CHAPTER 6. MODEL VALIDATION AND ANALYSIS
6.2 Generalized Linear Models
El proceso de destrucción [nazi] requería la cooperación de todos los sectores de la sociedad alemana. Los burócratas redactaban las definiciones y los decretos, las iglesias aportaban las pruebas de ascendencia aria, las autoridades postales entregaban las órdenes de deportación, las empresas despedían a sus trabajadores judíos y se quedaban… con sus propiedades, el ferrocarril llevaba a las víctimas a los puntos de ejecución… la operación requería y obtuvo la participación de todas las instituciones políticas y religiosas importantes del Reich alemán.
RICHARD RUBENSTEIN, teólogo
El objetivo práctico de los mitos es legitimar el sistema. Cuando una ideología es legitimada, todas las instituciones sociales aprueban su doctrina y las tres «N» se diseminan por todos los canales sociales. Actuar según la ideología es legítimo y se considera razonable y ético. Por tanto, los principios de ideologías competidoras se consideran ilegítimos y es por eso que, por ejemplo, los vegetarianos no pueden denunciar a los propietarios de agroindustrias por el asesinato de animales.
Todas las instituciones contribuyen a la legitimación de la ideología, pero hay dos que desempeñan una función crucial: el sistema legal y los medios de comunicación. Convertir los principios de una ideología en ley obliga a adaptarse al sistema. Piense, por ejemplo, en cómo el estatus de los animales garantiza la continuidad de la producción de carne. Según la legislación estadounidense se puede ser una persona jurídica o una propiedad jurídica. Una persona jurídica tiene derecho a que se respeten sus derechos básicos, especialmente el derecho a la libertad y a no ser maltratado físicamente por otra. Por el contrario, la propiedad jurídica carece de derechos. Solo la persona jurídica que posee la propiedad tiene derechos y, por eso, por ejemplo, podemos denunciar a alguien que nos ha abollado el coche, pero el coche como tal no puede presentar cargos. En la actualidad, todos los seres humanos son personas jurídicas (aunque la Constitución estadounidense original clasificaba a los esclavos como tres quintas partes de persona y dos quintas partes de propiedad) y todos los animales son propiedad jurídica y, con alguna excepción, los propietarios humanos tienen derecho a hacer lo que se les antoje con su propiedad. Por tanto, los animales se compran y se venden, se comen y se
convierten en ropa y sus cuerpos se utilizan en tal variedad de productos que es virtualmente imposible no adaptarse al sistema. Encontramos subproductos animales en objetos tan inesperados como pelotas de tenis, papel pintado, tiritas y carretes fotográficos.
Los medios de comunicación, nuestra principal fuente de información, refuerzan el carnismo y actúan como un canal directo entre la ideología y el consumidor. Cuando se trata del carnismo, los medios de comunicación no cuestionan el sistema y apoyan las defensas carnistas: mantienen la invisibilidad del sistema y refuerzan las justificaciones del consumo de carne.
Uno los mecanismos con los que los medios de comunicación mantienen la invisibilidad del carnismo es la omisión. Los 10.000 millones de animales que cada año mueren para ser convertidos en carne, así como las virulentas consecuencias de las prácticas de agricultura animal contemporáneas, brillan por su ausencia en el discurso público. ¿Cuántas veces ha visto a un medio de comunicación denunciar el tratamiento violento de los animales de cría y las prácticas corruptas de la industria carnista? Compárelo con la cobertura que se da a la fluctuación de los precios del combustible y a las pifias de moda de los famosos. La mayoría de nosotros nos indignamos más por el precio de la gasolina que por el hecho de que miles de millones de animales, miles de millones de personas y el ecosistema al completo sean sistemáticamente explotados por una industria que se beneficia de toda esa violencia gratuita. Y la mayoría de nosotros sabemos más sobre los vestidos que las estrellas han llevado a los Oscar que sobre los animales que nos comemos.
Los medios de comunicación también mantienen la invisibilidad del sistema mediante la prohibición e impiden sistemáticamente que la información anticarnista llegue a los consumidores. Por ejemplo, en 2004, la CBS rechazó dos millones de dólares del grupo de defensa de los derechos animales Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA), que quería transmitir publicidad en contra del consumo de carne durante la Super Bowl. La cadena afirmó que no retransmitían «anuncios activistas». Sin embargo, la CBS emitió anuncios en contra del tabaco durante ese mismo partido y emite con regularidad publicidad que fomenta el consumo de carne.
De todos modos, hay ocasiones en las que la producción de carne sí consigue atraer la atención de los medios. No obstante, cuando al fin sucede, se presenta como si se tratara de una aberración y no de la práctica habitual. Por ejemplo, en la
denuncia que hemos comentado en el Capítulo 3 acerca de la planta de producción de carne, en que animales caídos se habían procesado y habían acabado en comedores escolares, no se hizo mención alguna al hecho de que los investigadores de la Sociedad Humana de los Estados Unidos habían escogido esas instalaciones al
azar, y tampoco se mencionó la posible prevalencia de esta práctica entre las
corporaciones carnistas. Por tanto, la ira del público se concentró en una única empresa y el sistema permaneció intacto.
Efectivamente, el sistema permanece intacto cada vez que los medios de comunicación presentan los dogmas del carnismo como verdades en lugar de como opiniones y a los defensores del carnismo como objetivos y veraces, en lugar de como creadores de mitos interesados. Por ejemplo, los grandes medios de comunicación emiten con regularidad programas sobre cómo celebrar fiestas organizadas en torno al consumo de carne y explican la receta tradicional del pavo de Acción de Gracias o cómo organizar la barbacoa perfecta para el cuatro de julio. Y los médicos y nutricionistas que aparecen en los medios de comunicación casi siempre defienden el carnismo y suelen asumir una postura «moderada y razonable» desde la que, por ejemplo, nos aconsejan que sustituyamos las carnes más grasas por carnes magras.
Los medios de comunicación nos traen el carnismo a la puerta y nos informan no solo de «cómo son las cosas» sino también de cómo deben y tienen que ser. En otras palabras, los medios de comunicación nos traen a casa las tres «N».