2.7.1.1. Sociocultural
No importa la hora ni el día se cierran los ojos se dan tres golpes con el pie en el suelo, se abren los ojos y todo sigue exactamente igual. Blanca Varela
El asesinato del archiduque Francisco Fernando desencadenó la Primera Guerra Mundial. La humanidad pensó que después de esta guerra ya no existiría otra. Sin embargo; cuando en 1939 Alemania decidió invadir Polonia teniendo como fuerza pensante a Adolfo Hitler, quien ansiaba conquistar toda Europa, se generó la más cruel y terrorífica guerra de toda la historia. Con respecto a esto, P. J. Molina (2008) afirma que “el desencadenante principal fue la invasión de Polonia, merced a los sueños megalómanos de Hitler”. (p. 14
Después de la invasión a Polonia, siguió Dinamarca, Suecia, Holanda, Noruega, Bélgica y Francia.
La Segunda Guerra Mundial aconteció entre 1939 y 1945. En este conflicto militar se vieron implicadas la mayor parte de las naciones del mundo, incluidas todas las grandes potencias, agrupadas en dos alianzas militares: los Aliados y las Potencias del Eje.
Este acontecimiento bélico dejó más de 60 millones de víctimas y aproximadamente se estima que los alemanes y sus aliados asesinaron un total de un millón y medio de personas, entre los que se incluyen más de un millón de niños judíos asesinados en el Holocausto y decenas de miles de niños gitanos, polacos, soviéticos y alemanes con discapacidades físicas o psíquicas. Además, si tenemos en cuenta las muertes por enfermedades y el hambre el número de muertos supera los 80 millones.
Si nos referíamos de manera específica a la cantidad mortífera de inicios de la guerra, podemos decir que: más de 5 millones de prisioneros soviéticos murieron a manos de los nazis en el periodo de 1941 y 1942, y en octubre de 1941 más de 30.000 judíos fueron brutalmente asesinados por tropas rumanas y alemanas. Entonces, imaginemos la cantidad de muertos que dejó el final de esta guerra. Los resultados son realmente escalofriantes.
Las innumerables matanzas, violaciones masivas de mujeres soviéticas y japonesas, trabajos forzados en los campos de concentración contra judíos, homosexuales y sacerdotes, y experimentos científicos masivos realizados por médicos nazis y japoneses no fue lo único.
A su vez, se reconfiguraron varios sectores de la industria, especialmente la maquinaria y la manufactura, comenzaron las migraciones, la educación sufrió una serie de cambios, especialmente en las zonas más devastadas de Europa o Asia. Así mismo, esta guerra provocó la destrucción de escuelas e infraestructuras culturales, lo que condenó a la mayoría de estudiantes al analfabetismo. Los científicos, ingenieros, maestros, filósofos y artistas huyeron de Alemania y se refugiaron en América y otros países.
En cuanto al cine, este participó como propaganda y puente de reclutamiento de jóvenes. Sin embargo, las películas de Hollywood eran cada vez más vistas por el público mundial. Destacaron actores como Marlon Brando, James Dean o Marylin Monroe.
Un dato curioso que asocia a Mussulini con el cine, es que estaba tan encantado con su imagen cinematográfica, igual que Adolfo Hitler, que se filmó antes de hacer cada aparición pública. Mientras que Stalin implantó el realismo socialista como forma de reducir el arte y convertirlo en didáctico y agresivo. En la pintura se consolidó el expresionismo abstracto del norteamericano Jackson Pollock y el holandés Willem de Kooning o la “pintura de los campos de color” del letón Marc Rothko, entre otros. En la escultura destacó el británico Henry Moore conocido por sus esculturas abstractas.
En cuanto a los intelectuales ¿qué sucedió con ellos?
Hasta 1914, la mayoría de escritores creyeron en el progreso de la sociedad, a excepción de los pesimistas. H. G. Welles fue uno de los representantes que idealizaba a la ciencia como ente salvador de la humanidad. No obstante, en 1945, donde se observó las verdaderas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, Welles, en su libro Mind at the Ends of It Tether, había roto radicalmente con esta idea.
El pesimismo de los escritores se justificó. Las heridas no cesaron en ningún aspecto. Alemania vivió una crisis en la cultura. Por ello, en 1923, se fundó la Escuela de Frankfurt. Esta fue, sin duda alguna, una de las instituciones más
lúcidas del pensamiento, ya sea en temas filosóficos, políticos y sociológicos. Los pensadores que forman parte de Frankfurt eran Theodor Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse y Walter Benjamín.
Cabe recalcar que estos autores pertenecen a la primera generación de la escuela. Su propuesta se basó en el análisis de la sociedad burguesa- capitalista imperante de ese tiempo. Criticaron también el terreno de la cultura, basándose en los medios masivos de comunicación y las llamadas industrias culturales (término acuñado por ellos). Así también, esta escuela destacó analizando las transformaciones culturales de la sociedad de ese tiempo desde una perspectiva racionalista crítica, que fue muy importante para el siglo XX.
Los frankfurtianos comenzaron su actividad intelectual a finales de la década del 20 y la extendieron hasta mediados de los 60 e inclusivo hasta 70. De manera que, los filósofos de esta escuela eran personajes que vivenciaron los terribles acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y el suicidio en los campos de concentración nazis.
La evolución de la cultura posmoderna era vista en esos tiempos, y quizá ahora mismo también, como una cultura “light” que desfiguró la mente del hombre. De esta manera lo expresa Grüner (2003) en la siguiente cita:
Después de la crisis de la religión y de las grandes ideologías que marcaron el siglo XX, los tiempos actuales se nos presentan como el triunfo de los aspectos más intrascendentes de nuestra condición: el ocio, la estética y el consumo parecen ser hoy las panaceas que han de garantizar nuestra felicidad. Sin embargo, tras el deslumbramiento de esta sociedad del hedonismo, la angustia por el sentido de nuestra existencia permanece latente y una espiritualidad difusa, impregnada de sabiduría orientalista y creencias a la carta, muestra cada vez más esta nostalgia del absoluto. ¿Cómo encontrar sentido en una sociedad dominada por fórmulas de felicidad instantánea y consumo inmediato? ¿Cómo se expresan las necesidades espirituales en el mundo contemporáneo? (p. 20)
La sociedad del siglo XX se volcó a transmitir entretenimiento, desvalorando la reflexión y la crítica del contexto. Esta sociedad acentuó su ideología en pensamientos fútiles y orientados al consumismo. Sin embargo; quedó aún en el individuo la preocupación por la existencia del ser humano. Hecho que desde luego tiene que ver con los pensamientos existencialistas de autores como Sartre, Heidegger, entre otros. Ya veremos más adelante como se impregna este pensamiento en la cultura de ese tiempo.
Por otra parte, las tensiones y enfrentamientos vividos entre las potencias también fomentaron en esa misma época, en los artistas e intelectuales, corrientes renovadoras como: El vanguardismo. Un movimiento social, político y artístico de principios del siglo XX que tomó como trascendente innovar la producción artística basándose en una propuesta rupturista: en el lenguaje, contenido y
actitud, así como también, en la exaltación del inconsciente, de la libertad, de lo racional, de la pasión y del individualismo, para cambiar la sociedad y crear una nueva. Es así que nacen los “ismos”, entre ellos se encuentran: El futurismo, el expresionismo, el cubismo, el dadaísmo, el surrealismo, el creacionismo, entre otros.
Además de las concepciones artísticas antes mencionadas, también se fomentó propuestas filosóficas y literarias ligadas a la condición humana. Una de esas corrientes es el existencialismo: corriente trascendente para el corpus novelístico de Sábato.
El existencialismo se originó en el siglo XIX, con filósofos como Søren Kierkegaard y Friedrich Nietzsche. También, desde una perspectiva más pesimista, Arthur Schopenhauer, así como las novelas de Fiódor Dostoyevski. Esta corriente tomó más énfasis en el siglo XX debido a las experiencias º traumáticas y violentas vividas por el hombre en las guerras. Aquí destacaron filósofos como: Martin Heidegger, Karl Jaspers, Jean-Paul Sartre, Miguel de Unamuno, Simone de Beauvoir y Albert Camus. Fueron estos los pensadores que, investigaron sobre el sentido de la vida, para qué o por qué existimos y si el mundo en el que vivimos es más importante que la existencia del ser humano en sí.
En particular, el existencialismo nació como una reacción frente a las tradiciones filosóficas imperantes, tales como el racionalismo o el empirismo, que buscan descubrir un orden legítimo dentro de la sociedad. Sin embargo; fue reprochado por sus opositores, en aspectos como la petrificación del individuo hacia la sociedad y los problemas de su tiempo, y sus constantes achaques que imposibilitan la acción. Sartre en su ensayo titulado El Existencialismo es humanismo difiere con esta perspectiva.
En primer lugar, se le ha reprochado el invitar a las gentes a permanecer en un quietismo de desesperación, porque si todas las soluciones están cerradas, habría que considerar que la acción en este mundo es totalmente imposible y desembocar finalmente en una filosofía contemplativa, lo que además, dado que la contemplación es un lujo, nos conduce a una filosofía burguesa. Éstos son sobre todo los reproches de los comunistas. (Sartre, 2007, p. 9)
Los existencialistas desarrollaron ideas en contra de la burguesía, pues esta sociedad estaba desfigurando la mente del hombre. Debido a ello, el concepto de “humanismo” sirvió para que el hombre pueda dirigir su actuar. Además, pretendió resaltar la existencia del ser en un mundo podrido por los acontecimientos de aquel entonces.
Dirigiendo la mirada hacia los autores que pudieron ver este aspecto terrible de la sociedad. M. Lamana (1967) afirma que “otros autores, fuertemente
influenciados por los fenomenólogos alemanes reaccionan de otra manera ante ese “mundo roto” como lo define Gabriel Marcel. La acción individual, heroica será sustituida por el reconocimiento profundo de la realidad vivida, llegando así a enfrentarse con el sentimiento trágico de la vida (…)” (p.11). Lamana asevera que el contexto bélico infundió en el hombre reacciones y sensaciones trágicas. Lo que conllevó, más adelante, a que este transite por el mundo de la angustia. Los intelectuales actuaron conforme a la realidad que vivían, y trataron de hacer catarsis frente a lo dolorido que estaba el mundo. ¿Cómo lo hicieron? mediante la literatura. Como segundo punto, Sartre en su conferencia, defirió con las críticas de aquella época.
Se nos ha reprochado, por otra parte, que subrayamos la ignominia humana, que mostramos en todas las cosas lo sórdido, lo turbio, lo viscoso, y que desatendemos cierto número de bellezas risueñas, el lado luminoso de la naturaleza humana; por ejemplo, según Mlle. Mercier, crítica católica, que hemos olvidado la sonrisa del niño. Los unos y los otros nos reprochaban que hemos faltado a la solidaridad humana, que consideramos que el hombre está aislado, en gran parte, además, porque partimos dicen los comunistas de la subjetividad pura, por lo tanto del yo pienso cartesiano, y por lo tanto del momento en que el hombre se capta en su soledad, lo que nos haría incapaces, en consecuencia, de volver a la solidaridad con los hombres que están fuera del yo, y que no puedo captar en el cogito. (Sartre, 2007, p. 9)
La posguerra no hizo otra cosa más que alimentar la ideología de los existencialistas, pues estos vieron la vida del lado más oscuro, terrible y realista. El existencialismo se hace en la realidad, en la existencia, en los actos libres. Es así que, no se puede mirar a esa realidad como un ente indiferente.
Más adelante, en su exposición en el Club Maintenant de París, Sartre cuestionó el lado cristiano.
Y del lado cristiano, se nos reprocha que negamos la realidad y la seriedad de las empresas humanas, puesto que si suprimimos los mandamientos de Dios y los valores inscritos en la eternidad, no queda más que la estricta gratuidad, pudiendo cada uno hacer lo que quiere y siendo incapaz, desde su punto de vista, de condenar los puntos de vista y los actos de los demás. (Sartre, 2007, p.10)
Lo que define al existencialismo es la cara de la miseria, de la soledad, de la extrañeza en la condición humana, porque la vida misma carece de sentido; simplemente se puede hablar del sentido que cada hombre puede darle.
Ahora bien, la literatura también se alimentó del existencialismo, tanto de su forma de ver la vida, como la de su permanencia en el mundo ficcional. Los libros insignes de la literatura existencialista son: La Náusea (1938) o El Ser y la Nada (1943) de el francés Jean Paul Sartre. Además, en novelas como El extranjero (1942), El mito de Sísifo (1942), La peste (1947), El hombre rebelde (1952) de
Albert Camus; El segundo sexo (1949) de Simone de Beauvoir. Diario de un seductor (1844) del danés Soren Kierkeggard.
En Alemania tenemos a Karl Jasper con Filosofía de la existencia (1968) y Psicología de la concepción del mundo (1967); El ser y el tiempo (1927) y Carta sobre el humanismo (1947) del alemán Martin Heidegger; Memoria del subsuelo (1864), Los hermanos Karamasov (1880), El jugador (1867), Crimen y Castigo (1866), Pobres gentes (1846) y El idiota (1868) del ruso Fedor Dostoievski.
Además, autores como Franz Kafka, Hermann Hesse y Thomas Mann desarrollaron también en sus novelas aspectos del existencialismo, sobre todo en El Proceso (1925), El lobo estepario (1927), Demian (1919) y La muerte en Venecia (1912).
En autores españoles como Miguel de Unamuno con Niebla (1914); José Ortega y Gasset con El tema de nuestro tiempo (1923) La deshumanización del arte (1925), y La rebelión de las masas (1929, entre otros españoles.
También se desarrolla el existencialismo en el teatro. Entre los más destacados tenemos, Jean Paul Sartre con A puerta cerrada (1944) y Las manos sucias (1948); Albert Camus con Los justos (1949) y Calígula (1945); Jean Genet con El balcón (1957) y Las criadas (1947).
A la par con el teatro existencialista aparece el teatro absurdo. Samuel Beckett con Esperando a Godot (1953), Los días felices (1961) y Final de partida (1957); y Eugene Ionesco con La búsqueda intermitente (1987), El juego de la peste (1972), La sed y el hambre (1965), La improvisación del alma (1955) entre otros.
El existencialismo no solo influenció en Europa, sino también en hispanoamérica. Con respecto a Perú, en 1923 el escritor peruano César A. Vallejo Mendoza publicó una novela llamada: Fabla Salvaje (1923). Calificada por algunos críticos como “novela psicológica”.
Se puede decir que, esta novela también tiene rasgos existencialistas, ya que nos muestra cómo el proceso psicológico de Balta Espinar (personaje principal) trasciende en su vida, sintiéndose acosado por un fantasma, sufriendo interminables pesadillas, escuchando voces extrañas y actuando agresivamente con Adelaida, su esposa, porque piensa que ella le es infiel; ésta también sufre interminablemente debido a la patología de su esposo. Así lo afirman algunos autores peruanos.
La esquizofrenia de Balta aumenta considerablemente a partir de la noticia del advenimiento de un hijo. En vez de producir una alegría comprensible dado su condición de recién casado, se deprime más, desatiende sus labores habituales, se entrega a interminables cavilaciones, vaga sin rumbo, se distancia de Adelaida y cae en un mutismo extremo. (Carrión et al. 1993, p.231)
Entonces, decimos que Balta es un personaje orientado por actitudes existencialistas, pues, desde que se miró en aquel espejo, se originó un pesimismo en su vida, lo cual concluyó en la psicosis y en el suicidio – se arrojó a un precipicio-.
Por otro lado, en Uruguay, se destaca a Juan Carlos Onetti. Hay que tener en cuenta que el autor de “El infierno más temido “inició en Latinoamérica las primeras ideas existencialistas, sin saber que más adelante estas ideas serían catalogadas como Existencialistas.
Según el escritor Mario Vargas Llosa, en su ensayo El viaje de la ficción (2008) afirma que la primera novela existencialista es El Pozo (1939) de Onetti. La narrativa de Juan Carlos Onetti orbita en el gusto por lo gris, lo sórdido, lo rutinario, lo oscuro. Su mundo literario está plagado de seres abandonados, cuya existencia es estar arrojados a un mundo que pierde valor. La literatura de Onetti y sus fantasmas se apacigua de alguna manera con la influencia del existencialismo. El escritor Mario Vargas Llosa da algunos alcances con respecto al universo de Onetti, resaltando el pensamiento original y el mundo construido en base a un pesimismo exacerbado. Ello ha contribuido a que el público tenga cierto pavor para acercarse a su obra.
Además, la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, también considera que Onetti es uno de los pocos existencialistas en lengua castellana, coincidiendo con la de Vargas Llosa
Por otro lado, si nos centramos en la historia de Argentina durante el contexto de las guerras, de hecho podemos ver que, la Primera Guerra Mundial trastocó mucho el aspecto económico argentino, además, de los problemas políticos desde el año 1916 hasta más o menos la década del 80, pasando por presidencias radicales, golpes de estado y elecciones fraudulentas.
Con respecto al contexto durante la Segunda Guerra Mundial, la influencia alemana era fortísima, debido a la gran cantidad de inmigrantes alemanes, y a la rivalidad tradicional de Argentina con Gran Bretaña. Sin embargo, el gobierno argentino optó por mantenerse neutral.
En el año 1930 Argentina arrastró una serie de conflictos en la sociedad. La crisis perduró bastante tiempo. En 1937 se realizaron las elecciones de Argentina, en medio de una absoluta convulsión, dejando muertos y heridos. A principios de la segunda guerra, en 1939 Roberto María Ortiz ganó la presidencia de Argentina. El país de ese entonces lideró un periodo fuerte de conservadurismo político y crisis económica denominada como la Década Infame, la cual hirió enormemente a la sociedad argentina.
De manera puntual, si nos referimos a la década de 1920, este era un contexto lleno de transformaciones sociales, políticas y culturales, a causa del gobierno de
Hipólito Irigoyen. La sociedad a pesar de los problemas no ignoró a la cultura, mucho menos a la literatura.
En este contexto nacieron dos movimientos literarios de vanguardia: el grupo Boedo y el grupo Florida. Estos dos grupos se enfrentaron constantemente mediante su producción literaria.
El grupo Boedo se caracterizó por defender aspectos sociales, dirigiendo su mirada siempre a la clase baja. A los sentimientos más oscuros, sucios y precarios de la literatura y la cultura. Este grupo compartió ideas con escritores como Gorky y Dostoiesvsky.
Por lo contrario, el grupo Florida se caracterizó por ensalzar lo más culto y formal. Y es reconocido como el grupo intelectual de ese tiempo. Florida buscó revolucionar la literatura argentina de esos tiempos, recibiendo influencia inglesa. Uno de los escritores que compartió perspectivas con el grupo Boedo era Robert Arlt, quien criticó mucho al grupo contrario, ya que consideraba que ellos practicaban una literatura carente de emociones, de realidad, de dolor, de violencia, de mostrar la realidad en la que se enfundaba la clase obrera, tal como lo hacía él, y el grupo Boedo. Y de esto, Roberto Bolaño en Entre paréntesis (2005) nos habla claramente:
El aprendizaje de Artl se desarrolla en el desorden y el caos, en la lectura de pésimas traducciones, en las cloacas y no en las bibliotecas. Artl es un ruso, un personaje de Dostoievski, mientras que Borges es un inglés, un personaje de Chesterton o Shaw o Stevenson. Incluso, a veces, pese a él mismo, Borges parece un personaje de Kipling. En la guerra entre los grupos literarios de Boedo y Florida, Artl está con Boedo (…). (p. 26)
En este cosmos Arltiano, donde se engendró lo más sucio y lóbrego de la realidad argentina de inicios del siglo XX; pertenece de alguna forma a este círculo de escritores- por impregnar en sus obras ideas sobre el hombre y su verdadera putrefacción espiritual, su dolor por vivir y no vivir, y el sentido de su existencia en el mundo-el argentino Ernesto Sábato.
Con el estallido de la guerra, en 1940, dejó París para volver a su país. Ya con ideas de dejar la ciencia y cambiarla por la literatura. En 1943, debido a una crisis existencial de su propio contexto y de su vida. Decidió alejarse definitivamente