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Paper III: Vorinostat-Mediated Radiosensitization and Transcriptional Effects in Hypoxia Treated Prostate Cancer Cell Lines

4. Evaluation of materials and methods 1 Clinical protocols

4.5 Gene expression analysis

Las características de los padres constituyen una variable a tener en cuenta para el óptimo desarrollo de los hijos. Éstas se pueden agrupar en la capacidad intelectual de los padres y,

por tanto, la estimulación que éstos pueden propiciar a sus hijos, las actitudes y prácticas educativas que se llevan a cabo en el proceso de desarrollo de los hijos y la salud o estabili- dad mental de los padres.

A) Capacidad intelectual/entorno no estimulante

Este apartado se refiere a la imposibilidad de los padres para poder reunir un entorno estimulante y adecuado para el desarrollo de sus hijos, debido a una limitación intelectual. Las áreas más afectadas por la falta de estimulación son el lenguaje, la socialización y el de - sarrollo de hábitos en la vida diaria.

En este marco se acentúa la necesidad de contar con recursos de apoyo a la vida fami- liar, organizando espacios formativos para los padres que favorezcan el cuidado de los hijos por parte de sus padres, así como la necesidad de un seguimiento y apoyo continuo para ayudar a enfrentarse a los diferentes momentos del desarrollo del niño.

B) Actitudes y prácticas en la crianza de los hijos

Las actitudes de los padres ante el nacimiento y crianza de los hijos, que pueden ir des- de el desinterés por el recién nacido hasta la excesiva ansiedad ante las responsabilidades de crianza de éstos, también constituyen un factor determinante en su desarrollo.

Las características del comportamiento y de relación de los padres con sus hijos se pue- den agrupar y resumir en diferentes tipologías o estilos de socialización. Estos estilos de socia- lización familiar influyen en el desarrollo del niño y, por consiguiente, en las competencias y habilidades que éste desarrollará.

Tales características suelen incluir siempre dos dimensiones básicas: una relacionada con el tono emocional de la relación y la comunicación, y otra con las conductas encaminadas a controlar y encauzar el comportamiento infantil, así como con el carácter más o menos coherente y persistente de dichas conductas.

El estilo democrático se caracteriza por presentar valores altos tanto en las dimensiones de afecto y comunicación (expresión de afecto, sensibilidad ante sus necesidades), como en exigencias y control, puesto que existen normas claras adaptadas a las posibilidades del niño, que se mantienen a lo largo del tiempo, y son explicadas las consecuencias de su incumpli- miento.

El estilo permisivo presenta también niveles altos de comunicación y afecto, pero bajos niveles de exigencia y de supervisión del cumplimiento de las normas. Los padres suelen adaptarse al niño, centrando sus esfuerzos en identificar sus necesidades y satis- facerlas.

Los padres de estilo autoritario presentan niveles bajos de expresión de afectos y comunicación. Establecen normas claras que controlan apelando a su experiencia y auto- ridad.

Por último, los padres de estilo negligente son los que muestran una menor implicación en la relación educativa. Sus expresiones de afectos son nulas, no muestran interés por las necesidades de los niños, incluso en aspectos básicos, y pueden oscilar entre el nulo esta- blecimiento de normas o las normas y supervisión excesivas.

Las consecuencias en el desarrollo infantil de estos estilos educativos se resumen en el siguiente cuadro.

Cuadro 9.2. Estilos educativos y características de los hijos Estilo democrático Estilo autoritario

Alta autoestima Baja autoestima

Competencia y habilidades sociales Escasa competencia social

Autocontrol Agresividad, impulsividad

Autonomía Heteronomía

Recompensas a largo plazo Recompensas a corto plazo

Estilo permisivo Estilo negligente

Alta autoestima Pobre autoestima

Baja competencia social Baja competencia social Conformidad con iguales Poco control de impulsos Pobre control de impulsos Poca motivación

Poca motivación No respeto a las normas

Inmadurez Inestabilidad emocional

Alegres y vitales Problemas de conducta

Fuente: Palacios, J, 1999.

La intervención familiar en esta área está condicionada por las prácticas educativas pues- tas en práctica por cada familia y encaminada a favorecer el estilo democrático, promoviendo la comunicación y el afecto, al mismo tiempo que se desarrollan límites educativos. Se inter- viene en las interacciones entre los padres y los hijos, proporcionando información a los padres sobre las características de los niños y se les orienta sobre cómo responder ante las diferentes demandas que pueden presentar con éstos.

C) Salud mental

Los problemas de salud mental de los padres, afectados de trastornos psiquiátricos o psi- cológicos, así como la presencia de toxicomanías o alcoholismo en alguno de ellos, influye negativamente en el desarrollo de los niños.

En estas situaciones se establecen deficientes relaciones de apego, puesto que por un lado los padres muestran poca capacidad para cuidar a sus bebés (interactúan poco con el

bebé, desconocen el calendario evolutivo, existen posibilidades de olvido de las revisiones médicas obligatorias, etc.) y además suelen sentirse culpables de los posibles daños cau- sados a sus hijos, lo que lleva a sostener sentimientos ambivalentes hacia éstos. Esta situa- ción puede generar en los bebés graves estados de inanición, que afecten a su crecimien- to físico y mental; además puede predisponerles a contraer un mayor número de enfermedades, así como a provocar en el bebé un elevado grado de inseguridad y abun- dantes conductas desorganizadas, especialmente en lo que se refiere a sus intercambios con el sujeto de apego.

Concretamente, la exposición a modelos de adicción parental va a afectar al desarrollo de los hijos, pudiéndose manifestar en alteraciones psicológicas como pueden ser depresión, fobias, ansiedad, etc. o conductas sociales no adaptativas. Además también pueden apare- cer alteraciones como la hiperactividad o déficits atencionales, que redundan en la obten- ción de puntuaciones más bajas respecto al desarrollo intelectual y, en ocasiones, en un retra- so en el desarrollo.

En estos casos los objetivos de los programas de atención temprana en el ámbito fami- liar se dirigen a la reconstrucción y reorganización de la familia, si se valora como objetivo viable, en los casos en los que esté dañada la salud mental de ambos padres. A través de una intervención psicológica tanto para los padres como para los niños, contemplando asimis- mo las necesidades conjuntas y de relación entre ambos.

En todos los casos la detección e intervención temprana en la situación de riesgo cons- tituye un elemento fundamental para favorecer el adecuado desarrollo infantil.

9.3.2. Situación familiar

Las características de la situación familiar repercutirán en el desarrollo del niño. Éstas se pueden agrupar en el tipo de composición familiar en la que vive el niño, el clima fami- liar, si ha existido un cambio o ruptura en la familia y la forma de afrontarla familiar- mente, así como si se dan situaciones excepcionalmente graves dentro de ella, como pue- de ser el maltrato.

A) Composición familiar

El concepto de familia comprende diferentes formas, desde las familias numerosas has- ta las monoparentales. Las relaciones de los miembros de éstas son diferentes dependiendo de los miembros que las compongan y de la posición de los hijos en la misma.

Los embarazos no deseados, embarazos de adolescentes y menores, en donde se desco- nozca la identidad del padre, o bien embarazos no suficientemente espaciados o familias con un número elevado de hijos son situaciones de riesgo para el desarrollo infantil y para las relaciones de los padres con sus hijos.

B) Desintegración familiar

La separación de los padres está asociada, a corto plazo, a un mayor número de proble- mas psicológicos, tanto internalizantes como externalizantes. Por otro lado, algunos estu- dios longitudinales señalan que estos problemas ya se manifestaban antes de la separación, lo que pone en evidencia que están más ligados a la conflictividad entre los cónyuges que a la separación propiamente dicha. También se ha puesto de relieve que la intensidad máxi- ma de los problemas ligados a la separación aparece inmediatamente antes o después del divorcio con tendencia a ir disminuyendo con el tiempo.

Los factores familiares posteriores a la separación que pudieran actuar como factores de riesgo se refieren al grado de conflicto persistente después de la separación, así como a la implicación del niño en ellos. Los principales conflictos que dificultan la adaptación poste- rior son la división de bienes, la lucha por la custodia de los hijos o el acuerdo por la pen- sión alimentaria.

Las medidas de intervención familiar que propician la adaptación de los hijos a la sepa- ración de sus padres se basan en la información y claridad del proceso para los niños, evi- tando culpabilizar a ninguna de las partes.

Otro factor importante es la muerte de uno de los miembros de la familia, que puede tener repercusiones en el desarrollo emocional de los niños, si no se interviene en el proce- so de duelo en la familia.

C) Clima familiar

La discordia o un ambiente familiar violento ha sido asociado a trastornos conductua- les y emocionales en los niños. La conflictividad entre los padres dificulta la autorregulación en los hijos. Algunos estudios concluyen que, independientemente de la calidad de la rela- ción entre los hijos y los padres, la sola presencia de violencia actuaría como factor de ries- go para los trastornos de conducta.

Dentro de este apartado, cabe resaltar las situaciones especialmente graves de maltrato hacia los hijos en donde se deben tener en cuenta los diferentes tipos de maltrato infligidos a los niños (abandono o negligencia, emocional, físico, mendicidad, corrupción, explota- ción laboral o abuso sexual) para determinar su influencia en el desarrollo de los niños. Las medidas de intervención en estos casos de violencia intrafamiliar pasan por la valoración exhaustiva de la situación familiar, para determinar si se considera viable la reconstrucción y reorganización de ésta, así como un posterior seguimiento en el domicilio.

La violencia familiar repercute en el desarrollo infantil y provoca distorsiones en las rela- ciones emocionales básicas, en los cimientos de la construcción de la personalidad u de las relaciones con los demás. En cuanto a las habilidades cognitivas, las puntuaciones de capa- cidad intelectual limitadas, el pobre desarrollo en el conocimiento social y un menor desa- rrollo lingüístico, que pone de manifiesto la pobreza en las interacciones verbales padres- hijos, son características en los niños que viven en estos ambientes familiares.

Otra situación familiar que imposibilita el desarrollo óptimo de los niños es la sobre- protección por parte de los padres. En esta situación familiar, el niño está sometido a pau- tas de crianza que limitan severamente su capacidad para desarrollarse, mantener relaciones con los iguales y tomar o asumir responsabilidades propias para su edad.

9.3.3. Estrés

Las nuevas formas de vida y las características de la sociedad actual están produciendo otros hábitos y formas de riesgo: el estrés y la ansiedad de los padres repercuten en la salud y esta- bilidad de los hijos.

Por otro lado, existen situaciones familiares en las que el organismo se ve forzado a res- ponder a estímulos externos que amenazan su equilibrio y exigen un esfuerzo o sobresfuer- zo a su capacidad de respuesta.

Teniendo en cuenta la percepción de los padres, los estresores psicosociales son los rela- cionados con el número de personas que conviven, la preocupación por la familia/hogar, las discusiones o peleas familiares, la separación o divorcio, los graves problemas económicos, o la preocupación por la muerte de un ser querido.

En cuanto a los estresores psicosociales, según el niño son la preocupación por la fami- lia/hogar, las discusiones o peleas familiares, la preocupación por la muerte de un ser que- rido, los problemas de alcoholismo o el miedo a ser maltratado.

Estos factores pueden repercutir negativamente en el desarrollo emocional del niño, sien- do factores de riesgo para el desarrollo de trastornos conductuales, depresivos o de ansiedad.

9.4. Riesgo ambiental

El desarrollo de cada niño está influenciado por la cultura del grupo social al que pertene- ce. Así, existen determinados factores de estimulación, promoción de ciertos intereses, valo- res sociales, etc., así como el nivel socioeconómico al cual pertenece el niño, que se pueden reflejar en las variaciones del desarrollo normal.

• Entornos con factores de estrés

El constante desarrollo de las sociedades avanzadas desencadena nuevos fenómenos socia- les provocando nuevas consecuencias en el desarrollo individual del sujeto y en su educación. La definición de colectivos que por sus características propias y contextuales se encuen- tran en situaciones de riesgo social es una de las que más afectada se ve por estos fenóme- nos de cambio social, ya que los cambios estructurales, socioeconómicos y culturales son los que definen sus procesos de socialización delimitando, a su vez, las dificultades que se pue- den encontrar.

A) Socio-ambientales

Los factores socio-ambientales constituyen una serie de elementos a los que se ven expues- tos las familias y los niños que influyen en su desarrollo.

a) Falta de apoyos familiares. La falta de apoyos familiares ante situaciones de estrés o de dificultad provoca una sensación de desamparo, que repercute en el estado de la familia.

b) Factores socioeconómicos. Los factores socioeconómicos constituyen también un indi- cador importante de riesgo social para el desarrollo óptimo de los niños en su entor- no. Las circunstancias económicas familiares de pobreza provocan un estado estrés familiar que puede relacionarse con la presentación de trastornos de conducta y ansie- dad en los niños. La carencia de domicilio, por ejemplo, repercute directamente en la cobertura de las necesidades y cuidados básicos para los niños.

d) Relaciones con los iguales y el ambiente escolar. También son un factor muy relevante en el desarrollo del niño. El clima general de la escuela, así como el maltrato entre los iguales o bullying, se presenta como una situación de riesgo social fundamental- mente para las víctimas, pero también para los agresores y los observadores.

B) Factores de exclusión

Algunos factores de exclusión social son la emigración, la prostitución, la delincuencia, el narcotráfico, la mendicidad o la privación de libertad para uno o ambos progenitores.

Los factores de exclusión social pueden generar situaciones de estrés en las familias y en los niños, que provocan la inadaptación de éstos a su ambiente. Se trata de niños socialmen- te inadaptados que por diferentes circunstancias no han tenido las mismas oportunidades que el resto para desarrollarse ni estructurar su personalidad a partir de unos referentes claros, de unas personas significativas, de unos entornos cercanos y favorecedores, ricos en experiencias y con posibilidades estimuladoras en cuanto a aprendizajes positivos y espacios de sociali - zación. Son niños que crecen con unas grandes dosis de inseguridades y miedos. Se han desarrollado a partir de unos espacios y unos ambientes (familia, barrio, etc.) muchas veces pobres en experiencias afectivas y de apoyo, entornos carentes de posibilidades educativas y de ocio, unidades familiares con un conjunto de dificultades en los ámbitos social, económico, cultural, etc., en que las posibilidades de desarrollar y adquirir una serie de potencialidades y capacidades para crear un tejido rico en interacciones y relaciones con las personas, con el entorno y con uno mismo son pocas. Estas carencias y estos aprendizajes pobres en el desa- rrollo evolutivo pueden hacer emerger estados o situaciones de vulnerabilidad en el niño, que por sí mismos lo sitúan en desventaja, inferioridad y en dificultad para afrontar las situacio- nes cotidianas más o menos complejas, conflictivas, adversas o de fuerte tensión.

La intervención en este campo se basa en el apoyo y asesoramiento de las familias para activar y movilizar recursos, capacidades, potencialidades de éstas y de su entorno, de modo

que vayan adquiriendo las claves para tomar las riendas de su proceso. Así como en la orien- tación sobre los medios legales y sociales existentes y su forma para acceder a ellos.

Cuadro 9.3. Intervención social en el equipo de Atención Temprana

– Activar y potenciar los recursos internos de la propia familia.

– Introducir los recursos necesarios, externos a la familia, en función de la problemática del niño y el momento de su ciclo vital.

– Orientar a la familia sobre los medios legales y sociales existentes, facilitándoles el cono- cimiento de los derechos, servicios, prestaciones económicas o de otra índole e infor- mándoles de las condiciones y forma de acceso a ellas.

– Trabajar la derivación de la familia a otros servicios específicos cuando ésta no pueda resolver por sí misma una problemática concreta.

– Promover la coordinación con profesionales de otros ámbitos e instituciones para poder trabajar conjuntamente estrategias de intervención en casos y situaciones concretas.

Fuente: GAT, 2005: 35.

1. ¿Qué factores se pueden considerar como de riesgo?

a) Características sociales que impliquen un riesgo para el adecuado

desarrollo de un niño. ■

b) Todas aquellas situaciones de marginación social o extrema po-

breza. ■

c) Características psicosociales que provoquen elevados niveles de

estrés en las familias con niños. ■

d) Características detectables en un sujeto o en una familia que seña-

lan una mayor probabilidad de sufrir un daño. ■

e) Los factores socioeconómicos y los factores familiares que poten-

cian las alteraciones en el desarrollo. ■

2. ¿Cuáles de las siguientes características se corresponden con el estilo educati- vo democrático?

a) Poca comunicación en la familia y la existencia de normas muy

claras. ■

b) Mucho afecto y comunicación, pero ausencia de normas y límites

educativos. ■

c) Existencia de afectos y normas educativas, poco consensuadas e

impuestas por los padres. ■

d) Existen normas claras y comunicación entre los padres y los hijos,

así como afecto entre ellos. ■

e) Las normas y la comunicación están poco presentes en el ambien-

te familiar. ■

3. ¿Cuáles son las posibilidades de intervención en una situación de riesgo ambiental?

a) Potenciar que los niños pasen el máximo tiempo posible fuera de

sus hogares en actividades programadas. ■

b) Asesorar a las familias sobre los cuidados básicos que deben dar a

sus hijos. ■

c) Activar y potenciar los recursos internos de la familia, así co-

mo orientar sobre los derechos y prestaciones a las que puede

acceder. ■

d) Derivar familias a equipos especializados en situaciones de riesgo

ambiental. ■

e) Fomentar el desarrollo de los niños entrenándolos y aumentan-

do sus responsabilidades, favoreciendo así su capacidad de

autonomía. ■

4. ¿En qué no se pueden agrupar las características de la situación familiar?

a) En el tipo de composición familiar en la que vive el niño.

b) El clima familiar, si ha existido un cambio o ruptura en la familia.

c) La forma de afrontarla familiarmente.

d) Si se dan situaciones excepcionalmente graves dentro de ella, como

puede ser el maltrato. ■

e) El tipo de comunicación existente en la familia.

Historia familiar

El caso que se presenta trata de un niño que acude a intervención psicológica por presentar problemas conductuales y de relación con los demás.

Se trata de una familia formada por cinco personas, que conviven todas en el mismo núcleo familiar. El caso se centra en uno de los hijos, un niño de 7 años, fruto de un emba- razo deseado, el cual había mostrado en principio un buen apego hacia la figura materna. Su nacimiento fue prematuro y de bajo peso, por lo que tuvo que permanecer un tiempo en la incubadora.

Es el mayor de tres hermanos, uno de 3 años y otra de 15 meses; entre él y su hermana menor ha habido dos abortos, y la muerte de una hermana a los 13 meses, cuando él cuen- ta con 5 años de edad. Algunos de estos embarazos no eran deseados por la madre.

Para este niño ha sido difícil adaptarse al nacimiento de todos sus hermanos, aceptan- do mejor a su hermana, que posteriormente muere. Aunque a veces pregunta sobre su muer- te, trata de evitar hablar de ella, por el dolor que esto le produce.

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