Las narraciones exponen claramente cómo los aprendizajes del cuidado de los(as) hijos(as) se apoyan desde el proceso socializador dado en cada una de las
69
familias de origen. De esta forma puede decirse que dichas pautas dadas en la crianza de las madres logran ser interiorizadas y se manifiestan en sus familias de procreación, por tanto debe resaltarse que las madres ante esas pautas recibidas deciden cuáles de esas formas les resulta prácticas, útiles y en esa vía hacerlo de manera igual o por el contrario, ser modificadas.
“mi mamá cuando nació el niño grande me explicaba cómo se hace, cómo lo cuida, cómo lo baña, cómo hay que sacarlo a la calle, abrigadito, el cuidado de ellos, los alimentos, cómo se hacen, qué se les da, qué no se les da, de pequeños pura leche materna cuando están recién nacidos puro seno no más y cuando empiezan de los ocho meses pa arriba, darles a probar las comidas y darles
los calditos que son cremitas y los teteros. Los cuidados que no se vayan a ahogar con alguna bolsa o algún objeto pequeño que uno les ve a los lados, estar pendiente que no se le caigan a
uno” (Ángela)
La voz hace referencia a que se está pensando el cuidado como un proceso en donde se tiene en cuenta otros aspectos como la preocupación de qué pueda sucederles a los(as) hijos(as), en esta vía interviene entonces elementos de la interacción; la cercanía, el contacto y la comunicación verbal y no verbal. Estos aspectos mencionados dan a conocer así su presencia en las relaciones que sostienen las madres con sus hijos(as) en el cuidado y la protección. Aunque debe destacarse la alusión que se hace a los procesos cognitivos por medio de los cuales se pretende lograr aprendizajes en los cuidados que deben recibir los(as) niños(as), se resalta así que para ese momento histórico no importaba el pensar en otros aspectos que no fueran los de cumplimiento de satisfacciones físicas, es decir, de resolver necesidades de carácter instrumental.
Aquí de nuevo entra en escena el rol materno, donde es la madre quien transmite a sus hijas los cuidados y deberes que tienen para con sus hijos(as). Se evidencia también la aprehensión que la madre-niña hace de su rol materno. En dichos cuidados ofrecidos existe la diferenciación de las etapas por las que suele pasar el niño en su ciclo vital, es decir, se reconoce claramente el tipo de alimentación que debe proporcionarse al niño(a) de acuerdo con su edad así como los cuidados físicos que debe brindárseles a determinada edad.
70
“Cuando decidí tener mi primer hija ya sabía, tener un hijo era una responsabilidad porque yo era muy rumbera, muy callejera y yo dije: yo sé, que yo trabajo, yo empecé a trabajar muy bien y me canse, me canse de estar loqueando por allí entonces yo dije ya voy a tener un hijo, un hijo es una
responsabilidad y ya me ajuicie mucho, me ajuicie en el sentido que ya no era tan callejera, sabía que estaba trabajando por mi hija”. (Verónica)
La narración da cuenta que los cuidados de los(as) niños(as) vividos en la experiencia de la infancia, se entienden desde la elaboración de procesos cognitivos sobre el cómo cuidar a los(as) hijos(as). En esta medida, puede entenderse que la voz se refiera a que los(as) hijos(as) deben asumirse como una responsabilidad, por tanto, debe cumplirse con ciertas obligaciones aprendidas en la crianza de origen, responsabilidades dirigidas hacia la satisfacción de las necesidades básicas: alimentación, vivienda y vestido.
Se puede decir que los factores asociados a la enseñanza del cuidado de los(as) hijos(as) se apoyan entonces en la crianza propia, a partir de la cual se transforman en la actual o familia de procreación. De esta manera, se puede entender que los cuidados en las familias de origen obedecían a un momento histórico y a un contexto particular los cuales se enmarcaban concretamente hacia los aspectos de las necesidades básicas. Sin embargo, se encuentra ahora en las familias de procreación que las madres están intentando construir una dimensión del cuidado que no sólo se refiera al aspecto físico sino también el cubrir el campo relacional en donde puedan tener aproximación y cercanía con sus hijos(as).
“De que de hablarles mucho de darles como ejemplos, de contarles historias que ellas más o menos puedan entender y todo eso y darles mucha confianza, que ellas me vean como esa
confianza que me puedan contar lo que les está pasando” (Amanda)
En estos procesos de crianza, las madres recurren a otro tipo de apoyo el cual se refiere al aspecto religioso en el ejercicio de la maternidad y su relación con el cuidado de los(as) hijos(as), asociándose así dichos aspectos y viéndose bajo el referente de lo divino, un mandato que debe ser recibido y cumplido por la maternidad. De esta forma, se constituye como inherente a la misma y es visto
71
como natural, se entiende entonces que el proceso de la crianza y el cuidado de los(as) hijos(as) se presenta como un don de Dios donde es la mujer quien lo debe ejercer y desde ahí se puede apreciar que en dicho proceso se recurra a la protección y sabiduría divina.
Desde este punto de vista, el incluir el carácter religioso al cuidado de los(as) hijos(as) puede proporcionar dificultades en las relaciones de los miembros, pues al estar presente el aspecto divino puede verse el papel desempeñado por la madre como adecuado y correcto sin que sea cuestionado o puesto en duda debido a que está siendo orientado por la influencia divina.
“Como aprendí, pues, es un don que dios le da a uno, porque como yo no recibí ese cuidado entonces yo digo que es un don que Dios nos da a nosotras la mamás para poder cuidar nuestros
hijos, y si porque la verdad a mí nadie me enseñó yo sabía que tener un hijo es una responsabilidad, no más”. (Verónica)
Adicionalmente existe dentro del cuidado la protección dirigida a la integridad física de los(as) niños(as), es decir, estar pendiente de que no se produzcan daños físicos; golpes, fracturas, entre otros. Sin embargo, cabe resaltar que al hacer referencia a las acciones concretas, es decir, al cómo hacerlo se tienen otras apreciaciones que apuntan más a los aspectos relacionales que se está intentando construir en el papel actual que tienen las madres en su proceso de crianza propio.
“Cómo los cuido, hablándoles de que no vayan a hacer tal cosa, mire que esto está bueno, está malo, está mal lo que está haciendo, sí, no más, estar encima de ellos, por ejemplo, Julio es un niño muy hinperactivo, entonces él está por ahí jugando entonces uno hay que estar pendiente de que no dañe o no coja así es que uno debe estar pendiente de ellos, sí, así es que uno debe estar
pendiente de ellos. Sacar tiempo para cuidarlos y estar atenta a lo que ellos necesitan, por ejemplo los alimentos, el baño, y después uno mira lo último con las tareas” (Ángela)
Esto plantea que el cuidado es realizado a través de la palabra con el ánimo de prevenir en los niños que se causen algún daño, se da el proceso de la
72
comunicación para lograr tal propósito. Llevando a plantear entonces dentro de las relaciones de cuidado y protección la inserción de elementos como los procesos comunicativos, el acompañamiento realizado a los hijos(as) en su proceso formativo, así como orientar a los hijos(as) explicándoles las consecuencias de sus acciones. Esto indica que se están contemplando nuevos aspectos concernientes al ámbito relacional; la presencia del contacto, la cercanía, la comunicación y la orientación a los(as) hijos(as). Esta presencia de factores descritos anteriormente, permiten en la crianza establecer la trascendencia que han tenido los cuidados en las actuales relaciones que sostienen las madres con sus hijos(as).
Al mismo tiempo logra verse en otra de las narraciones, que dentro del cuidado de los(as) hijos(as) se da la preocupación por los abusos físicos a los cuales pueden verse expuestas particularmente las niñas. Esto permite hacer la introducción de la comunicación para establecer relaciones basadas en la confianza y permitirles tener el apoyo y respaldo de la figura adulta.
“Le hablo mucho a ellas, les enseño en cuestión de su cuerpo que es sagrado que solamente yo puedo verlas, tocarlas que si alguna cosa pasa que por favor me digan, trato de darles confianza que ellas me vean como una amiga mamá, si ellas me van a decir algo ayudarlas que en cualquier
momento me digan que ahí mismo corran a decirme que yo soy la que las protejo, que yo soy la mamá y siempre voy a estar con ellas en todo sentido, eso en cuestión de hablarles, en cuestión de alimentación yo trato de darles lo mejor posible por verlas organizadas porque no me gusta que
estén descalzas, sucias” (Amanda)
Lo anterior evidencia que dentro de las relaciones de cuidado y protección se están integrando aspectos de la sexualidad, donde se hace necesario orientar y guiar a las niñas. En este sentido, se presenta como un elemento innovador dentro de la crianza y al mismo tiempo permite hacer el quiebre con la familia de origen donde los temas de la sexualidad no eran discutidos, ni siquiera se mencionaban entre la familia, lo que permite entender también su ausencia por el aspecto religioso y la influencia que tenía sobre los padres de aquellos momentos, además
73
de tener apreciaciones negativas en torno a este tema, es decir, darle la connotación de pecado y prohibición. La crianza se orienta entonces hacia aspectos de la sexualidad donde se procura evitar cualquier tipo de vulneración contra los(as) hijos(as).
Se aprecia de igual manera en la narración un aspecto que merece resaltarse, se trata entonces del acercamiento a los(as) hijos(as) en términos de crear relaciones basadas en la amistad, adicionándose este nuevo elemento en el proceso de crianza actual. Dicha inserción puede ser entendida como una nueva forma de ser madre, de construir vínculos que introducen nuevos aspectos en las relaciones, los cuales pueden orientarse al establecimiento de relaciones menos jerárquicas entre adulto madre e hija. Esto permite establecer nuevas rupturas en los procesos de socialización brindados a los(as) hijos(as), nuevas formas de construir relaciones que permitan acercarse más a los(as) hijos(as). De esta manera, las madres se encuentran en el ejercicio de establecer unas relaciones basadas no en la verticalidad como lo fue en su crianza sino en unas relaciones basadas en la horizontalidad, lo que trae en ocasiones dificultades que les impide realizar esta nueva tarea.
De esta forma hay preocupación por resolver asuntos como la confianza dentro de las relaciones dadas en el cuidado y la protección, aspecto que interviene como un factor que posibilite generar elementos comunicativos y ayuden en ese proceso del cuidar.
Lo que lleva entonces a apreciar de cierta forma una perspectiva integral de lo que implica el cuidado de los(as) hijos(as), no sólo se remite a lo físico, se tiene en cuenta también lo relacionado con la construcción de relaciones que afiancen los vínculos familiares, donde la comunicación es el medio sobresaliente en este aspecto.
74
“Protegiéndolos de tanto vicio yo hablo mucho con ellos dialogamos mucho y los acompaño donde vayan, si yo no veo una persona responsable no dejo salir a mis hijos a ninguna parte, por ejemplo a la calle ni nada, si es solos no los dejo salir porque para mí el que deja salir un niño a la calle es
una irresponsabilidad porque hay mucho peligro y tratar de estar al máximo con ellos cuando yo pueda y salir con ellos, para mi cuidar mis hijos es estar pendiente de ellos en todo sentido”.
(Verónica)
Se evidencia entonces la ruptura entre la crianza de origen y la conformación de las familias de procreación en tanto ahora las madres consideran necesario abordar otros aspectos en la crianza tales como saber con quiénes se relacionan sus hijos(as) y los lugares que frecuentan, esto visto un poco a la luz de las transformaciones mismas que ha sufrido la sociedad y que las madres toman en consideración para llevar a cabo la crianza propia. Por tanto, el cuidado se dimensiona de una manera más abarcadora, donde se contemplan cuidados físicos y al mismo tiempo cuidados dirigidos hacia los aspectos afectivos.
Al mismo tiempo, se encuentra un aspecto dentro de las relaciones familiares orientado hacia las responsabilidades que deben asumir los adultos cuidadores con sus hijos(as).
“Responsabilidades que debo tener con ellos… exigirles a ellos y hacer de que ellos cumplan con las normas que uno les dice, por ejemplo las normas que uno les dice a ellos hagan o no hagan y así, estar pendiente de ellos qué es lo que hacen qué no hacen y aconsejarles que respeten a los mayores, porténsen bien, no sean groseros con los mayores responsabilidades de que estudien,
cumplan con sus tareas” (Ángela)
“El estudio, la educación, la nutrición, la vivienda, todo, la salud, todo, todo lo que esté a mi alcance”. (Verónica)
Las voces dan cuentan del interés presentado en la formación de los(as) hijos(as), basada en responsabilidad, respeto y compromiso, de igual forma se tocan los aspectos educativos, nutricionales y el cumplimiento de los deberes académicos. Esto puede permitir considerar al niño como sujeto titular de derechos, al mismo tiempo que de sus deberes, pero también va un poco más allá, existe la preocupación de querer que el niño(a) se forme como persona con criterio para
75
asumir y asumirse en la vida, con autonomía y valores. Aspectos que dan cuenta de los nuevos elementos presentes en los cuidados.
La voz de Amanda ofrece un reconocimiento de las responsabilidades que se deben tener con los(as) hijos(as), donde éstas no se remiten exclusivamente al campo de la satisfacción de necesidades básicas como alimentación, vestido, salud, educación, entre otros. Hay un reconocimiento y preocupación por brindar afecto a los(as) hijos(as) y en este sentido, este aspecto se ve como necesario dentro de las responsabilidades parentales sobre el proceso de la crianza.
“Muchas, responsabilidad de alimentación de estudio, de salud, de amor lo primero, o sea para mi yo todas las responsabilidades, ellas son mi vida…lo fundamental y el estudio que en lo que más
que ayudarle en sus tareas, revisarle los cuadernos que los exámenes ayudarle a estudiar, que bueno todo, todas las necesidades de ellas son mis necesidades”. (Amanda)
Como bien pudo encontrarse en las narraciones, las madres identifican las responsabilidades que deben tener con sus hijos(as), las cuales no sólo son orientadas hacia el cumplimiento de aspectos meramente instrumentales de la crianza; salud, vivienda y vestido, están avanzando en tanto ahora incluyen compromisos que se ven reflejados en quiénes son sus hijos(as), preocupación por conocerlos y acompañarlos en su proceso de formación, Además se incluye el componente afectivo, aspecto que se considera necesario dentro de las voces de las madres.
Se destaca de igual manera que las necesidades de los(as) hijos(as) son compartidas por los adultos cuidadores teniendo entonces que las responsabilidades logran implementar estilos de crianza basados en la correspondencia de las relaciones entre adulto madre e hijo(a). Estos elementos permiten entender que estas familias están dando apertura a la creación de unas relaciones con rasgos democráticos donde las necesidades de los miembros son compartidas y asumidas por sus integrantes.
76 4.4 EXPRESIONES AFECTIVAS
Logra así exponerse la dificultad en ciertas ocasiones en expresar los afectos por los antecedentes de una crianza donde se daba la ausencia de este elemento en las relaciones sostenidas entre padre-madre-hijos(as). Aspecto que puede plantearse desde la convivencia y experiencia de las madres en su infancia, pues una vez socializadas bajo ciertos criterios orientados desde la no expresión y manifestación de afectos, sus aprendizajes se encuentran bajo la guía de esos referentes recibidos y que en el ahora se hace difícil poder brindar algo que no estuvo presente en la crianza de la familia de origen.
Sin embargo, a través de los relatos se evidencia que ahora las madres juegan un papel diferente al que vivieron en su familia de origen pues se abre la posibilidad de afianzar las relaciones creadas entre madre e hijos(as), se permite consolidar vínculos basados en relaciones recíprocas de afecto, donde no hay temores en expresar los sentimientos y las emociones sentidas.
“Todos los días que se levantan les doy el besito, les digo cómo amanecieron y llevarlos a estudiar y el dios te bendiga y…entonces papi se porta bien. Todos los días estar con ellos abrazándonos, besándonos, decirles los quiero mucho, eso es lo que siempre les digo, te quiero, estás muy lindo,
a veces les digo feo, pero es de cariño, ellos me entienden (se sonríe), ellos me dicen, mami te quiero mucho y cuando llego, cómo te fue, qué hiciste ellos me preguntan” (Ángela)
La narración da cuenta que ahora las madres construyen sus relaciones con los(as) hijos(as) mediadas por el afecto, aspecto considerado entonces como necesario en las familias de procreación, lo que permite fortalecer el proceso formativo del niño(a) desde una dimensión afectiva, donde la figura adulta es la encargada de posibilitarlo.
Permitiendo comprender que las relaciones se construyen con base en el referente afectivo, el cual les permite tener la capacidad de expresarlo a través de diferentes formas bien sean estas abrazos, besos o por medio de la palabra. Estas
77
familias al incluir la dimensión afectiva, resignifican la crianza recibida, otorgando nuevos sentidos y significados para el papel que se quiere cumplir actualmente con las familias de procreación.
Aunque no puede negarse que aún quedan rezagos de la crianza propia, los cuales logran entenderse pues en el espacio que compartieron las madres con sus familias de origen, las expresiones de afecto carecieron en sus dimensiones emocionales y físicas; tener contacto con el otro a través de abrazos, caricias y besos.
“Un abrazo, un te quiero, felicitaciones cuando se manejan bien, cuando me colaboran, gracias mami vea le quedo muy bien, cuando les queda mal también es obvio que llamo la atención, porque no me gusta que hagan las cosas a la loca…ellos me dicen que me quieren mucho. Una vez les escribí una carta, los hice llorar ellos me mantienen escribiendo así son las expresiones de nosotros, en cartas, en un te quiero, un abracito cortico porque pues no me gustan los abrazotes y
los besotes no pero si un abracito, un te quiero” (Verónica)
Se encuentra así en los relatos que las expresiones afectivas tanto verbales como no verbales se manifiestan de forma espontánea y libre, sin restricciones que repriman el poder manifestarlas sean éstas por medio de los abrazos, palabras, caricias, besos y juegos.
“Normalmente les digo que las amo, en las noches la despedida es un problema que besos, abrazos. Cuando se levantan es como con cariño, decirles lo importante que son para mí, que trabajo para que estén bien los esfuerzos que hago es porque las quiero mucho. Juego mucho con
ellas después de que tengamos el espacio, por las noches trato de jugar mucho con ellas o de hablar o de cogerles las nalgas o no sé busco alguna forma de molestarlas y en todo momento