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4.3 Multilayer analysis: dielectric haloscopes

4.3.4 General behaviour of velocity effects

El sujeto, ya lo vimos, más que vivo es viviente. Esta no es una aclaración menor, ya que es en el acto de estar vivo que el ser vivo no se encuentra a distancia de sí mismo. Digamos también que la vida es, al entender de Canguilhem, forma y poder –facultad– de lo viviente (1966: 200). El viviente contiene en sí la vida como totalidad y la vida en su totalidad (1966: 204). Claro que para Canguilhem (1965: 11), tal y como para Morin (1980: 231/ 2001: 53) –y esta es marca de su alineación conceptual–, lo que no puede hacerse es aplicar la inteligencia a la vida sin el propio reconocimiento de la originalidad de la vida. Es decir, el pensamiento del viviente, de lo viviente, debe tener viva y presente la idea de ser viviente. En definitiva, no puede ser, como lo planteaba Descartes, una cosa aislada, no puede ser nada más que una cosa ahí pensante, absolutamente autocéntrica sin que nada más resulte necesario. Por el contrario, ha de accionarse su ser

en relación-con la vida.

Es en el re-conocimiento de lo propio en donde el ser viviente emerge sujeto vivo y se sabe como tal. El sujeto viviente no está distanciado de sí. Esto último refiere efectivamente a su poder de auto-organización y significa que el sujeto es capaz de tomar conciencia de sí: de sí como todo y como parte; como todo que es en sí mismo, y como parte del todo que lo compone y constituye.

Nos interesa ahora analizar, un poco más de cerca, la idea de medio. Si bien en capítulos anteriores nos detuvimos algo en el análisis de la idea de mundo, su relación con el sujeto viviente y planteamos la idea de ser en

relación (ver 3.4), el estudio singular de este concepto –en principio biológico, pero sobre el que discutiremos su multidimensionalidad–, nos servirá de ayuda para problematizar nuevas cuestiones.

Tomamos como punto de partida la postura de Canguilhem (1965: 158- 160) quien, al igual que Comte, entiende por medio al conjunto total de las circunstancias exteriores necesarias a la existencia de cada organismo.

Canguilhem es crítico de la visión lamarckiana que propone a la vida y el medio como acontecimientos asincrónicos, sin correspondencia alguna. Lamarck, desde su perspectiva niega al sujeto en cuanto tal, ya que no solo no contempla la relación entre el viviente y su medio, sino que además concibe al viviente adaptado al medio para sobrevivir.

Hace falta decir en este punto que notamos que la vida no es ni un concepto efímero que se define por sí mismo, ni una totalidad. La relación de reciprocidad entre el viviente y la vida es continua y necesaria para que el viviente emerja sujeto en correlación con el medio.

Cuando hablamos del medio, entonces, siguiendo la elaboración de Canguilhem (1965: 161), no lo hacemos en referencia a la relación biológica entre el viviente y los otros vivientes, como Lamarck (Canguilhem, 1965: 161). Por el contrario, una forma viviente supone así una pluralidad de otras formas con las cuales se está en relación, con lo cual ésta no es de ningún modo una relación que sólo pueda establecerse, sólo que, desde el punto de vista biológico, existe entre el todo y las partes en el interior de un organismo, se corresponde con el organismo y su entorno.

Por otra parte, interpretamos que lo propio de todo ser vivo es justamente que, en cuanto está vivo, ni se distancia de sí mismo, ni sus partes están distanciadas entre sí. Incluso, un organismo considerado en y por sí mismo tiene el todo por doquier, no hay distancia presente que lo escinda. Hay que tener en cuenta que algunas concepciones adoptadas por Canguilhem, a partir de Bernard, aseguran ya que el todo es capaz de mantenerse siempre en cada parte por intermedio de sus regulaciones, a lo que Bernard llama medio interno (Canguilhem, 1966: 219-220).

Sorteamos la visión mecánica del término y comenzamos por la teoría biológica general de medio propuesta por Comte quien, de acuerdo con Canguilhem, usa el término como neologismo y reivindica la responsabilidad de erigirla en noción universal y abstracta de la explicación en biología. Comte entiende por medio el conjunto total de las circunstancias exteriores necesarias a la existencia de cada organismo. Canguilhem, además, subraya

que Comte tiene la idea de formar una concepción dialéctica de las relaciones entre el organismo y el medio, en tanto admite que el sistema ambiente no sabría modificar al organismo sin que éste no ejerza a su vez sobre aquél una influencia correspondiente. Si bien Comte asume que a través de la intervención colectiva inclusive la humanidad puede modificar su medio, esta acción sobre el medio es rechazada, en general, para el viviente. Su explicación es que el viviente busca, en esta relación dialéctica y de reciprocidad entre organismo y medio, su apoyo en el principio newtoniano de la acción y de la reacción (1965: 173-175).

Lamarck (1830), por su parte, algún tiempo antes plantea que la situación de lo viviente en el medio es desoladora y desolada; entiende que la vida y el medio, que la ignora, son dos series de acontecimientos asincrónicos. Ésta a-sincronía entre el medio y la vida ubica a uno y otro como extraños entre sí.

Según refleja Canguilhem, la postura que Darwin adopta respecto del medio, lo muestra ocupado de la relación biológica entre el viviente y los otros vivientes. Darwin, efectivamente, ocupado en la relación biológica entre el viviente y los otros vivientes considera que vivir es someter al juicio del conjunto de los seres vivientes una diferencia individual (Canguilhem, 1965: 176). Como explica Gustavo Caponi, filósofo de la biología y especialista en biología evolucionaria, esto se corresponde con la perspectiva poblacional darwinista que permite pensar “una coloración en términos utilitarios y no como el mero efecto de factores físicos inmediatos que actuarían en o sobre los organismos individuales”, así es que afirma que “la población es un sistema biológico cuya capacidad de registrar exigencias ambientales y responder a las mismas es mucho menos limitada que la de los propios organismos individuales” (2006, 28).

Es interesante señalar la comparación que Canguilhem presenta respecto al entendimiento de la vida, tanto por Lamarck quien la piensa según la duración, como por Darwin que la concibe sobre todo por la interdependencia. Arribando así a la idea que en la forma de lo viviente está

supuesta la pluralidad de otras formas (posibles) con las cuales se está en relación (1965: 177).

A su vez, Canguilhem sugiere que se necesita entender desde el punto de vista biológico, que la misma relación que existe entre el todo y las partes en el interior de un organismo se corresponde con el organismo y su entorno. Es muy interesante pensar, por lo tanto, que la individualidad del viviente no queda circunscrita a las propias fronteras ectodérmicas, como tampoco tiene origen en la célula. La relación biológica entre el ser y su medio es una relación “funcional, y, por consiguiente móvil, en la que los términos cambian sucesivamente su papel” (Canguilhem, 1965: 184).

Tal vez el antecedente de estas visiones esté en Pascal, que da cuenta de una concepción orgánica del mundo (opuesta a la de Descartes): “siendo todas las cosas causadas y causantes, ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas, y manteniéndose todas por un lazo natural e insensible que ata las más alejadas y más diferentes, tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, no más que conocer el todo sin conocer particularmente las partes” (Pascal, 1981: 199).

Nos interesa entonces poder elaborar que cuando hablamos de la relación entre el viviente y el medio, tampoco podemos dar cuenta de una simple y unidireccional correspondencia. El ser vivo lleva en sí la pluralidad de la que se conforma y con la que conforma el mundo. Más aún, y sin poder dejar de mencionar a Merleau-Ponty –quien también se apoya en el concepto de Umwelt–, “el mundo es inseparable del sujeto… El sujeto es ser-del-mundo y el mundo sigue siendo subjetivo”120 (1976: 491). Y, como subraya Canguilhem, esto también supone la concepción dialéctica comtiana de las relaciones entre el organismo y el medio, que admite que el sistema ambiente (medio) no sabría modificar al organismo sin que éste ejerciera sobre aquél influencia alguna. En este sentido, si bien Canguilhem asume que por medio de la intervención colectiva se modifica el medio para el viviente, en general       

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“Le monde est inséparable du sujet, mais d'un sujet qui n'est rien que-projet du monde, et le sujet est inséparable du monde, mais d'Un monde qu'il projette lui-même. Le sujet est être-au- monde et le monde reste c subjectif”.

rechaza esta acción sobre el medio, debido a que destaca la relación dialéctica, la relación de reciprocidad del medio y el organismo, en tanto el principio newtoniano de la acción y de la reacción (1965: 154-156).

Por esto es que a la hora de hablar del sujeto viviente, nos hacemos eco de una idea de sujeto plural y multidireccional, involucrando al todo y a las partes, tanto al interior de sí mismo como en su interrelación con el medio, con su entorno. Como planteábamos en el párrafo anterior, entendemos que hay un proceso, si cabe la palabra, de con-formación e in-formación del sujeto y este mismo proceso es para el sujeto su propio hacerse tal.

Canguilhem propone que la vida es un trabajo de descubrimiento y no de construcción y afirma que el conocimiento es una búsqueda inquieta de informaciones; para él –y a esta altura podemos decir que también para Morin– la vida es experiencia, improvisación y utilización de ocurrencias; es tentativa en todo su sentido (1965: 138). Desde su mirada, la vida es un automovimiento de realización conforme a un triple proceso. Ese triple proceso es la estructuración del individuo mismo, su autoconservación con respecto a su naturaleza inorgánica y la conservación de la especie. La autoconservación es la actividad del producto productor (1966: 203).

Con todo, llegamos a poder ensayar que la vida es, entonces, tiempo y duración en la experiencia, pero es también acción cognitiva y existencia común; vivir es, a consecuencia de esto, organizar el medio a partir de un centro de referencia, el propio, que como vimos toma (y da) sentido en