continuamente las rivalidades y envidias entre sus más directos seguidores. Las consecuencias serán trágicas para el naciente movimiento. Freud no pudo darse cuenta de que, mientras él viviera, nadie podría aceptar otro líder y todos los designados se fueron “quemando” al ocupar un puesto en el que sólo él habría sido aceptado por todos.
314 Carta de Freud a Jung del 2/1/1908 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p.146).
Anteriormente se había producido algo similar con respecto a Bleuler: Jung criticaba duramente a su director en las cartas a Freud, pero cuando percibió que Freud no quería prescindir del director del Burghölzli, fue moderando sus críticas. Había otros aspectos entonces secundarios, pero no por ello menos importantes:
a) La preocupación de Freud por encontrar un editor para lograr crear una revista que se convirtiera en el órgano de expresión para el naciente movimiento, lo que da cuenta de la necesidad de lograr algún tipo de aceptación en el mundo académico, especialmente, en la universidad.
b) Que Bleuler ocupe la presidencia del Congreso, algo que no le hace ninguna gracia a Jung316, y que Freud intentará a través de él.
Volviendo a la preparación del Congreso, Freud se encarga de poner orden entre los vieneses, intentando que no presenten muchas comunicaciones y que, sin embargo, no se sientan ofendidos. Para Freud, de todo el grupo de Viena sólo hay uno que merece la pena, su secretario Otto Rank317.
En el mes de marzo, por fin, Freud y Jung se deciden a ajustar el programa del Congreso y a enmarcar el problema teórico fundamental del momento. Si anteriormente la preocupación estuvo centrada en la distinción entre la histeria y la demencia precoz, ahora la principal discusión teórica es entre la neurosis obsesiva y la paranoia: diferencias, relaciones, etc. Este es el debate de fondo que ocupa el primer plano entre las preocupaciones de Jung y Freud. Es evidente el esfuerzo de ambos por acercar dos tradiciones y dos clínicas tan apartadas hasta entonces: la práctica abierta del consultorio privado y la práctica institucional, psiquiátrica y cerrada; el mundo de la neurosis y el mundo de la psicosis.
316 Carta de Jung a Freud del 20/2/1908 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, 163-164): “Comprendo y aprecio
en absoluto su intención de dejar a Bleuler la presidencia; pero si conociese usted a Bleuler, no se aferraría usted a tal deseo. Bleuler se encontraría muy incómodo en tal puesto. Huye de cosas de ese género como de la peste, pues es una persona que siente horror de todos esos formulismos y reconocimientos externos. Posee tan sólo una ambición auténticamente cristiana de no obstaculizar el camino a los demás y además un juvenil afán de aprender, que a su edad tan sólo puede poseer un hombre absolutamente discreto e intelectual. Lo mejor será que en nuestra reunión, modesta en cuanto a magnitud, dejemos lo más posible de lado lo formal, tal como acostumbramos hacer en nuestras más republicanas reuniones en Suiza”.
Por primera vez aparecen diferencias estratégicas y también teóricas entre Freud y Jung. Éstas últimas surgirán respecto al autoerotismo en las psicosis, en especial en la paranoia (ver carta de Jung a Freud del 20/2/1908 y carta de Freud a Jung del 3/3/1908. [W. McGuire y W.Sauerlander, 1974]).
317 Carta de Freud a Jung del 5/3/1908 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 171): “Quiero que haga uso de
la palabra un esclarecido espíritu, al cual no se puede traer a nuestra sociedad sino a través de una cita; se trata de Fr.Schiller, precisamente, en cuya correspondencia con Corner (carta del 1 de diciembre de 1778), nuestro secretario Otto Rank ha descubierto un magnífico pasaje para la justificación de nuestra técnica psicoanalítica. La lectura del mismo por Rank tan sólo requeriría unos pocos minutos y cerraría dignamente la reunión de la mañana. Rank, el cual acudirá, es por lo demás un inteligente joven, que ha estudiado y aprobado un curso de construcción de maquinaria y que aprende en la actualidad latín y estudia griego, a fin de aprobar el examen de reválida de bachillerato e ingresar en la Universidad. Tiene 23 años y su trabajo, por otra parte no completamente claro, “El artista”, que seguramente le ha enviado a usted, contiene la mejor explicación de mis complicadas teorías que conozco hasta ahora. Espero mucho de él, una vez que haya completado su formación”.
Freud, que en octubre de 1907 ha presentado el caso de “el hombre de las ratas” en la Sociedad Psicoanalítica de Viena (Nunberg y Federn, 1967b, 241-248), piensa presentar para el Congreso el caso del análisis de una fobia histérica en un niño de cinco años (Freud, 1909a). Esta elección viene dada por un desacuerdo surgido con Jung a mediados de abril. Freud ha observado que Jung tiene vacilaciones en apoyar claramente el asunto de la etiología sexual de la histeria infantil y por ello se plantea presentar el caso de “el pequeño Hans”, para acabar con sus vacilaciones. Además, emplaza a Jung para que en Salzburgo hable largo y tendido sobre la paranoia. Unilateralmente Freud cambiará estos planes y, poco después, pide excusas a Jung por su “fanatismo” respecto a la histeria infantil y abandona la idea de presentar el caso de “el pequeño Hans", retomando su proyecto anterior: en Salzburgo hablará extensamente sobre el tratamiento de una neurosis obsesiva, presentará el caso de “el hombre de las ratas”.
Tras este pequeño desencuentro, Freud refuerza el papel de Jung indirectamente:
Desde luego no sirvo para jefe, la “splendid isolation” de unos años tan decisivos ha marcado mi carácter.318
Antes de acometer el desarrollo del Congreso de Salzburgo, revisaremos los principales obstáculos que preocupaban a Freud en su tarea para lograr la creación de un verdadero movimiento, que permitiera asentar y extender su obra, hasta entonces casi personal319.
En aras de un planteamiento pedagógico, vamos a dividir las cuestiones prioritarias en dos apartados: las políticas y las científicas, dando por supuesto que esta diferenciación es puramente artificial.
- Cuestiones políticas:
a) Si el psicoanálisis quiere dejar de ser un movimiento local, deben aumentar los grupos psicoanalíticos organizados en otros países. En esta línea, Freud considera fundamental trasladar a Zurich el centro mundial del psicoanálisis y sacarlo de Viena.
b) Si esto se consigue, debería existir algún tipo de organización, o jerarquía, capaz de garantizar la pureza del psicoanálisis, tanto en lo técnico como en lo teórico, y que impida que, en la necesaria expansión, se diluyan sus principios fundamentales. En estos momentos, Freud piensa que el liderazgo de Jung, que será presentado oficialmente en Salzburgo como el heredero designado, bastará para conseguir estos objetivos y lograr la cohesión de sus partidarios.
318 Carta de Freud a Jung del 19/4/1908 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 183).
319 Sin olvidar que Freud está a punto de cumplir 52 años y, pese a que ha rebasado los fatídicos 50 que creía
que le traerían la muerte, sigue convencido de que le queda poco tiempo de vida. Tiene que darse prisa en crear un grupo capaz de salvaguardar su obra.
c) Freud está preocupado por la tendencia de algunos de sus seguidores, precisamente los que él encuentra como más capaces, para convertir el psicoanálisis en algo más que un movimiento científico y un método terapéutico. Esta tendencia tiene dos vertientes:
1. La que acerca el psicoanálisis hacia el misticismo y la religión, tendencia que Freud teme desde el principio y que intuye muy arraigada en Jung.
2. Aproximar el psicoanálisis a los movimientos de liberación sexual, revolución y transformación social. Esta tendencia está encabezada por Otto Gross.
Freud siempre sostendrá que el psicoanálisis no debería convertirse en una filosofía o en una visión del mundo, en una “Weltanschauung”320, pero él mismo tuvo siempre
grandes dificultades para evitar deducciones éticas, filosóficas y sociales de sus descubrimientos321.
- Cuestiones científicas:
a) Lograr el reconocimiento de la ciencia oficial, algo que sólo podrá conseguirse si el psicoanálisis entra en la universidad y si tiene órganos de divulgación y expresión científicos propios: una revista y una editorial. A principios de 1908 Freud cree que este objetivo está próximo gracias a su asociación con Bleuler y Jung, que tienen tras de sí a la Universidad de Zurich.
b) El psicoanálisis debe extender su campo de aplicación y conquistar la terapéutica de otros trastornos nerviosos más allá de la histeria. Para esta tarea, el psicoanálisis precisa salir del ámbito restringido del consultorio privado, donde será muy difícil que lleguen ciertas patologías. El psicoanálisis debe introducirse en la asistencia psiquiátrica hospitalaria, pública y/o privada. El hospital Burghözli de Zurich ofrece también esta posibilidad.
320 Ver nota 73.
321 El propio Freud reconoce esta inclinación en su Presentación autobiográfica (Freud, 1924a, p. 8): “En aquellos
años no había sentido una particular preferencia por la posición y la actividad del médico; por lo demás, tampoco la sentí más tarde. Más bien me movía una suerte de apetito de saber, pero dirigido más a la condición humana que a los objetos naturales; tampoco había discernido el valor de la observación como medio principal para satisfacer ese apetito. Mi temprano ahondamiento en la historia bíblica apenas hube aprendido el arte de leer tuvo, como lo advertí mucho después, un efecto duradero sobre la orientación de mi interés. Bajo el poderoso influjo de mi amistad con un compañero de escuela algo mayor, que ha llegado a ser un conocido político*, nació en mí el deseo de estudiar derecho, como él, y lanzarme a la actividad pública. Entretanto, la doctrina de Darwin, reciente en aquel tiempo, me atrajo poderosamente porque prometía un extraordinario avance en la comprensión del universo y sé que la lectura en una conferencia popular (por el profesor Carl Brühl) del hermoso ensayo de Goethe «Die Natur», que escuché poco antes de mi examen final de bachillerato, me decidió a inscribirme en medicina”.
Algunos textos interesantes que estudian esta faceta de Freud son: E. Fromm (1959), C. Gómez Sánchez (1998), P. Roazen (1968), Ph. Rieff (1966) y E. M. Ureña (1977).
*Probablemente se refiere a Heinrich Braun, llegado el tiempo uno de los líderes de la Socialdemocracia alemana. Freud también tuvo amistad con Víktor Adler, principal líder socialdemócrata austriaco, y médico como él, y se relacionó cercanamente con Otto Bauer.
c) Freud empieza a vislumbrar que la formación del analista va a convertirse en el verdadero problema del movimiento psicoanalítico. Cuando en 1908 se habla de una
Reunión de partidarios de Freud en lugar de Congreso psicoanalítico, la nominación responde verdaderamente a la situación de ese momento: Freud tiene partidarios que comparten sus intereses y se adhieren a sus formulaciones teóricas, pero el problema es cómo convertirlos en psicoanalistas. De hecho, en aquellos momentos, antes de Salzburgo, la gran pregunta que le hacen sus seguidores es: ¿cómo realizar un tratamiento psicoanalítico? Los escritos de Freud sobre técnica publicados hasta entonces son breves y escasos, y aquellos seguidores que se han atrevido a realizar tratamientos psicoanalíticos más allá de Viena, donde Freud puede, de alguna manera, aconsejarlos, se han enfrentado a problemas para los cuales no sólo no tienen solución, sino que ni siquiera sospechaban (el caso de Jung y el tratamiento de Sabina Spielrein es paradigmático al respecto)322. En cuanto a la formación personal del
analista, Freud, durante años sostendrá que el autoanálisis es posible y suficiente, pero en cuanto a la técnica, comprendía que debía exponerla claramente323. Por ello, en Salzburgo presentará un caso clínico, “el hombre de las ratas”, en el que detallará cómo desarrollar un tratamiento psicoanalítico que además aborda un campo nuevo: la neurosis obsesiva324.
Es interesante revisar cómo Freud fue preparando con anticipación esta presentación de Salzburgo en las reuniones de los miércoles:
- Sesión del 30 de enero de 1907 (Nunberg y Federn, 1967b, 113-123). En esta sesión, en la que acude como invitado el primer enviado oficial de Zurich, Max Eitingon, Freud caracterizará de manera precisa y asombrosamente breve, lo que entiende por terapia psicoanalítica:
La meta de la técnica es hacer que el paciente haga todo por sí mismo. La labor del terapeuta consiste siempre en eliminar las resistencias.
La naturaleza de la terapia puede caracterizarse de diversas maneras:1) la terapia llena las lagunas de la memoria (producidas por la represión); 2) elimina las resistencias; 3) reemplaza lo inconsciente por lo consiente.
322 Ver A. Carotenuto (1980) y J. Kerr (1993). En el Anexo nº 24 ofrecemos una biografía de Sabina Spielrein. 323 Carta de Freud a Abraham del 9/1/1908 (E. Falzeder, 2002, p. 26): “Me aflige su temor a estancarse. Esto
no me sucede nunca a lo largo del año. He de publicar pronto un manual técnico. Su caso de neurosis obsesiva promete ser muy instructivo. La técnica es algo más difícil que en la histeria, los medios de represión son distintos, es otro lenguaje, nada más.(…) Reglas principales: 1) dar tiempo al tiempo, como dice el lema de Salzburgo. Las transformaciones psíquicas nunca se producen rápidamente, salvo en las revoluciones (psicosis). Insatisfecho al cabo de sólo dos horas. ¡Porque uno no sepa todo! 2) El problema de cómo seguir buscando no debe plantearse. Es el paciente quien enseña el camino descubriendo su superficie psíquica mediante la observación estricta de la regla inicial (de decir todo lo que se le ocurra)”.
324 Más adelante ahondaremos en ello, pero conviene ahora incidir en que el caso de “el hombre de ratas” es,
de entre los grandes y clásicos casos de Freud, el primer caso publicado que podríamos llamar verdaderamente psicoanalítico en cuanto a la técnica. Es allí donde Freud presenta los elementos técnicos básicos de la cura tipo: conjunción de la regla fundamental de la asociación libre del paciente y de la atención flotante del analista; y lectura y utilización, análisis e interpretación, de la transferencia como elemento técnico fundamental de la cura analítica.
Todo esto, en realidad, equivale a una misma cosa. Sólo hay un poder que puede eliminar las resistencias: la transferencia. El paciente se ve compelido a abandonar sus resistencias por amor a nosotros. Nuestras curas son curas de amor. Por consiguiente, a nosotros sólo nos resta llevar a cabo la tarea de eliminar las resistencias personales (que se oponen a la transferencia). En la medida en que la transferencia existe, en esa medida podrá producirse una cura (…) Las vicisitudes de la transferencia determinan el éxito del tratamiento. Lo único que aún le falta a nuestro método es autoridad; el elemento de sugestión debe agregarse desde afuera. Pero aun así, la necesidad de liberación del inconsciente hace la mitad del camino.
- Sesiones del 30 de octubre y 6 de noviembre de 1907 (Nunberg y Federn, 1967b, 224244111---22424488). Freud presentará, por primera vez, el caso de un joven abogado 8 aquejado de una neurosis obsesiva, “el hombre de las ratas”, aunque aún no ha recibido el alias por el que pasará a la historia del psicoanálisis. El propio Freud, en su escrito autobiográfico de 1925 (Freud, 1924a), dirá que éste fue el primer caso en que abandonó la presión al paciente para suprimir las resistencias, sustituyéndola por la invitación a abandonarse a la asociación libre. En el acta de la reunión del miércoles 30 de octubre de 1907, Rank recoge las palabras de Freud (Nunberg y Federn, 1967b, 242):
La técnica analítica ha cambiado hasta tal punto que el psicoanalista ya no trata de extraer el material que le interesa sino que permite al paciente seguir el curso natural y espontáneo de su pensamiento.
La técnica psicoanalítica estaba por fin fundada. Esa será la sorpresa, el regalo que Freud prepara a sus seguidores en Salzburgo. Y entonces, como por ensalmo, al final de aquella reunión de Viena, en la que Freud adelantaba a sus discípulos vieneses lo que sería una de sus mayores contribuciones, Adler, en un momento aparentemente inconexo, planteará la duda de si el psicoanálisis puede ser enseñado o aprendido. En el momento en que se funda la técnica, surge el problema de la enseñanza y de la transmisión de la misma. Freud no responde hasta el final de la reunión:
En respuesta a Adler, Freud dice que no cabe ninguna duda de que el método psicoanalítico puede aprenderse. Será posible aprenderlo una vez que se establezcan reglas ya verificadas que pongan freno a la arbitrariedad de los psicoanalistas individuales.325
Igualmente, de mano de lo anterior, Freud va a plantear otra cuestión de enorme importancia, que hoy traduciríamos como la discusión por la primacía entre la terapia y el análisis (Nunberg y Federn, 1967b, 248):
En algunos casos basta brindar una solución parcial con fines terapéuticos, pero ello de ninguna manera delimita las posibilidades teóricas. En otros casos, no obstante, es necesario, por razones terapéuticas, proseguir el análisis hasta el fin.
¿Cuál es la posición de Freud entre el análisis y la terapia? O en otras palabras: ¿psicoanálisis o psicoterapia?
325 H. Nunberg y E. Federn (1967b, p. 248) indican en una nota a pie de página, que esta intervención de Freud
Parecería que Freud establece una clara distinción entre análisis y terapia, tomando en primer lugar partido por lo clínico, lo terapéutico; pero, si leemos el párrafo completo, vemos que niega esta dicotomía. En mi opinión, Freud está ofreciendo otra tesis fundante: No hay análisis sin terapia y no se puede realizar, verdaderamente, la terapia sin el análisis. El psicoanálisis siempre será psicoterapia. Freud nunca lo entenderá de otra manera.
Una última cuestión, antes de adentrarnos en el desarrollo del Congreso, es el asunto Jung-Sabina Spielrein. Aunque todo lo relativo a Spielrein emergerá tras Salzburgo, conviene reseñar que hacia finales de marzo de 1908 la relación de Jung y Sabina Spielrein está a punto de romperse (Kerr, 1993, 157-187). Sabina había sido la primera paciente tratada psicoanalíticamente por Jung326y sus dificultades
contratransferenciales aceleraron que Jung entrara en contacto epistolar con Freud en abril de 1906. En la segunda carta a Freud, habla del tratamiento de Sabina y “abreacciona”, expone el caso y le pide opinión327. Estamos ante la aparición de dos aspectos claves para la técnica y la formación psicoanalítica, que, desgraciadamente, marcarán trágicamente la relación de Freud y Jung: la contratransferencia y la supervisión.
El término “contratransferencia”, del que nos ocuparemos más adelante, aparecerá por primera vez en una carta de Freud el 7 de Junio de 1909328, carta que es respuesta a
otra de Jung tres días antes329, en la cual cuenta que el caso presentado en Ámsterdam330 era el de Sabina Spielrein, caso del que, como ya hemos visto, hace tiempo había hablado a Freud pidiéndole su opinión. Jung realiza en esa carta la “abreacción” prometida, y no realizada años antes, y cuenta cómo se le fue de las manos la relación terapéutica con Sabina Spielrein, reconociéndose probablemente influido por las ideas sobre la poligamia recibidas de Otto Gross durante su terapia, realizada como un “análisis mutuo”331 y que terminó convertida en una relación
amistosa.
326 Carta de Jung a Freud del4/6/1909 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 277): “La Spielrein es la misma
persona de la cual le he escrito a usted. El caso está abreviadamente publicado en mi conferencia de Ámsterdam de feliz recordación. Era, por así decir, mi primer caso psicoanalítico, por lo que conservé especial consideración y afecto hacia ella”.
327 Carta de Jung a Freud del 23/10/1906 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 46). 328 Carta de Freud a Jung del 7/6/1909 (Ibid. 280).
329 Carta de Jung a Freud del 4/6/1909 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 237).
330 “I Congreso Internacional de Psiquiatría, de Neurología, de Psicología y de la asistencia de alienados”, del 2
al 7 de septiembre de 1907, Ámsterdam. Jung presentó una ponencia titulada: “La teoría freudiana de la histeria” (C. G. Jung, 1908). Ver G. Delahanty (1990).
331 El término “análisis mutuo”, lógicamente, no lo emplea Jung, pero la descripción que hace de su trabajo con
Gross se asemejaría a la técnica que con ese nombre empleará Ferenczi en su última etapa (S. Ferenczi, 1932