A. Legitimate Justifications (in Theory) 1158
1. Imperfect Information 1158
Esta ilustre institución mexicana ha recibido a la fecha un sin número de estudios respecto a su historia, sus grandes actividades académicas y artísticas y en gran medida a su excelsa colección. Fue fundada en 1781 bajo el nombre de La Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España34, derivado de la petición que hicieran las autoridades de la Casa de Moneda al entonces rey Carlos III de la Nueva España (Báez, 2008: 21).
En este momento en la historia de México, se atravesaba por una etapa conocida como el Siglo de las Luces o de la Ilustración, que va de 1740 a 1808. En esta época desaparecen las encomiendas, se unificaron las acuñaciones de monedas, el desarrollo del primer ejército formal de la Nueva España.
La economía se acrecentó por el desarrollo minero lo que permitió un avance en la construcción de grandes monumentos, palacios, edificios públicos, y lo más importante para nuestro tema, florecieron las artes y las ciencias, difundiéndose muchas ideas académicas europeas de pensadores como Newton, Voltaire y otros (González y González, 2010: 27).
Desde la perspectiva de la monarquía española estaban en funciones Carlos III de 1759 a 1788 y posteriormente Carlos IV de 1788 a 1808.
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Referente al tema de las academias en México se han llevado a cabo algunos congresos internacionales, de los cuales contamos con sus memorias que pueden ser consulatadas. Véase como ejemplo, AA.VV., 1983.
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Sobre todo para la época del conde virrey de Revillajigedo de 1789 a 1794 en la que no debemos olvidar que entre los avatares de la naciente arqueología mexicana se descubren en 1790, (fecha antes de llegada de los yesos de Tolsá) las dos piedras Piedra del Sol, o Calendario Azteca y la Coatlicue que son estudiadas por el ilustre académico Don Antonio de León y Gama35 (Bernal, 1979: 75). En este momento se inicia la arqueología en México y no sólo eso, el estudio en forma del arte mexica, aspecto que tendrá posteriores repercusiones en la Academia.
Todo este contexto posibilitó la creación de la Academia de San Carlos en México, considerando su recién formada y homóloga en España, la Academia de San Fernando en Madrid.
La concepción del proyecto de crear una Academia de Artes en la entonces Nueva España fue de José de Gálvez, Ministro de Indias. Parece ser que algunos documentos de 1776 hacen referencia a la idea que tenía este personaje de enviar a la Nueva España algunas piezas artísticas.
Pero fue en realidad Don Jerónimo Antonio Gil y Manguino el verdadero creador. Antonio Gil fue uno de los más destacados egresados de la Academia de San Fernando y por instancias del mencionado Gálvez y autorización del rey Carlos III se envía a Gil para desarrollar al proyecto.
Se debe apuntar que parte de los objetivos de creación de esta academia también perseguían, por lo menos en este inicio, fines económicos, ya que en la Nueva España había muy pocos grabadores que permitieran una afluente de acuñación de monedas de oro y plata al imperio español, por ello es que se solicitaba un grupo mayor de especialistas grabadores que no se tenía en América (Fernández, 1988: 77).
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Esta primera Academia de San Carlos fue fundada en lo que fue la Real Casa de Moneda, paradójicamente lo que hoy es el Museo Nacional de las Culturas, en el Centro histórico de la Ciudad de México. A finales de 1778 Gil manda traer algunos de los primeros modelos útiles de arte. Para llevar a cabo este proyecto era necesario que la Casa de Moneda fuera acondicionada ya que como su homóloga madrileña, se trataría de una Academia, pero también de un taller (Báez, 2008: 24). Para 1781 el superintendente de la Casa de Moneda, Fernando José Mangino, desarrolla el proyecto junto con Gil nombrando a esta primera academia como: Escuela Provisional de Dibujo. Para esto era necesario que el mismo rey y la burocracia novohispana de más alto nivel autorizaran el proyecto para que en 1783 se fundara lo que se llamaría en ese momento: “La Real Academia de San Carlos de la Nueva España”.
Pasados algunos años, la Academia ya contaba con algún pequeño acervo de materiales artísticos. En 1785, Jerónimo Gil desarrolla uno de los primeros inventarios (Thomas, 1976) en los que se registran varios artefactos pero es de vital importancia ya que José de Gálvez solicita “vaciados de las grandes estatuas que hay en San Fernando”, pedido que como veremos se hace realidad hasta 1791, cuando Manuel Tolsá llega con 76 cajas llenas de este tipo de piezas que detallaremos más adelante (Fernández, 1988:77).
En esta fecha también sucede algo muy importante, ya que la Academia que se encontraba en la Casa de Moneda, por diversos factores se tiene que pasar a otra sede, en este caso al Hospital del Amor de Dios donde se atendía a gente con enfermedades venéreas. Es de resaltar ya que se elimina esta función y se solicita de nuevo al arquitecto que acondicionó la Casa de Moneda para que restaure y prepare esta nueva sede en la calle que hoy en día se llama de la Academia.
Entre 1810 y 1820 el país estaba atravesando una etapa muy importante de su historia, el proceso de independencia de la corona española, lo que conllevaba una
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crisis económica, y momentos de violencia y dificultad. Por este motivo la Academia sufre las consecuencia y se ve en este época con una insuficiencia de recursos, lo que genera que temporalmente algunas de sus clases, todas a excepción de las de dibujo, se vean suspendidas y parte de su actividad.
Para 1825, derivado de la nueva política mexicana, cobró una nueva denominación por la de Real Academia a la de Academia Nacional de las Tres Bellas Artes de San Carlos en México (Fernández, 1988: 123).
En 1843 Don Antonio López de Santa Ana expide un decreto para reorganizar la Academia y anexar nuevos modelos educativos, vanguardistas de la época con la idea de ampliar el panorama. Unos años después en 1846 arriban a la capital varios maestros europeos con la idea de poner al día respecto a los avances sobre el arte a los jóvenes artistas mexicanos.
En cierto sentido crea descontento entre los profesores mexicanos que se ven desplazados por los europeos. Entre estos extranjeros se encontraban los catalanes, Pelegrin Clavé quien se encargaría del área de pintura y el catalán Manuel Villar quien sería el nuevo jefe de escultura, aspecto que repercutirá en la nueva conformación de colecciones de la Academia en torno a los vaciados de yeso.
Aún en este momento, seguía imperando la idea que era lo europeo lo que debía ser la base para el conocimiento del arte en México. La escuela mexicana continuaba siendo un poco rechazada, ya que los aspectos propiamente mesoamericanos, no eran todavía apreciados en su debido nivel comparado con lo que se desarrollaba en el mundo europeo.
Para 1849 se ofrece una de las primeras exposiciones de arte procedente directamente de la Academia. Para este momento aún continuaba el resentimiento a los extranjeros y grandes representantes del fenómeno artístico mexicano como
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Juan Cordero o José Mata, pugnaban en este momento por el arte mexicano más claro (Báez, 2008: 86).
Los avances en este sentido permitieron por diversos factores, que para 1860 la Academia fuera nombrado su primer director mexicano Santiago Rebull, a instancias y autorización de Benito Juárez ya que algunos de los profesores extranjeros, no estaban tan a favor, pues en ese momento se llevaban a cabo algunas de las intervenciones militares a México por parte de extranjeros como Francia, Inglaterra y España, todo con intención de solicitar el endeudamiento de México a esas naciones. En ese aspecto el sentido nacionalista mexicano estaba en un momento clave y no podía ser desalentado por las esferas académicas e intelectuales. Por ello personalidades como Benito Juárez experimentaron un sentido de intolerancia hacia lo extranjero (Ruiz Gomar, 1982).
En 1864, como consecuencia de los aventares políticos del momento ya que se encontraba el emperador Maximiliano de Habsburgo a la cabeza del gobierno, la Academia se transforma en Academia Imperial de las Nobles Artes de San Carlos. Tiempo después, con la República restaurada en 1867, nuevamente la Academia cambia su nombre por enésima vez, en esta ocasión nombre que se quedará hasta el día de hoy: Escuela Nacional de Artes Plásticas, ENAP.
En 1903 es nombrado director de la ENAP Antonio Riva Mercado quien en 1909 viaja a Europa con la idea de agrandar la colección y regresar con una remesa más de yesos. Sabemos que sobre todo a principios del siglo XX, con el desarrollo de, algunas de las disciplinas científicas como la arqueología, algunos de los artistas del momento egresados de la misma Academia apoyaban en el registro de las exploraciones arqueológicas que se estaban llevando a cabo en México. Un ejemplo
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de ello, debemos recordarlo, es que durante las excavaciones de Leopoldo Batres36 en Teotihuacan, algunos de estos dibujos fueron desarrollados por Luis Becerril en 1907 (Fernández, 1988: 145).
Para 1911 se logra finalmente hacer la primera gran exposición de arte mexicano. El valor de los yesos comenzaba a perder fuerza ya que en ese momento era de mayor valor los elementos de tipo renacentista y el mundo clásico perdía cierta importancia y en realidad el arte mexicano comenzaba a voltear a su pasado prehispánico (Fuentes, 1989).
Hay un factor fundamental en esta historia que debemos destacar y que repercute notablemente en las colecciones del MNC. De principio recordemos que la Escuela Nacional de Artes Plásticas pertenece a la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México y esto se da desde 1910, institución que se ve restaurada por los acuerdos de Justo Sierra. Ello representa, hipotéticamente, que los materiales pertenecientes a la Academia pasan a formar parte del patrimonio universitario, sin embargo cuando llegan al MNC tiempo después se transforman en una donación como se registrará en futuros documentos (Báez, 2008).