3 Education, training and skills
3.1 Qualification level
3.1.1 Highest qualification held
En capítulos anteriores nos hemos referido a la distopía como una construcción basada en el fracaso del ideal de sociedad perfecta que se esperaba del futuro. Dicha sociedad que ha fracasado en su búsqueda del paraíso perdido suele estar sometida por un gobierno totalitario que se vale de determinados aparatos ideológicos (término tomado de Althusser en su texto “Ideología y aparatosideológicos del Estado”, 1988) para perpetuarse en el poder y mantener así el orden del sistema.
En el segundo libro de la saga, En Llamas (Catching Fire) se nos presenta la idea del “Vasallaje de los Veinticinco”, una celebración especial de los Juegos del Hambre de cada veinticinco años, siendo para Katniss el “Vasallaje de los ι5 Juegos del Hambre”:
“En el setenta y cinco aniversario, como recordatorio a los rebeldes de que ni siquiera sus miembros más fuertes son rivales para el poder del Capitolio, los Tributos elegidos saldrán del grupo de los vencedores.” (Collins, En Llamas: 183)
63 Con este “coincidencial” cambio en las reglas de los próximos Juegos, el gobierno se encarga de que la amenaza que ve en Katniss sea en apariencia controlada y posiblemente arrancada de raíz, ¿y qué mejor manera para debilitar al enemigo que enviándolo de regreso a su peor pesadilla? Sumidos una vez más en el caótico torbellino del mundo de los Juegos, los trágicos amantes del Distrito 12 conocerán la otra cara de la revolución, yacente en los otros vencedores de las versiones anteriores del reality. Letales, consumidos por el odio, la fama, las drogas y el alcohol, es evidente que tras ganar en la Arena, la vida del vencedor nunca vuelve a ser la misma: el Capitolio se vale de la figura de los vencedores para recordar al pueblo de Panem el control que ejerce sobre ellos, como es el caso de Finnick Odair, el vencedor de la versión número sesenta y cinco de los Juegos y quien se ve obligado a ser un esclavo sexual en el Capitolio a cambio de que el gobierno no hiera a su amada en su natal Distrito 4.
Otro caso es el de Johanna Mason, vencedora del Distrito 7 en la versión setenta y uno de los Juegos. Johanna perdió a toda su familia consecuencia del odio del Capitolio, y ahora canaliza toda su energía en intentar derrocarlo.
Teniendo semejantes compañeros tributos, el Vasallaje de los Veinticinco promete ser un espectáculo memorable que quizás logre apagar los levantamientos que, sin querer, Katniss y su puñado de bayas han desencadenado a lo largo del país: los suministros de alimentos comienzan a escasear y lo que en el Capitolio es divulgado como “simples demoras en las entregas de la comida que produce cada distrito”, es en realidad una mascada para la rebelión que comienza a tomarse a Panem.
Llama bastante la atención el modo en que con el paso de las páginas, la protagonista comienza a entender que, efectivamente, se ha convertido en algo más que en una estrella televisiva: la Chica en Llamas es ahora un rostro común para representar la furia y la inconformidad de doce distritos cansados de ver morir a su gente para apaciguar al siempre hambriento de poder gobierno del Capitolio.
El desenlace del segundo libro nos introduce poco a poco en la que será la segunda forma de sistema totalitario presente en la saga, gracias al plan de “rescate” que saca a Katniss y a otros pocos vencedores de la Arena del Vasallaje de los Veinticinco, en una operación sin precedentes
64 para empezar la guerra contra el poder. ¿Quién se ha atrevido a irrumpir en el perfecto plan del Capitolio? El Distrito 13.
“-¿Creéis que vas a encontrar una especie de ciudad nueva con personas paseando por las calles? ¿Y al Capitolio le parecería bien?
-σo (…) creemos que la gente se escondió bajo tierra cuando destruyeron la superficie. Creemos que han conseguido sobrevivir y que el Capitolio los deja en paz porque, antes de los Días Oscuros, la principal industria del Distrito 13 era el desarrollo nuclear.” (Collins, En Llamas: 15ι)
En el caso del mundo distópico de Panem el sistema totalitario encuentra cabida no en no una, sino en dos representaciones de gobierno: de un lado, tenemos al Capitolio, cuya estrategia de imposición del orden y del terror se fundamenta en el establecimiento de los Juegos y en sus cambiantes normas a fin de demostrar que son invencibles y representan a un gobierno que les asegura el “bienestar” y por supuesto, el debido entretenimiento para todos. En la otra mano, tenemos al Distrito 13, una especie de “república independiente” cuyo sistema totalitario y militar se presenta en el último libro de la saga, “Sinsajo” (Mockingjay, una palabra creada por la autora).
Una vez han rescatado a Katniss de la Arena, el principal plan del gobierno del Distrito 13 consiste en derrocar al Capitolio para hacerse con el poder, y para ello necesita del apoyo de los distritos en rebelión, liderados por la Chica en Llamas. Es necesario retomar aquí lo que hemos venido hablando del individuo en relación al sistema totalitario al que debe enfrentarse. En el caso de Katniss, estará sometida por un nuevo sistema de gobierno en el Distrito 13: el terminar involucrada en este sistema no fue una decisión voluntaria, lo que constituye un primer aspecto importante a tener en cuenta, pues ahora no solo debe enfrentarse a uno, sino a dos gobiernos controladores.
Lo que se creía sería el inicio de la “verdadera” revolución en contra del Capitolio, es en realidad el paso de un sistema opresor a otro, las cosas en el Distrito 13 no serán tan diferentes a como lo eran en el Capitolio, y será decisión del personaje el tomar control de la situación, pero no como todos esperan que ella lo haga, sino en términos de su propia revolución personal. Sabemos por los dos libros anteriores que el Distrito 13 en teoría había sido “erradicado” como consecuencia de los Días Oscuros. Lo que en realidad ha sucedido es que tanto el Capitolio como
65 el gobierno del 13 llegaron a un acuerdo: el Capitolio dejaría en paz al distrito nuclear y fingiría que no existe, si este a cambio no desplegaba su arsenal nuclear en contra del gobierno. Tras años de aparente cumplimiento de dicho acuerdo, el distrito 13 ve en el movimiento que Katniss ha iniciado la oportunidad perfecta para hacerse con el poder definitivo del país e instaurar así su propio sistema totalitarista de gobierno.
Al leer la novela se va haciendo evidente la verdadera intención de Alma Coin, la presidenta del distrito nuclear (un rasgo curioso en comparación a la figura del hombre a cargo de gobernar Panem, el presidente Coriolanus Snow): la guerra no es en contra del totalitarismo, sino de quien posee el poder en ese momento. Esta situación es algo diferente si recordamos que en 1984 la prioridad era la supervivencia e instauración de la idea de “Poder”, generación tras generación, mientras que en Panem, el poder recae en una única persona en particular, ya sea Alma Coin o Coriolanus Snow.
El conflicto entre ambos sistemas busca llegar a ocupar el puesto de mandatario, se preguntan por “el por qué esta persona gobierna y no yo”, la alternativa de un “cambio” en el gobierno no está liderada por los ideales políticos de transformar la sociedad, sino por la ambición de ambos presidentes por dominar la totalidad del país, y se van a valer del poder de masas que ha desatado Katniss para lograrlo. Siendo este un panorama bastante desalentador para nuestra protagonista, vemos que es un caso similar a lo analizado en The Running Man, y en Un mundo feliz, relatos en los que la desesperanza de los protagonistas en relación a los poderes que los dominan los lleva a elegir la muerte en lugar de seguir siendo parte de esos sistemas.
De regreso en el 13, la novela nos lleva a un distrito de oscuros túneles subterráneos, alarmas infernales y normas estrictas: el orden totalitario de este distrito es aún más crudo que el camuflado por el Capitolio, ya que en este caso, se valen del ideal de los rebeldes para manipularlos y convertirlos en sujetos al servicio de una causa igual de totalitaria y dominante. La identidad en el Distrito 13 no existe: predominan los atuendos de color gris y a todos se les llama “soldados”. A su vez, cada mañana se recibe un tatuaje con el horario a seguir y se castiga por algo tan mínimo como comer de más en la hora del almuerzo, (todo lo contrario a la doble moral manejada por Snow y sus fiestas “capitolistas” en las que los ciudadanos toman ciertas bebidas que los obligan a vomitar para así poder seguir comiendo mientras los distritos pasan hambre).
66 Volviendo a Katniss y los vencedores, llegados al Distrito 13 las principales prioridades son la formación militar, el racionamiento estricto de alimentos y la creación de un sistema de contra- ataques al Capitolio valiéndose de los mismos medios con que este se ha mantenido en el poder: el impacto mediático de la televisión, los comerciales y las entrevistas.
Katniss se convierte así en una marioneta más, esta vez al servicio del gobierno en el distrito 13 y sus libretos que buscan persuadir a la población de Panem de la acción de los rebeldes en contra del Capitolio: no es enviada al campo de batalla real, pues su rostro es demasiado importante como para arriesgarlo, y en lugar de eso es grabada siguiendo secuencias de batalla debidamente preparadas y tratando de apegarse a un guion que debe recitar de memoria, hecho que la indigna y la hace reflexionar sobre el fracaso de su ideal de cambiar las cosas desde las filas del 13, llevándola así a planear una estrategia final totalmente desvinculada de ambos sistemas.
De esta manera, tanto el Distrito 13 como el Capitolio serán sorprendidos. Lo que ninguno espera es que la heroína que hay en esta adolescente llegue a su punto máximo de desarrollo como personaje, y sorprenda a todos con sus decisiones, convirtiéndose en algo más que un Tributo, una vencedora, un soldado o una líder revolucionaria: se convierte en quien realmente es, y no en quien los demás esperan que sea.
El Panem con que termina la saga es un país que en realidad no ha optado ni por apoyar al Capitolio ni por el “nuevo” orden de Coin, y Katniss tendrá mucho que ver en esa decisión: el presidente Snow espera a ser ejecutado en la plaza pública a manos de Katniss y su arco, y Coin se prepara para asumir el poder e implementar en todo el país lo que ha hecho en el distrito 13; tras ver morir a su hermana pequeña a manos de una bomba dirigida por la presidenta Coin, nuestra protagonista finalmente entiende que ninguno de los dos gobiernos es lo suficientemente honesto y compatible con sus propios ideales, y en un último acto de rebeldía decide asesinar a Coin frente a aquellos que esperaban verla asesinar a Snow.
Posterior a esto se establecerá un gobierno aparentemente democrático y los trágicos amantes del distrito 12 podrán dedicarse a empezar una vida juntos, lejos de los sentimientos impuestos y los libretos para televisión, sabiendo que sus hijos habrán de correr sobre lo que antaño fueron lápidas de las muchas víctimas que la Era de los Juegos del Hambre dejó:
67 “-Ahora estamos en un dulce periodo en el que todos estamos de acuerdo en no
repetir los recientes horrores. Sin embargo, esta conciencia colectiva no suele durar. Somos seres inconstantes y estúpidos con mala memoria y un don para la destrucción. ¿Pero quién sabe? Quizá esta sea la buena, Katniss.
-¿La buena?
-La vez que acertemos. Quizá estemos siendo testigos de la evolución de la raza humana. Piénsalo.”(Collins, Sinsajo: 4κι)
Ahora que hemos visto muy brevemente la trama principal de esta distopía podemos analizar en detalle algunos de los aspectos que, desde nuestro estudio del paraíso perdido y las sociedades de control, son pertinentes incluir en el debate.