Audio-Visual Interaction
3.1 Overview Of Auditory Spatial Perception
3.1.1 Horizontal Plane Localization
La noción de la no existencia de un mundo "verdadero", pre-existente a los fenómenos, sino de la existencia de distintas construcciones sociales de la realidad abordada por Berger-Luckmann (1974) propone pensar que hay diferentes miradas sobre la realidad, por lo que hay visiones diferentes acerca de los sectores que componen la ciudad y también, tantas ciudades como se imaginen. Esto permite plantear a los sectores populares urbanos como sujetos de discurso, y con capacidad para apropiarse los objetos tanto sociales y simbólicos como materiales, es decir, como agentes sociales (Reguillo; 2000).
- 147 - Asediados por los calificativos usurpadores o ladrones, los residentes del asentamiento se sienten legítimos porque pagaron. Este acto de buena fe es lo que los legitima como dueños de cada terreno desde sus percepciones, desde el adentro.
Como se estableció en la parte primera, en la denominada ciudad formal, existen estos métodos de irregularidad o ilegalidad, quizás de forma aislada, sin organización y sin necesidad de apropiarse de un terreno para habitar. Entonces, la ilegalidad como fenómeno social se da también en otras clases, ya sean medias o altas que no declaran viviendas o no cuentan con la formalidad establecida por el Estado.
Para los pobladores del asentamiento comprar mediante la palabra, sin el marco legal formal, los hace propietarios de igual manera. Los habitantes son y se sienten dueños porque negociaron ese lugar. Desde sus posibilidades y hasta sus derechos. Por eso no admiten que los califiquen de ladrones porque media la palabra y la buena intención.
“(…) Cuando llegamos, el resto (de los vecinos) nos miraban mal. Como si fuéramos ladrones. Somos pobres, pero no le hicimos mal a nadie. Se nos ensució solo por ser pobres: que éramos ladrones, que nos trajo un político, que éramos sucios... Queríamos una casa para la familia, vivir dignamente, como ellos, está mal?” (Mirta)
“(…) Nos dijeron que estos lotes eran municipales. Era un basural. Lo limpiamos y después planeamos la toma. Todos necesitábamos casa. Es más, algunos pagamos al primer usurpador, de tontos, creyendo que estaba bien. Terminamos pagando dos veces. Pero es mi lugar, mi barrio” (Claudia).
- 148 - comparar el terreno a un primer ocupante y terminar pagando dos veces para ser dueños legítimos. Y sentirse engañados por las estructuras formales de la ciudad, que se manejó de manera irregular con los habitantes del asentamiento, “de manera tramposa y aprovechándose de la
gente humilde que no sabía leer y escribir” (Mercedes).
En las entrevistas, muchos refieren al engaño cuando narran la llegada mediante la compra a un vecino que había tomado el suelo y que como no podía pagar lo acordado, vendía su lote de palabra y la familia que entrara, previamente acordado en la asamblea barrial, se sumaba al pago comunitario.
“(…) Llegué al barrio después del engaño, cuando ya habían negociados con las dueñas el pago” (Fredy)
“(…) Yo no estaba cuando fue el tema del engaño. Llegamos con la negociación” (Adriana)
La negociación con las dueñas es el otro engaño: el asedio, la firma de documentos autonombrándose usurpadores o ladrones por parte de vecinos que no sabían leer, la presión y la burla.
“(…) Fuimos engañados por algunos vivos que nos vendieron estas tierras diciendo que eran del Estado. Las compramos. Después aparecieron las dueñas y todo el maltrato por parte del abogado que nos mentía, nos acusaba de ladrones, nos trataba mal” (Mirta)
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10.2 La buena fe y la confianza. Sentidos de pertenencia.
Los residentes del lugar aseguran que tomaron de buena fe, creyendo que eran tierras sin dueños, y quienes compraron a un primer ocupante, lo hicieron también basándose en la confianza de los vendedores que aseguraban que no tenían dueños los lotes.
En esta línea, en sus análisis Cravino analiza las representaciones sociales de los pobladores de asentamientos acerca de la propiedad y establece que se vinculan tanto al funcionamiento del mercado inmobiliario extralegal como a las intervenciones estatales de regularización dominal urbana (Cravino, 2009: 63). Por un lado se consideran propietarios aunque no sea de manera legal convencional. Por otro, muestra que pagar legitima y legaliza el acto de la compra.
Estas representaciones surgen del sentido común de “la buena fe” y del hecho que nadie cuestiona las “buenas intenciones”. La disputa del suelo urbano no opera solo en el plano de habitar la ciudad sino que son espacios donde también se disputa la legalidad.
Los entrevistados saben que se trata de una manera informal de comprar una propiedad, con muchos riesgos, pero también que es la única forma de acceder y comentan que es muy común en los barrios humildes. Así en los relatos, los mismos habitantes hablan de comprar sin papeles, de la confianza con el vecino vendedor o la estafa:
“(…) En los barrios del fondo es común comprar una casa sin papeles. El tema es que te lo venda alguien conocido así te quedas tranquilo. En La Victoria hicimos un trato: nadie vendía hasta no terminar de pagar todas las cuotas, así no había problemas. Éramos socias en los terrenos y teníamos que ir todos para el mismo lado” (Ada)
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“(…) Cuando compre este lote a un tipo, me estafó. Le pagué y terminó siendo una mala persona que se aprovecho de la toma y de mi necesidad y apuro. Después, volví a pagar cuando arreglamos con las dueñas de las tierras” (Claudia)
Así, los residentes de los asentamientos y de barrios populares, muchas veces pagan por los terrenos ilegales. Es decir, compran al anterior ocupante sin ningún papel solo mediando la buena fe. Como en viejos tiempos, la confianza opera como mediador en el mercado inmobiliario popular, donde la condición de vecino o conocido opera como generador de confianza.
En los sectores populares, las transacciones del suelo se realizan en un marco de confianza y flexibilidad, generalmente entre conocidos o miembros de un mismo grupo de pertenencia (Cravino, 2008); ya que comprar es algo legitimado por la lógica de la necesidad, pero la venta tiene el desprestigio de la especulación.
Cravino encuentra que los habitantes manifiestan voluntad de pagar por los lotes que ocuparon y que, la obtención del título de propiedad es muy valorado por las familias que residen en los asentamientos: “Además de la seguridad de la tenencia, el deseo de ser incluido en la ciudad y de ser reconocido como un ciudadano pleno (…) Como habitantes se sienten marginados y estigmatizados a causa de la ilegalidad, la propiedad formal, ya sea realista o no, se ve como una escapatoria y una oportunidad de ascenso social”. (Cravino, 2009:63)
Así lo narran los vecinos de La Victoria:
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“(…) Me siento más segura así, porque sé que nadie puede sacarme de acá” (Claudia)
Las representaciones sociales de los pobladores acerca de la propiedad se vinculan tanto al funcionamiento del mercado inmobiliario extralegal como a las intervenciones estatales de regularización “dominal urbana” (Cravino, 2009:63). Por un lado se consideran propietarios aunque no sea legal. Por otro, muestra que pagar legitima y legaliza de cierta manera la pertenencia al lugar.
Bertha, cuenta que cuando llegaron le pagaron a un primer “usurpador” mil quinientos pesos.
“(…) Estábamos tranquilos, muchas familias pagamos pensando que este señor las vendía porque las cuidaba. No teníamos papeles pero le creímos porque le pagamos” (Bertha)
“(…) Muchos se aprovechan de la necesidad y la urgencia. Te ven con hijitos, sin casa y dispuestos a pagar unos pesos y se avivan” (Marcela)
“(…) No me pareció mal porque acá se manejan así: pagas y entrás. Además éramos familias con nenes, con necesidades. Pero siempre hay un vivo que se aprovecha de la pobreza de uno” (Claudia)
La mayoría de las familias había pagado por lo tanto se creían “propietarios sin papeles”. Sin embargo, al tiempo de la toma, la policía junto a un abogado los notificó que ésas tierras tenían dueñas y debían irse. Ahí comenzó la organización para luchar por el espacio.
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