3. HUMAN RIGHTS IMPACT ASSESSMENTS
3.3 ESSENTIAL ELEMENTS OF AN HRIA
3.3.1 THE HUMAN RIGHTS FRAMEWORK
Advertidos entonces acerca de la vigencia de lo múltiple, interesa centrar- nos en la escuela pública común. Entre las regularidades que estructuran las formas escolares y la pluralidad emergente de los procesos de cons- trucción social de lo escolar en espacios sociales y regionales diferentes se configuran las escuelas concretas, y en sus intersticios pueden anidar variaciones y aperturas. La especificidad de sus tramas y la historia sin- gular en la que los sujetos resignifican las instituciones modulan en múl- tiples sentidos los componentes duros para mostrar la ductilidad de los procesos sociales e institucionales, sus dinámicas y matices. Paisajes esco- lares registrados en el contacto con establecimientos de distintas provin- cias argentinas nos permiten ilustrar estas afirmaciones.
Paisaje 1
En un barrio populoso de una ciudad del noreste argentino, una escuela atrae la atención de los chicos. En el tiempo en que la conocimos la lla- maban «la escuela de la granja». En el barrio, las familias se han ido aglu- tinando en busca de mejores condiciones de vida; la mayoría son de ori- gen rural y muchos de los abuelos y padres se comunican en guaraní sin que existan redes étnicas articuladas comunitariamente. Se trata de una población heterogénea, en la que el 85% se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Los padres «se van tempranito a vender sus cosi- tas y se ocupan más de los más chiquitos, los más grandecitos los dejan solos, andan por ahí todo el día, mucho en la calle».
Las horas de clase se combinan con el trabajo en una «granja avícola escolar». En el terreno disponible se armaron gallineros, y grupos de alumnos organizados por sus docentes se turnan para atenderlos. A los chicos les gusta el trato y el cuidado de animales, como también poder llevar huevos a sus casas de vez en cuando. Todo se ha hecho con el tra- bajo de los docentes y el esfuerzo de recaudación, que incluyen desde los beneficios organizados por la escuela hasta la presentación a concursos para su financiamiento por fundaciones.
Tiempos de recreos ocupados en los corrales, encuentros de trabajo los fines de semana, cruce de saberes entre la crianza casera y los ins- tructivos de las incubadoras, curiosidad por la vida de los pollitos en cria- dero, tarea de limpieza compartida con los maestros después de hora, chicos de distintos grados conformando grupos y armando agendas de actividades. La historia, los saberes y las ganas de los maestros ocupan un lugar significativo en la puesta en marcha de la granja.
Nuevamente, el paisaje social y cultural atravesando las formas insti- tucionales sin disolverlas, más bien apoyándose en ellas para robustecer la otredad e investirla de significados escolares. Lejos de diluirlas, las for- talece complejizando sus tramas.
Una gramática atravesada por los contextos y modulada por los sen- tidos locales es la primera observación que nos permite romper con las figuras estáticas de lo escolar y comprender las tramas en las que es posi- ble que aniden otras formas.
Paisaje 2
En el corazón algodonero de Santiago del Estero, luego de una hora y media de camino de tierra desde el poblado más cercano, aparece en el horizonte la bandera y los guardapolvos de las maestras que nos esperan. A su alrededor, numerosos niños y adultos, caballos y gallinas. Una casita vieja y trabajosamente mantenida abre sus puertas para mostrarnos una sala de recepción con contrapiso y revoque, mesa y bancos para el comedor, dos aulas, la dirección y la cocina a la par. Padres, abuelas, hermanos colaboran en la preparación de las empanadas mientras con- versamos con los chicos del segundo ciclo.
Uno de los alumnos sale a mirar a los hermanitos que quedaron afuera en el terreno de la escuela, porque los padres tuvieron que ir al
poblado para conseguir un medicamento. En el aula de al lado, la maes-
tra del primer ciclo da clases al mismo tiempo que ayuda a una madre a escribir una carta para su hija que hace tres años se fue a Buenos Aires, esforzándose por comprender el quechua transfigurado por la falta de dientes. Una de las madres toca la campana. «¿Es ya la hora?», pregunta la maestra. «No, seño, pero don Marcos está impaciente.» Salimos y,
mientras los chicos llevan los caballos a la sombra y dan de comer a las gallinas, Don Marcos nos muestra una de sus obras: un molino íntegra y minuciosamente realizado con el metal de las latas de conservas. «Es uno de nuestros artistas, él enseña aquí a los chicos y a todo el que quiera.»
Pero hay algo más para conocer. En un pequeñísimo cuarto, cuidado- samente acondicionado, hay una computadora y una emisora radial. Chicos y abuelas exploran con curiosidad nuevos programas. Una mujer me dice, en castellano mezclado con quechua, que «¡se toca y sale el dibujo!». Los chicos aclaran: «Estamos aprendiendo el PowerPoint y a ella le encanta», «además hacemos una revista a color». La programación de la radio sale al aire tres veces por semana, y los padres se han acostum- brado a llevar su aparato «a transistores» para escuchar a sus hijos mien- tras recogen el algodón o preparan la tierra, según la época. «Es bueno, así se conserva más la familia... y uno escucha... sabe lo que aprenden.»
Tiempos marcados por diversas necesidades, como la de Don Marcos, espacios que son «el terreno» o el patio escolar, según los momentos y sus usos, relaciones de saber que varían según el objeto y en las que hay otros que enseñan en la escuela, computadoras para escribir en quechua, cono- cimientos transmitidos por radio para dar cuenta del hacer escolar a las familias. En fin, formas moduladas entre actores escolares y vecinos, entre chicos y abuelas, entre gallinas y polvo; formas autorizadas por el guarda- polvo blanco y la bandera solemnemente arriada al filo del medio día.
La escuela rural, en su heterogeneidad, nos permite ilustrar otros ros- tros de las variedades que estamos inventariando. Los componentes duros, sin ausentarse en absoluto, se articulan en un espectro frondoso de fle- xibilidades que, sin romper la gramática de lo escolar, ofrecen innumera- bles zonas grises en las cuales crecen sentidos abiertos a la diferencia. Paisaje 3
Nos ubicamos en un barrio periférico de Córdoba. Don Luna es el crea- dor de una radio comunitaria que funciona en su casa, en un lugar espe- cialmente acondicionado para este trabajo. Comenzó a vincularse con el mundo radiofónico hace años, cuando trabajaba en un servicio de sonido llevando propalación a los pueblos del interior, incluso de otras provin-
cias, como Santiago del Estero. Allí fue surgiendo su interés, y con su hermano comenzaron con el proyecto de instalar una radio.
Con la emisora en funcionamiento, decidió acercarse a la escuela pri- maria recientemente creada en los bordes del barrio. La escuela recibe a una población infantil sumamente golpeada por los distintos procesos que afectan a las otrora clases trabajadoras y a los sectores más pobres, cuya situación se ha agudizado también como consecuencia de los cam- bios en las condiciones de pobreza. Transformaciones y quiebres que han formado parte de los procesos vividos en Argentina en los últimos años. Don Luna buscaba que los chicos conocieran el mundo de la radio y accedieran a sus entretelones. Esto suponía que pudieran manejar algu- nas cuestiones tecnológicas, comprender desde lo que es una radio a galena hasta el manejo de la tecnología relativamente sencilla que permite poner al aire los programas, locución y armado de guiones, que conocie- ran las diversas facetas de la comunicación. Que ellos puedan aprender que el mundo no está cerrado, que pueden hacer cosas con sus propias manos, inventar alternativas, que aun en esa situación de extrema pobreza en la que se encuentran hay mundos distintos para explorar. Él decía: «Yo, que he sido humilde como ellos, les quiero mostrar, les quiero dejar la idea de que se pueden hacer cosas como ésta».
Esta escuela que abre sus puertas, pero no a una radio comercial ni a una organización con trayectoria, sino a un sujeto y su pequeño empren- dimiento comunitario en construcción, busca transmitirles a los chicos una experiencia social. Esa radio en esa escuela aporta dos novedades significativas: un mundo nuevo para abrirles a los niños y una experien- cia de producción de lugares sociales, de prácticas instituyentes, de histo- rias de vida, que muestran formas originales de pararse frente a la adver- sidad de las condiciones objetivas.
Si bien los propósitos explícitos del proyecto aludían a la necesidad de desarrollar competencias comunicativas y lingüísticas que resultaba difí- cil trabajar exclusivamente desde la lógica del aula, otros sentidos aparecen en el seno de este emprendimiento. En la soledad de los márgenes en la que se encuentra la escuela, el deseo y la voluntad de Don Luna de trans- mitir su experiencia a los chicos significaron un eslabón educativo que la escuela, en sí misma y desde adentro, no puede producir.
Una maestra trabajó con los contenidos escolares para ponerlos a circular de otra manera y acompañar pedagógicamente la experiencia de Don Luna y de los chicos; surgieron así equipos para la producción de diversas notas, entrevistas, investigaciones, invitados para dar charlas en la escuela sobre distintos temas; al sumarse otras docentes a su iniciativa, se articuló la producción con otros grados y se conformaron grupos de trabajo con chicos de distintas edades.
Transmitir un conocimiento social, proveer de distintos recursos cul- turales más allá de los que la escuela misma dispone, promover relacio- nes con el mundo social distintas al cotidiano de sufrimiento, de soledad y de abandonos, cuando no de profunda negación de los procesos pro- pios de la infancia para esos chicos, son algunos de los contenidos que atravesaron esta experiencia de tres años6.
En el seno de los procesos de construcción social de las formas esco- lares, es posible la emergencia de iniciativas como la de Don Luna, que no sólo incorporan su trayectoria al campo de interacciones ofrecido por la escuela, sino que abren puertas hacia mundos de sentido y lógicas cul- turales antes desconocidas.