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El III Plan Andaluz de Salud plantea cuatro metas en un marco político de compromiso entre el Gobierno andaluz, las Corporaciones locales, los profe- sionales y los ciudadanos.

1. Mejorar la salud de la población en Andalucía, aumentar la esperanza de vida y los años de vida libres de incapacidad.

El III Plan de Salud pretende proporcionar a cada andaluz la oportunidad de contar con una buena salud, requisito de calidad de vida, durante el mayor tiempo posible a lo largo de su existencia.

Opta por el desarrollo de un modelo integrado e innovador de salud pública. La idea es que sólo se puede considerar un país justo y desarrollado el que protege eficazmente la salud de sus ciudadanos y posibilita un entorno social y un estilo de vida saludable.

Se plantea propiciar entornos sociales, donde las personas se desenvuelvan en condiciones seguras y que favorezcan la elección de hábitos saludables. Existe un enfoque hacia los niños y jóvenes y hacia un envejecimiento acti- vo desde la modificación de hábitos de vida en edades previas a los 65 años.

Se desarrollarán estrategias específicas de promoción en centros educativos, empresas y centros de trabajo y en los pueblos y ciudades de Andalucía.

Se consolidará y diversificará el apoyo a las familias con miembros con pro- blemas crónicos de salud y discapacidades.

Se hace necesario reforzar la educación para la salud, con estrategias inter- sectoriales, para adquirir hábitos de vida saludables respecto de la dieta, el ejercicio físico, frente al tabaco, el alcohol, las drogas y el uso responsable de los medicamentos.

La política de salud pública debe igualmente hacer frente a las amenazas y los riesgos para la salud desde la protección eficaz, presidida por la trans- parencia y la información sistemática a los ciudadanos.

Mejorar la salud de los andaluces

Para dar respuesta a la morbilidad, la mortalidad prematura y la discapaci- dad, se desarrollarán Planes integrales de actuación que mejoren la efectivi- dad y la coherencia del Sistema Sanitario Público de Andalucía.

2. Contribuir desde el sector sanitario, a través de acciones intersectoriales, al desarrollo de políticas redistributivas de carácter universal, con especial atención a los colectivos desfavorecidos y en riesgo de exclusión social.

El III Plan Andaluz de Salud debe garantizar la equidad ante la salud a través actuaciones basadas en la solidaridad. Solidaridad y equidad son los ejes cen- trales del Programa “Salud para todos en el siglo XXI”, de la Oficina Europea de la OMS, que enfatiza la necesidad de reducir las diferencias sanitarias.

En este sentido, la pobreza es el mayor factor individual de mala salud, que además se relaciona con tasas elevadas de utilización de sustancias (taba- co, alcohol, drogas), depresión, suicidio, violencia y malos tratos, mayores riesgos de inseguridad ciudadana, etc.

El desempleo y la inseguridad laboral tienen también un efecto perjudicial para la salud. La educación es otro determinante de la salud, que también se refleja en el empleo y la inseguridad en el trabajo.

Otras desigualdades están dando paso a nuevos grupos de exclusión social asociados a la falta de recursos económicos y de apoyo social: inmigrantes y refugiados, discapacitados físicos o psíquicos, prostitutas, mujeres vícti- mas de malos tratos,...

Desde el sector sanitario se debe contribuir a la reducción de las desigual- dades a través de una política que mejore el acceso, cobertura y atención sanitaria de estas personas, siempre desde el trabajo intersectorial con otros Departamentos implicados.

Reducir

las desigualdades ante la salud

3. Asegurar que los ciudadanos son el eje y los profesionales los agentes clave de las políticas de salud.

Las políticas de salud en los Sistemas Sanitarios Públicos alcanzan su ver- dadera dimensión cuando, además de estar centradas en el ciudadano, cuentan con su participación efectiva. La participación es el motor que pone en marcha el compromiso compartido que ciudadanos y sociedad deben asumir respecto de los servicios de salud.

El Sistema Sanitario Público de Andalucía pretende legítimamente que los ciudadanos tengan la mejor opinión sobre su funcionamiento. Para conse- guirlo ha de asegurar los mejores resultados, un enfoque de equidad, pres- taciones óptimas y eficiencia en el empleo de los recursos. Ahora bien, para alcanzar la satisfacción del ciudadano el Sistema Sanitario Público de Anda- lucía tiene que ponerse en el lugar del usuario, establecer los mecanismos que aseguren los servicios que éste espera, satisfacer sus expectativas y garantizar sus derechos.

Desde el punto de vista del ciudadano, podemos distinguir tres fases del pro- ceso de relación con los profesionales de primera línea, proveedores de los ser- vicios sanitarios. En cada una de ellas la participación debe estar presente.

La primera fase, la racional, corresponde a la percepción de la calidad cien- tífico-técnica que el ciudadano tiene del profesional, de la habitabilidad, del confort y la seguridad de las instalaciones.

La segunda fase es la emotiva. Nace de la relación usuario-profesional a lo largo del proceso asistencial. Superada la primera fase, si la segunda es satisfactoria, se habrá generado un sentimiento de seguridad en el usuario.

La tercera fase corresponde a la superación satisfactoria de las fases racional y emotiva, que se transformará en un sentimiento de carácter superior, un valor, identificado como un sentimiento de confianza de pacientes y usuarios con el Sistema Sanitario Público de Andalucía y, por extensión, en los ciudadanos. Atención centrada

4. Impulsar cambios a través del progreso científico sobre

el genoma humano, la investigación y la incorporación de avances tecnológicos.

La sociedad actual es considerada por unos como “del conocimiento” y por otros, “de la información”, en referencia al papel que la información, las nuevas tecnologías y el conocimiento al alcance de la mano están desem- peñando en la manera de relacionarse las personas y la sociedad.

En el sector sanitario este proceso se acentúa dada la importancia que tiene la salud. La demanda de información por parte de la sociedad crece día a día. Este fenómeno es aún mayor en el ámbito de la salud. Los ciudadanos quieren saber no sólo los últimos avances en Medicina, los nuevos trata- mientos y opciones terapéuticas o la aplicación práctica de los conocimien- tos sobre el genoma humano, sino también cómo prevenir enfermedades, cómo mejorar la salud y qué evidencias científicas y terapéuticas existen sobre una enfermedad.

Por otro lado, la investigación constituye uno de los pilares fundamentales para el desarrollo y el fomento de la salud pública, por lo que el objetivo en este ámbito debe ser consolidar una cultura de investigación de excelencia, haciéndola converger con proyectos del resto del Estado y de Europa.

Los avances científicos en el ámbito del genoma humano van a suponer importantes transformaciones profesionales, en los valores sociales y tam- bién en la organización sanitaria, que debe adaptarse a los cambios hasta convertirlos en oportunidades de progreso.

La evaluación sistemática de las nuevas tecnologías sanitarias y la conexión de los centros, profesionales y ciudadanos en red abren un mundo de posi- bilidades de mejora y cooperación.

En este contexto, es posible impulsar cambios en la esfera de la salud apro- vechando las oportunidades que nos brindan los avances científicos y los desarrollos de la investigación.

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