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Chapter 1 Introduction

1.5 Protein classification methods

1.5.2 Generative methods

Las agencias del subsector doméstico del CPWF-MUS (como en otros lugares) aportan importantes atributos que son necesarios para la escalada masiva de MUS.

i) El grupo meta del subsector doméstico suele ser toda la población de una deter- minada zona, incluyendo a los pobres.

ii) Para lograr este ambicioso objetivo, las estructuras prestadoras de servicios son, cada vez más, universales y a largo plazo, en particular por medio de la integración en los gobiernos locales, como uno de los servicios para la descentralización, en

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la actualidad, a este nivel gubernamental más bajo. A menudo, también se lleva a cabo la planificación participativa, por ejemplo, como en el programa Jalswarajya/ Aple PANI, aunque la participación se limita solamente a los estrechos parámetros de los usos del agua doméstico.

iii) El subsector doméstico dispone de recursos financieros considerables, provenientes especialmente de las organizaciones internacionales.

iv) El sector aporta conocimientos de ingeniería para la construcción y gestión de los sistemas de abastecimiento de agua, para usos en pequeña escala cerca de los predios, el sitio lógico preferido para los usos domésticos del agua.

v) Este sector también contribuye con importantes conocimientos sobre cómo con- vertir el uso del agua en un medio de sustento resultado de una mejor salud. vi) La prioridad de este subsector para mejorar los usos domésticos del agua cerca de

los predios ya fue presentada ampliamente. Coincide con al menos dos de los Ob- jetivos de desarrollo del Milenio: los relacionados con la equidad de género y con la provisión de acceso básico al agua segura. Esta priorización del agua potable, en particular, se destaca a nivel mundial con el creciente número de países que ra- tifican la declaración que establece que el acceso al agua para usos domésticos es un derecho humano (UNCESCR, 2002). Las comunidades y las alianzas de apren- dizaje también ratificaron la prioridad del agua para usos domésticos básicos. Las alianzas de aprendizaje se enfocaron en resolver el principal obstáculo para la es- calada masiva en el subsector doméstico: la norma rígida, consagrada como mandato, que estipula que el agua de sistemas ‘domésticos’ sólo debe utilizarse para beber y para otros propósitos domésticos. Esta norma está sujeta a normas cuantitativas de bajo nivel de servicio, por ejemplo, la escala del agua propia del subsector y las normas de alta calidad del agua. Estas normas dan forma a todos los programas de inversión. En todas las alianzas de aprendizaje, el punto de partida para cambiar esta mentalidad fue la sensibilización de las realidades existentes que habían sido ignoradas hasta aho- ra, del uso productivo de ‘los sistemas domésticos” y de los beneficios que conlleva para los medios de subsistencia. El argumento clave es que, en lugar de la tendencia del subsector a desechar estos usos como ‘ilegales’ o incluso ‘de desperdicio’, el sec- tor podía adjudicarse inmediatamente estos exitosos medios de subsistencia, como resultado directo de sus propias inversiones. Con un solo plumazo y sin ningún otro costo más que el cambiar de perspectiva, el subsector puede cambiar su enfoque de uso único del agua, a los beneficios que trae el suministro de agua para los medios de subsistencia.

Aún cuando esta sensibilización fue convincente, era más difícil lograr mayores niveles de servicio para usos múltiples en la planificación e impugnar la norma rígida de que los sistemas domésticos sólo pueden utilizarse con fines domésticos. En Colombia, la alianza de aprendizaje fue capaz de negociar este cambio. En su zona de intervención con abundante agua, las normas de niveles de servicio del PAAR se duplicaron y se aumentó la capacidad de las captaciones para los sistemas de abastecimiento (Cinara, 2007b).

En otras situaciones se admitió que el reconocimiento formal y la planificación intencio- nal de nuevos sistemas para múltiples usos solo era, en realidad, un problema para el futuro. Los usos productivos existentes pueden reconocerse oficialmente y los usos fu- turos, incluso, pueden promoverse porque las normas de diseño son normalmente ma- yores que las normas de nivel de servicio. En la India y en el programa Jalswarajya/Aple PANI las normas a nivel de servicio son 40 lpcd y en Sudáfrica 25 lpcd. En Colombia, en los departamentos con abundante agua, la norma del abastecimiento de agua del programa PAAR es 133 lpcd. Los sistemas de abastecimiento están sobredimensiona- dos, a fin de garantizar la expansión futura, para satisfacer la demanda del crecimiento poblacional y la inmigración y los criterios de vida útil específicos de los proyectos, como son las posibles roturas de tubería, fugas, eficiencia de uso, etc., todos ellos di- fíciles de predecir. Asimismo, las normas de diseño del programa de Jalswarajya/Aple PANI se basaron en el crecimiento poblacional proyectado para los próximos 20 años. Los altos directivos del programa IDE permitieron experimentar con MUS como una forma de utilizar este ‘exceso’. Se han escuchado argumentos similares en las alianzas de aprendizaje de Bolivia y Etiopía. Un estudio en Sudáfrica sobre el incremento de los niveles de servicio indicó que DWAF siempre se adhiere a un estándar de 60 lpcd para toda la infraestructura de agua mayor. “Muchas municipalidades se adhirien al es- tándar, lo que hará que la implementación de un mayor nivel de servicio de agua o de otras opciones de servicios sea mucho más factible” (WRC, edición en preparación)11.

Sudáfrica ahora estudia la posibilidad de aumentar los niveles de servicio a 50 lpcd, únicamente para el mínimo básico de agua gratuita y relajar las restricciones atadas a las subvenciones de la infraestructura municipal doméstica.

La calidad del agua es una cuestión importante en las discusiones para aumentar los niveles de servicio de MUS, especialmente en las alianzas de aprendizaje en Colombia y Sudáfrica. Había consenso de que el agua utilizada para beber debía ser segura. En sistemas comunitarios entubados de carácter público, que son tratados centralmente, el razonamiento no comprobado era que el agua tratada, que es costosa, no debía ‘desperdiciarse’ para usos que no requerían agua de tan alta calidad. El debate en tor- no a la pregunta de si toda el agua que se suministra a través de los sistemas ‘domésti- cos’, incluida el agua para el vaciado de inodoros y así sucesivamente, debe tener esta misma alta calidad y de lo contrario, de qué forma se puede seguir salvaguardando la calidad del agua de beber, quizás incluso mejor que en la actualidad. Esto condujo a experimentos con las distintas alternativas que ahora se están promoviendo para el subsector doméstico, descritas en el Capítulo 3, incluyendo la filtración o el tratamien- to químico del agua a escala de predio. En Tailandia, donde normalmente se evita usar el agua del grifo para beber, se practica ampliamente la captura y el almacenamiento, 11 Estas cantidades se han obtenido eficazmente, como lo confirma el estudio de la

Comisión para la investigación del agua en Sudáfrica (Main y Naidoo, 2008). Este estudio concluyó que los hogares pobres, de acuerdo con las definiciones nacional- es, usan un promedio de 62 lpcd, que es más del doble de las cantidades aceptadas formalmente como agua básica gratuita de 25 lpcd. Se comprobó que la mitad de estos hogares utilizan cantidades significativas de agua para uso productivo, lo que en promedio provee una cuarta parte de los ingresos de estos hogares.

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por separado, del agua de lluvia, por ejemplo de los techos. para beber y cocinar. En Colombia y Sudáfrica, algunos miembros de las alianzas de aprendizaje también pro- movieron la recolección de agua de lluvia para beber. Adoptar el tratamiento de agua descentralizado para los 3-5 lpcd necesarios para beber, ahorraría los costos de tra- tamiento de agua para fines domésticos que no requieren tan altos estándares y para todos los usos productivos.

La otra cuestión importante en los debates para aumentar los niveles de servicio de MUS, se trataba de la prioridad de la utilización del agua para usos domésticos por todos, antes de que algunos comenzaran a utilizar el agua para usos productivos. Una vez más, hubo consenso sobre la validez de esta prioridad en todas sus facetas. Hay situaciones en la que sería imprudente la actual promoción de los usos productivos. En zonas en gran medida desatendidas, como en Etiopía, o en sistemas domésticos pobre- mente diseñados y de mal funcionamiento, como en Sudáfrica, las cantidades de agua en los actuales sistemas comunitarios (pero no en los sistemas individuales) son tan limitadas, que es muy probable que el uso del agua para usos productivos por parte de los usuarios río arriba, prive a los usuarios río abajo del acceso al agua aún para usos domésticos básicos. Sin embargo, incluso en tales situaciones de escasez de agua exis- ten oportunidades para la reutilización de las aguas grises.

En estos casos y en situaciones de recursos limitados, el debate se centra en la planifi- cación de los nuevos sistemas y en su rehabilitación. En cuanto a los temas de calidad del agua, parece que alejarse de las normas arriba-abajo y desplegar enfoques de la vida real para lograr los mismos objetivos sobre el terreno pareció dar frutos. Mirando más detalladamente los aspectos de equidad en juego, incluso en zonas desatendidas, resaltó cómo MUS podría lograr la prioridad acordada para los servicios domésticos mínimos para todos, incluso de forma más rentable, además de posibilitar los usos pro- ductivos que contribuyen a otros Objetivos de desarrillo del Milenio y al derecho hu- mano de utilizar el agua para mitigar el hambre (UNCESCR, 2002). Se puede lograr un mejor servicio de usos múltiples para los pobres con todos los fondos disponibles para los millones de personas desatendidas identificadas por el subsector doméstico. Como se argumentó en las alianzas de aprendizaje (pero aún no se ha implementado), el principal mecanismo para mejorar los servicios dentro del presupuesto disponible es una mejor recuperación de los costos, de los ingresos obtenidos, de los usos produc- tivos. Incluso los más pobres pueden al menos lograr parcialmente una subvención cruzada de sus usos domésticos, de los ingresos obtenidos del uso productivo, siempre y cuando haya mercados disponibles. En los países de bajos ingresos, generalmente solo se piensa en recuperar los costos de operación y mantenimiento, ya que la norma de los subsectores doméstico y productivo es subsidiar los componentes tecnológicos. El desarrollo de las capacidades es necesario para ayudar a las comunidades a que aprendan cómo operar y mantener sus sistemas con los ingresos de las tarifas. De to- das formas, el desarrollo de las capacidades se necesita para esa clase de operación y mantenimiento y la recuperación de costos es la clave de la sostenibilidad. Por lo tanto, MUS puede ser un incentivo para que los proveedores de servicios públicos y las comunidades tomen en serio la recuperación de costos, además de darse cuenta de los

beneficios mayores en los medios de subsistencia, y la contribución hacia el logro de los Objetivos de desarrollo del Milenio entre los más pobres y desatendidos.

Otro mecanismo importante para asegurar MUS para los más pobres, observado en las alianzas de aprendizaje (pero que tampoco se implementó a un nivel significativo) fue tomar los objetivos más en serio. En cierto sentido, los pobres necesitan los mejores servicios de MUS aún más que los no pobres. Ser pobre es una razón mayor para tener derecho al acceso a servicios de agua para todas las necesidades. El problema es que los servicios públicos de cualquier tipo casi nunca llegan a los más pobres y que buena parte de la financiación que se moviliza en su nombre “se cuela” hacia los menos po- bres. El otro lado de la moneda es que las oportunidades para ofrecer mejores servicios a las personas que son capaces y están dispuestas a pagar por dicho servicio se explo- tan menos , porque los subsidios sólo suministran servicios mediocres para todos. Sin embargo, las tarifas diferenciales para servicios diferenciales podrían poner a la disposi- ción dinero para proveer a los más pobres con mejores MUS.

Un tercer mecanismo y, potencialmente el más poderoso para asegurar que el uso doméstico sea una prioridad, es poner fin a la idea de que esta preocupación es sólo un problema del subsector doméstico. La prioridad del uso doméstico de las personas debería ser la corriente dominante en todos los subsectores de agua y convertirse for- malmente en la prioridad transversal para todos los profesionales del sector de agua.

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