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Glossary

In document Financial report. EU budget 2011 (Page 109-118)

Section III — Expenditure

Annex 6 Glossary

Pese al carácter cuantitativamente menor que las imágenes del trabajo femenino en la retaguardia tuvieron en el conjunto de la propaganda bélica del bando nacional, una temprana producción de Falange como Los conquistadores del Norte (1937) resulta sumamente elocuente del papel que se otorgó a las mujeres falangistas —alistadas en el Auxilio Social o en la SF— en la empresa de reconstrucción de la patria que gracias a la Guerra Civil se estaba emprendiendo, de acuerdo con sus propias proclamas propagandísticas (Bizcarrondo, 1996; Tranche y Sánchez-Biosca, 2011). La pieza, como sugiere su título, se centra en la “conquista” de Bilbao —posteriormente las ocupaciones pasarían a llamarse liberaciones55—, ciudad a la que la población civil puede volver tras haberse embarcado “con rumbo al Norte en los meses de contubernio rojo separatista”, según reza la exaltada y virulenta narración. En el puerto, las mujeres del Auxilio de Invierno atienden a la población necesitada e introducen dentro del relato épico un matiz melodramático a través de la conmovedora escena en que estas ofrecen comida y atienden a niños y bebés [4-5].

4-5. Los conquistadores del Norte (1937)

Estamos ante un tipo de escenas que posteriormente tendrían una destacada presencia en El Noticiario Español, gracias al protagonismo que en él tuvo el Auxilio

55 Como ha observado Sánchez-Biosca, el empleo del término “liberación” obedecía, de acuerdo con la mentalidad falangista, a una doble lógica: por un lado, dar cuenta del sentido de reconquista del territorio y, por otro, del rescate de sus habitantes, sometidos por una supuesta fuerza externa previamente establecida en el lugar (en Tranche y Sánchez-Biosca, 2011: 203).

Social (en total, once noticias) y que, sin duda, constituyen una dimensión importante y complementaria del leitmotiv destrucción vs. reconstrucción sobre el que pivotó la propaganda del bando nacional. En este caso, y apelando fundamentalmente al pathos, las noticias muestran por un lado una la población pauperizada y vulnerable —y generalmente los receptores de la ayuda son mujeres, niños y ancianos; es decir, quienes que no estaban en el frente— y por otro a las asistentes falangistas que, con su sempiterna sonrisa, sacian su hambre y frío, lo que no es óbice, para que, a menudo, estas escenas transmitan un profundo sentimiento de dolor y humillación entre los asistidos56 [6-7].

6-7. El Noticiario Español (núm. 14, febrero de 1939)

8-9. Los conquistadores del Norte (1937)

Sin embargo, lo que nos interesa subrayar en este punto es cómo en Los conquistadores del Norte la cámara se distancia todavía más de la primera línea del frente, cuyo fuego ha sido recién apagado, para realizar una exaltada loa del trabajo femenino [8-9]. Y así el comentario señala:

56 No en vano, las imágenes fijas y en movimiento del Auxilio Social serían las que en las postimetrías de la dictadura el director Basilio Martín Patino montaría en Canciones para después de una guerra (1971) al ritmo

de La bien pagá (interpretada por Antonio Molina) para denunciar en clave irónica no solo la terrible

hambruna que imperó en la inmediata posguerra, sino también la humillación económica y moral —

ímplicita en este tipo de asistencia social— de la que fue víctima buena parte de la población civil y, especialmente, la perteneciente al bando republicano.

Toda la juventud española está al servicio de la patria. Las muchachas trabajan en las labores de retaguardia. ¿Cuántas hay en España? Contadlas en los talleres, oficinas, hospitales, laboratorios y en todas las organizaciones Allí están, serias, austeras, conscientes del momento duro que están viviendo. El trabajo sigue con ritmo eficiente, implacable, atentos el pensamiento y el brazo a las necesidades de la patria. También trabajan las mujeres curtidas al sol. No importan los callos ni las heridas, son flores sangrantes del triunfo. España entera es milicia y la milicia es austeridad, trabajo, resistencia y silencio. ¡Son muy hombres estas mujercitas de España! Al filo de la madrugada todas están en pie. Cuando el sol quema, escarba en la memoria el himno de la Falange: Cara al sol. [Énfasis nuestro en cursiva]

Establecida la división entre frente y retaguardia en función del género, este fragmento de la locución presenta sin ambages la patria —término que significativamente aquí sustituye a guerra— como una empresa común que se rige por idénticos valores castrenses (“España entera es milicia”), explicitando cómo durante los conflictos bélicos la supremacía del soldado es la que pauta la jerarquía y moralidad social oficialmente aprobada, de forma que no solo algunas mujeres, sino toda la retaguardia queda moralmente sujeta a la autoridad masculina encarnada en el soldado (Caine y Sluga, 2000: 189). El documental, no obstante, lejos de presentar la retaguardia como un espacio afeminado, procede a su masculinización provocando un revelador trasvase en los valores de género y una caracterización ambivalente de las mujeres. Prueba de ello es la llamativa afirmación “¡Son muy hombres estas mujercitas de España!”. Así, el diminutivo “mujercitas” no parece inocente y, bajo nuestro punto de vista, está destinado a contener buena parte del potencial subversivo de dicha afirmación; mientras que su calificación como “hombres” pretendería dotar de virilidad y supremacía al bando nacional en su conjunto. Por otra parte, nos encontramos también ante una exaltación del trabajo femenino en el que convergen cualidades tradicionalmente negadas a las mujeres como la capacidad intelectual y la fuerza física (“atentos el pensamiento y el brazo a las necesidades de la patria”)57, bajo unos principios rectores militares: “austeridad, trabajo, resistencia y silencio”.

Como ya vimos en el capítulo tercero, una situación excepcional como la Guerra Civil propició la transgresión de normas y pautas de conducta respecto a los roles de género. Así, las mujeres de Falange no solo pudieron exhibir abiertamente —en sus discursos, publicaciones y desfiles públicos— los valores exaltados por el partido, como la disciplina, la entrega, el arrojo o el sacrificio, encarnando una identidad falangista femenina distintiva (Blasco Herranz, 1999; Carabias, 2003; Ofer, 2009;

57 En este sentido conviene recordar que, en una de sus afirmaciones más citadas, Pilar Primo de Rivera negó la autonomía del raciocinio femenino: “Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho” (“Primer Consejo Nacional del Servicio Español de Magisterio”, Madrid: Afrodisio Aguado, 1943, en Martín Gaite, 1987: 77).

Cenarro, 2011), sino que, como esta temprana pieza cinematográfica permite apreciar, también fueron representadas de acuerdo con los mismos atributos desde las instancias propagandísticas masculinas del partido. Es cierto, como también señalamos, que la labor de las mujeres de Falange durante la Guerra Civil —y de forma más clara la de aquellas vinculadas al Auxilio Social— se canalizó hacia actividades consideradas apropiadas de su sexo, pero también que el mero hecho de tomar parte en la campaña desde la retaguardia fue considerado un acto (femenino) patriótico tan ineludible como heroico. El discurso de Pilar Primo de Rivera durante el II Consejo Nacional de la Sección Femenina (1938) resulta iluminador al respecto. Por un lado, y ya lo indicamos en el capítulo tercero, dejó claro que la movilización de las mujeres era transitoria y que, finalizada la guerra, debían reintegrarse en el seno de la familia. Por otro, vislumbrando ya este final, la Delegada Nacional se apresuró a elogiar la labor patriótica de las mujeres falangistas:

[…] sin preocupación de vosotras ni de la organización, os entregasteis por entero a la patria; porque también a vosotras os puso España unas armas en la mano, con las que teníais que ir rehaciendo todos los destrozos que en las almas y en los cuerpos de nuestros hombres y de nuestros niños producía la revolución. Y por eso os afanasteis en los talleres, en los lavaderos, en los comedores; por eso a la que faltó a esos trabajos, en donde hay sitio para todas, se la consideró ausente de la patria y de mala calidad. (Primo de Rivera, 1942: 5)

En consonancia con este marco discursivo, dos noticias incluidas en El Noticiario Español estuvieron dedicadas a mostrar cómo, gracias a estas “armas” falangistas específicamente femeninas, la SF pudo articular durante la Guerra Civil su propia mitología heroica (Blasco Herranz, 1999: 44-55; Ofer, 2009: 58-67) y también cómo la producción cinematográfica participó, aunque en menor medida que sus medios impresos, en su difusión. Por un lado, el número 11 (diciembre de 1938/enero de 1939) incluye la única noticia protagonizada por la SF en la que sus afiliadas aparecen realizando labores de asistencia directamente vinculadas al curso de la guerra. En esta ocasión, como lavanderas en el frente. Lo significativo de la pieza titulada “Frente de Madrid” es la tensión —e incluso contradicción semántica— que, a nuestro juicio, se establece entre las imágenes y la narración. Mientras que las tomas muestran a las mujeres alegres y ufanas lavando ropa en el río, tendiendo y cosiendo en un entorno rural tranquilo y relajado [10-13], el over, seco y tajante, trata de imprimir a las imágenes un brío del que carecen per se:

En todos [INAUDIBLE] funcionan unos lavaderos de Falange Femenina servidos por las abnegadas camaradas de la organización, estas muchachas se acercan diariamente a las trincheras, recogen, lavan, planchan y repasan la ropa, entregándosela a los

soldados y mitigando así los rigores de la estancia en las vanguardias. Algunas de ellas han realizado proezas heroicas y han sufrido prolongado cautiverio.

Pese a sus carencias expresivas58, debemos señalar que estas imágenes de la retaguardia sirven, al calor de la contienda, para valorizar en clave patriótica las labores femeninas y dejar constancia de que tanto las penurias como las recompensas de la guerra (el cautiverio y el reconocimiento público) se produjeron también entre las mujeres de Falange. Aunque, como hemos señalado, las tomas de la noticia, claramente organizadas para el dispositivo cinematográfico, parecen incapaces de transmitir los valores asociados al heroísmo (como la fortaleza, la intrepidez o el sufrimiento) que, por el contrario, la representación de la retaguardia tuvo en los numerosos artículos que la revista Y dedicó a sus heroínas y mártires de guerra (Carabias, 2003: 380-447) y que, en ocasiones, resultan sorprendentes por la fuerza física, el patetismo o el orgullo en el cumplimiento del deber que desprenden las ilustraciones [14-16].

10-13. “Frente de Madrid”, en El Noticiario Español (núm. 11, diciembre de 1938/enero de 1939)

14. La afiliada María Moreno en el frente, en Y (núm. 15, mayo de 1939)

15. Representación de la muerte de la afiliada María Paz, en Y (núm. 28, mayo de 1940)

58 En este sentido cabe señalar que, tal y como ha expuesto Sánchez-Biosca, las dificultades técnicas del registro en directo (e incluso el hecho de que buena parte de los realizadores del bando nacional tuvieran experiencia previa en el campo de la ficción) propiciaron una aproximación más evocativa —a menudo con el recurso a las recreaciones— que realista al conflicto, lo que sin duda influyó en las tensiones entre imagen y relato oral que se pueden apreciar en otras noticias y reportajes y que aquí también apuntamos (Tranche y Sánchez-Biosca, 2011: 140-170).

16. Portada de Y (núm. 6, julio/agosto de 1938) (izquierda)

17. Las hermanas Larios en la noticia “Oropesa. Imposición de condecoraciones”, en El Noticiario

Español (núm. 10, diciembre de 1938) (arriba)

Este reconocimiento de la labor heroica femenina en la retaguardia, del que la noticia “Frente de Madrid” solo puede dar cuenta mediante la narración (“Algunas de ellas han realizado proezas heroicas y han sufrido prolongado cautiverio”), será explícito, en su vertiente simbólica, en el documental La Concentración de la Sección Femenina en Medina del Campo (1939) y también en la pieza de El Noticiario Español titulada “Oropesa. Imposición de condecoraciones” que retrata un acto de reconocimiento castrense a “aquellos que se distinguieron por su heroísmo en la campaña” (núm. 10, diciembre de 1938). Se trata de una ceremonia de carácter mixto donde militares y enfermeras son objeto de idéntico homenaje y en la que se premia indistintamente el valor de los unos y las otras. En concreto, se reconoce la labor de las hermanas Larios [17], enfermeras que fueron hechas prisioneras en Brunete, posteriormente trasladadas a Valencia y merecedoras por su servicio y cautiverio de la Medalla del Mérito Militar. Y así ambas ocupan un lugar central en la noticia, como el comentario permite apreciar:

Entre los condecorados con honrosas y diversas distinciones de guerra figuran fuerzas del ejército, el general Bartomeu, el falangista Enrique Botica y las enfermeras María Isabel y María Luz Larios, las heroicas y abnegadas enfermeras de Brunete, hechas prisioneras por el enemigo en acto de servicio y rescatadas después por el gobierno nacional. Ejemplo de una juventud valerosa que nada teme cuando se trata del sacrificio por España y ejemplo también ante el mundo el de estas muchachas aristocráticas que tan alto pusieron el nombre y el prestigio de España.

En definitiva, ambas se proponen aquí como exponentes de la heroicidad femenina española derivada del ingreso de la mujer en la escena pública de la guerra y como ejemplo para la mujer nacional-sindicalista, que abandona las comodidades del

hogar (y en este caso, de acuerdo con el discurso populista de Falange, también las de su clase social) para trabajar en el engrandecimiento de la patria, en consonancia (aunque con una retórica más directa y austera) con el panegírico que Agustín de Foxá dedicó a las hermanas Larios en la publicación Y, que consideramos oportuno reproducir parcialmente:

Porque ya sabe curar heridas la mano que hacía volar el abanico. Y es que José Antonio ha entrado en el salón isabelino donde sonaba el vals y ha arrojado a los piropeadores. El soñó estas muchachas de Falange, alegres, uniformadas y decididas, recogiendo la mies y tostándose la cara, vareando olivos o cantando el himno de los Luceros entre los sangrientos racimos de agosto. […] Ya conocen la vida y la muerte y la zozobra del triunfo (“Dos muchachas de Brunete”, Y, núm. 1, febrero de 1938: 29).

In document Financial report. EU budget 2011 (Page 109-118)

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