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Gastrointestinal dysfunction

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En este ambiente natural anteriormente descrito se asentaron las primeras comunidades humanas hace unos 2.500 años antes de Cristo en la orilla occidental de la ciénaga de El Guájaro. Estos vestigios de vida humana fueron encontrados por el arqueólogo Carlos Angulo en el sitio de Rotinet en el actual municipio de Repelón (Angulo, 1988). Las fechas radio-carbónicas obtenidas de las excavaciones nos indican que a mediados del tercer milenio antes de Cristo comenzó el poblamiento de grupos humanos que practicaban un “modo de vida” de “cazadores recolectores”.

Esta ocupación humana de Rotinet forma parte del proceso de poblamiento temprano del norte de Sud-

américa y se encuentran en relación a otros sitios de la costa norte de Colombia, como Monsú, Puerto Hormiga, Canapote y con el más antiguo de la región que es San Jacinto. Esta relación se establece por la similitud de las herramientas utilizadas para obtener el alimento y también por la calidad y la forma de

las cerámicas encontradas.

El primer poblamiento humano en esta subregión se produjo en la ribera occidental de El Guájaro y fue disperso, semi-sedentario y no hay vestigios de agricultura, aunque se alimentaban con algunos tubérculos como la yuca, la cual la obtenían tal como se daba de manera silvestre, y del mismo modo otros vegetales como el ñame o la ahuyama. Las herramientas utilizadas para obtener o procesar los alimentos eran solo de piedras, como metates, azadas, machacadores, etc. (Ibid.:148.165). Ver figura 2.1.

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SUR DE L ATL Á NT ICO : Una nueva opor tunidad

Las proteínas las obtenían de animales como hicoteas, caracoles, venados, conejos, armadillos, ñeques, iguanas, cuartinajas y ratones. También las obtenían del río y del ambiente acuático en el cual vivían, de manera que el pescado debe haber sido una importante fuente alimenticia. Las semillas y frutas com-

pletaban la dieta obtenida en una vegetación exuberante que ofrecía lo suficiente debido en parte a la baja densidad de población. No hay vestigios de aldeas en Rotinet, como tampoco de cementerios, lo que indica que no tenían ideas religiosas y los cadáveres eran sepultados en las cercanías de sus habitaciones. Las herramientas y la cerámica encontradas en este pueblo guardan alguna similitud con otros sitios que fueron ya señalados. Anterior a la ocupación humana en Rotinet se han encontrado restos de megafauna, como mastodontes, tortugas gigantes y caballo americano pero no se encuentran asociados a presencia humana (Blanco, 2014, 445).

La historia de Rotinet termina alrededor de 1.500 años antes de Cristo con el abandono del sitio, lo que significa que esta población de cazadores recolectores habitó durante un milenio a orillas de la ciénaga de El Guájaro, sin que se produjeran importantes cambios en su modo de vida. Es muy probable que el sitio de Rotinet fuera abandonado por una crisis de desequilibrio entre la oferta de alimentos y las necesidades del grupo, o quizás por una inundación, que se resolvió probablemente con un desplazamiento de sus habitantes hacia un mejor ambiente en zonas del curso bajo del río Magdalena.

Dos mil años más tarde el sitio vuelve a ser ocupado por comunidades agrícolas que Angulo Valdez deno-

mina como fase Carrizal y la historia de este sitio llega hasta el momento de la conquista en los inicios del siglo XVI. Carrizal corresponde a otra fase en la evolución de los grupos indígenas que Angulo denomina como “modo de vida aldeano” (Angulo, 1988,129). En el lapso de tiempo en que el sitio estuvo desocu-

pado, es decir del 1500 antes de Cristo hasta unos 500 después de Cristo, se había producido en Malambo la gran revolución agrícola con el inicio del cultivo de la yuca amarga unos mil quinientos años antes de Cristo en la parte norte del actual departamento del Atlántico. Los habitantes que llegaron a Rotinet después de dos mil años ya conocían la técnica de la agricultura, con los correspondientes elementos y herramientas como las azadas, y sobre todo los budares utilizados para procesar la yuca amarga. Luego se le agregó a la dieta alimenticia el maíz introducido en la región un poco antes de la era cristiana. El cultivo del maíz produjo un importante cambio en la subsistencia, cuyas huellas son unas vasijas de gran tamaño como tinajas y recipientes con soporte alto característico de la zona del Bajo Magdalena, y produjo un aumento demográfico en el área de la ciénaga de El Guájaro. Según Angulo, esta historia del período Carrizal llega hasta el momento de la conquista española y la forma de organización se mantuvo dentro de los límites de la sociedad tribal.

El gran avance tecnológico consistió en que las aldeas sembraban las plantas de yuca y no dependían de recolección de estos tubérculos que se daban de manera silvestre. La yuca que se da en esta zona es de dos tipos. La yuca dulce (Manihot esculenta utilissima) y la yuca amarga (Manihot esculenta Grantz). El consumo de la yuca dulce silvestre debe haber existido siempre, hecho del cual es imposible obtener una evidencia arqueológica debido a que puede ser asada y luego consumida, para lo cual solo se requiere una azada de piedra para sacarla de la tierra y colocarla en una fogata o en brasas sin dejar ninguna huella. La

ASPECTOS HISTÓRICOS: El sur del Atlántico: Cuatro mil años de Historia

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yuca amarga, por el contrario, no se puede consumir directamente sino que se le debe sacar el ácido prú-

sico que contiene por medio de una especie de hamaca de fibras vegetales denominado “sebucán” y de un tiesto de cerámica muy específico que tiene el nombre de “budare”, con orificios por donde debe escurrir el ácido prúsico. Este avance tecnológico significó que por primera vez estas comunidades podían guardar este almidón en la forma de un tipo de pan llamado “cazabe”. Estas aldeas han sido llamadas “anfibias” por el sociólogo Orlando Fals Borda, porque obtienen los alimentos de la agricultura y la caza combinadas con la pesca y recolección de moluscos en las riberas de los ríos y las ciénagas (Fals Borda, 2002,32b). Las familias vivían bajo enramadas de hojas de algún tipo de palma que los españoles llamarían rancherías. Se puede afirmar que la introducción del “modo de vida aldeano” a mediados del primer milenio d.C., no fue el resultado de una evolución al interior de la comunidad de Rotinet, sino que provino de Malambo, el cual a su vez comenzaba su declive (Angulo, 1995,18).

Hasta el siglo XVI el poblamiento indígena del sur del actual departamento del Atlántico fue en general disperso y la tendencia fue de no establecer asentamientos permanentes ante la amenaza de inundaciones producidas por el aumento del caudal del río Magdalena. La mayoría de las aldeas indígenas que existían en el momento de la conquista se encontraban en la parte norte del departamento, es decir en las partes más altas y a orillas de las ciénagas aledañas al río Magdalena.

En los tiempos de la invasión hispánica no eran muchos los pueblos de indios que existían en la parte sur y de los cuales pudieron sobrevivir solo unos pocos que son los siguientes: Luruaco, Tocahagua-Misahares, Turipana, Cozupana, Choa, Rotinet, Guayepo y Malambito, todos ubicados al norte de lo que más tarde fue el Canal del Dique. De estos ocho pueblos indígenas todos desaparecieron y en solo dos de los sitios, Lurua-

co y Rotinet, después de desaparecer fueron ocupados por mestizos, mulatos o zambos (Blanco, 2014,445). Desde el punto de vista cultural es poco lo que se sabe de estas comunidades debido a que no desarrollaron formas de escritura. Las lenguas habladas en el sur del Atlántico en el momento de la conquista deben haber sido alguna variante de las lenguas caribes. Hoy no se sabe con certeza sobre este asunto y solo se tienen conjeturas sujetas a revisión por futuras investigaciones. Según María Trillos, se ha constatado “la presencia de varios grupos lingüísticos diferenciados a la llegada de los españoles”. Los primeros poblado-

res del norte de Sudamérica hablaban una lengua Arawak, que aún se habla en la región de la Guajira. En el siglo VIII después de Cristo llegan desde el sur de América las tribus Caribes como también los Chibchas. En el sur del Atlántico la lengua que se hablaba en el momento de la conquista debe haber pertenecido a la “estirpe Malibú” de la gran familia Caribe. Estas lenguas existieron hasta el siglo XVIII, en la época colonial, para luego extinguirse de manera definitiva (Trillos, 2001,156).

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