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Appendix 2.C The shifted log-normal method ( Borovkova et al ( 2007 ))

4.2 The ‘extension’ method

4.2.1 Idea

La depresión también ha sido explicada desde un punto de vista estrictamente conductual. Si bien es cierto que estas explicaciones progresivamente han sido complementadas o sustituidas por las cognitivo-conductuales, hay autores que prefieren recurrir exclusivamente al análisis de conducta para explicar el fenómeno depresivo.

La depresión es un fenómeno difícil de explicar desde un punto de vista psicopatológico para los enfoques conductuales y cognitivos, debido a que su etiología y sintomatología son muy complejas (Rehm, 1993). Si la comparamos con la ansiedad, la diferencia es importante en este sentido. La aproximación a la ansiedad desde esta perspectiva supuso una simplificación del fenómeno al entenderla como una respuesta condicionada. De esta forma la analogía de una fobia como algo compuesto por reacciones de conducta cognitivas y fisiológicas similares frente a un estímulo concreto, posee una fuerte capacidad para explicar el fenómeno. Sin embargo, el caso de la depresión es más complejo, ya que incluye “ una conducta evidente (p. ej. apariencia triste, disminución de la actividad, falta de interés), cognición (p. ej. baja autoestima, indefensión, desampara, visión negativa del mundo) y síntomas somáticos (p. ej. pérdida de peso, alteraciones del sueño, molestias físicas) que se extienden prácticamente a todas las áreas de funcionamiento ” (Rehm, 1993, pág. 65). Además, aunque a veces se puede identificar el acontecimiento provocador, la depresión no siempre está ligada a un estímulo.

En 1928, Ivanov-Smolensky, médico de los laboratorios de Pavlov, señalaba que un perro “estaba deprimido ”, mostrándose incapaz de realizar distinciones en una tarea de condicionamiento clásico. Este trabajo influyó poco en el campo psicopatológico de la depresión y ha sido en las dos últimas décadas cuando se ha realizado un verdadero esfuerzo por aplicar los modelos de aprendizaje al campo de la depresión. Sin embargo, los modelos conductuales fueron los primeros enfoques del aprendizaje aplicados a la depresión (Rehm, 1993). Así pues, fue la experimentación desde el campo de la modificación de conducta la primera en iniciar una aproximación a la depresión desde el laboratorio y proponer modelos análogos para el proceso real. Señalan Vázquez y Sanz (1991) que, en general y con pequeñas matizaciones, los modelos conductuales enfatizan en la idea original de Skinner (1953), que mantiene que la principal característica de la depresión es la reducción generalizada en la frecuencia de conductas.

3.1.2.2.1. Modelo de Fester

Uno de los primeros autores que aplicó el análisis de conducta a la depresión, dotando de un soporte clínico-experimental al trastorno fue Fester (1965). Sus aportaciones fueron tan importantes que podemos afirmar que todos los enfoques conductuales parten irremediablemente de sus trabajos. Fester

(1965, 1973), entendía la depresión como una disminución generalizada de los índices de respuesta a estímulos externos, de forma que la conducta dejaba de estar reforzada. Para Fester (1973, 1974) la depresión se puede generar a partir de tres posibles situaciones: baja tasa de refuerzo, alta tasa de castigo y alteración o pérdida de los estímulos discriminativos para la secuencia respuesta-refuerzo. De esta forma, el modelo de Fester establecía como causa suficiente de la depresión la ocurrencia de cambios en la frecuencia de las conductas (Vázquez y Sanz, 1991). Pero la principal analogía que el autor utilizó para explicar la conducta depresiva fue la del proceso de extinción. López de Lérida (1976) resume en un artículo la etiología de la depresión desde el punto de vista del análisis de la conducta y lo primero que, necesariamente, hace el autor es definir desde esta perspectiva la conducta depresiva, mediante el concepto

“ inhibición ”. Así afirma: “ Uno de los adjetivos más habitualmente empleados en las descripciones del fenómeno depresivo es ‘inhibición’. Inhibición de la acción, inhibición del pensamiento, que suelen acompañarse de cierto afecto peculiar ” (pág. 69). Y posteriormente señala: “El adjetivo ‘depresivo’, indica una disminución de la frecuencia de emisión de ciertas conductas instrumentales, que constituían anteriormente el repertorio de un sujeto, el cual las emitía a cierto nivel operante. En otras palabras, puede decirse que el fenómeno depresivo es un proceso no programado de extinción de conductas

instrumentales ” (pág. 69). Para Fester (1973) las principales

pérdidas de la vida podían considerarse como de fuentes de refuerzo y los efectos que estas pérdidas provocaban se generalizaban porque había otras conductas encadenadas a la fuente principal de refuerzo. Vázquez y Sanz (1991) señalan cuatro procesos que, según Fester, aislados o combinados podrían explicar el origen de la depresión: (a) Cambios inesperados y rápidos en el medio que impliquen pérdidas de fuentes de reforzamiento o de estímulos discriminativos importantes; (b) programas de refuerzo que impliquen grandes cambios de conducta para producir los cambios en el medio; (c) imposibilidad de desarrollar repertorios conductuales; y (d) repertorios de observación limitados que hacen que los deprimidos distorsionen la realidad y emitan conductas poco reforzadas.

Fester (1973) pensaba que muchas conductas depresivas estaban reforzadas negativamente porque permitían al deprimido evitar situaciones aversivas o desagradables. Posteriormente, Fester (1977, 1981) afirmó que es muy importante el análisis de la conducta verbal para estudiar la depresión, ya que, contiene en un número importante de quejas que han sido reforzadas negativamente por las personas que rodean al deprimido.

Según López de Lérida (1976) si entendemos la depresión como un proceso de extinción de conductas, debemos distinguir cuatro elementos causales que actúan en la génesis y el mantenimiento del mismo. Estos son: (a) estímulos negativos: cualquier estímulo incondicionado o condicionado que haya adquirido propiedades de castigo, por contigüidad temporal con un estímulo aversivo o negativo. Ante este tipo de estímulo, el sujeto siente ansiedad y desarrolla conductas de escape (llantos, quejas, recriminaciones...), que disminuyan su angustia, que son las consideradas neuróticas. Puede suceder que estos estímulos reduzcan el repertorio conductual de la persona, apareciendo

fenómenos neuróticos concomitantes, que representan el escape del sujeto. Mientras los estímulos negativos persistan, persistirá el cuadro depresivo y las conductas de evitación, las cuales pueden mantenerse por un refuerzo positivo social que recibe del entorno; (b) pérdida de refuerzos positivos: eliminación de las contingencias positivas que suceden a la conducta, con lo cual, ésta disminuye; (c) pérdida de la fuente de refuerzos: desaparece el agente que administra los refuerzos positivos y constituye su fuente; (d) carencia de conductas instrumentales: ante situaciones nuevas, la persona debe desarrollar nuevas conductas, que si no posee pueden generarle ansiedad y quedar inmovilizado, deprimido. Además, este cambio de situación, puede hacerle perder los reforzadores que en la situación anterior tenía.

Aludir sólo a refuerzo y conducta instrumental para explicar la depresión resulta insuficiente. En general, la psicología del aprendizaje ha experimentado un giro hacia posiciones más cognitivas, ofreciendo explicaciones basadas en el aprendizaje humano y la memoria. Estos nuevos modelos, se han aplicado de forma frecuente y útil al campo de la psicología clínica en general, y también al campo de la depresión en particular. A continuación vamos a ver algunos de los principales modelos utilizados para explicar la depresión desde este punto de vista.

3.1.2.2.2. Modelo de Lewinsohn

Gracias a un programa de investigación clínica (Lewinsohn, 1974a; Lewinsohn, Biglan y Zeiss, 1976) Lewinsohn desarrolló una completa teoría sobre la génesis y mantenimiento de la depresión. Según el autor, la depresión debe considerarse como una respuesta a la pérdida o ausencia de reforzamiento positivo, de tal forma que un refuerzo insuficiente en las principales áreas de la vida causa disforia y disminución de la conducta, que son los elementos primarios de la depresión. El resto de los síntomas depresivos, tales como la baja autoestima y la desesperanza, se consideran una consecuencia del nivel de funcionamiento mínimo de la persona. De esta forma, la falta o pérdida de reforzamiento positivo de forma contingente a la conducta constituiría para el autor la causa suficiente de la depresión. Señala Rehm (1993) que según este modelo, el reforzamiento pobre se puede producir de tres formas: (a) falta de reforzamiento en el entorno, que no es capaz de aportar el mínimo refuerzo para mantener a la persona en el funcionamiento idóneo; (b) la persona carece de las habilidades necesarias para obtener el reforzamiento del entorno, a pesar de que en éste es posible conseguirlos; (c) la persona tiene posibilidades de recibir reforzamiento y lo recibe, pero no es capaz de disfrutarlo y sentir satisfacción por él.

Lewinsohn señaló determinados factores que mantendrían la depresión a corto y largo plazo. La persona busca reforzamiento en los otros mostrándose deprimida, recibiéndole en forma de interés y ayuda. De esta forma se mantiene el estado patológico a corto plazo, ya que alguien que no disfrutaba de fuentes de reforzamiento, ahora lo consigue gracias a este estado. Sin embargo, a largo plazo, la conducta depresiva llega a ser aversiva para el medio social que termina evitando a la persona deprimida, con lo que el reforzamiento negativo se ve reducido y se establece un círculo patológico que mantiene los síntomas depresivos.

Bas y Andrés (1986a) afirman que Lewinsohn (1973, 1974a) se centró en los déficits de las habilidades sociales, que provocan en los sujetos carencias en la capacidad para obtener gratificación de los otros, y les convierten en personas vulnerables a las variaciones del refuerzo externo. Existe investigación que ha demostrado un déficit de habilidades sociales en los sujetos deprimidos (Mischel, Chaplin y Barton, 1980; Bellack Hersen y Himmelhoch, 1981), pero no puede afirmarse que éste factor pueda llegar a ser causal en la génesis de la depresión. Además, como señalan Bas y Andrés (1996a): “nunca se ha definido con precisión qué habilidades son importantes o cuáles son las que distinguen a los depresivos ” (pág. 244). Algunos estudios observacionales afirman que existen diferencias a nivel no verbal, tales como disminución del contacto ocular, ritmo del habla más lenta y otras conductas (Hinchliffe, Lancashire y Roberts, 1971a, 1971b; Robinson y Lewinsohn, 1973; Waxer, 1974).

Bas y Andrés (1986a) resumen estas explicaciones afirmando que la cantidad de refuerzo positivo que obtenga el sujeto, de forma contingente a sus respuestas, es función de tres aspectos: (a) el número de actividades que la persona encuentra potencialmente reforzantes; (b) la disponibilidad de estos sucesos en el entorno de la persona; y (c) la habilidad y tasa de emisión de conducta interpersonal que hacen que se obtenga un máximo de refuerzo positivo y un mínimo de castigo para el sujeto, es decir, sus habilidades sociales.

Existe numerosa investigación que ha intentado poner a prueba el modelo de Lewinsohn. Especialmente destacado es el campo que trata de relacionar el estado de ánimo con los acontecimientos cotidianos, que pueden ser considerados como refuerzos o castigos, según sean positivos o negativos. Así, el primero dependerá o se verá influenciado por los segundos. En esta línea, MacPhillamy y Lewinsohn (1982) elaboraron la Escala de Acontecimientos Agradables, que permite obtener índices de nivel de actividad, nivel de reforzamiento potencial y nivel de reforzamiento obtenido. También se desarrolló una Escala de Acontecimientos Desagradables paralela (Lewinsohn y Talkington, 1979). En general, los resultados son acordes con la teoría, de tal forma que las personas deprimidas presentan niveles más bajos de actividad, encuentran menor placer en los acontecimientos positivos y experimentan una relativa falta de reforzamiento en comparación con los controles o psiquiátricos (MacPhillamy y Lewinsohn, 1974a; Lewinsohn y Talkington, 1979; Lewinsohn, Youngren y Grosscup, 1979).

Rehm (1993) aporta numerosa evidencia empírica que apoya la idea de que el estado de ánimo cotidiano se relaciona de forma positiva con los acontecimientos agradables y de forma negativa con los desagradables (Lewinsohn y Libet, 1972; Lewinsohn y Graf, 1973; Rehm, 1978; Grosscup y Lewinsohn, 1980), de tal forma que podemos afirmar que el mecanismo teórico básico del modelo, es decir, que la pérdida o falta de reforzamiento causa la depresión como extensión de la tristeza ordinaria, está apoyado por numerosa investigación.

Como señala Rehm (1993), el punto más problemático de este modelo, y de los modelos basados en el reforzamiento en general, se

encuentra en demostrar la contingencia entre las respuestas concretas y el reforzamiento, así como la reducción de la conducta como consecuencia de una pérdida del mismo. Lewinshon, Hoberman, Teri y Hautzinger (1985) presentaron un modelo donde de forma integrada interactúan variables cognitivas y situacionales. Basándose en estudios procedentes de datos epidemiológicos y estudios de la psicología social referentes al análisis de la auto-conciencia, sugieren que las variables cognitivas relacionadas con el conocimiento de uno mismo pueden estar mediando entre la tristeza y el menor reforzamiento. Rehm (1993) añade además que otras modificaciones sugeridas al modelo deben estar dirigidas a los círculos de realimentación, mediante los cuales la conducta depresiva puede afectar a los acontecimientos que la producen, al reforzamiento y a la conciencia de sí mismo, de manera que aumenten dicha depresión. Los autores además integran en el modelo factores de predisposición hacia la inmunidad y vulnerabilidad a la depresión. De esta forma, señalan once factores que pueden predisponer a la persona a la depresión: sexo mujer, edad entre 20 y 40 años, historia anterior de depresión, bajas habilidades de afrontamiento, alta sensibilidad a los sucesos aversivos, pobreza, alta auto-conciencia, bajo umbral para activar el auto-esquema depresónego, baja autoestima, elevada dependencia interpersonal e hijos menores de 7 años. Y de la misma forma, señalan cuatro factores que favorecen la inmunidad a la depresión: buenos recursos y habilidades de aprendizaje, alta competencia social auto-percibida, elevada frecuencia de sucesos placenteros y disponibilidad de un confidente cercano e íntimo.

3.1.2.2.3. Modelo de Costello

Según Costello (1972), la causa de la depresión no es la pérdida de reforzadores, sino la pérdida general de la efectividad de los mismos, que a su vez provoca el rasgo más característico de los deprimidos, que es la pérdida de interés general por el medio que les rodea. La pérdida de la efectividad de los reforzadores, según el autor, puede ser debida a dos factores que pueden actuar solos o en combinación: (a) cambios endógenos bioquímicos y neurofisiológicos; y (b) pérdida de estímulos condicionados o discriminativos de una cadena conductual, bajo el supuesto de que la efectividad de los reforzadores en una cadena conductual está supeditada a la realización completa de la misma. Para el autor, la pérdida de la efectividad de los reforzadores es una característica del comportamiento humano, que tiene evolutivamente un valor funcional. Señala Cabezos (1987) refiriéndose a este modelo que “intentos como el de Costello tienen un heurístico innegable, pero su soporte experimental es casi nulo ” (pág. 49).

3.1.2.3. Explicaciones de orientación

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