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Como primera aproximación sobre los riesgos naturales en este municipio, se señalan y cartografían aquellas zonas del territorio susceptibles de presentar a nuestro entender una problemática a corto y medio plazo significativa por los siguientes tipos de riesgos:

GEOTÉCNICOS

Según el Mapa Geotécnico de España, la zona en la que se encuentra el término municipal de San Nicolás se define como una región donde dominan los relieves montañosos, sobre un complejo volcánico basal y formaciones de los ciclos volcánicos antiguos. Se trata de materiales compactos, muy desgastados, y con distinto grado de diaclasado. El carácter abrupto del relieve condiciona en buena medida la inestabilidad geotécnica, ocasionada por las fuertes pendientes que dominan el territorio municipal.

La naturaleza geológica de los materiales que aparecen en San Nicolás no representan un criterio justificativo para determinar los riesgos geotécnico, que quedan supeditados al factor clinométrico, siendo en consecuencia las pendientes del relieve la variable geográfica que condiciona en mayor medida la posibilidad de desprendimientos, especialmente en aquellas laderas donde la vegetación es escasa o inexistentes y, de manera particular, en cortados y riscos gravitacionalmente inestables, como ocurre en aquellas circunstancias en las que la construcción de la carretera ha afectado a la estabilidad de los materiales.

AVENIDAS E INUNDACIONES.

Los riesgos originados por inundaciones o avenidas de agua, ya sea por lluvias intensas o por la rotura de grandes infraestructuras hidráulicas (presas).

Dentro de este grupo se incluye principalmente las zonas bajas de los cauces de los principales barrancos del municipio, y en especial el de La Aldea, puesto que son estas áreas las que en periodos de lluvias intensas sufrirán el efecto acumulativo y de concentración de las aguas de toda la cuenca afecta, especialmente en aquellas cuencas donde no existen sistemas de regulación artificiales. El barranco de mayor entidad de todo el municipio es el de La Aldea (la mayor de las cuencas insulares), que además pasa cerca del núcleo principal de población, desembocando en La Playa de La Aldea.

La afección por inundaciones o arroyamientos se debe a la ocupación intensiva de los fondos de barranco por parte del ser humano, sin tener un sistema eficaz de regulación de las aguas de escorrentía. En líneas generales, de forma tradicional se ha evitado la ocupación del cauce por parte de cualquier tipo de uso más o menos permanente (terrenos agrícolas, edificaciones, infraestructuras, etc), y salvo algunos tramos de vías secundarias, no existe un riesgo elevado de afección por avenidas, reduciéndose en consecuencia los hipotéticos daños de una avenida eventual.

El cálculo de máximas avenidas realizado por el documento del Plan Insular de Ordenación (PIOGC) para la cuenca de La Aldea según el método racional y de las isócronas arroja los siguientes datos:

MÁXIMAS AVENIDAS Q (m3/s)

CUENCA RACIONAL Tr (años) ISOCRONAS Tr (años)

5 25 50 100 500 5 25 50 100 500

La Aldea 325’26 494’04 564’30 633’06 792’94 482’40 732’6 837 938’8 1.175’8

Se trata, con diferencia, de la cuenca hidrográfica de Gran Canaria con mayor riesgo de avenida en virtud de sus dimensiones areales y nivel medio de precipitaciones, muy por encima de Arguienguín y Tirajana, que le siguen en cuanto a probabilidad de registrar avenidas en los tiempos de recurrencia (Tr) considerados. Además, las peculiares condiciones morfológicas de la

cuenca Tejeda-La Aldea hace que los mayores riesgos se produzcan una vez superado el tramo medio del barranco, al desembocar las aguas en el Valle. La proximidad al cambiante cauce del barranco es la variable fundamental que determina el riesgo de inundación, por supuesto, considerada dicha proximidad conjuntamente con el nivel topográfico.

Al riesgo de avenida por precipitaciones de elevada intensidad horaria habría que añadir un hipotético desmoronamiento de los muros de las presas situadas en la cuenca, cuyo caudal máximo representa 7’75 millones de m3, una capacidad máxima de embalse que, desafortunadamente, está muy lejos de ser la habitual en estos embalses en los últimos años. En cuanto a los cauces de Tasarte y Tasartico, si bien en estos barrancos secundarios el nivel de las aguas es menor debido a lo reducido de las cuencas hidrográficas, sin embargo, es tal la limitación de recursos, y en especial de suelo, que existe una cierta ocupación de zonas próximas al cauce por usos agrícolas, fundamentalmente. Esta circunstancia podría elevar el riesgo de afección por fuertes precipitaciones y concentración del flujo en las zonas bajas de las cuencas. DESPRENDIMIENTOS Y DESLIZAMIENTOS

Por lo general los escarpes pronunciados inducen riesgos por desprendimientos de rocas y deslizamientos, ya sea sólo por gravedad u originados por la combinación de ésta y factores meteorológicos adversos.

Aunque el territorio municipal por su propia configuración orográfica presenta en muchas áreas la probabilidad de ocurrencia de caída de rocas por gravedad, en este documento se han incluido únicamente aquellas zonas donde la presencia de una actividad humana, fundamentalmente ligada a las vías de transporte, pueda verse afectada por dichos desprendimientos. No se han señalado aquellas zonas donde es posible que concurran circunstancias que hagan factible los desprendimientos pero que, al encontrase en espacios no habitados, o ni siquiera ser zonas de tránsito, no se prevén efectos negativos derivados de la caída de piedras y desprendimientos en general.

Tal como se puede observar en el plano adjunto, hay zonas con riesgos por inestabilidad de vertientes que por su localización (cercana a viviendas o a carreteras) implican un mayor riesgo, mientras otras presentan un riesgo de menor magnitud, al ser menor la probabilidad de afección a personas.

Las franjas con posible afección a poblaciones o mayor riesgo son:

- La carretera GC-200 que va desde Agaete a San Nicolás con circulación en ambos

sentidos. Esta carretera posee un trazado sinuoso con poca visibilidad y arcén estrecho en muchos puntos, circula a lo largo de una ladera muy escarpada donde se producen multitud de desprendimientos, muy peligrosos tanto por su asiduidad como por la cantidad de materiales que suelen caer, aumentando su riesgo con situaciones meteorológicas adversas. El tramo más difícil

es el que inicia el municipio según se llega desde Agaete y hasta alcanzar el Mirador del Balcón. Luego la carretera discurre por una orografía más abierta y las laderas superiores presentan menor pendiente y mayor cobertura vegetal, reduciéndose en consecuencia el riesgo de desprendimiento. Sin embargo, en el entorno de Los Caserones, prácticamente alcanzando ya la parte baja del Valle, se produce nuevamente un problema frecuente de desprendimientos que afectan a la carretera, tal y como deja constancia la información de campo recogida entre los propios aldeanos.

- Las carreteras secundarias que dan accesos respectivamente a los núcleos de Tasarte y

Tasartico, así como la estrecha y difícil carretera que asciende por el barranco de La Aldea hacia Artenara, y en especial el tramo que se adentra en el denominado Cañón del barranco de Tejeda, aunque la mayor parte de este desfiladero se corresponde con el municipio vecino de Artenara. El primer tramo de acceso al barranco de Tasartico es especialmente proclive a verse afectado por desprendimientos, debido sobre todo a las fuertes pendientes de las laderas colindantes y lo encajado del trazado de la carretera.

- Las laderas septentrionales del barranco de La Aldea también manifiestan frecuentes desprendimientos, si bien la ocupación del pie de la ladera por actividades humanas es casi inexistentes, por lo que se reduce el riesgo de forma sustancial, salvo en lo que afecta al anteriormente referido tramo de carretera que conecta La Aldea con Artenara.

En cuanto a los riesgos de desprendimiento con menor o nula afección a la población destacan: el macizo de Güi-Güi, con fortísimas pendientes y riscos muy abruptos donde las caídas de piedra son frecuentes (como lo atestiguan los registros coluviales), aunque no llegan a afectar al ser humano dado lo despoblado de este sector del municipio, los andenes de Inagua y, de forma general, todos los riscos de la sección sur del municipio y, en especial, las fortísimas laderas de los interfluvios localizados entre los barrancos de Tasarte, Tasartico y Veneguera. Al norte del Valle de La Aldea, las fuertes pendientes de las laderas representan un espacio proclive a los desprendimientos, al igual que sucede con los riscos del Andén Verde.

INCENDIOS FORESTALES

De producirse incendios forestales, éstos afectarían principalmente a la masa de pinar que existe en el municipio, como lamentablemente quedó demostrado en el reciente y devastador incendio que sufrió la isla en 2007. Esta masa de pinar también incluye las zonas de matorral bajo adyacente, conformada sobre todo por jarales.

Por la distribución del pinar, la exposición de población en caso de incendio es escasa, no obstante, el alto valor natural y paisajístico de este espacio hace que tengan una alta vulnerabilidad, en especial al tratarse de una masa forestal de pino canario, constituyendo una de los pinares de mayor importancia ecológica de cuantos existen en la isla.

Un incendio afecta directa e indirectamente a una serie de elementos: vegetación, fauna, recursos naturales (agua, suelo, etc.), paisaje, calidad atmosférica, etc, pero también al nivel socioeconómico del municipio o de la isla según las dimensiones del incendio del que estemos hablando. A tenor de lo sucedido en el pasado incendio, el problema mayor es de índole ecológica, pero también existe una afección muy importante en lo tocante al paisaje y, en algunos casos, respecto de la población local y las actividades económicas que le son afines.

Los riesgos de incendios dependen en gran medida de la época del año, siendo más preocupantes durante la estación seca, y casualmente la época de mayor riesgo es aquella en la que muchas especies de nuestra fauna se encuentran en plena reproducción. En la Naturaleza existe una gran sincronización. El período reproductor de muchos animales coincide entre sí y, a su vez, con la de muchos insectos, así como con la floración y fructificación de numerosas plantas, aumentando por tanto la disponibilidad de alimento.

El fuego se comporta de forma diferente dependiendo del piso de vegetación donde se produce. En el pinar los incendios normalmente se propagan con facilidad, influyendo sobre todo la composición del sotobosque (brezos, codesos, jaras, etc), la cantidad de materia muerta (pinocha, piñas, etc), la densidad de pinos, el grado de humedad, la pendiente, los vientos dominantes, etc. Sin embargo, en la vegetación basal, como ocurre con la vegetación de cumbre, el fuego no alcanzaría una gran dimensión debido a su distribución discontinua.

Otra cosa es la masa forestal propia del bosque termófilo, y en especial los palmerales, pues pueden llegar a conformar masas densas, no demasiado continuas desde una perspectiva espacial, pero sí muy próximas a los caseríos y terrenos de cultivo, lo que potencia la posibilidad de iniciarse un fuego debido a negligencia, o incluso intencionalidad, por parte del ser humano. Además, estas formaciones vegetales, cuando se encuentran próximas a áreas habitadas, pueden incrementar el riesgo de afección sobre actividades humanas. También los cañaverales, por sus particulares condiciones, son proclives a propagar el fuego. Arden con rapidez y constituyen un difusor del fuego, dado que ocupan de manera lineal los fondos de los barrancos y el fuego tiende a encajarse y aprovechar el material inflamable que esta planta representa.

Las restantes formaciones vegetales presentes en esta parte de la isla son, por supuesto, susceptibles de propagar un potencial incendio, especialmente los matorrales termófilos, e incluso el tabaibal (en sus diferentes tipologías). La capacidad de propagación dependerá de la continuidad del combustible vegetal, pero también del estado de sequedad en que éste se encuentre en el momento de producirse el incendio. Sus efectos previsibles sobre la población deben ser menores, pues no se generaría una densidad de llama y humo comparable con la de una masa vegetal más compacta, como es el pinar.

Sin embargo, determinadas formaciones vegetales como pueden ser los bosquetes termófilos de almácigos y acebuches, así como los palmerales, son especialmente delicados, y representan un mayor riesgo de incendio debido, por una parte, a su importante densidad forestal, y por otra a la cercanía de los núcleos habitados, potenciando con ello, no sólo los daños que pudiera generar un incendio, sino también la probabilidad de que éste se inicie por descuido humano.

De forma indirecta la deforestación de estos espacios arbolados por un gran incendio, puede provocar fenómenos de erosión del suelo, aumento de la escorrentía, etc., que de forma indirecta pueden afectar a otras zonas del municipio. Sin embargo, como se puede observar en la imagen (extraída del PLATECA) podemos observar que el municipio de La Aldea de forma general está considerado con un riesgo bajo en incendios forestales.

INCENDIOS EN INVERNADEROS

La posibilidad de que arda un invernadero por razones fortuitas (p.e. la caída de un rayo), o bien por negligencia humana, es elevada. Se trata de material inflamable que puede arder con facilidad. Además, dada la elevada densidad de estas infraestructuras, un fuego podría propagarse rápidamente y llegar a afectar a un área extensa. Sus efectos sobre la población podrían llegar a ser graves, según la dirección y fuerza de los vientos en el momento del incendio. Para evaluar este riesgo, se ha considerado por igual la presencia de invernaderos, señalando aquellas áreas que, en virtud de los vientos dominantes en la zona, pudieran hacer llegar el humo hasta las zonas habitadas.

Si bien se trata de un modelo predictivo, el frecuente encajonamiento del viento a lo largo del Valle de La Aldea, hace que aquellos invernaderos que se encuentren a barlovento de los vientos dominantes y a cuya espalda se sitúen los núcleos habitados, pueden representar un mayor riesgo para la población

EROSIÓN

La Cartografía del potencial del medio natural de Gran Canaria (Sánchez y otros, 1995) es un ímprobo trabajo que realizara el Cabildo Insular en los primeros años de la década de 1990. Posteriormente, esta labor vería la luz en forma de publicación editada en 1995, representando un documento notable para el análisis de los riesgos de erosión.

Tal y como se señala en la metodología para la realización del mapa de “Grado actual y riesgo potencial de erosión hídrica” (páginas 75 y ss.), se han considerado las siguientes variables: datos pluviométricos (índices de Pournier-Arnoldus), factor de erosividad por lluvia, erosionabilidad del suelo (considerando estructura y permeabilidad del suelo), topografía (longitud y ángulo de la pendiente), cobertura vegetal y prácticas de conservación (presencia/ausencia de bancales). Considerando todas estas variables, se estableció el riesgo de erosión de los suelos por unidades homogéneas para toda Gran Canaria. Como puede observarse en dicho trabajo (y en el mapa que acompaña a esta memoria), existen grandes riesgos de erosión en el municipio de San Nicolás y también zonas que ya se encuentran irreversiblemente afectadas por los fenómenos erosivos propios de la acción natural del viento o la lluvia. Además, la pérdida de masa forestal, la construcción de infraestructuras o la modificación del terreno llevan consigo que la acción del viento o la lluvia se haga aún más incidente, pudiendo ocasionar graves pérdidas de suelo. Las fuertes pendientes que caracterizan a amplios sectores municipales contribuyen a agravar la situación, de tal manera que son extensas las áreas donde predominan los suelos desnudos, e incluso los afloramientos rocosos.

Esta circunstancia es particularmente grave en los sectores más escarpados del municipio, como pueden ser el macizo de Güi-güí, las rampas y cresterías de los barrancos del suroeste, los andenes costeros del norte, e incluso algún que otro sector aislado de las cumbres. Además, los sectores con riesgo de erosión muy alto representan alrededor del 40% de la superficie municipal, lo que sumado a otra superficie similar de zonas irreversiblemente erosionadas, hacen que tan sólo una quinta parte del municipio sea mínimamente aprovechable, coincidiendo estos sectores con los valles y laderas menos escarpadas de los barrancos, particularmente del de La Aldea. En cuanto a las labores agrarias, la modalidad de cultivo bajo plástico, más allá de sus efectos paisajísticos, conlleva una protección efectiva del terreno ante la acción erosiva de los agentes exógenos, cuya incidencia es prácticamente nula durante el tiempo que los invernaderos se

encuentran en buen estado. Otra cosa bien distinta es el caso del abandono de los terrenos de labor, comenzando entonces un deterioro acelerado, muchas veces provocado por el agotamiento de los suelos debido al cultivo intensivo.