4.4 The First Line of Detection
4.4.1 Highly Space Efficient Blacklist
salvando a las subalternas. WID es una filial de USAID, y WEDO es, en términos generales, una ONG internacional, controlada por el Norte, con ilustres mujeres del Sur que hacen de portavoces. Este maternalismo y este sororalismo hacia las mujeres en el desarrollo constituyen también una manera de silenciar a la subalterna.
Gayatry Chakravorty Spivak1
Introducción
Es objeto del presente escrito la realización de un análisis crítico de la prác- tica de la cooperación al desarrollo, desde una perspectiva de género, en el ámbito que toca con la incidencia política y la participación de las mujeres. Es decir, se trata de estudiar las consecuencias o los resultados que están teniendo las políticas financiadoras desde los países del Norte en la cons- trucción del sujeto político mujer, individual y colectivamente considerado. No nos quedaríamos en la exposición y crítica de las prácticas, sino que la finalidad es más obvia: avanzar en políticas transformadoras que convier- tan a los grupos de mujeres, a las feministas, a las mujeres de las ONG, en auténticos motores de cambio de las políticas públicas.
Estos análisis, buscadores de nuevos parámetros en los que situar las prác- ticas de la cooperación al desarrollo, nacen de una insatisfacción extendida entre los grupos de mujeres y en un sector amplio del feminismo, que no
1 Esta cita de Gayatri Ch. Spivak (2007), conocida teórica hindú de los estudios poscolonia-
les, se refiere a la constante teorización que hace la autora de “la subalterna”, -traducida aquí como persona subalterna, para abarcar a los dos sexos, o como mujer, según el caso- como sujeto marginado e ignorado absolutamente, precisamente a favor de la élites locales y de las mujeres del primer mundo, que operarían dentro de los presupuestos teóricos etnocentristas y occidentalistas. “¿Puede hablar el subalterno?” es su obra más conocida donde profundiza en esta consideración.
Acrónimos (siglas del inglés): WID, Mujeres en Desarrollo. USAID, Agencia de los EE.UU para el Desarrollo Internacional. WEDO, Organización de Mujeres en el Medio Ambiente y en el Desarrollo.
se alinean con los parámetros del feminismo institucional/oficial y que es- tán radicalmente en contra de las políticas neoliberales, no sólo desde un punto de vista económico, que evidentemente lo están, sino desde un pun- to de vista, también, de las políticas de género o políticas de la igualdad, si es que se pudieran separar de aquél.
No satisface, en general, la implementación de políticas o de proyectos que presuponen que los valores considerados “democráticos”, situados en los más alto en el mundo occidental, se den por supuestos y por necesarios en todas las sociedades del mundo y, en su base, se impongan como criterios únicos de la participación política y del modelo de sujeto, en términos po- líticos y de derecho. Ha costado decenios el entrar en debate y cuestiona- miento, para después negarlo y desecharlo, del modelo de desarrollo, más bien desarrollista, que el Norte quería imponer al Sur, con la excusa de la Ayuda al Desarrollo. Es el momento de poner en cuestión de forma radi- cal el imaginario feminista que las políticas de género tratan de exportar a las mujeres del Sur, basadas obviamente en las políticas que se ponen en práctica aquí.
Con la excusa de incidir frente a las agresiones más execrables que sufren las mujeres de los países empobrecidos, desde las económicas hasta las fí- sicas, demográficas, medioambientales, de los derechos fundamentales, de- rechos sexuales y reproductivos... se está introduciendo el modelo de suje- to político, individual y colectivo, de mujer/mujeres que impera en nuestras sociedades. Modelo, por cierto, de posibilidades tan limitadas, que no ha sabido más que exigir la igualdad con un varón, que en realidad sobrevive en su estatus gracias a la expoliación que sufren las mujeres. Modelo, igual- mente, que sólo se puede aplicar a las mujeres nativas, pues por mor de las políticas demográficas y de inmigración, no se permite que las extranjeras tengan ni siquiera el rol secundarizado de las mujeres de aquí. Modelo, por último, que hace abstracción de las políticas corporales de las mujeres y de sus derechos propios, que nada tienen que ver, como es evidente, con el cuerpo de los hombres, en cuanto a sexualidad, reproducción e imposición de formas corporales a quienes se quiere alcanzar en igualdad.
¿Hacia dónde mirar entonces? ¿Cuáles serían los índices que nos den idea de estas políticas y sus posibles correctores? Hemos optado por introdu- cir varios elementos, entre los que es importante analizar los proyectos concretos de las mujeres o dirigidos a mejorar su situación concreta, tanto desde su contenido como de los montos que se dedican a estas activida-
des, como de las partes y contrapartes que aparecen implicadas. No cabe duda que es importante analizar cuántos recursos se mandan, desde dónde y hacía dónde, analizando los grupos que gestionan los mismos, la proce- dencia de los recursos en el nivel de financiación, y sobre todo los destinos concretos que se materializan en los proyectos singulares. Se realizan de forma permanente estudios sobre estos temas y aparecen resultados intere- santes que nos darán algunas pistas para poder calificar las estrategias de la cooperación para el desarrollo.
Sin embargo, no podemos dejar de escrutar en las concepciones y presupues- tos políticos que conllevan las acciones de Ayuda al Desarrollo, desde una perspectiva de género. Para ello, obviamente, debemos estudiar someramente, tanto las grandes declaraciones internacionales y compromisos de los Estados, gobiernos y organizaciones internacionales, como los posicionamientos de las agencias sobre los temas que se han dado en llamar “cuestiones de género” o con perspectiva de género. Evidentemente para contrastarlo todo ello con las teorizaciones feministas y las prácticas de sus grupos.
Lo único que no se puede decir en este tema es que no se ha tenido en cuenta la perspectiva de género. La generalización absoluta de la necesaria consideración del “género” llena hasta la saciedad los proyectos, los balan- ces, las evaluaciones... y toda la literatura tecnocrática de la cooperación. Tanto, que es uno de los sectores en el que más se ha contribuido a degra- dar e hipertrofiar el concepto “género”, que tan brillantemente innovaran las teóricas feministas de las diferentes disciplinas. Lo que sí se va a discu- tir entonces es el concepto que se ha utilizado de “género” y de “mujer” o “mujeres” con una pretensión universalizadora y homogeneizante, que tiene como modelo hegemónico, en general, la mujer construida y/o ima- ginada, por deseada, desde el Norte. La que no cumple este objetivo ha pasado a ser la mujer sujeto de nuestras “ayudas”: víctima, vulnerable, pre- sa de tradiciones ancestrales que la humillan, oprimida y discriminada por los suyos, antes que por las culturas de aquí.
Así se ha dicho (Cirujano, 2005) que “desde mediados del siglo XX, el desarro- llo se extiende por todo el mundo de forma más acelerada de la mano de la democracia. El desarrollo, en coherencia, debe incluir los principios democrá- ticos, entre los que se encuentra el reconocimiento de la igualdad sexual y las medidas políticas, económicas, sociales e ideológicas que persiguen la igualdad real –aún no existente- entre mujeres y hombres. Esto, sin embargo, no ha sido siempre así, y los logros y reconocimientos alcanzados por las mujeres occiden-
tales se han ignorado y se siguen negando para las mujeres de otras culturas en nombre de un mal entendido respeto a la multiculturalidad”. Se ha dicho, y con razón, que las políticas de desarrollo han sido ciegas al género. Ahora sí podemos decir que lo que hay en muchas de estas políticas es una visión completamente sesgada y androcéntrica.