2. Materials and Methods
2.2 Materials
2.2.2 Illness severity assessment
395 En su obra, ¿Qué vive y qué ha muerto en el cristianismo actual? Harper, San Francisco (USA),
1986.
396 La mostración de Dios en el hombre la soporto en los aportes de Kant, estudiados por Joseph
Maréchal, El punto de partida de la metafísica, sobre todo el Volumen 3, La crítica de Kant. Karl Rahner quien lee a su maestro Martín Heidegger, sobre todo en su obra, El ser y el tiempo. En esta
obra el filósofo alemán, presenta al hombre como un ―ser ahí‖ con una apertura apriórica trascendental. Ese ―ser ahí‖ significa ―ser en el mundo‖. Rahner asume esta lectura del hombre
como ser abierto, ser trascendental y fundamentándose en la metafísica del conocimiento finito según Sato Tomás, nos lleva a una antropología trascendental, en una doble apertura-categorial y
trascendental. Es decir, el hombre como ―ser en el mundo‖ y como ―espíritu en el mundo‖. Las
obras primarias de esta investigación, en el tema de la mostración de Dios han sido los escritos de Rahner, principalmente: Espíritu en el mundo (tesis de grado); Oyente de la palabra (filosofía de la religión); Curso fundamental sobre la fe; Escritos de teología (algunos títulos de los seis volúmenes de esta obra). Obviamente no puedo descuidar a los comentaristas de Rahner como Herbert Vorgrimler y J. B. Metz. En este acápite 4 de la Tercera parte, acudo a un gran lector de Rahner, el español, también jesuita, Juan Alfaro, sobre todo en su obra, De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios.
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En esta Tercera parte de la tesis, hemos venido exponiendo que la demostración de la existencia de Dios, es una argumentación válida y obedece, con acierto, a una reflexión necesaria, consecuencia de la racionalidad humana. Argumentación que es consecuencia del fides quarens intellectum anselmiano. Los argumentos racionales de la demostración de Dios, siguen teniendo un puesto fundamental en el quehacer teológico. El énfasis de esta tesis es la mostración de Dios. La mostración toca más la sensibilidad humana. El signo expresa más intensamente la dimensión sensible del hombre. Su interpretación toca la racionalidad humana. Esta afirmación ya se trató en otro ítem. De modo que la mostración se lee en clave de significación.
Sólo se es cristiano cuando se es perfectamente humano. Dios no ha querido construir su plan de amor al margen del hombre. Dios al crear al hombre ha querido participarle su naturaleza. De ahí que si quieres buscar a Dios, descúbrelo en el hombre, hemos venido afirmando. El código de esta lectura no pone el énfasis en la demostración de Dios sino en la mostración de Dios. Esta mostración tiene una connotación, es en clave de significación. No es una mera mostración óntica, sino una mostración semiótica. No se trata de tomar el signo, frío y conceptual, es un signo significante, es decir, que interactúa, que exige ser leído y consecuentemente genera una respuesta. La significación de Dios en el hombre, no puede dejar al lector del signo en una actitud pasiva; la significación lleva consigo una respuesta interactiva que compromete la vida.
La gracia no destruye la naturaleza nos decía Santo Tomás y como decía San Anselmo de Canterbury: ―Fides supponit rationem sicut gratia natura‖ –La fe supone la razón, como la gracia supone la naturaleza-397. La fe no es un agregado
a la naturaleza humana, es la respuesta a su natural apertura trascendental. La fe es un don, una gracia; pero al mismo tiempo, toda la naturaleza humana es gracia de Dios. Todo es don gratuito de Dios.
La mostración, hemos dicho, se lee en clave de significación. Sólo significa lo que tiene sentido para mí, es el énfasis del hombre posmoderno. Al leer al hombre encontramos en él que no lleva en sí mismo el fundamento último de su ser, sino que se muestra como fundado más allá y fuera de sí mismo: abierto a algo que lo trasciende398. No se trata, entonces, de la esencia constitutiva del hombre, sino
sobre su existencia. La mostración toca más el sentido de la vida que la razón de la misma. Interpretando a Kant, la cuestión de Dios es una exigencia de la razón práctica. No es por vía demostrativa que se constata a Dios en el hombre, es por
397 Alfaro, de la cuestión del hombre a la cuestión de Dios, p. 10, Presentación del libro. 398 Alfaro, o. c. p. 17.
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vía mostrativa. En general los ateos teóricos de los siglos XIX y XX negaron la existencia de Dios, por no significar nada para el hombre399. Es más, algunos de ellos vieron a Dios como un obstáculo a la realización del hombre. El Dios de la revelación se ha mostrado y es tan evidente su manifestación que se ha ―encarnado‖. ―Ha puesto su tienda entre nosotros‖ como manifestación de su amor, Jn 3, 6
El hombre es un permanente cuestionarse. υor ser ―espíritu en el mundo‖ el hombre pregunta. El ser se abre al hombre como pregunta y el hombre no puede evadir la pregunta sobre el ser, si es que en realidad quiere ser. La pregunta por el ser es una pregunta trascendental. El hombre al preguntar ―sale de sí‖, ―excesus‖;
en ese ―salir‖ se encuentra consigo mismo, con el otro y con Dios, respuesta a la
pregunta por el ser400. La persona no puede realizarse sino en la alteridad y es en esa apertura que encuentra sentido a su existir. Si es verdad que el hombre en la creación descubre a Dios, es en su propia existencia en donde encuentra respuesta al sentido de vivir, que en última instancia es lo que cuenta para su existir. El autocuestionarse del hombre revela su autotrascendencia. La pregunta sobre el hombre, se encuentra en el hombre mismo. Una vez más se constata que es en el mismo hombre donde se muestra a Dios, haciéndose evidente en la apertura trascendental.
En toda la Revelación encontramos que Dios reclama cuando se maltrata al hombre. Si acaso Dios se ―enoja‖ es porque se irrespeta al hombre. Dios le reclama al hombre el matar a su hermano, Gn 4, 10. Todo ser humano es sagrado para Dios, pero de modo preeminente el indefenso. El prototipo del indefenso es el huérfano, el extranjero y la viuda, Si 35, 13-14; Pr 23, 10-11. Dios tanto valora al hombre que Él se hizo hombre. Es que el hombre es un ser referido a Dios. La naturaleza humana exige una respuesta de sentido y ese sentido es Dios; es un Dios que asume el sentido de la vida humana, trascendiéndola. El valor del hombre es infinito, pues él es la mostración del Infinito.