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EUPHORION

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efemérides, conceptualmente, a la formación de un imaginario de la Independencia plagado de proclamas, guerras, héroes y villanos; terri torialmente, lo han circunscrito a las actuales fronteras de Colombia, a Bogotá, un tanto a Car tagena y a los campos de batalla de Casanare y Boyacá, y temporalmente lo han limitado a las fechas aisladas de 1810 y 1819.

Pese a la solemnidad de las celebraciones, y a diferencia de lo que sucede en otros países de la región, esa manera de asumir las fechas patrias no ha contribuido mucho a crear un imaginario nacional ni a fortalecer un sentido de pertenen cia de los colombianos, lo que se expresa por lo menos en dos fenómenos: uno de ellos, que el estudio de la historia nacional se trata como un asunto de niñez y escuela primaria, negándose a los jóvenes y adultos universitarios el espa cio para integrarla a su formación, y, segundo, que no hay nada más desolador que los 20 de Julio y los 7 de agosto en nuestras ciudades y campos (salvo San Andrés, Leticia y Tumaco), fechas que sin saberse cómo dejaron de ser ex presiones civiles decelebración y renovación de los votosindependentistas y republicanos, para convertirse en ostentación de la fuerza militar del Estado.20

De ahí pues que los discursos que vienen sien- do desplegados —no propiamente de manera pro- fusa— desde diferentes sectores de la sociedad co- lombiana donde se quiere dar sentido nacionalista, crítico, patriótico o académico, a la nueva rememo- ración del Bicentenario de la Independencia, deben estar precedidos de la idea fundamental que dimen- sione que recordar el pasado es un acto político, en tanto las decisiones sobre qué recordar y cómo se organizan y reorganizan las identidades, trazan o borran continuidades y ocultan o iluminan cier- tos momentos, actores y hechos frente a otros. En este sentido, los centenarios se nos proponen como objetos de memoria y reflexión complejos. Por lo tanto, comprender que el acto de hacer memoria resulta indispensable para neutralizar el corrosivo poder del olvido sobre las acciones humanas, signi- fica también que la conmemoración como memoria puede definir aquello que es común a un grupo o colectivo y lo diferencia de los demás, para ampliar, fundamentar y renovar sentimientos de identidad, de pertenencia, reforzando la cohesión social no a través de la coerción sino mediante un proceso co- lectivo de práctica social y política, para refrendar esos idearios republicanos instaurados con la Inde- pendencia Nacional. En otras palabras, la memoria

20 Luis Javier Caicedo. 1810 - 2010: Bicentenario de la Indepen-

dencia de Colombia y de Latinoamérica. Mede ín: Fondo Edi o- ria Biogénesis, Universidad de An ioquia, 2005, s. p. Disponib e en: h p://www.o rapar e.org/ac ividades/ i era ura/ uis-caicedo. h m

como efeméride del Bicentenario debe trascender discursivamente esas visiones del pasado que hasta hoy siguen siendo laudatorias y acríticas, esas con- cepciones narrativas de lo festejado todavía como lo inmaculado y glorioso que, si se lee intertextual- mente, encontraremos que pretenden perpetuar esa visión de la historia tal y como lo hicieron los personajes de la generación del Centenario. Así por ejemplo:

El 20 de Julio del año 2010 se celebrará en Colombia el segundo Centenario del Grito de Independencia. Fecha memorable que debería exultar los corazones de los colombianos para demostrar que aún sentimos gratitud por aque llos compatriotas que entregaron su vida en los cadalsos y en los campos de batalla para legar nos el don precioso de la libertad. Fecha inmar cesible que debería atizar en nuestras almas el eterno amor por esta patria, que Dios en su in finita bondad nos regaló, tan llena de riquezas y de dones, que malgastamos y solo explotamos para el mal y perversión de la misma humani dad […]. Fecha esperanzadora para iniciar una nueva vida cimentada en el ideario de nuestros libertadores.21

Sin embargo, en el ámbito nacional se sugieren otras lógicas y lecturas para dicha conmemoración que, a pesar de querer ofrecer otras lecturas, no dejan de ser parte del discurso institucional, que si bien pretenden reconocer el contexto actual del país, también ignoran el sustrato mismo de la na- ción y actúan sobre este como un dado histórico que ya estuviera construido y consolidado:

En este sentido, el 20 de Julio hoy no pue de seguir abordándose desde el centralismo del Centenario de 1910, sino desde los principios de inclusión y diversidad. Por ello, la propuesta del Ministerio es hacer de la diversidad, la inclusión y la participación los elementos centrales de la fiesta que queremos revitalizar. Cuando son es tos los valores que guían nuestra memoria, co menzamos a encontrar que tiene sentido llamar a este bicentenario el de las independencias […].22

2 An onio Cácua Prada. Op. cit. p. 659.

22 Germán Mejía Pavony. “E peso de 20 de Ju io. Varios signi-

ficados se dan a a fecha de a Independencia, cuyo Bicen enario comienza a ce ebrarse”. En: Lecturas Dominicales de El Tiempo, Bogo á, ju io de 2009, pp. 0- . Sin embargo, a concepción de par e de Gobierno Naciona no deja de concebir discursivamen e as mismas ógicas de Cen enario a y como puede observarse en as íneas siguien es: “ …] an es de cump ir os 200 años de os hechos ocurridos e 20 de ju io de 8 0 en Bogo á, e gobier- no Naciona por medio de Minis erio de Educación imi ando e concurso de his oria ocurrido hace 00 años, desp iega a segun- da e apa de un proyec o pedagógico y po í ico i u ado «His oria Hoy. Aprendiendo con e Bicen enario de a Independencia», en

Pero para nosotros, más allá de lo que el Estado colombiano entiende o quiere hacer entender sobre el se- gundo Centenario de la Independen- cia, sigue olvidando que la nación es más que un discurso y que no pue- de estar reinventándose cada que se aluda a conmemoración alguna; por ello, creemos que volver a la memo- ria histórica que permita leernos a los colombianos como nación signi- fica que recordar es un derecho y un deber, un punto de partida esencial para reconocerse parte de la historia de este país, y se convierta en un es- pacio crítico y propicio para consti- tuir un lugar de reflexión y de debate, poniendo el acento colectivo, plural e interdisciplinario en la búsqueda de consensos, donde el homenaje más honesto sea animarse a pensar nues- tro país de cara a los próximos años. En conclusión, rememorar el Bicen-

tenario de la Independencia y debatir sus discursos es detenerse en medio del camino, tomar aliento y reencontrarse con el pasado, volver a la memoria y pensar en aquello que no se debe olvidar, para po-

e que u i izando e sis ema educa ivo en odo os nive es, pre en- de cons ruir una mirada p ura de proceso de a independencia, generando un ‘acercamien o a bicen enario que permi irá que es udian es, maes ros y comunidad educa iva en genera , par i- cipen en a cons rucción de nuevos re a os diversos y p ura es: jun os cons i uirán a memoria de a independencia …] a his o- ria de Co ombia’. A pesar de es e esfuerzo, nada novedoso desde e pun o de vis a de a conmemoración de 9 0, es a ce ebración de bicen enario y a manera como se ha concebido ermina re-

egi imando a fecha y os hechos de 20 de ju io como fundacio- na es de independencia naciona , sin que e o dé pie a que es a propues a de gobierno p an ee rea men e una ransformación significa iva de a memoria his órica de país, impues a po í ica- men e en re 907 y 9 0. E hecho de seguir reconociendo e día 20 de ju io como día de a independencia co ombiana y organizar a rededor de a fecha odo un desp iegue simbó ico y pedagógico, ins rumen a izando para e o a enseñanza de a his oria de país, demues ra a incapacidad de gobierno y de os académicos de superar a exc usión y e cen ra ismo de a ce ebración de primer cen enario, y a mismo iempo indica a imposibi idad de en ab ar un deba e en íneas con es a arias que permi a renovar a visión de una his oria de a independencia que monopo iza a represen-

ación de a fundación de a repúb ica y a nación co ombiana con os hechos ocurridos en e mundo andino …] A es as si uaciones se sumaba a crisis de discurso his órico que reflejaba en e pa- sado a ausencia de proyec os comunes, o que exigía a cons ruc- ción de una memoria naciona fundamen ada en a cons rucción de un pasado co ec ivo de país. A par ir de es as necesidades y circuns ancias se comprende e desp iegue rea izado por e Es a- do hacia as regiones y oca idades periféricas de país para que reconocieran y conmemoraran e 20 de ju io de 9 0 como a fe- cha de a independencia de Co ombia. An es de a imposición de es a ce ebración, e 20 de ju io de 8 0 no represen ó a indepen- dencia naciona , ni mucho menos a fundación de a repúb ica, como podemos ver o si rea izamos un seguimien o minucioso a as narra ivas his óricas e aboradas a o argo de sig o XIX” (Raú Román Romero. “Re a os His óricos de Sig o XIX. La invención de 20 de Ju io como fecha de Independencia Naciona ”, Especia para El Dominica, pp. 3-7).

der pensar nuevamente en clave de proyecto nacio- nal en un contexto plural que no admite la negación de la diversidad y reclama cada vez más un análisis racional, reflexivo y político para proponer salidas a nuestras sucesivas crisis. Si el Centenario consagró la visión católica, excluyente, centralista y represen- tativa del Estado consagrada en la Constitución de 1886, el Bicentenario debe responder críticamente al proyecto pluralista, participativo, que reconoce la diversidad y fue pactado en la Carta Constitucional de 1991, hoy concebida como preludio de la nación, pero ignorada, recortada y mancillada por los go- biernos posteriores a su promulgación, es prueba inefable del arduo camino que todavía nos falta a los colombianos para logar consolidar la nación:

La conmemoración del Bicentenario servirá de pretexto para hacer preguntas e intentar res puestas. Esta es una sociedad que acumula con crueldad muchas preguntas que están conde nadas a quedar sin respuesta; no ha bastado la condena a morir de manera violenta, ni tampo co las incertidumbres del secuestro y la desapa rición forzada. A eso le hemos ido agregando la condena de sepultar con el silencio y el olvido. Ese olvido ha funcionado y seguirá funcionando como multiplicador de repeticiones. Ante eso, ¿qué pueden hacer los intelectuales, los histo riadores, los que pueden organizar y trasmitir recuerdos, los que pueden responder a pregun tas y a incertidumbres? Parece que solo pueden ofrecer una pequeña, digna e ilustre resisten cia.23E

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l propósito central que motiva estas reflexio- nes es delinear algunos elementos en aras de configurar una serie de tópicos e interrogan- tes que permitan avanzar en la proposición de ru- tas útiles a la reconstrucción y reconstitución de los modos de agenciamiento y protagonismo integral