4. FIELD DYNAMIC TESTING AND MODEL CALIBRATION
4.4 System Identification
Una perspectiva relacional proporciona una segunda o tercera alternativa a las definiciones de estímulo y respuesta y al dilema de las diferencias indivi- duales, dependiendo de que conozcamos el estímulo y la respuesta, o los com- binemos en la psicología del S-R. Separarlos carece de sentido porque siempre están vinculados. Si combinamos el S y la R, el enfoque relacional se convierte en el segundo enfoque ante el estrés.
Un buen modo de contemplar las relaciones estresantes persona-medio con- siste en examinar el relativo equilibrio de las fuerzas entre las demandas ambientales y los recursos psicológicos de la persona para manejarlas. Un balancín podría ser una buena analogía, con la carga ambiental en uno de los extremos del punto de equilibrio y los recursos de la persona en el otro. Si la carga ambiental excede substancialmente a los recursos de la persona, se pro- duce una relación estresante (véase Figura 3.2).
Figura 3.2. Analogía del balancín.
A Demandas Recursos Demandas Recursos Demandas Recursos B C
Un buen equilibrio entre las demandas y los recursos implica la ausencia de estrés o una cantidad modesta del mismo.
Un equilibrio de bajo estrés, podría conllevar aburrimiento.
Observe que la analogía del balancín es muy apropiada para el concepto de Hooke de carga y tensión ambiental. El suyo era un punto de vista realmente relacional del estrés porque conlleva una comparación del peso relativo de la carga y la resistencia del objeto físico. En el estrés psicológico, la comparación se produce entre el poder de las demandas ambientales para dañar, amenazar o retar y los recursos psicológicos de la persona para manejar estas demandas –en efecto, dependiendo de la vulnerabilidad personal o resistencia a sus conse- cuencias estresantes.
Si los recursos de la persona son mayores o equivalentes o exceden a las demandas (Figura 3.2a), nos enfrentamos a una situación carente de estrés. Sin embargo, en este caso se puede producir una inesperada base de estrés –a saber, la falta de implicación y, por lo tanto, el aburrimiento o tedio (véase Figura 3.2b).
Desde este punto de vista, el estrés es particularmente poderoso cuando el individuo debe enfrentarse a demandas que no pueden ser satisfechas fácil- mente. Así, la ansiedad, que es una emoción propia del estrés, es más propen- sa a aparecer y a ser intensa cuando la persona no confía o confía poco en su pro- pia capacidad para manejar el mundo con efectividad. Esta idea ha sido exami- nada con detenimiento por Bandura (1997) a través de su concepto de la auto- eficacia. Greenberg et al. (1992), y otros autores han demostrado que la auto- estima reduce la ansiedad ante un estresor, como la anticipación de una des- carga eléctrica dolorosa.
Si la proporción de demandas es muy superior a la de los recursos (Figura 3.2c), ya no hablamos de estrés sino de trauma (véase Capítulo 6 sobre las dife- rencias entre ambos). La persona se siente indefensa para manejar las demandas a las que está expuesta, y esto puede provocar sentimientos de pánico, desespe- ranza y depresión.
Sin embargo, no debemos de aceptar literalmente las analogías del balan- cín o del puente al considerar el estrés psicológico. Son útiles en un sentido didáctico, pero a menudo pueden conducir a error si se aplican al estrés físico, fisiológico o psicológico. Una diferencia fundamental entre los estreses físicos y los relevantes para la fisiología y psicología se refiere al contraste entre los objetos inanimados y las criaturas vivientes. Otra diferencia es el contraste entre los procesos fisiológicos automáticos, como la homeóstasis, y las condi- ciones de estrés en las que una mente evaluadora debe interpretar lo que está sucediendo sobre la base de los valores, las metas y las creencias personales.
En este orden, el análisis de ingeniería que elaboró Hooke sobre los objetos físicos, la carga, el estrés y la tensión se refieren a objetos inanimados y caren- tes de mente, como un puente o una pieza de hierro. Cuando se deforma un puente por efecto de la carga ambiental puede oscilar libremente dentro de unos límites seguros y resistirse a la ruptura o al desmoronamiento, pero esta resistencia al estrés es el resultado automático de su construcción física y a los materiales usados para la construcción, no a la intención de la mente de una
persona. En el estrés fisiológico, el cuerpo viviente inicia procesos automáticos dirigidos a mantener o restaurar el equilibrio interno.
En el estrés psicológico, sin embargo, se añade otra complicación relacio- nada con la valoración del daño psicológico –en otras palabras, perjuicio, ame- naza o desafío. Éstos son conceptos subjetivos, productos de la mente, y como he dicho, las personas difieren en el modo en que efectúan estas evaluaciones. Por lo tanto, la metáfora del balancín no sirve como debería para el objetivo de medir el peso. La mente de una persona trabaja evaluando la importancia o sig- nificado de lo que está sucediendo, y lucha activamente para manejar el estrés. En consecuencia, aunque las propiedades físicas de los puentes y de los meta- les en general, puedan servir como analogías del estrés y de la tensión y puedan ayudarnos a razonar al respecto, las analogías no son identidades. Y aunque las defensas orgánicas del SAG nos proporcionan una analogía aparentemente útil para pensar en el modo que emplean las personas para manejar el estrés –ambos defienden al sistema de la agresión– lo que sucede en el ámbito psicológico requiere una mente que juzgue si una situación en amenazante o no y evalúe la disponibilidad de opciones de manejo en dicha situación. Los procesos parecen similares o paralelos en ciertos respectos, que es lo que permite la analogía, pero no son idénticos.
Todo esto nos dirige a otra parte esencial de la solución al problema de las diferencias individuales. Esta parte debe ir más allá del principio relacional hasta un enfoque subjetivo, basado en los procesos de valoración de la impor- tancia de lo que sucede desde el propio punto de vista de la persona. Cuando la relación persona-medio se combina con los procesos subjetivos de valoración, hablamos del significado relacional, que se centra en la importancia personal de dicha relación.
El dogma básico del enfoque relacional es que el estrés y la emoción expre- san un tipo particular de relación entre la persona y el medio. Para que una relación sea estresante, deben darse ciertas condiciones. La persona debe desear algo del medio –en efecto, quiere evitar ciertos resultados aversivos, o lograr ciertos resultados que congenien con la gratificación de metas o expectativas importantes. Estos son significados relacionales sobre los que se basa el estrés psicológico. Debo añadir que las personas difieren significativamente en sus metas, creencias sobre sí mismas o el mundo y en los recursos personales, sobre los que dependen sus expectativas de resultados.
Una persona se halla estresada sólo si lo que sucede impide o pone en peli- gro el compromiso de una meta importante y las intenciones situacionales, o viola expectativas altamente valoradas. El grado de estrés está, en parte, vincu- lado con el grado intensidad de este compromiso y, parcialmente, con las creencias y las expectativas que crean, que pueden ser realizadas o violadas. Un enfoque relacional contempla las características ambientales y personales, y su importancia relativa; el significado relacional nos aporta la otra parte necesaria
del proceso del estrés, basado en las valoraciones subjetivas de la importancia personal de lo que está sucediendo.
La reciente referencia de Vallacher y Nowark (1997) sobre los enfoques relacionales en lo que llaman psicología dinámica social, es algo anticuada. Dicen (pp. 75-76):
Evidentemente, cuesta imaginar el modo en que cualquier factor situacional o estímulo pueda influir sobre el pensamiento interpersonal y la conducta inde- pendientemente de los motivos, metas, preocupaciones y otros mecanismos inter- nos de la persona. En este sentido, es bastante común entre los psicólogos apreciar la importancia de las interacciones Persona X Situación al comentar la predicción conductual.
Están en lo correcto con respecto a lo que debería ser el enfoque reconoci- do por toda la psicología, incluida la psicología social. Sin embargo, como se señalaba en el Capítulo 1, la interacción no es equivalente al significado rela- cional y también es cierto que este tipo de perspectiva ya fue observada en algu- nas publicaciones de los años treinta. Incluso en la actualidad son pocos los estudios que contemplan este factor en sus diseños; además, incluso los psicó- logos que pregonan ciencia no se sienten cómodos con el concepto de signifi- cado relacional y con la medición subjetiva como fuente de datos.
En el Capítulo 2, se presentaba una historia breve y los argumentos favora- bles al enfoque cognitivo-mediador-relacional del estrés y las emociones. Los problemas planteados por las diferencias individuales crean la necesidad de este tipo de enfoque. Para apreciar esto en su plenitud, deberíamos examinar el constructo de valoración con más detalle porque constituye el núcleo teórico del estrés psicológico, y las emociones también, desde la perspectiva de la valo- ración, el manejo y el significado relacional.