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En el ámbito laboral chocaron las expectativas creadas entre la clase trabajadora y muy especialmente entre el campesinado tras en triunfo del Frente Popular con la cruda realidad que les correspondió vivir. Una situación de miseria y pobreza, acompañada de un alto índice de paro, en una crisis económica galopante. Por eso los obreros exigieron medidas inmediatas aunque fuesen de corto alcance para tener algún trabajo con el fin de comer. Y hay que tener en cuenta la imagen que de la Guardia Civil tenían los campesinos. Era un odio feroz hacía esta como consecuencia de lo sufrido en periodos anteriores y que se reforzaba con referencias como la de Casas Viejas. Significa que la imagen que se tenía del otro, era de enemigo total. Por ello, los conflictos campesinos que eran escasamente radicales y violentos generaron incomprensiblemente un número alto de muertos.

Las protestas y movilizaciones campesinas fueron desesperadas debido a la situación de pobreza y a la poca esperanza en mejorar su situación, que les llevó a adoptar posturas de presión que les propusieron los líderes de la FNTT, entre ellas, la ocupación de tierras, aunque recomendaban evitar enfrentamientos. Además estos contaban con la comprensión y el apoyo de los ayuntamientos socialistas los cuales fueron permisivos con algunas acciones no legales como la caza furtiva, robo de leña de los montes o cereales, tala de árboles y ocupación de tierras. En estos meses se acumularon muchas denuncias en los ayuntamientos de Almansa, Bonete, Madrigueras, El Bonillo, Villamalea y Yeste. Los dos conflictos con muertos y heridos ocurridos en la provincia de Albacete se iniciaron como consecuencia de la invasión de fincas para la tala de árboles y roturación de tierras en Bonete y Yeste. También fue frecuente el reparto de jornaleros en paro que debían contratarlos obligatoriamente los propietarios agrarios los cuales protestaban al no disponer de tarea productiva en estos meses del año.

Realizaron 17 huelgas de poca duración, con escasa conflictividad donde no se registraron muertos ni heridos. Cifra muy alta para una provincia sin tradición conflictiva. Once fueron de carácter rural y seis en otras actividades. En las ciudades localizamos tres en el sector industrial del calzado, ubicadas en Almansa y de corta duración, menos una de ellas que fue de quince días; otra en los servicios de ferrocarril de Almansa, una en el sector de bares y espectáculos localizado en la capital y otra de transportes en Casas Ibáñez17.

La mayor parte de las huelgas campesinas se realizaron para protestar por el incumplimiento de las leyes laborales y por falta de empleo. Fueron de breve duración y no hubo violencia, excepto en una. Se realizaron en Alborea, Villaverde de Guadalimar, Hellín, Pozo-Cañada, Caudete, Minaya, Hellín y Villalgordo del Júcar. La única que

Congreso  La  España  del  Frente  Popular   164   duró cinco días fue la realizada en Hellín por no cumplirse la ley de laboreo forzoso que tras una infructuosa negociación se inició el 30 de abril, apoyada por piquetes. Hubo detenciones y el paro se alargó hasta el 4 de mayo en que se volvió al trabajo gracias a la liberación de los detenidos y al compromiso de los patronos de dar faena a algunos obreros.

Los dos conflictos campesinos sangrientos fueron como consecuencia de la ocupación de tierras privadas en Bonete y Yeste y que causaron un alto número de muertos y heridos. El 25 de marzo de 1936, vecinos de Bonete talaron árboles en la finca de Julián Zuazo, donde acudió la Guardia Civil con la finalidad de conseguir su desalojo, pero estos no obedecieron. Dos de los guardias se marcharon al Ayuntamiento para ponerlo en conocimiento del alcalde. Al llegar al consistorio se encontraron con una multitud que les rodeó. El cabo Joaquín Alcázar levantó su fusil y un grupo se abalanzó contra el, produciéndose un forcejeo con varios disparos, uno de ellos hirió mortalmente al cabo y hubo cinco heridos. Llegaron refuerzos y detuvieron a diecisiete personas que fueron “apaleadas” en el interrogatorio.

En Yeste18 se venía realizando tala de árboles y roturación de tierras en propiedades del Estado desde el 15 de mayo, según las denuncias presentadas por los guardas. Hasta que los vecinos de la aldea de La Graya (Yeste) invadieron tierras de propiedad de Antonio Alfaro y este solicitó la presencia de la Benemérita que dialogó con ellos y cesaron en su acción, marchando juntos hasta la aldea de La Graya, donde ésta y el pedáneo acordaron el reparto de jornaleros entre los propietarios. Al día siguiente, se presentaron a trabajar pero algunos propietarios se negaron a admitirlos y no les pagaron al final del día. Entonces los jornaleros decidieron volver a ocupar las tierras, interviniendo nuevamente la Guardia Civil que consiguió el abandono de la propiedad, con la promesa de lograr una salida a la situación. Esto demuestra que en dos ocasiones ésta colaboró en la búsqueda de una solución al conflicto.

Sin embargo, por la noche, fue rodeada la fonda donde estaba la Benemérita por un grupo exaltado de campesinos jóvenes que portaban palos y ganchos empleados en el transporte de la madera que, en actitud agresiva, pretendiendo entrar en la fonda. Aquella lanzó disparos al aire y apresaron a seis jóvenes. Estas detenciones fueron comunicadas a la Comisión Gestora para que mediase en su liberación y a los compañeros para que se solidarizasen con los presos.

En la madrugada del día siguiente, salieron de La Graya, diecisiete guardias civiles custodiando a los seis presos, rodeados de una multitud amenazante que solicitaba su liberación y les acompañaron, a cierta distancia, en el trayecto hasta Yeste. Al mismo tiempo en el pueblo, el presidente de la Comisión Gestora, Germán González llegó a un acuerdo con el jefe de la Guardia Civil. Se procedería a liberar a los detenidos y aquel se comprometía a llevarlos posteriormente ante el juez. Nuevamente hay una negociación con la finalidad de evitar el conflicto entre el mando de la Guardia Civil y un alcalde socialista, lo cual nos indica que también hubo actitudes conciliadoras.

Para trasmitir dicha liberación salieron al encuentro de los presos desde Yeste un oficial de la Benemérita y tres guardias civiles junto a dos gestores del Ayuntamiento. Cuando estos llegaron ante los guardias y los presos procedentes de La Graya, el brigada comunicó que se les concedía la libertad a los presos. Estallaron gritos de alegría entre la multitud. Pero la tensión y odio acumulado provocó que entre guardias y paisanos se entrecruzasen insultos y golpes. El jornalero Miguel Tauste arrebató el arma a Guardia Pedro Domínguez y le disparó causándole la muerte. La Guardia Civil disparó inmediatamente sobre la muchedumbre. El teniente de alcalde, Andrés Martínez

Congreso  La  España  del  Frente  Popular   165   intervino para pedir tregua, pero el brigada que le había acompañado disparó sobre él causándole la muerte. En este enfrentamiento murieron once campesinos y un Guardia Civil y resultaron varias personas heridas. Cosas del destino, cuando ya se había resulto el problema con la liberación de los presos, una acción descontrolada generó un resultado tan desastroso.

La gestión para solucionar el conflicto fue ejemplar. La Guardia Civil colaboró para sacar a los jornaleros de la propiedad en dos ocasiones, luego en la negociación con el presidente de la Gestora que finalizó en el acuerdo de librarlos y finalmente enviando al brigada para encontrarse con los presos para comunicárselo. Las autoridades locales negociaron en todo momento la solución del conflicto, mediando entre los obreros y la Guardia Civil. La causa inmediata e invisible fue el odio ancestral acumulado que había entre el campesinado y Guardia Civil que les llevó a enzarzarse en una pelea cuando en problema estaba resuelto.

Lo que sucedió después de la refriega fue una reacción desmesurada y vengativa de la Guardia Civil en respuesta a la muerte de un compañero, ocasionada por un jornalero. Los campesinos asustados huyeron por el monte y los guardias les persiguieron disparando contra ellos y causando seis muertos más. Uno de ellos, estaba al servicio del alcalde que recogía los jornales heridos cuando le dispararon.

Se creó una situación de terror entre la población yestana tal que muchos huyeron al monte y se refugiaron en casa de algún familiar que viviese fuera del pueblo con el fin de escapar a tan brutal represión. Esta situación de tensión la sufrieron en sus propias carnes los tres diputados a Cortes (un socialista, un comunista y uno de UR) que llegaron dos días después a Yeste para recabar información de lo acaecido. Su coche fue detenido por la Guardia Civil, entonces se identificaron como parlamentarios pero uno de ellos dijo que bajaran del coche para cachearlos, ante lo cual otro pidió disculpas y les dejaron continuar. En vista de la situación José Prat solicitó al Subsecretario de Gobernación que sustituyesen a la Guardia Civil de Yeste por guardias de Asalto quien la trasmitió al gobernador civil de Albacete. Pero éste solo consiguió poder enviar a un delegado acompañado de seis guardias de Asalto que estuvieron bajo las órdenes de la Benemérita. El telegrama enviado por el socialista Eleazar Huerta a José Prat sobre este tema insinúa la negativa de la Guardia Civil a ser sustituida y solo aceptaron el desplazamiento a Yeste de la Guardia de Asalto siempre que estuviesen bajo sus órdenes y finaliza la carta indicando que «si esto es así, la cosa es muy grave»19. Se insinúa que en esta ocasión el poder militar no se sometió al poder civil. Es muy posible que por estas fechas la Guardia Civil de Yeste estuviese comprometida con el pronunciamiento militar y de aquí su negativa a ser sustituida por la de Asalto.

Este grave suceso afectó al Gobierno del Frente Popular que se encontraba en una situación difícil. Atacado por la derecha que había organizado una campaña acusándole de ser el responsable de la anarquía, los desórdenes públicos y las huelgas. El Gabinete se reunió el 30 de mayo y deseaban saber la opinión de Largo Caballero sobre la actitud socialista en el debate en las Cortes, respondiendo este que no solicitaría el cese del Gobierno ni convocarían una huelga general. Había tenido en cuenta la amenaza militar y lo inapropiado del momento para provocar una crisis de Gobierno. Los comunistas, a través de Mundo Obrero, indicaron que realizarían una interpelación y solicitarían una reestructuración del Gobierno. Pero al conocer la postura de la minoría socialista, presidida por Largo Caballero, cambiaron su estrategia y se adhirieron a esta. Los distintos líderes de derecha acudían a las Cortes con el deseo de no participar en el debate ya que sus intervenciones podrían aglutinar a la izquierda y

Congreso  La  España  del  Frente  Popular   166   esperaban que se produjesen fricciones entre los partidos del Frente Popular. La Comisión Parlamentaria presidida por el socialista albacetense José Prat presentó el 5 de junio ante las Cortes una proposición no de ley, solicitando al Gobierno que informase sobre lo ocurrido en Yeste y las medidas adoptadas. Prat relató los sucesos resaltando que cuando la Guardia Civil ya había dominado la situación, siguieron dispararon contra población indefensa, cuando no estaba justificado el empleo de la fuerza que causó seis muertos más y varios heridos. Prat retiró la interpelación presentada para no causar problemas al Gobierno. De esta manera se resolvió esta posible crisis de Gobierno.

Deseo finalizar con estas dos visiones de coetáneos que reflexionan y describen la realidad española de la primavera de 1936. Se trata de la opinión de Miguel Unamuno y de las palabras de Baldomero Argente, liberal, diputado por Guadalajara durante la Restauración y gran amigo del Conde de Romanones. Miguel de Unamuno describe la situación en julio de 1936 hablando de «actos de desesperación, de estallidos de conciencias dolientes —mental y moralmente— que se deshacen», señalando que «Hay sin duda una íntima relación entre la criminalidad pasional, social o vulgar y la violencia que se desencadena en las luchas políticas de nuestra guerra civil». Mas adelante afirma que «La política no tiene entrañas». Y por eso cuando señalo que se han tomado medidas claramente injustas, ellos me ha contestado «que no se trataba de justicia, sino de política»20.

La otra visión corresponde al liberal, Baldomero Argente que envía una carta, el 23 de junio, al conde de Romanones desde Villarrobledo (Albacete) exponiéndole su visión sobre la situación en la Mancha. Es un documento privado entre dos personas que podemos situar ideológicamente en el centro derecha. Nos ofrece su visión de la realidad que el percibe como no violenta, ni conflictiva. Nos dice «Aquí en estos pueblos de la Mancha, las gentes están tranquilas. Aún no se ha comenzado a segar. Y los obreros se muestran razonables». Respecto a las derechas comenta, «Mientras más cierren por la derecha el camino a un nuevo gobierno, más indispensable hacen la supeditación de los precarios gobiernos de izquierdas a las gentes obreras ¿Es que piensan en que la situación cambie por la fuerza? Pues corren el riesgo de provocar una catástrofe»21.

Estas reflexiones de dos liberales que desde una posición de centro y nada apasionada nos describen esta España de la primavera de 1936, así como otros documentos han de ser tenidos en cuenta por los que trabajamos a cerca de esta etapa tan convulsa y no dejarnos contagiar por los datos estadísticos ni las versiones triviales, evitando con ello, caer en actitudes partidistas.

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