Chapter 2 OFDM Review
2.3.5 IFFT
Mantener la cubierta arbórea de las plantas puede reducir la erosión eólica, proveer la captura de energía, incrementar las precipitaciones, incrementar la estabilidad del suelo y mejorar la retención de humedad del suelo y las condiciones microclimáticas para la germinación de otras especies deseables (Whisenant, 1999 en Cummings, 2005)
Se ha destacado, asimismo, que las plantaciones pueden, por un lado, reducir la presión sobre el bosque nativo y ayudar a limitar la desertificación, y por otro, contribuir al desarrollo económico. Al mismo tiempo, las forestaciones comerciales suelen también generar controversia en cuanto a sus potenciales impactos ambientales negativos. En definitiva, el interés local en proyectos de uso y manejo en la captura de carbono debe evaluarse en base a un delicado análisis costo-beneficio de sus efectos socioeconómicos y ambientales, locales y regionales (Chidiak et al., 2003).
Sin duda, el conocimiento humano acerca del ciclo global del carbono requiere aún mayor profundidad, no obstante, se sabe que los ecosistemas terrestres intercambian con la atmósfera alrededor de 60 Pg1 de carbono por año, lo que representa cerca de 10 veces la suma de las emisiones de carbono provenientes del cambio del uso de la tierra (1.6±1.0 Pg C/a) y la quema de combustibles fósiles (5.5±0.5 Pg C/a). Por lo tanto, pequeños cambios en el reservorio de carbono terrestre pueden poseer una influencia substancial en el balance global de carbono atmosférico. (Karjalainen y Liski, 1997)
Los cambios en el uso de la tierra, la forestación y el uso de distintas prácticas de manejo forestales (LUCF, según su sigla en inglés) han representado, históricamente, emisiones netas de carbono hacia la atmósfera). Sin embargo, existe la potencialidad para que dichos cambios y prácticas actúen para mitigar emisiones de carbono. Eso se puede lograr ya sea conservando reservorios preexistentes de carbono (por ejemplo, deteniendo la deforestación o mejorando las prácticas actuales de tala)3; expandiendo la capacidad de almacenaje (vía la plantación, actividades agroforestales, regeneración natural, o la mejora en las prácticas de manejo) o bien substituyendo materiales intensivos en el uso de la energía por madera, con un esquema de tala acorde con la dinámica del ecosistema (Brown et al., 1996 en Chidiak et al., 2003).
Recientemente, ha sido reconocido el importante papel que desempeñan los bosques en el proceso de secuestro o captura de carbono atmosférico, al punto tal que las actividades forestales han sido incluidas dentro de la definición de "sumidero"9. Sin embargo, también ha sido reconocido lo difícil que será, en ausencia de mecanismos específicos creados a tal fin, que los forestadores y/o propietarios de tierras forestadas puedan apropiarse de los beneficios monetarios derivados de los “servicios de captura de carbono” que éstas prestan (Chidiak et al., 2003)
De esta manera, la captura de carbono ha adquirido valor monetario, puesto que los certificados de reducción poseen un precio de mercado (a futuro, por el momento) y, en consecuencia, las actividades de plantación, que pueden no estar justificadas sobre la base de la producción maderera solamente, pueden ver incrementada su rentabilidad y, de esta forma, los incentivos financieros para llevarlas a cabo (Sedjo, 2000; Laclau, 2003).
Los resultados obtenidos, bajo numerosos estudios han intentado estimar el tamaño del mercado de carbono y el precio de los créditos bajo diferentes supuestos y escenarios pero difieren sustancialmente en función de las proyecciones de población, crecimiento económico, intensidad de carbono en la producción energética, nivel tecnológico y economías de escala de las fuentes de energía alternativas que sean consideradas.
Finalmente, debe tenerse en cuenta que el potencial de reducción de emisiones (de CERs) que podrá lograrse a través de proyectos forestales compite dentro del MDL con actividades de otros sectores tales como energía, manejo de residuos, sustitución de combustibles fósiles, etc. Es por ello que resulta crucial evaluar el potencial y los costos de captura de carbono o de reducción de emisiones en los distintos sectores. Para estimar la captura de carbono existen varias fuentes de información, por ejemplo, los datos
default del IPCC o los propios calculados (agencias forestales, INTA, etc.). Una de las
garantías básicas para el éxito de un proyecto de secuestro de carbono dentro del mecanismo MDL depende de la posibilidad de contar con metodologías confiables para
medir y/o estimar emisiones y secuestro de GEI (Busch et al., 2000). Básicamente, esta
cuantificación se basa en el establecimiento del "escenario de línea base" (uso de la tierra o cambio en la cobertura vegetal hipotético sin proyecto) y de un "escenario de proyecto" (Chidiak et al., 2003).
Los ingenieros forestales han realizado durante décadas muestreos y mediciones en bosques con el fin de calcular volúmenes comercializables y tasas de crecimiento de diferentes especies, por lo que sus técnicas están bien desarrolladas y aceptadas. De esta forma, la realización de un inventario de carbono en un bosque puede utilizar, a través de una extrapolación casi directa, estas metodologías forestales (Brown, 1999 en Ellis, 2002).
Existen muchos métodos que pueden ser apropiados para monitorear emisiones o captura en un proyecto. Estas distintas aproximaciones pueden resultar en estimaciones de emisión y/o captura a diferentes costos y con diferentes niveles de precisión y confianza (Ellis, 2002).
Brown (1998), hace alusión a los principales compartimentos en un ecosistema boscoso como son: la biomasa viva; la necromasa; el suelo; los productos comerciales, indicando que cada uno de estos subsistemas puede ser, a su vez, subdividido. Por ejemplo, para la biomasa viva puede identificarse la biomasa aérea (tallos, ramas y hojas) y la subterránea (raíces); la necromasa puede descomponerse en hojarasca fina y gruesa; el suelo, en horizontes orgánicos y minerales, mientras que los productos pueden ser de larga o de corta vida
La decisión sobre qué compartimentos del sistema incluir en el proyecto es una decisión crítica. Los criterios a considerar en la selección del tipo de compartimento a incluir en el plan de MERV son: el tipo de proyecto, el tamaño del compartimento, la tasa
de cambio de los niveles de carbono, la dirección del cambio, el costo de la medición y la posible precisión que se pueda alcanzar en su medición (Brown, 1999).
También hay que considerar que es distinta la situación en el inventario de carbono inicial, comparado con los monitoreos subsiguientes. En el inventario inicial de carbono, deben medirse todos aquellos compartimentos que se consideren relevantes, mientras que en los monitoreos posteriores pueden medirse sólo algunos de ellos (MacDicken, 1997 en Ellis, 2000; Brown, 1999).