2.5 APPROACHES TO THE IMPLEMENTATION OFMULTICULTURAL EDUCATION
2.5.1 MULTICULTURAL EDUCATION MODELS
2.5.1.1. GIBSON’S MODEL
Si no es obvio que la presencia de microorganismos dé lugar, después de algunos miles de millones de años, a animales, menos lo es que de éstos pueda surgir una civilización tecnológicamente avanzada, con los medios para viajar por el espacio cósmico o, al menos, comunicarse con sus vecinos.
Una manera de estimar grosso modo el número de civilizaciones extraterrestres con las que podríamos comunicarnos en nuestra galaxia es por medio de la llamada fórmula de Drake. En 1961, Frank Drake, radioastrónomo estadunidense, propuso una forma simple de estimar la abundancia de civilizaciones extraterrestres. Su famosa fórmula permite, en principio, calcular el número probable de tales civilizaciones; la idea, en su forma original, consiste en multiplicar el número de estrellas de la galaxia por:
1. la fracción de esas estrellas que son semejantes al Sol, 2. la fracción de ellas que tienen una masa en el rango correcto, 3. la fracción de las que poseen sistemas planetarios,
4. la fracción de sistemas planetarios con planetas habitables, 5. la fracción de planetas habitables en los que surge la vida,
6. la fracción de esos planetas en los que evoluciona una forma de vida inteligente, y
7. la fracción de civilizaciones extraterrestres que desarrollan y mantienen una tecnología avanzada.
El problema es que sólo algunas de estas fracciones que aparecen en la fórmula de Drake se conocen bien; otras son puras especulaciones. En particular, los dos factores más importantes, que son la probabilidad de que aparezca vida en condiciones apropiadas y de ahí a que ésta evolucione hasta producir seres inteligentes, son de lo más inciertos.
En cuanto a las otras fracciones, éstas permiten mantener un cauteloso optimismo. Tomando en cuenta que existen más de 100 000 millones de estrellas en nuestra galaxia, los cálculos más optimistas sitúan entre 100 000 y un millón las que podrían poseer planetas con condiciones adecuadas para el surgimiento de la vida. Y dado el tamaño de la galaxia, habría una distancia promedio de unos 100 años luz entre cada uno de esos mundos habitables. Sin embargo, también hay que tomar en cuenta, entre otras cosas, que la región central de la galaxia, donde se concentra el mayor número de estrellas, es bastante inhóspita debido a los fenómenos cósmicos de gran violencia que ocurren ahí: desde la parte central de la galaxia se emiten continuamente rayos gamma extremadamente energéticos, y las supernovas estallan con una frecuencia que pondría en grave riesgo cualquier forma de vida desarrollada en esas regiones. Nosotros vivimos en una zona bastante periférica de la Vía Láctea y la atmósfera de la Tierra es suficiente para protegernos de la mayor parte de las radiaciones letales que surcan el espacio sideral.
En realidad, tenemos muy poca idea de cuál es la fracción de planetas en los que efectivamente podría surgir la vida. Además, por muchos planetas habitables
que hubiese, si la probabilidad de que surja una civilización como la nuestra es demasiado baja, sería extremadamente improbable que hubiese seres inteligentes en algún otro rincón del Universo. Por poner un ejemplo: supongamos que algún día se lograra determinar que hay en promedio un millón de planetas habitables en cada galaxia; si la fracción de esos planetas en los que se puede originar vida inteligente es de una cienmilésima, habrá en promedio diez planetas habitados en cada una de nuestras hipotéticas galaxias; pero si esa misma fracción fuera tan baja como una diezmillonésima, habría en promedio sólo un planeta habitado en una decena de galaxias. Por supuesto, los números anteriores son totalmente inventados y sólo los presentamos a guisa de ejemplos ilustrativos, pero es importante insistir en que desconocemos los verdaderos números. Lo que sí parece evidente es que nuestra existencia se debe a un increíble azar.
Ward y Brownlee, a quienes citamos anteriormente en relación con la hipótesis de la Tierra excepcional, tienen su propia versión de la ecuación de Drake. De acuerdo con estos autores, un estimado más correcto tendría que multiplicar el número total de estrellas de la galaxia por los siguientes factores:
1. la fracción de estrellas que poseen sistemas planetarios, 2. la fracción de estrellas con planetas ricos en metales,
3. la fracción de planetas en la zona habitable alrededor de la estrella, 4. la fracción de estrellas en la zona habitable de la galaxia,
5. la fracción de planetas donde la vida puede surgir,
6. la fracción de planetas donde organismos metazoarios complejos puedan surgir,
7. el periodo de un planeta en el que pueda haber metazoarios complejos, 8. la fracción de planetas con un satélite grande,
9. la fracción de sistemas solares con planetas grandes del tipo de Júpiter, 10. la fracción de planetas con un número bajo de extinciones masivas.
Queda todavía la posibilidad de que la vida no sea producto del puro azar, sino que tenga algún origen cósmico. De acuerdo con esta interesante hipótesis, la llamada panspermia, la vida sería una especie de “epidemia” cósmica que se desarrolla en los planetas que reúnen las condiciones apropiadas. En ese caso, podría haber más mundos habitados, pero eso ya es otra clase de especulación.