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A Introduction

A. Introduction

…Uno con el nombre encuentra a cualquiera.

El nombre determina la existencia. El nombre es la identidad.

Hasta que tenemos nombre, vivimos realmente.80

En palabras del sociólogo Peter Waldmann Colombia se erige como un Estado Híbrido. Esta designación se hace a partir de constatar una serie de características que de forma chocante confluyen para recrear un escenario donde convergen poderes ilegales, que aun con su fuerza, no han podido disolver ni ocupar el Estado. En este orden, la seguridad para los ciudadanos no está garantizada; de los tres poderes del Estado solo funcionan el Ejecutivo y el Legislativo, mientras el Judicial tiene serios problemas de credibilidad; además, zonas del país tanto dentro o fuera de las grandes ciudades son controladas por fuerzas que han conseguido filtrar el orden Estatal. En derivación, el punto crucial se centra en que todas estas fallas son ensombrecidas por la tendencia anómala a que el Estado sea fuente de formas de criminalidad y de desorden.

Allí radica la problemática trascendental en la que se sustenta una idea como la de un

Estado hibrido, en la coexistencia de un ámbito formal y otro informal que no han podido

suprimir a su contraparte. En este orden, se encontrará una marcada crisis81, que se entenderá

como acepción de problemas o desafíos a superar para un tránsito de un Estado con características anómicas a un Estado maduro. En esta dirección, los desafíos son al mismo tiempo las problemáticas estructurales fundamentales del Estado colombiano, que en palabras de Waldmann (2007) son: la crisis de identidad, que enmarca la carencia de una verdadera conciencia nacional por parte de la mayoría de la población; la crisis de penetración, que muestra la incapacidad del Estado colombiano para administrar de forma efectiva la totalidad del territorio; la integración, una falta de gobernabilidad homogénea; la legitimación, muestra un vacío de legitimidad en distintas capas de la sociedad; la participación, que muestra la dinámica problemática de la política colombiana; la distribución, que incurre en el problema de la desigualdad en el país.

Durante el curso del presente documento, este panorama fue ampliado a unos marcos que tratan el problema de la anomia en América Latina, desde el proceder o la falta de control de estamentos gubernamentales. El análisis que se propuso trató la crisis presente en la aplicación o falta de una normatividad aceptada en este contexto, donde la norma se presenta como el pilar de un Estado, pero cuya aceptación se encuentra entredicha. Debido a este panorama, situaciones subsidiarias en la moral ciudadana van a ser las que configuren la realidad de la regulación en las sociedades, pues mientras se pensaba que la norma era absoluta, agentes alternativos actúan para llenar los vacíos de legalidad y de orden. Esto constituye una realidad anómica, en la cual el estamento se encuentra seriamente implicado en casos de ensombrecimiento normativo.

Esta característica de Estado Hibrido va a la par de la constitución de la ciudad masificada en occidente y su experiencia en Latinoamérica, pues será la ciudad el eje central del Estado, será además la que recogerá las representaciones de la estatalidad en su pleno funcionamiento y accionar. Mientras la ciudad se configura como el centro de encuentro de las personalidades, este proceso al mismo tiempo converge como eje de relación de yuxtaposiciones de personas que no comparten un mismo sistema de normas y valores, en un ambiente que en extensión no genera arraigo y que en este sentido desarrolla unas

81 La acepción crisis subyace a su componente de temporalidad. Se le atribuye un significado donde se expresan

ambivalencias características de apropiación del espacio, pero sobre todo de relación con el otro. En este sentido, la ciudad se vuelve escenario de conflicto, escenario de narrativas que tratan el habitar de grupos que se concentran en una continua disputa sobre las realidades que se les presentan. Este sabe ser el desarrollo de la ciudad masificada, que como se trató, tuvo auge en Colombia solo hasta la década de los años ochenta y cuyo malestar es intermediado por las fuerzas institucionales.

El punto de anclaje que exhibe este trabajo consiste en presentar estas narrativas yuxtapuestas, servidas de un contexto contemporáneo de tipo predominantemente anómico, teniendo como referencia el desarrollo literario propio de la ciudad que es la novela urbana, la que se presenta como esa narrativa del desarrollo y dinámicas propias de la ciudad, donde está no es solo un escenario, sino que confluye en la configuración de lo que se convierte en literatura, de lo que es contado y se vuelve memoria. Para ser consecuentes, con fortuna se cuenta con el desarrollo literario expuesto por la novela de crímenes, que será esa denominación característica de la novela urbana, que tratara los conflictos normativos presentes en la novela contemporánea que es producida en Colombia y que es distintiva, pues reúne las temáticas entorno a la consumación del síntoma social de la criminalidad, es decir un resultado de la anomia. De este modo, se sustentó el examen por el que pasó la novela de crímenes Desaparición del escritor colombiano Gustavo Forero Quintero.

Servido de las palabras de Peter Waldmann (2007), en el contexto de América Latina la literatura ha conseguido retratar procederes de tipo anómico incluso con una mayor efectividad que la de muchos estudios de tipo sociológico. Así pues, los previos apartados se edificaron desde el contraste de la novela con: los problemas estructurales del Estado hibrido, la anomia como rumbo operante en oposición a la norma (que bien puede ser el crimen o formas alternativas de entender y actuar contra las normas) y características del Estado anómico, que como bien se ha anunciado marcan de forma definitoria la trama de esta ficción, desde un punto de vista netamente estructural, pues la exploración del rumbo de los personajes también tiene una exigencia analítica de dimensiones de tipo psicológico y eventual que son al mismo tiempo cruciales.

La conclusión trascendental que este trabajo arroja se centra en que la anomia puede ser una clave para entender la novela urbana contemporánea en Colombia. De este modo,

este concepto es el sustrato de la denominación literaria de novela de crímenes, y en este sentido esta es la denominación de novela que sobresale en el tratamiento de una lectura de la realidad del país. Esta denominación es incluyente, lo que indica que puede ser clave para entender los conflictos de orden normativo que son representados en las narrativas que se recogen en la realidad nacional para establecer la trama de los relatos. Esto se tuvo en cuenta cuando se hizo el ejercicio de comparar la experiencia del Estado latinoamericano y posterior colombiano, con la experiencia europea.

De este modo, este ejercicio se basó en una lectura que se recoge en las representaciones discursivas de agentes, para este caso estatales, que pudieran equipararse a la experiencia de estos en un contexto colombiano contemporáneo y desde allí sembrar un símil. En otras palabras, se tuvo en cuenta que la fijación de agentes estatales, es decir representantes de la estatalidad y que en extensión hacen tratamiento normativo, son retratados en las apuestas discursivas de los escritores, pues estos agentes intervienen necesariamente alrededor de una dinámica normativa que se sale de los marcos de referencia formal. Aquí se está cohabitando con el género novela negra y sus distintas denominaciones.

Esta decisión se tomó en base a que son estos agentes/personajes los que constituyen la trama de las novelas equiparables de acuerdo con las temáticas que rondan el crimen y quebrantamiento de las normas siguiendo la tradición occidental y por lo tanto podría dar luces de las características fundamentales que se le atribuyen a la novela colombiana contemporánea. Es un ejercicio que abiertamente apela a la naturaleza de la representación que permite la literatura. Así pues, el detective, policía, investigador, etc., que, en otros contextos de referencia, especialmente europea y norteamericana, están determinados en atrapar al rufián de turno, al mismo tiempo representa la reacción que el estamento tiene frente a un crimen consumado. Representan estos agentes la acción punitiva frente a un hecho que atenta con su organización formal, es “el brazo de la ley”. Es decir, la trama tendrá como inicio la consumación de un acto delictivo, el desorden, posterior una búsqueda de respuestas y terminara con la aplicación normativa de carácter, el orden, como se indicó, punitivo por parte de los agentes estatales. Esto en la mayoría de los casos, pudiendo existir excepciones. Lo anterior ocurre como generalidad en países donde el papel del Estado tiene un rol preponderante, las narrativas optaran por perspectivas de lado de esta tendencia. Por supuesto

las lecturas totalizantes no son aconsejadas, ya se ha analizado en este trabajo la consideración y análisis que hacen Kracauer y Chandler sobre esto.

De otro lado, el tratamiento que interesa a este trabajo se sitúa en el mismo camino que esta tradición occidental, pero cuyos resultados distan completamente de la referencia contextualizada. El punto base para dar cuenta de esta diferenciación, se justifica con el tratamiento del primer capítulo de este texto, donde se enmarca la experiencia del Estado en estas latitudes del mundo. De esta manera se determina que dicha experiencia en la región de América Latina y específicamente en Colombia concluirá las cualidades de las narrativas que rondan el quebrantamiento de las normas. Es decir que el operar del Estado, aunque existente, es distinto y por ello la lectura ha de ser diferente. En este sentido, se establece el concepto de anomia, que aun no siendo exclusivo si es distintivo. Así pues, en los parámetros de desarrollo de la novela advertidos previamente, se establecen equivalentes a las situaciones representadas en la novela urbana que tienen una configuración discursiva de carácter contextual (Estado anómico-Estado hibrido).

En concordancia, frente a la consumación del quebrantamiento de la norma, es decir el crimen, se hallará la orientación característica que al mismo tiempo rompe con los presupuestos de la novela negra y que sienta una diferenciación propia para este tratamiento específico de estas características en la narrativa en Latinoamérica propia de Estados anómicos. La orientación no aparece de forma circunstancial, es un constructo, un devenir. Entonces, la base se encontrará en que el agente estatal, que otrora promocionaba el orden, será fuente de anomia y de desorden, pero además frente a esta consumación un rasgo definitorio se encuentra en que las perspectivas manejadas tendrán como referencia protagónica a los ejecutores de las desavenencias contra la normativa. La ficción será contada desde la perspectiva del agente o testigo anómico, pues la oficialidad con frecuencia no cuenta con las mejores referencias servidas de una actuación intachable y en oposición se mostrará la consumación previa de actos delictivos. Estas características con determinación se recogen en la denominación de novela de crímenes, que se edifica como una crítica al imperio de la ley; esto en procura de plasmar la realidad, para el caso con marcadas características anómicas. Resultaría inverosímil que la dinámica narrativa de desorden, desarrollo y orden, propia de la novela negra clásica desarrollada en otros contextos se vea

materializada en obras que tengan a nuestro país como referencia; de otro lado, la producción he tenido ambientes con distintas perspectivas y unas dinámicas marcadas hacia las causas del crimen y su entorno social.

Para ser precisos, se entiende un contexto contemporáneo donde el Estado fracasa, en extensión se establece la acepción de Estado anómico y una referencia para el caso colombiano denominada Estado Hibrido. En este orden, se tiene en cuenta el paralelo desarrollo de las narrativas que componen el eje de este Estado, que es la ciudad con características masificadas, cuyo fruto hacia la literatura será la novela urbana, para dar así con la denominación de novela que trata el crimen en el contexto colombiano, que es la novela de crímenes, una denominación que se puede entender a partir de un concepto como la anomia.

Este es el camino que lleva a Desaparición, una novela que se puede entender a partir de un escalonamiento de distintos grados de anomia. La conclusión original, es la que compone la denominación literaria, es decir la carga de evidentes factores de carácter anómico en la trama. En base a esto, se establece que la anomia da curso. Es decir, la trama de una ficción se configura a partir de factores que ligados a un contexto donde convergen actores representativos de un Estado anómico, direccionaran el desarrollo de los personajes y sus pasiones. En la novela analizada se evidencio que los cambios temporales, en muchas ocasiones, estaban fijados de acuerdo con el fracaso de algún monopolio estatal. En función de ello, agentes anómicos aparecen para dar remplazo a las funciones del Estado o para reclamarlas y así dar orientación a su vida o la vida del resto de los personajes, bajo los presupuestos de la inoperancia estatal. Como ejemplo, se encuentra el caso reseñado de las trabajadoras sexuales en la novela, pues primero se puede establecer un fracaso estatal en sus regiones de origen de acuerdo con una falta generación de empleo o una economía que permita trabajos dignos, lo que empuja a las mujeres a irse a la ciudad, donde el personaje de El Chulo alterna la normativa con antinormas para regir la vida de las mujeres que ejercen la prostitución, esto a expensas totalmente de alguna referencia de derechos humanos o un orden jurídico que ofrezca garantías.

De otro lado se establece que las frustraciones de los personajes que tienen su desarrollo en la clandestinidad o sectores marginales están ligadas a el no acceso o a la

desigualdad frente al operar del Estado. Se evidenció que al no detentar opciones de vida que estuvieran próximas a la legalidad y estabilidad, las elecciones que se desencadenan resultan en el rompimiento del mismo aparato que en un principio no permitió un acercamiento. De este modo, las imágenes de referencia que los personajes tienen de la autoridad se basan en la oportunidad de algún particularismo o en su defecto referencian al representante del estamento como otro, cuyo tratamiento está condicionado, para la actuación con fines violentos o monetarios. Como ejemplo, se tienen los hechos cometidos por parte de los funcionarios y representantes del Estado en la narración; que, aunque en ningún momento se quiere generalizar, sobresalen las violaciones, los robos, asesinatos y extorsiones que sitúan a los policías, por ejemplo, como referencia. En el primer capítulo de este texto se mencionó en qué consisten los tiempos y los espacios anómicos, estos sirven para acercar los escenarios de operación de personajes que se desenvuelven en dinámicas de normatividad hibrida.

Con base en lo planteado, otro rasgo importante se presenta en que, ante la falta de una regulación contundente debido a una proliferación normativa, sobresalen normas de control de tipo anómicas que se basan en el uso de la fuerza o amenaza. Estas antinormas se caracterizan por acatarse, pero al mismo tiempo por no cumplir con las características de una norma formal (las cuales fueron presentadas en el primer capítulo de este texto) especialmente la aceptación de gran parte de la sociedad. Con esto es necesario señalar un ejercicio constante de uso de la fuerza por encima de la ley, como ese instrumento eficaz que otorga dirección, que además se vuelve un arma hacia el moldeamiento de las sociedades y que está a la mano de todos los actores. Así, cuando se podría pensar un instrumento de mediación con un conducto regular formal, el optar por opciones de tipo violento se vuelve para todos los actores en un escenario donde el resultado se determina a partir de la actuación rápida y no por el operar de los organismos. Esto se evidencio en la estrategia que los personajes tenían a la hora de cometer sus infracciones, donde la preocupación radicaba de gran manera en encontrar la forma por la cual su acción no fuese tocada por otro actor.

La argumentación central se permitió a partir de la noción de anomia junto al desarrollo característico de los personajes. En esta medida se puede establecer que el desorden propio en una novela de crímenes, no se funda en unas proporciones ideales; sino que, de otro lado, se encauza hacía unos propósitos particulares. Lo punitivo, como en un

Estado anómico, carece de contenidos y el centro de entendimiento y de discurso se debe permitir en encontrar, establecer y entender las causas originales que sitúan los quebrantamientos de los aparatos normativos. Tal vez es por esto por lo que la novela

Desaparición se escribe de forma aleatoria y cuenta conjuntamente con una pregunta en torno a la búsqueda de razones que den explicación a un suceso que no es fortuito y que es resultado del clima narrado. Todos los acontecimientos ajenos a un orden tuvieron un punto de ebullición, la semblanza no tiene fin y da cuenta de que mientras se mantengan las condiciones de esta ficción, puntos de explosión serán contantes y se mostraran como capítulos de una misma realidad, una realidad anómica que tiene como referente el contexto colombiano y es llevada a la literatura de la mano de la denominación novela de crímenes.

De esta manera, finalmente, se da respuesta a que un análisis que recurra al concepto de anomia puede tener contenido al concentrarse en la lectura de las motivaciones con las cuales los autores sitúan a los personajes que infringen la norma y que son representados en la trama, el foco de atención. Esto en procura de entender las condiciones sociales por las que esta representación se establece. La fijación ha de volverse hacia el entendimiento de unas condiciones que moldean el desdibujamiento normativo, por el cual la trama se dirige, en términos que sobrepasan el orden y donde se opta por unas nociones morales, que serán en postrimeras el constructo determinante por el cual la psicología de los personajes se desarrolla. En nuestro contexto, este impulso, concuerda con las narrativas que como lectores, escribientes e intérpretes hacemos de la literatura que se produce en nuestra contemporaneidad, la que corresponde fielmente a los momentos literarios de nuestro contexto.

BIBLIOGRAFÍA

Álvarez, S. (2012). La vida como novela negra. En G. Forero. (Ed.), Trece formas de entender la novela negra. (pp. 27-36). Medellín, Colombia: Planeta.

Berger, P. Los límites de la cohesión social. Barcelona: Galaxia Gutenberg-Círculo visión.

Chandler, R. (1980). El simple arte de matar. Un Ensayo. Barcelona: Bruguera. Web. 10 de noviembre de 2017.

http://mimosa.pntic.mec.es/~sferna18/EJERCICIOS/201011/El_simple_arte_de_mat

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