CHAPTER 5: Conclusion and recommendations
5.3. Hypotheses
Generalmente es durante la infancia, desde la concepción hasta la adolescencia que el individuo hizo la experiencia de nuevos modos de experimentado.
Por ejemplo, el día de la entrada en el colegio, está separado de su madre por primera vez, lo que puede vivir como un abandono, una desvalorización, una baja jugada… Está en contacto con una nueva experiencia, un nuevo experimentado posible, y puede vivir este conflicto durante algunas horas o algunos días. Esto generalmente no dura lo suficiente para activar un síntoma. Este conflicto simplemente debilitará a la persona, la sensibilizará a este tipo de experimentado, cualquier sea el tema o la situación. Así se crea poco a poco el terreno. El individuo imprime, por primera vez en su historia personal una zona de su psiquismo, de su cerebro, de su cuerpo y de su energética. Esto está memorizado a estos cuatro niveles.
Los niños, muy evidentemente, están en aprendizajes, en lo que llamamos ventanas de grabación. Descubren el mundo, un universo al cual deben dar un sentido. La primera experiencia, el primer aprendizaje en un campo es muy señalado, muy determinante.
Esta noción de ventana de grabado ha sido desarrollada por Konrad Lorenz, que la descubrió en sus trabajos de etiología. El bebé oca, el ansarón, considera como su madre al primer ser que ve después de salir del huevo. Si ve un par de botas, seguirá el par de botas, con preferencia a su verdadera madre. Si es una pelota de tenis, seguirá la pelota de tenis y, hecho adulto, buscará copular con…
También se conoce en el mundo animal, el caso de una elefanta que creía que era un búfalo, porque cuando era bebé, había sido adoptada por búfalos. Adulta, buscaba copular con los machos búfalos, apartando las “demás” hembras búfalos, con lo cual los machos búfalos tuvieron que copular con sus hembras de noche, lo cual no es en absoluto natural en esta especie.
La ventana de grabación es determinante, pero de modo totalmente arbitrario, incluso inútil.
El niño pasa en ventanas de grabación, de aprendizaje, vinculadas a las etapas de su desarrollo psicobiológico (cf. 6. El niño). Cuando se presenta un suceso en una de estas ventanas de grabación, que sea en el momento de la crisis de Edipo, del aprendizaje de la palabra, u otro, el suceso que se presenta adquiere un relieve desproporcionado, un relieve que será determinante para la vida entera. Incluso si los padres hicieron una observación, para ellos sin transcendencia, y olvidada un cuarto de hora después, el niño, él, puede estar determinado por esta observación, sentirse herido, desvalorizado, no reconocido, y esto tendrá un impacto sobre toda su vida. Con el suceso y el sentido que se le atribuye, se instala una creencia, alrededor de la cual se construirá la personalidad. Generalmente, hay que recalcarlo, este suceso es un suceso real ( y no virtual o imaginario).
Cuanto más pronto sucede en la vida, cuanto más encontraremos en lo real los conflictos programadores, y cuanto más también serán determinantes. El conflicto programador puede ser totalmente silencioso, como una mina anti – persona hundida, escondida durante mucho tiempo en el inconsciente. La biología no produce enfermedad, ni síntoma en aquel momento. En cambio, se percibirá a nivel de los pulsos Chinos, del iris. Un
buen iridólogo por ejemplo detectará una debilidad particular de tal o cual órgano, correspondiente a un tipo particular de conflicto, cuando el paciente no se queja de este órgano.
Tres casos clínicos
o Una muchacha de 12 años, viviendo en la costa, preguntó a su madre si podía ir a la playa y jugar con sus amigas. Su madre le contestó: “Naturalmente, si no me quieres”. No sabía qué hacer ni en qué pie bailar. Tenía ganas de ir a la playa, pero si iba, se sentiría culpable de no amar lo suficiente a su madre, y entonces la vida en aquel momento perdería su sentido. Y si se quedaba, no podría divertirse con sus amigas, y la vida aún aquí sería triste y carente de sentido. Era un conflicto programador que no activó ninguna enfermedad en aquel momento, pero que preparó el terreno, que lo debilitó, que hizo a esta niña particularmente sensible y vulnerable a los conflictos motores.
o Un niño de ocho años estaba en clase. El maestro le llama a la pizarra, y desde ahí lo ridiculizó delante de todo el mundo. Durante algunos días, no pudo dormir, luego dejo de pensar en el suceso y todo pareció volver a la normalidad…
o Cuando miró la película 20.000 leguas bajo los mares, un niño estuvo muy impresionado, traumatizado incluso, por la escena del pulpo gigante que ataca y hace perecer a los marineros del Nautilus. Un poco más tarde, este niño, que vivía en el campo y adoraba a los animales, asistió al nacimiento de un pequeño burro. Pero la burra parió cerca de un río, y el burrito resbaló y se ahogó. Y él estuvo encargado de transportar el burrito muerto.
Estos dos golpes se inscribían en el mismo carril, pero no activaron entonces ningún síntoma físico. Es como si hubiese un principio de zanja en un camino. El carro que pasa en este camino tendrá tendencia a ir en esta zanja. Es capital encontrar este primer suceso, que no crea la enfermedad, pero que, de hecho, lo lee, prepara el terreno. Con un interrogatorio apretado, hay que intentar recoger todos los detalles, todas las circunstancias del lugar, tiempo, de este primer suceso. Porque más tarde, cuando el individuo estará
colocado otra vez en uno de estos carriles, una de estas zanjas, el proceso de la enfermedad vinculado a lo experimentado del primer carril volverá a estar activado.
El paciente conoce perfectamente los orígenes de su mal, pero ignora que lo sabe. Es un conocimiento inconsciente. Estas minas anti- personas olvidadas en el inconsciente pueden explotar algunos meses, algunos años más tarde, si un suceso se produce y los activa, un suceso que estará relacionado con el mismo tipo de experimentado.