Al discutir el sentido interno y externo del Corán, señalamos que las ciencias islámicas se explican en el Libro a través de distin- tos medios, y que éstos en general se dividen en dos dimensiones: exotérica y esotérica. La explicación exotérica es la que se ajusta al nivel del pensamiento simple, a los modelos y comprensión de la mayoría, en contraste con la explicación esotérica, que la compren-
de solamente la élite, lo cual se consigue solamente con la ayuda de la visión que se obtiene con la práctica de la vida espiritual.
La explicación que emana de la visión exotérica presenta a Dios como el gobernante absoluto del mundo de la creación, todo el cual es Su dominio. Dios ha creado muchos ángeles, legiones, para llevar a cabo y ejecutar las órdenes que Él da a conocer para todos los aspectos de la creación. Cada parte de la creación y su orden se relaciona a un grupo especial de ángeles, quienes son los protecto- res de ese dominio. La especie humana es Su creación y los seres humanos son Sus siervos, quienes deben obedecer Sus órdenes y prohibiciones. Y los Profetas son los portadores de Sus mensajes, los comunicadores de las leyes y regulaciones que Él ha enviado a la humanidad, demandando que el género humano las obedezca. Dios ha prometido premio y recompensa por la fe y la obediencia, y castigo y padecimientos por la infidelidad y el pecado, y no romperá Su promesa. También, dado que Él es justo, Su justicia manda que en otro estado de la existencia los dos grupos, los hombres virtuosos y los hombres malos que en este mundo no tienen un modo de vida de acuerdo con su naturaleza buena y mala, sean separados. Los virtuosos poseerán una vida buena y feliz, y los malos una existen- cia calamitosa y miserable.
De esta manera Dios, de acuerdo a Su justicia y a la promesa que ha hecho, producirá la resurrección de todos los seres humanos que viviendo en este mundo murieron , sin excepción, e investigará detalladamente sus creencias y obras. Los juzgará de acuerdo a la verdad y cada uno tendrá lo que se merece. Hará justicia por cuen- ta de todos los que fueron oprimidos. Dará a cada persona el pre- mio por sus propias acciones. Un grupo será destinado al cielo eter- no y el otro grupo al infierno eterno.
Esta es la explicación exotérica del Sagrado Corán. Por su- puesto, es cierta y correcta. Pero su lenguaje se compone de térmi- nos e imágenes nacidas de la vida social e ideas del ser humano con el objeto de que su beneficio fuera más general y el radio de acción más amplio.
Quienes han penetrado en el sentido espiritual de las cosas y están familiarizados en cierto grado con el lenguaje esotérico del Sagrado Corán, comprenden sin embargo, de sus manifestaciones, los sentidos que están por encima del nivel de comprensión simple y popular. El Sagrado Corán, en medio de sus más simples y nada complicadas exposiciones, alude ocasionalmente al objetivo y, pro- pósito esotérico de su mensaje. A través de muchas alusiones el Sagrado Corán afirma que el mundo de la creación con todas sus partes, de las cuales el hombre es una, se está moviendo en su “conversión existencial”, la cual siempre se coloca en la dirección de la perfección hacia Dios236. Llegará el día en que este movi-
miento finalizará y perderá totalmente su existencia independiente y separada ante la Majestad y Magnificencia divinas.
El ser humano, que es parte del mundo y cuya perfección es- pecial existe por medio de la conciencia y el conocimiento, se mue- ve también de prisa hacia Dios. Cuando alcance el fin de esta con- versión, observará claramente la Verdad y la Unidad del Dios Úni- co. Verá que el Poder, el Dominio y toda otra cualidad de perfec- ción pertenece exclusivamente a la Sagrada Esencia Divina. Se le revelará la realidad de cada cosa como es. Este es el primer estadio en el mundo de la eternidad.
Si a través de su fe y buenas obras en este mundo, el hombre es capaz de comunicarse, relacionarse, familiarizarse y ser amigo de Dios y los seres en Su proximidad, entonces, con una felicidad y gozo que nunca se podrá describir en un lenguaje humano, vivirá cerca de Dios y en compañía de los seres puros de ese mundo superior. Pero si debido al deseo y al apego a la vida de este mundo y sus placeres pasajeros e intrascendentes, se separa del mundo superior y no procura la intimidad de Dios y el amarlo y a las exis- tencias puras que están en Su presencia, entonces pasará a ser afligido con penosos tormentos y la adversidad eterna. Es cierto que las buenas y las malas obras del hombre en este mundo son pasajeras y desaparecen, pero las formas de estos actos buenos y malos se establecen en el alma del hombre y le acompañan el cual-
quier parte. Son el capital de su vida futura, sea dulce o amarga. Estas afirmaciones pueden extraerse de los siguientes versículos:
«Pero todo vuelve a tu Señor» (96:8). Y Él dice: «¿No es Dios el fin de todo?» (42:53). Y también: «Y será Dios Quien, ese día, decida» (82:19). Entre las razones dadas a ciertos miembros de la
raza humana el Día del Juicio, Él dice: «Estas cosas te traían sin
cuidado. Te hemos quitado el velo y, hoy, tu vista es penetran- te» (50:22).
Respecto a la interpretación hermenéutica del Sagrado Corán (la verdad de la que se origina el Corán) dice Dios: «Esperan otra
cosa que su cumplimiento (ta’wil). El día que se cumpla, los que antes la olvidaron dirán: ‘Los enviados de nuestro Señor bien que trajeron la Verdad. ¿Tenemos ahora intercesores que interceden por nosotros o se nos podría devolver y obraríamos de modo diferente al que obramos?’. Se han perdido a sí mis- mos y se han esfumado sus invenciones» (7:53). Él dice: «Ese día, Dios les retribuirá en su justa medida y sabrán que Dios es la Verdad manifiesta» (24:25). Y: «Hombre, te esfuerzas con denuedo en encontrar a tu Señor y Le encontrarás» (84:6). Tam-
bién: «Quien cuente con encontrar a su Señor, que obre el bien
y que, cuando adore a su Señor, no Le asocie nada» (18:110). Y: «¡Alma pacificada! Retorna a tu Señor, satisfecha y complaci- da. Y entra con Mis siervos, entra en Mi Jardín» (89:27-30).
También dice Él: «Pero cuando venga la gran calamidad, el día
que recuerde el hombre sus esfuerzos y se haga aparecer el Fuego de la Gehena a quien pueda ver, quien se haya mostra- do rebelde y preferido la vida del mundo tendrá por morada el Fuego del Ardentísimo, mientras que quien haya temido com- parecer ante su Señor y haya preservado su alma de la pasión tendrá el Jardín por morada». (79:34-41)
Respecto al premio de las acciones dice Dios: «¡Impíos! No
os disculpéis hoy. Se os retribuirá tan solo según vuestras obras».
La continuidad y sucesión de la Creación
Este mundo de la creación que observamos no posee una vida perpetua y sin fin. Llegará el día en que finalizará la vida de este mundo y sus habitantes, como lo confirma el Sagrado Corán: «No
hemos creado sino con un fin los cielos, la tierra y lo que entre ellos hay, y por un período determinado» (46:3)
Se podría preguntar si antes de la creación de este mundo y la actual raza humana ha habido otro mundo y otra raza humana. La respuesta directa a estas cuestiones no se pueden encontrar en el Corán. Allí solamente podemos descubrir alusiones a la continuidad y sucesión de la creación. Pero en las tradiciones (rawayat) de los Imames de la Casa del Profeta transmitidas a nosotros, se asegura que la creación no se limita a este mundo visible. Muchos mundos han existido en el pasado y existirán en el futuro. El Sexto Imam dijo: “Posiblemente vosotros penséis que Dios no ha creado una
humanidad distinta a la vuestra. ¡No!. Juro por Dios que Él ha creado miles y miles de humanidades y que vosotros sois la última de ellas”237.
Y el quinto Imam dijo: “Dios, exaltado sea, desde que creó
el mundo ha creado siete especies, ninguna de las cuales fue- ron de la raza de Adán. Las creó de la superficie de la tierra y puso cada existencia una después de otra sobre la tierra. Des- pués Él creó a Adán, el padre del género humano y dio existen- cia a sus hijos a partir de él”238. Y también dijo el sexto Imam: “No piensen que después de la desaparición de este mundo y el cumplimiento de su objetivo, del Día del Juicio y la coloca- ción de los virtuosos en el cielo y de los malvados en el infierno ya no habrá nadie que adore a Dios. No. ¡Jamás! Más precisa- mente, Dios creará nuevamente siervos sin matrimonio de hom- bre y mujer que conozcan su Unidad y para adorarle”239.