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En la obra de José Lezama Lima, el lenguaje poético es quien mejor puede mostrar la corriente subterránea de su pensamiento. Ha sido estudiado como su texto enlaza con gran fuerza creadora, la poesía, el ensayo, la novela, el cuento y el periodismo en una sola cadena poética, ya que su sentido poético, no está solamente en su forma versificada, sino también en la prosa.

A Lezama le interesa el ritmo interior de la frase y su enlace hasta llegar a la imagen, el significado y la musicalidad del lenguaje, por lo que su escritura adquiere nuevas orientaciones y múltiples posibilidades de estudio y dificulta el establecimiento de límites. Señala el mismo poeta, que los recursos expresivos de su novela Paradiso son casi esencialmente poéticos. Y es que el poema ha sido básicamente su forma de expresión.

Además del goce estético vislumbramos en el texto de Lezama, una intencionalidad conceptual de donde podemos extraer su pensamiento, sus ideas y su teoría poética, pues así, como lo refiere el propio autor en sus cartas y ensayos, la ambición de su vida fue la de componer, lo que él mismo llamó su sistema poético del mundo.

En su ensayo "Preludio de las eras imaginarias" recopilado en el libro La cantidad hechizada Lezama Lima desarrolla su teoría del signo poético el que siempre está en camino, en la búsqueda de las imágenes, y de una poética para esas imágenes. Su sentido, ritmo y símbolos expresa su interés de ir más allá de los signos cotidianos, reencontrar el signo poético, aquel trazo que exprese el espíritu de su escritura.

En el signo poético existe una riqueza de contenidos oblicuos, que se asocian a lo que el poeta llama vivencia oblicua, categoría que expresa un nuevo tipo de cadena casual, cuya lógica rebasa los análisis tradicionales, para incluir peculiaridades variantes del azar. Esa vivencia oblicua es el instrumento, que en el espacio de la poesía, le permite a la causalidad penetrar en lo incondicionado. La vivencia oblicua está relacionada con la emoción estética, que se manifiesta a través de ella, que hace entrever y sentir la sobrenaturaleza: ese signo ascensional desde el mundo natural de los objetos, hacia las regiones de la poesía. Es una forma especial con que se mira y se siente el texto literario.

La lectura de la obra de Lezama tiene fases, a la primera lectura usted siente el súbito, el primer instante de emoción ante el texto, fulguración de donde surgirá la posibilidad de otras lecturas, lectura de conocimiento que corresponde al

momento intelectual. El súbito es el medio que permite mostrar lo incondicionado actuando sobre la causalidad.

El intercambio entre vivencia oblicua y súbito crea el incondicionado condicionante, lo que Lezama llama el potens, es decir, la posibilidad infinita: la fiesta de la poesía.

Una parte esencial de ese sistema poético del mundo lo constituyen las eras imaginarias creadas por Lezama Lima; la última de estas eras imaginarias es la posibilidad infinita, “que entre nosotros la acompaña José Martí”. Aquí se refiere Lezama a lo americano y concretamente, a lo cubano, invocación por lo autóctono, en un interés por encontrar sus propios orígenes.

De este modo, la “expresión americana”, significa una muestra de elementos intercalantes, un suerte de simbiosis de diferentes procedencias y épocas: lo indígena, lo español, la naturaleza y el hombre americano, que al unirse y solidificarse en el espacio americano y expresarse en su literatura, alcanzan identidad propia. Es lo que llama Lezama Lima la autoctonía, lo propiamente americano, como resultado, expresión, cultura, no como algo virgen.

Sucesiva o las coordenadas habaneras, es una muestra de cómo su autor pone en práctica y poetiza su preocupación por lo americano y en especial por lo cubano a través de un lenguaje que informa raíces, orígenes.

Acerca del método poético de Lezama Lima, Andrés Sánchez Robaina en su artículo “La lógica poética” expresa:

Un concepto que nos parece de una enorme importancia es la vivencia oblicua. La vivencia oblicua es como si un hombre, sin saberlo desde luego, al darle la vuelta al conmutador de su cuarto inaugurase una cascada en el Ontario. Podemos poner un ejemplo bien evidente. Cuando el caballero san Jorge clava su lanza en el dragón, su caballo se desploma muerto. Obsérvese lo siguiente, la mera relación casual seria: Dragón-lanza-caballero; pero fíjese que no es el caballero el que se desploma muerto, sino su caballo, con el que no existe una relación causal sino incondicionada. A este tipo de relación la hemos llamado vivencia oblicua. (Sánchez, 2000:146)

Para definir el súbito Sánchez Robaina aclara lo expresado por Lezama en el ensayo "Preludio de las eras imaginarias" p. 27

Existe también lo que he llamado el súbito, que la podemos considerar como opuesto al ocupatio de los estoicos. Por ejemplo si un estudioso del alemán se encuentra con la palabra vogel (pájaro). Después se tropieza con la palabra vogelbaum (jaula para pájaros), y se encuentra con la palabra vogelun, de súbito, al restallar como un fósforo la causalidad poética y jaula para pájaro, se encuentra con el incondicionado vogelon, que entrega el significado de pájaro penetrando en la jaula, o sea, la cópula. (Sánchez, 2000:146)

Y concluye con esta valoración:

En el pensamiento poético de lengua española no existe, en verdad, una formulación crítica tan radicalizada de la imaginación poética analógica, derivada de una capacidad mito-poética que en español no se conocía desde el Barroco y que venía a redescubrir para la poesía de nuestro idioma las infinitas posibilidades

2) La imagen

Pero es la imagen (imago), la categoría más importante de su sistema poético, piedra angular explicitada teóricamente en su obra y yuxtapuesta al acto creador. En una entrevista concedida en 1974, “La imagen para mí es la vida” el intelectual venezolano Gabriel Jiménez pregunta a Lezama:

“Creo que una vez leí que para usted la imagen es la realidad del mundo invisible”, a lo que Lezama respondió:

“Sí, de lo invisible, de lo real, y de toda posibilidad.

La imagen para mí es la vida. En eso tengo una raíz paulina: vemos por espejos en una imagen. El conocimiento de la vida no es directo, la comunicación de ser a ser, de persona a persona, no es directa, es a través de una imagen… Y aunque yo diga esos excesos, para mí la imagen es lo fundamental, es la esencia y el fundamento de la poesía y el hombre”. (Jiménez, 2006: 25)

Es la imagen sensible que se proyecta desde la inmediata realidad, desde el referente sensible, hacia la referencia cultural, hacia lo abstracto, hacia otro plano de significación. Esta imagen se proyecta hipertélicamente hacia ese orden superior, irá más allá de su finalidad, desbordando los contornos visibles de lo inmediato para entregarnos un exceso, un sobrepasamiento simbólico.

Para explicar la categoría de imagen en la obra de Lezama Lima, el crítico Andrés Sánchez Robaina, se apoya en las categorías lezamianas como la vivencia oblicua y el súbito para expresarnos su apreciación de esta categoría en el discurso lezamiano: “Pocas veces la imagen (la imagen poética) podía atravesar sus propios límites y llegar a un territorio en que la no-causalidad hacía levitar los objetos y destruía una clase de nexos de una racionalidad occidental, para proponer una nueva lógica: una estricta lógica poética, un tiempo y un espacio epifánicos”. (Sánchez, 2000: 147)

Es la imagen – comparaciones, metáforas, metonimias y sinécdoques - quien sintetiza en el discurso literario, el fabuloso poder asociativo de José Lezama Lima.

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