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Haptic Assistance in IRL-based Shared Control

Si la sociedad civil es un Estado exterior, de la necesidad y del entendimiento, el Estado propiamente dicho, al situarse como un momento superior respecto de la sociedad civil, suprime y afirma en otro nivel, rebasa, los momentos constitutivos de esta esfera. No será, entonces, un Estado exterior sino también pondrá a sus ciudadanos en relaciones mutuas de carácter in- terno; no será tampoco sólo un Estado de la necesidad sino de la libertad, y no será, finalmente, sólo un Estado del entendi- miento sino de la razón. En esta tesitura habría que advertir que, en términos de la dialéctica hegeliana, la sociedad civil cumple el momento del extrañamiento de la eticidad, momento necesariamente incompleto, unilateral y parcial, aunque nece- sario porque pone las condiciones de la reunificación superadora que adviene con el Estado. Se entiende, entonces, que el Estado sea ante todo unificación ética racional, necesa- ria y no contingente, basada en la libertad y no en el libre arbitrio. De este modo, el Estado hegeliano tiene como carac- terísticas fundamentales la reunificación, la relación ética y la racionalidad.

¿Quiere decir esto que cualquier Estado existente es un Esta- do ético y racional? De ninguna manera. Hegel nunca identifica existencia con realidad. Hay Estados que no responden a su concepto:

El Estado es efectivamente real (wirklich) y su realidad (Wirklichkeit) consiste en que el interés del todo se realiza en los intereses particulares. La realidad efectiva (Wirklichkeit) es siempre la unidad de la universalidad y de la particularidad, el desprendimiento de la universalidad en la particularidad que aparece como si fuera indepen- diente, aunque es llevada y mantenida exclusivamente por el todo. Si algo no presenta esta unidad, no es efectivamente real, aunque haya que admitir su existencia. Un mal Estado (schlechter Staat) es un Estado que meramente existe; tam-

bién un cuerpo enfermo existe, pero no tiene una realidad verdadera.29

A esto hay que agregar que no todos los Estados que han existido históricamente significan eticidad y racionalidad de manera simul- tánea. La clave de la existencia de un Estado ético y racional, como vemos, es la unificación de la universalidad y de la particularidad expresada en la identificación de derechos y deberes: “El Estado, en cuanto algo ético, en cuanto compenetración de lo sustancial y lo particular, implica que mi obligación respecto de lo sustancial sea al mismo tiempo la existencia de mi libertad particular, es decir que, en él, deber y derecho estén unidos en una y la misma relación”.30

Pero entonces, ¿cómo se produce un Estado ético y racional? Hegel dice que el Estado no es un producto artificial (“Der Staat ist kein Kunstwerk”): no se le puede crear como resultado de la voluntad arbitraria de un hombre o de un grupo de hombres. Su constitución es el producto de muchísimo tiempo. Sólo cuando la racionalidad se ha vuelto costumbre se produce un Estado en sentido estricto. Por lo tanto, es en las costumbres en las que existe el Estado de manera inmediata, pero es en la autoconcien- cia del individuo en que el Estado existe mediatamente. La auto- conciencia no es sólo el resultado de la reflexión sino de la vida. Y se trata de un vivir histórico. Para llegar a la autoconciencia son necesarios los desgarramientos que se producen al salir de sí mis- mo y tomar el riesgo del vivir. La reflexión sobre esos desgarra- mientos produce el recogimiento del yo en sí mismo y, por tanto, la autoconciencia. Pero este extrañarse de sí mismo que conlleva tomar el riesgo de vivir es un proceso histórico y no sólo indivi- dual. Su dinámica propia, al parecer, queda más allá de la volun- tad del individuo. Esto se traduce en que el Estado ético y racional no es una construcción del esfuerzo de la voluntad individual: 29 G.W.F. Hegel. Principios de la filosofía del derecho o derecho natural y ciencia

política. Barcelona: EDHASA, trad. Juan Luis Vermal, 1988, § 270, agregado, p. 347.

Únicamente es Estado si está presente en la conciencia, si se sabe como objeto existente. Respecto de la libertad no debe partirse de la individualidad, de la autoconciencia individual, sino de la esencia de la autoconciencia, pues esta esencia, sea o no sabida por el hombre, se realiza como una fuerza independiente en la que los individuos son sólo momentos. Es el camino de Dios en el mundo que consti- tuye el Estado; su fundamento es la fuerza de la razón que se realiza como voluntad. Para concebir la idea del Estado no es necesario observar Estados e instituciones determi- nados, sino considerar la idea misma, ese Dios real.31

Hegel nos advierte, entonces, que sus esfuerzos teóricos se enca- minan hacia la conceptuación de la idea del Estado, y no al aná- lisis de los Estados empíricamente existentes. Independientemente de los Estados existentes, la idea del Estado contiene tres mo- mentos: a) el Estado en tanto organismo como constitución y derecho político interno; b) la relación del Estado individual con otros Estados; y c) la historia universal, como poder absoluto frente a los Estados individuales. Nuestro autor concederá su atención principal al primero de estos tres momentos.

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