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1 Introduction

1.2 Groups and targeting

del raspachín se desplaza por antonomasia a las manos como el signo más distintivo de su retrato- relato.

Propuesta: Acción estética - palabra y escritura.

Responde la propuesta de creación a un régimen estético de las maneras de hacer del arte relacional planteado por Nicolás Bourriaud, respecto de las experiencias artísticas surgidas en los años noventa en Europa. Presenta, las tensiones de una producción artística que interpela al arte

mismo en su pertinencia social, cultural e histórica; que entiende el destino de la “obra de arte” como cadáver, en tanto se le condena a la mera contemplación de objeto suntuario y, los modos y escenarios canónicos de su producción - circulación son inútiles para la construcción del tejido social, cuando se privilegia la tenencia privada y el coleccionismo. Elabora teóricamente el sentido de las relaciones humanas y sus interacciones como materia sensible del arte en lo cotidiano, en el seno de una sociedad donde la proximidad, el encuentro y agenciamiento intersubjetivo se constituyen en utopía bajo el peso de la exacerbación mediática.

iii………..Pena natural y planificación del carácter

En el contexto de la crítica social, señala Nussbaum, “los defensores de la deshonra pública promueven reavivar la práctica vergonzante con el argumento de que la sociedad ha perdido sus amarras comunitarias al desaparecer la sensación compartida de vergüenza por malas prácticas, con lo cual se promueve el renacer del sentido moral común” (2006 :16).

Si bien, la normativa social actúa en muchos casos al margen de la Ley aplicando castigos humillantes como expresiones valiosas del orden simbólico hacia su propia autorregulación, son como lo comenta Nussbaum cada vez más comunes en una “amplia gama de delitos que van desde abusos sexuales a conducir en estado de ebriedad y orinar en público, retomar –la marca en el rostro– como alternativa de las multas, el servicio comunitario y la privacidad de la libertad.

(…). Se debe obligar a los transgresores a usar señales en su propiedad, o su auto, o a realizar un ritual claramente humillante ante la mirada pública, ningún otro modo de castigo expresa tan vívidamente la desaprobación de la sociedad hacia el transgresor”. (2006 :18).

En el terreno local, inclusive puede ser leído como prácticas con fines pedagógicos en el argot de

la cultura ciudadana, por ejemplo31. De otra parte, son memorables por el efecto mediático que suscitan los –linchamientos– de abusadores a menores por parte de la misma comunidad para ejercer justicia por propia mano a lo que se percibe como un hecho sobre la degradación de la dignidad humana; incrementa tal respuesta la falta de credibilidad en la justicia y el ejercicio ético de las instituciones del Estado. En otra escala, también es visible al interior de las comunidades indígenas cómo se autorregulan socialmente con sus propias leyes aplicando castigos a sus miembros para establecer el principio de equilibrio; además reclaman tal autonomía en el marco de “los derechos logrados por los territorios indígenas en la Constitución de 1991 y que otorgan a sus autoridades la posibilidad también de legislar, y al país, la soberanía de sus pueblos”32.

En contravía con la imposición de la marca en el rostro, es importante destacar a este punto el nivel de expresión que comprende la visibilidad de la vergüenza en el raspachín respecto de los hechos; no obstante para él, se trata del ocultamiento asociado a la denegación, además de la regulación interna y autoimposición de una pena simbólica debido a un comportamiento reprobable legalmente identificado como delictivo. Como una aproximación objetiva al concepto

31 Recordamos bajo este nombre las prácticas de potencia simbólica diseñadas en la administración de Antanas

Mockus como alcalde de Bogotá en sus dos gobiernos (1995-1998), (2001-2003). Se propuso la recuperación del espacio público, la defensa de la calidad ambiental y la recuperación de la legitimidad institucional.

32 Afirmación de Fredy Campo Chikangana, antropólogo yanakona director de la Fundación Indígena Sol y Serpiente

de pena natural33, podemos referirla al sufrimiento que el autor del hecho ilícito carga sobre sí o

sobre sus afectos, en tanto consecuencia directa de su accionar, es decir, el autor del hecho delictivo es, su propia víctima.

El Código de Procedimiento Penal Colombiano en la Ley 906 del Sistema Acusatorio de 2004, considera en el Artículo 250 bajo el Principio de oportunidad, el cual faculta a la Fiscalía General de la Nación en el Artículo 66 para suspender, interrumpir o renunciar a la persecución penal de los autores y partícipes en hechos que revistan las características de una conducta punible (…), algunas causales de excepción donde puede aplicarse tal principio; allí se exponen en el Artículo 324, entre otras, la Pena natural (numeral 7): Cuando el imputado ha sufrido, a consecuencia de la conducta culposa, daño físico o moral grave que haga desproporcionada la aplicación de una sanción o implique desconocimiento del principio de humanización de la sanción punitiva. (Morales, 2012).

Para el caso del raspachín se observa la autonomía y conciencia de su decisión, optamos tomar como respuesta de su agencia, la categoría planificación del carácter de Jon Elster. Se refiere ésta a un comportamiento de aceptación y adaptación entendido (intencionalmente – planificación del carácter) y (causalmente – preferencias adaptativas) respecto de condiciones que se consideran son inmodificables o sobre las cuales no hay injerencia para transformarlas. “Concierne principalmente a comunidades pobres y con mayores limitaciones quienes tienden a aceptarlas y a entender que estas son propias de su contexto sociopolítico y económico por lo cual se hace imposible alcanzar la justicia o luchar en contra de la injusticia”.34

En respuesta a la situación de disonancia cognitiva, concepto desarrollado por Leon Festinger, todo individuo procura lograr la coherencia o consistencia interna de sus opiniones y actitudes; para eliminarla se proyecta la degradación de lo deseado otorgando mayor valor a la alternativa

que se encuentre dentro del conjunto viable de oportunidades del afectado. En este movimiento, la agencia del sujeto permanece activa y se pasa de una situación en la que hay una pérdida de bienestar, debido al aumento de la frustración, a otra en la que la frustración se anula

33En: Instituto virtual, Derecho penal y política criminal. Recuperado de

http://institutoderechopenal.blogspot.com/2008/10/la-pena-natural-por-la-dra-claudia-rosa.html 34 Preferencias adaptativas: un desafío para el desarrollo de políticas públicas.

incrementando el bienestar. Especialmente se trata, desde la perspectiva de Max Neef, de reconocer en las categorías axiológicas del afecto, subsistencia y protección en dos de sus dimensiones existenciales – ser y estar- un ajuste del orden emocional por sobre otras necesidades axiológicas, identidad y libertad que no alcanzan a ser colmadas desde los satisfactores exógenos hacia una real calidad de vida integral para el raspachín.

iv………El retrato-relato en las manos

Del rostro pálido a las manos manchadas de amarillo. Con esta frase se indica el desplazamiento de la emoción y su manifestación gráfica en el cuerpo del raspachín; el miedo se traduce en el blanco facial por la ausencia de sangre que redireccionada al sistema muscular deja sin ella a las partes distales, preparándole así para la huida de aquello que lo confronta. Se reorientan la emoción y el signo visible –vergüenza y estigma35 de una actividad que tiñe con la hoja de koka

las manos del recolector. Lo que ya de suyo es altamente visible y expresivo se acalla con el

anonimato y el silencio colectivo. Desde la perspectiva de las prácticas defensivas y protectivas

de Erving Goffman en el desenvolvimiento normal del orden interaccional, el silencio colectivo

sería para el raspachín una práctica defensiva ya que con ésta salvaguarda la imagen o rol de actuación36; y la solicitud de no registro –anonimato–, sería una práctica protectiva pues con ella

se preserva la actuación de los otros.

Refiere Goffman que todas las sociedades señalan patrones de “normalidad” y establecen los medios para categorizar a las personas y atributos de representación, es decir, su “identidad social”, a partir de la cual, las desviaciones hacia ella son vinculadas a la vergüenza. El estigma

será la discrepancia entre la identidad social virtual –estereotipo o caracterización en esencia– y los atributos indeseables que, puede demostrarse, le pertenecen al individuo - identidad social

35 Goffman rastrea desde los griegos el término estigma. Lo crearon (…) para referirse a signos corporales con los

cuales se intentaba exhibir algo malo y poco habitual en el status moral de quien los presentaba. Los signos consistían en cortes o quemaduras en el cuerpo, y advertían que el portador era un esclavo, un criminal o un traidor –

una persona corrupta, ritualmente deshonrada, a quien debía evitarse, especialmente en lugares públicos-. (…). En el cristianismo, se agregaron dos significados metafóricos: signos corporales de la gracia divina / referencia médica indirecta de la alusión religiosa y a los signos corporales de perturbación física. En: Goffman. E. (2015). Estigma, La identidad deteriorada. Buenos Aires: Amorrurtu editores.

36 Analiza la interacción a través de la metáfora del teatro –modelo dramatúrgico–, todos somos actores en la vida

real; ubicándole “(…) en situación de desacreditado cuando es conocida o resulta evidente la anomalía, o en situación de desacreditable cuando, por el contrario, ésta no es conocida por quienes lo rodean ni inmediatamente perceptible para ellos (…)”. (2015:31); de hecho cuando la desviación de lo normal no aparece marcada en el rostro, la misma regulación social procurará una marca visible y permanente, asegurándose de la deshumanización y pérdida de unicidad a la víctima. A este signo de castigo Goffman le llamará identidad manchada.

“El término estigma será utilizado, pues, para hacer referencia a un atributo profundamente desacreditador; pero lo que en realidad se necesita es un lenguaje de relaciones, no de atributos. Un atributo que estigmatiza a un tipo de poseedor puede confirmar la normalidad de otro y, por consiguiente, no es ni honroso ni ignominioso en sí mismo. Un estigma es, pues, realmente, una clase especial de relación entre atributo y estereotipo”. (Goffman, 2015: 14)

De la clasificación expuesta en su investigación, enuncia tipológicamente tres estigmas diferenciables: (1) correspondiente a las deformidades físicas, (2) se ocupa de los defectos del carácter del individuo (pasiones tiránicas o antinaturales, perturbaciones mentales objeto de reclusión, adicciones, homosexualidad); y (3) los rasgos sociológicos distintivos de la raza, la nacionalidad, la religión, la política, susceptibles de transmisión cultural. A este último ítem pertenece el estigma del raspachín, cuya realidad social compartida se nutre por una serie de privaciones que restringen un mejor desarrollo a la calidad de su entorno vital; tal conjunto de necesidades quiebra la seguridad ontológica, por lo menos, en dos momentos visibles: la vulnerabilidad de su integridad física y peligro inminente de muerte ante el rol como–recolector– por medio de la identificación de sus manos (atributo del estigma), y el rol de –delincuente- traficante– por la misma actividad (estereotipo – ficción del estigma, de acuerdo con las creencias mediadas por la concepción jurídica y la estética narco), mismas que hacen difuso el panorama de comprensión de la realidad in situ del raspachín.

Teniendo en cuenta que la seguridad ontológica es un concepto de contenido emocional, la adaptación de la emoción miedo-vergüenza en el esquema de comunicación- Denegación introspectiva –endógena - centrospectiva–, ilustra cómo las circunstancias respecto del mismo

hecho propician respuestas psicoemocionales distintas de acuerdo con la variedad temporal del contexto vivido y su rememoración, así como del sujeto de interlocución.

Por otro lado, la seguridad ontológica conlleva cierto grado de auto-identidad, de una concepción de sí mismo segura ante los demás y, por lo tanto, de reflexión sobre lo que se es y, conectado – como hace el propio Giddens- con los sentimientos de culpa y especialmente vergüenza, sobre lo que se pretende ser ante los demás, de lo que se es y obtiene eco en el entorno social.37

Desde una visión microsociológica y como intérprete de la realidad en lo cotidiano, Goffman privilegia en los comportamientos humanos de copresencia y de relaciones mixtas (el estigmatizado y la comunidad), las unidades mínimas de un orden interaccional para el que analiza de las situaciones sociales el nivel de comunicación cara a cara, la producción simbólica reciproca y normas de convivencia. La identidad del raspachín dibuja la complejidad del encuentro entre lo micro y lo macro como ya se estableció en la primera y segunda denegación.

“Tomando conceptos y modelos de la gestión sistémica, pero también de la lingüística y la lógica, los investigadores de la escuela de Palo Alto, a la cual perteneció Goffman, intentan dar cuenta de una situación global de interacción basados en tres hipótesis: (1) la esencia de la comunicación reside en procesos de relación e interacción (los elementos cuentan menos que las relaciones que se instauran entre los elementos); (2) todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo (las relaciones, que se corresponden y se implican mutuamente, pueden enfocarse como un vasto sistema de comunicación); observando la sucesión de los mensajes reubicados en el contexto horizontal y en el contexto vertical (la relación entre los elementos y el sistema, es posible extraer una “lógica de la comunicación”; y (3) los trastornos psíquicos reflejan perturbaciones de la comunicación entre el individuo portador del síntoma y sus allegados. (Mattelart, 1997:48)

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