te de aire que sale de los pulmones al exterior. Ciertas lenguas, como la de los hotentotes y la de los bosquimanos, en Sudáfrica, poseen también algunos sonidos inspiratorios, esto es, pronunciados, mediante la absorción del aire, en diversos puntos de contacto bu
cal. Son los llamados clicks.
sino que, como ocurre en inglés, esto sea algo más o menos fortuito, o a lo sumo un fenómeno retórico, mientras que en otros idiomas, como en sueco, en li tuano, en chino, en siamés y en la mayor parte de las lenguas africanas, esas diferencias pueden estar más finamente matizadas, y pueden sentirse como caracte rística integrante de las palabras mismas. A las dife rencias en el modo de constituir las sílabas se deben también muchas diferencias acústicas notables. Pero más importantes que todo lo anterior son quizá las variadísimas posibilidades de combinar los elementos fonéticos. Cada idioma, tiene sus peculiaridades. Por ejemplo, la combinación ts se encuentra tanto en in glés como en alemán, pero en inglés sólo puede pre sentarse en final de palabra, como en hats [‘sombre ros’], mientras que en alemán aparece en cualquier otra posición, como equivalente psicológico de un solo so nido, por ejemplo en Zeit [‘tiempo’], Katze [‘gato’l. Algunos idiomas admiten grandes amontonamientos de consonantes, o grupos vocálicos (diptongos), mientras que en otros nunca se encontrarán dos consonantes o dos vocales seguidas. Muchas veces un sonido no apa rece sino en una posición especial, o en circunstancias fonéticas especiales. En inglés, por ejemplo, el sonido z de azure no puede darse en principio de palabra, y el timbre peculiar que tiene la t de sting depende del hecho de que va precedida de s. Estos factores diná micos, en su totalidad, son tan importantes para la adecuada comprensión del genio fonético de un idioma como el propio sistema sonoro, y a menudo mucho más importantes.
Ya hemos visto, de manera incidental, que los ele mentos fonéticos o ciertos rasgos dinámicos, como la cantidad v el aceito, tienen “valores” psicológicos va riables. El grupo ts de la palabra inglesa hats no es sino una t seguida de una s funcionalmente indepen diente, mientras que el sonido ts de la palabra alemana
Zeit tiene un valor integral, equivalente, digamos, a la
t de la palabra inglesa tide. Asimismo, la t de time es, desde luego, perceptiblemente distinta de la t de sting, 6 6 LOS SONIDOS. DEL LENGUAJE
pero la diferencia, para la conciencia de una persona de habla inglesa, no tiene la menor importancia. No tiene “valor". Si comparamos los diversos tipos de t del haida (idioma indio hablado en las Islas de la Rei na Carlota), nos encontramos con que precisamente esa misma diferencia de articulación tiene un valor real. En una palabra como sting, ‘dos', la t se pronuncia exacta mente como en el sting inglés, pero en sta ‘de' [indi cando procedencia], la t es un sonido claramente “as pirado", como la t de la palabra inglesa time. En otras palabras, una diferencia objetiva que carece de impor tancia en inglés posee un valor funcional en haida; des de el punto de vista psicológico de esta lengua, la t de
sting es tan distinta de la de sta, como desde el punto de vista de la persona de habla inglesa son distintas la
t de time y la d de divine. Estudiando este punto más de cerca, llegamos al interesante resultado de que al oído haida la diferencia entre la t de sting y la d de
divine le resulta tan sin importancia como al oído inglés ingenuo le resulta la diferencia entre las dos t, la de sting y la de time. Así, pues, la comparación ob jetiva entre los sonidos de dos o más idiomas no ten drá ninguna importancia psicológica o histórica si no se procede antes a “pesar” estos sonidos, si no se deter minan sus respectivos “valores” fonéticos. Estos valo res, a su vez, son una consecuencia del comportamien to y funcionamiento generales de los sonidos en el había misma.
Estas consideraciones en torno al valor fonético nos llevan a una idea muy importante. Tras el sistema puramente objetivo de sonidos que es característico de un idioma, y al cual sólo se puede llegar mediante un escrupuloso análisis fonético, existe un sistema más res tringido, un sistema “interno” o “ideal” que, aunque quizá igualmente inconsciente en cuanto tal sistema para el hablante ingenuo, puede mostrarse en la esfe ra de su consciencia con mucha mayor facilidad que el otro, en cuanto esquema coherente, en cuanto meca nismo psicológico. El sistema sonoro internó podrá es tar encubierto y sofocado por el sistema mecánico o de LOS SONIDOS DEL LENGUAJE 6 7
poca importancia, pero fio por ello deja de ser un prin cipio real, un principio inmensamente importante en la vida de una lengua. Puede persistir como una estruc tura, en la cual quedan comprendidos número, relación y funcionamiento de los elementos fonéticos, aun mu cho después de haberse cambiado su contenido foné tico. Puede darse el caso de dos idiomas o dialectos históricamente relacionados que no tengan un solo so nido en común, pero cuyos sistemas sonoros ideales sean estructuras idénticas. No quiero dar a entender, ni por un momento, que esta estructura sea algo in mutable. Puede contraerse, puede ensancharse, puede cambiar en cuanto a su complexión funcional, pero el ritmo de sus cambios es infinitamente menos rápido que el de los sonidos en cuanto tales. Así, pues, cada idioma está caracterizado no sólo por una estructu ra gramatical definida, sino también, y en la misma proporción, por su sistema ideal de sonidos y por la estructura fonética subyacente (sistema de átomos sim bólicos, si se nos permite decirlo así). Tanto la es tructura fonética como la conceptual demuestran el sen tido de la forma, característica instintiva de la lengua.18
i» Los especialistas en lingüística no suelen entender como es debido el concepto del sistema fonético ideal, de la estructura fonética de un idioma. Desde este punto de vista, un observador cualquiera de un idioma, sin preparación alguna, con tal de que tenga buen oído y un auténtico instinto para el lenguaje, está a menudo en situación mucho más ventajosa que el foneticista me ticuloso, siempre en peligro de quedar empantanado entre la masa de sus observaciones. En otra ocasión he aprovechado ya la ex periencia que he tenido al enseñar a los indios a escribir su propia
lengua. Esta experiencia nos proporciona aquí pruebas igualmente valiosas. Me encontré con que era difícil o imposible enseñar a un indio a hacer distinciones fonéticas que no corresponden a “puntos dentro de la estructura de su idioma”, por mucho que estas di ferencias impresionen nuestro oído objetivo; pero otras sutiles dife rencias fonéticas, apenas perceptibles por el oído, eran expresadas con facilidad y rapidez en forma escrita cuando coincidían con al guno de los “puntos de la estructura” . Al observar cómo mi in térprete nootka escribía su lengua, tenía la curiosa sensación de que
transcribía una corriente ideal de elementos fonéticos . que él oía
— de manera inadecuada desde un punto de vista puramente obje tivo— como la intención del rumor concreto del habla.
IV
L,A FORMA EN E L LENGUAJE: