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Generic Definition of World-Based Grids in an XML format

4.2 Implementation of the Proposed Approach

4.2.1 Generic Definition of World-Based Grids in an XML format

Es bien sabido que los Estados Unidos de América es el país de las libertades: de comercio, de mercado, de expresión, de circulación, tanto de ideas como de personas, etc. Al menos eso es lo que proclaman sus propagandistas y su Constitución, redactada frente a las limitaciones que los regímenes europeos imponían cuando las 13 colonias proclamaron su independencia de la monarquía británica. Una de esas libertades es el tan aireado y exigido libre flujo de las informaciones.

La famosa Primera Enmienda de la Constitución afirma taxativamente que no se limitará la libre circulación de las ideas. Pues bien, he aquí en lo que últimamente se concreta este sacro- santo principio de la libertad de expresión.

Pero una cosa es lo que se enseña en la escuela y otra muy distinta el uso político que el imperialismo hace de esos con- ceptos básicos. Así, tras la II Guerra Mundial, el capitalismo se vio seriamente amenazado. Las tropas soviéticas ocupaban el centro de Europa. Se temía que llegasen a las costas atlánticas del Viejo Continente. Francia e Inglaterra, primero, y los Estados Unidos, después, se apresuraron a establecer la denominada Alianza Atlántica, unan organización militar conocida también como OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). El 4 de abril de 1949, fecha de su firma en Washington, componían esta Alianza Atlántica los EEUU, Canadá, Reino Unido, Fran- cia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal, si bien Italia y Luxemburgo carecían d costas en el Atlántico Norte y mucho menos en el Sur. Poco después (1952) se sumaron Grecia y Turquía, todavía más lejos de este océano. A continuación entraron la República Federal de Alemania (1955) y España (1982).

El artículo 5 de este tratado dice que, en caso de agresión contra un Estado miembro, todos los demás se comprometen a tomar las medidas necesarias, “incluyendo el empleo de la fuerza armada para restablecer y asegurar la seguridad en la región del Atlántico Norte”.

En 1999 se adhirieron a la Alianza Polonia, la República Checa y Hungría. En 2004 lo hicieron Rumania, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Eslovenia. Ninguno de estos países tiene costas en el Atlántico. A principios de enero de 2008 Georgia también ha votado que quiere ingresar en la Alianza Atlántica las costas del Atlántico Norte se han desplazado, al menos concep- tualmente, al Cáucaso. Más aún, las tropas de la Alianza Atlántica se hallan actualmente defendiendo, frente a su propia población, la seguridad de Afganistán, país situado en Asia Central, lejos

imperialismo, el Pentágono, haya orquestado una concomitante “ofensiva psicológica” para contrarrestarla. Por si fuera poco con sus emisoras de La Voz de América, sus agencias de noticias, su re- tahíla de organismos e instituciones de exportación cultural del american way of life, sus numerosos instrumentos para el dominio y colonización de las conciencias (USIA, USICA, OIC, etc., etc. Véase a este respecto el libro de Y. Eudes La colonización de las conciencias, entre otros muchos), el Pentágono se arranca ahora con la creación de las IO (Information Operations). Dirigidas por la Oficina de Influencia Estratégica, estas operaciones tienen la tarea de crear noticias falsas, mentir y desinformar a los medios y militares amigos y enemigos. El jefe de todos estos especialistas en guerra psicológica y relaciones públicas, el general Simon Worden pretende realizar campañas negras de desinformación y blancas de información selectiva para que se publique en todo el mundo. “En situaciones de crisis”, reza la directiva, “las Operaciones de Información cumplirían una función disuasoria y flexible para comunicar nuestros intereses nacionales”. Y más claro aún: “Las IO pueden aplicarse para conseguir resultados físicos y psicológicos de apoyo a los militares”.

Nada nuevo en el mundo. Hace casi doscientos años, el general alemán K. Clausewitz dijo ya en su famoso tratado De la guerra que la mayoría de las noticias son falsas.

La Primera Guerra del Golfo iba a ser el primer conflicto bélico televisado y luego resultó ser invisible por la ausencia de imágenes del mismo. Hoy, la estrategia del Pentágono y de la Administración del Llanero Solitario con respecto a la Segunda ha cambiado. Haciendo gala de una prepotente sinceridad se han lanzado a la compra abierta de periodistas en distintos países para que den una versión favorable de sus tesis e intere- ses, sinceridad que es de agradecer. Más aún. Quieren invitar Los EEUU, el paladín de ésta y de todas las demás liber-

tades, el de “jura, usted, decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad”; de las películas de Hollywood, oficializa ahora una práctica que viene ejerciendo desde antiguo. Baste recordar las famosas sesiones del Comité Senatorial de Activi- dades Antiamericanas durante los años de la famosa “caza de brujas”, esto es, de artistas, escritores, músicos cantantes, etc., que discrepaban de la política de su Gobierno y defendían la libertad de creación.

A finales de la década de 1970 la Unesco encargó a una Comisión, presidida por el irlandés Sean McBride, el estudio de los problemas de la comunicación en el mundo. El Informe McBride se presentó a la Asamblea General en 1980. Poco des- pués, el Gobierno estadounidense, encabezado a la sazón por Reagan, retiró a su país de dicho organismo por interpretar que la reclamación de los países pobres del Tercer Mundo a disponer de sus propias fuentes de información y a producir los conocimientos y medios necesarios para satisfacer las ne- cesidades de sus sociedades era una limitación al libre flujo de la información y la comunicación. Se consideraba que este afán era lesivo para los intereses nacionales de los EEUU, es decir, para los oligopolios de su industria de la comunicación.

Pero hoy, desaparecida la guerra fría tras el derrumbe de la URSS y de la casi totalidad de países comunistas, aparecen nuevas formas de restricción. Ante la poca credibilidad que le merece a la opinión pública del mundo, el Gobierno de los EEUU, los poderes fácticos del fascismo sin rostro amable, reaccionan con cínica sinceridad. Las frecuentes intervenciones de los soldados y marines yanquis en todo el mundo, y muy en particular las últimas de Afganistán e Irak, han levantado una inquietante ola mundial de antiamericanismo. De ahí que el brazo armado del

Sí, hay razones más que suficientes para hablar de terro- rismo mediático, esto es, de la violencia psicológica ejercida por los medios de comunicación y sus mentores.