos años de baja por maternidad, o el hombre, si se lo puede permitir, y también los que son papás o mamás solos” (Friedan, 2009, pág. 29), de manera que las familias además de contar con el apoyo de los abuelos y abuelas, deben contar con guarderías de la empresa, de la iglesia o de la comunidad.

Friedan (2009) explica lo que significa el tercer sector en el contexto social de Estados Unidos, este se entiende como la virtud cívica los vínculos de compromiso ciudadano, las asociaciones voluntarias como base de la democracia norteamericana; “la decadencia de estas organizaciones se achaca en parte a la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo” (Friedan, 2009, pág. 34).

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Esta decadencia ha generado que especialistas en Ciencias Sociales y gurús políticos tanto de izquierda como de derecha, defiendan el mantenimiento del tercer sector en donde la igualdad entre hombres y mujeres en el contexto de la democracia “desarrolle un nuevo tipo de responsabilidad compartida entre lo público y lo privado, lo ciudadano y lo corporativo” (Friedan, 2009, pág. 34).

“Hoy en día tanto los hombres como las mujeres se sitúan en la corriente general de la sociedad y definen sus términos. Las normas, las definiciones, los raseros que nos

aplicamos, tienen que cambiar, están cambiando, porque la nueva realidad compartida de mujeres y hombres está desechando los vestigios obsoletos de la mística de la feminidad y de su pareja, el machismo” (Friedan, 2009, pág. 38).

Si la estructura de la sociedad debe cambiar, los que hacen parte de ella deben hacerlo también, esto supone una revolución del rol sexual en hombres y mujeres, que hará posible el cambio de las instituciones de

“la crianza de los hijos, la educación, el matrimonio, la familia, la arquitectura del hogar, la práctica de la medicina, el trabajo, la política, la economía, la religión, la teoría

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