La posmodernidad no es un paradigma o una escuela filosófica; por el contrario,
es un conjunto de discursos que lo único que tienen en común es una crítica
radical a los fundamentos mismos de la modernidad. En este sentido, puede
explicarse una serie de críticas y propuestas que dan una nueva dimensión al
quehacer filosófico: “La filosofía misma ha sido llamada declarar. Porque las
actuales discusiones entre modernos y posmodernos no son una disputa entre
escuelas filosóficas, sino un interrogatorio en el que se ha tomado declaración
incluso a los convencimientos más arraigados sobre los que se edifica nuestra
manera de entender la realidad.”109
Horrkheimer y Adorno subrayan las aportaciones modernas hacia donde se
dirige la crítica. En primer lugar, el espíritu del mundo occidental; en segundo, el
concepto de sujeto, concepciones por las que surge la crisis de las expectativas
modernas.
Occidente nace con la transformación del mito en logos. Este principio es
fundamentado en la modernidad. Por ello en la Ilustración existe una
caracterización del mito. Sus características fundamentales son:
• El antropomorfismo, resultado de una proyección de lo sujetivo sobre
la naturaleza.
• La narración, producto de la necesidad de nombrar y contar para
explicar los orígenes.
• El ciclismo, los acontecimientos tienden a repetirse.
109
La concepción mítica es substituida por una visión antagónica, esto es, la
concepción racional. No obstante, el pensamiento mítico puede considerarse
como un iluminismo, pues hay una racionalidad subyacente. “Así como los mitos
cumplen ya una obra iluminista, del mismo modo el iluminismo se hunde a cada
paso más profundamente en la mitología. Recibe la materia de los mitos para
destruirlos y, como juez, incurre a su vez en el encantamiento mítico.”110
La mitificación permea en los proyectos de liberación, el desarrollo
científico, el lenguaje objetivo y en el resultado pragmático e inmediato del
conocimiento.
En este horizonte, según Vatimo, va construyéndose la concepción
antropológica. No abandona la idea del centro, heredado por la cosmovisión
mítica, y es por ello que la modernidad está imposibilitada para superar la
posición metafísica. “El hombre conserva la posición de ‘centro’ de la realidad, al
que alude la corriente de humanismo, sólo en virtud de una referencia a un
Gruñid que lo afirma en este puesto: La tesis agustiniana según la cual Dios está
más cerca de mí de lo que yo mismo estoy, nunca fue una verdadera amenaza
al humanismo, sino que más bien le sirvió de apoyo, aún históricamente”111.
Incluso la conciencia, donde subyace el hipokeimenon, constituye la esencia
humana que da unidad al hombre y a su historia.
En este sentido la crisis de la metafísica trae consigo la crisis del
humanismo. Por ello, el nihilismo de Nietzsche. La crítica a la metafísica desata
un “(...) proceso en el cual, al final del ser como tal ‘ya no queda nada’”112.
110 Max Horrkeheimer y Theodor Adorno, o. c. p. 25 1,1 Gianni Vatimo. El fin de la modernidad, p. 34. 112 Gianni Vatimo. o. c. p. 23
La desantropologización, según Jacques Derrida, surge en los tiempos de
la modernidad. Plantear lo contrario significa no haber leído con atención los
textos más significativos. La Fenomenología del espíritu no es un tratado
antropológico como suele clasificarse. Esta obra estudia la “Ciencia de la
experiencia de la conciencia, ciencia de las estructuras de la fenomenalidad del
espíritu que se relaciona consigo mismo, se distingue rigurosamente de la
antropología. En la Enciclopedia, la sección titulada Fenomenología del espíritu
viene después de la Antropología y excede muy ampliamente sus límites.”113
La fenomenología trascendental de Husserl no puede considerarse una
obra humanista, porque “Las estructuras transcendentales descritas después de
la reducción fenomenológica no son las de este ser intramundano llamado
«hombre» No están esencialmente ligadas ni a la sociedad, ni a la cultura, ni al
lenguaje, ni incluso al «alma», a la psyche del hombre.”114
La desantropologización posmoderna se hace más explícita con las tesis
de Michel Foucault. El pensador francés acuña la expresión de la disolución del
sujeto y orienta una crítica radical al humanismo. Él considera que el hombre, en
su concepción teórica, no es más que una realidad discursiva introyectada en la
mentalidad social, como un dispositivo de poder: en consecuencia, el humanismo
no deja de ser parte de la ideología dominante: “El humanismo es lo que ha
inventado paso a paso estas soberanías sometidas que son:el alma ( soberana
sobre el cuerpo, sometida a Dios), la conciencia (soberana del orden del juicio,
sometida al orden de la verdad), el individuo (soberano titular de derechos,
sometido a las leyes de la naturaleza o a las reglas de la sociedad), la libertad
113 Jacques Derrida. D e ‘L o s fin es d e l h o m b r e\ http://personales.ciudad.com.ar/M 114 Ibidem
fundamental (interiormente soberana, exteriormente consentidora y ‘adaptada’ a
su destino). En suma, el humanismo es todo aquello a través de lo cual se ha
obstruido el deseo de poder en Occidente -prohibido querer el poder, excluida la
posibilidad de tomarlo-. En el corazón del humanismo está la teoría del sujeto (en
el doble sentido del término)."115
El proceso de desantropologización contemporánea es producto de la
pérdida de certezas y desencanto de las utopías. Esta situación conduce
inevitablemente a la aceptación de lo existente como una realidad inmutable.
Desde esta perspectiva el hombre tiene que aceptar su circunstancia de función,
abandonando toda posibilidad al margen del orden sistèmico. Esta
autocomprensión viene a reforzar la presente tendencia histórica conocida como
globalización.
Ante este proceso de desantropologización práctica y teórica, es necesario
replantear el problema del hombre de una manera radical. Esto es, a mi juicio, la
importancia de la concepción humanista de Xavier Zubiri.