• No results found

Implementation of the Foundation Phase

Como se ha venido profundizando, en los orígenes de la teología pluralista, o como se dice en la reflexión actual, en la teología plural, se ha obrado un cambio de paradigma epistemológico, que no solo conlleva una determinada cosmovisión sino también una manera diversa de contemplar el acontecer de Dios. En la modernidad y la posmodernidad, una vez confrontado el paradigma greco-romano, exclusivista, se ha pasado a un paradigma antropocétrico-racional, y holístico-existencial, en donde las cosas se descubren como autónomas, y las realidades plurales, más aún, la pluralismo, es el distintivo fundamental, y estructura determinante en que se manifiesta la realidad. El mundo dejó de estar estático, y el hombre y Dios se hacen complejos. La emancipación de todo tipo de tutorías se afirma. La pluralidad es actualmente el sello particular de nuestras sociedades, y desde hace algunos años ha comenzado a serlo de la reflexión teológica.

La pluralidad y el pluralismo tienen razones de orden antropológico, social y cultural, como se ha analizado en los capítulos precedentes, pero también, la pluralidad y el estatuto pluralista de la teología las afirma mostrándose coherente con la Revelación.

C. Geffré habla del significado teológico del pluralismo, dice que existen tres causas que lo hacen posible. La primera causa radical de este fenómeno esta referido inicialmente a la extraordinaria riqueza del misterio del Cristo.

El pluralismo teológico no radica solamente en la distancia entre la plenitud del misterio y los enunciados de la fe que intentan expresarlo. Es también la consecuencia de la originalidad de la verdad revelada, que no es precisamente un corpus doctrinal, una verdad-objeto, sino una verdad dinámica, una verdad que se hace, una verdad práctica en el sentido que tiene en San Juan. Se trata de una verdad perseguida y nunca poseída. (C. Geffré, 1984, p. 131)

El pluralismo tiene que ver directamente con la verdad de la revelación, y los alcances de la misma. Si la teología pluralista es verdadera, no es por que la verdad revelada sea una deducción

de ella ahora y por siempre, sino que lo es, porque la Revelación no se agota bajo un solo horizonte reflexivo de la fe, un solo enunciado histórico, sino que vive en tensión constante entre los diferentes momentos históricos de su desarrollo y la plenitud escatológica aún por realizarse.

Una segunda causa teológica del pluralismo para Geffré, es la dimensión noética de la concupiscencia. Al hablar de concupiscencia, este la define como la dispersión interior de todo conocimiento humano, entendiéndolo, como la limitación inevitable del conocimiento del hombre dada la realidad de creatura. Pretender una síntesis absoluta y definitiva de nuestro conocimiento de Dios, es contrario a nuestra propia identidad humana y creada (Geffré, 1984).

La unidad perfecta, el punto de integración que engloba todas las síntesis provisionales, sólo existe en Dios y se revelará únicamente al final de los tiempos. El error en teología consiste precisamente en querer anticipar esta síntesis última o bien caer en el escepticismo absoluto… La teología no existe en sí, sino en la diversidad de sus disciplinas históricas, exegéticas, especulativas y prácticas. (Geffré, 1984, p. 132)

La tercera causa para una teología del pluralismo, es según Geffré (1984) la diversidad de las configuraciones históricas del cristianismo “…la verdadera universalidad del cristianismo no es una universalidad abstracta que tienda a imponer a todas las Iglesias una unidad formal… La catolicidad debe ser capaz de incluir un pluralismo de prácticas, de teologías e incluso de confesiones sin llegar a la ruptura” (p. 133). Pensar en las diferentes configuraciones históricas es tomar en serio las exigencias de una verdadera inculturación. Lo que se dice de Cristo como único mediador entre Dios y los hombres no se puede afirmar sin más de la iglesia como expresión histórica. Un eclesiocentrismo, aún más si es de una determinada concepción dominante, por su hermenéutica univoca, no puede expresar la absoluta novedad evangélica, porque caerá en concordismos doctrinales, además, los alcances de la salvación estarán supeditados a los límites eclesiales.

Para Geffré (1998) es necesario afirmar un cristocentrismo abierto, sobre la absolutización de un eclesiocentrismo:

El enfoque esencial consiste en no transigir con el carácter absoluto de Cristo, que no es un mediador más, sin hacer del cristianismo una religión absoluta. Cierto que el cristianismo reivindica una verdad absoluta. Pero lo hace de acuerdo con el régimen histórico y, por consiguiente, limitado de toda religión. Por más que todos los indicios de limitación son indisociables. (p. 135)

El pluralismo teológico, es una realidad irreductible, no sólo por el hecho de existir reflexiones diversas en un mismo marco de fe, o métodos diversos para describirla, sino por que el objeto que esa fe reflexiona, es un Misterio desbordante y complejo, en donde las dimensiones escatológicas y universalistas exigen este pluralismo positivo, además, muestra los límites de las elaboraciones históricas que sobre él se han hecho, y del conocimiento humano como parcial y provisional.

Pero, aunque como dice Ignace Berten (2003) “todo acceso a la verdad es necesariamente fragmentario y provisional, y está caracterizado por la apertura y la búsqueda permanente” (p. 532). No por ello todo pluralismo teológico significa relativismo. Existe un realismo antropológico, y espiritual, en donde se reafirma que no todas las concepciones, en este caso teológicas, tienen el mismo valor, ni expresan ni respetan del mismo modo el sentido de la manifestación de Dios y de sus implicaciones en la vida y praxis de la humanidad. Una hermenéutica equívoca, debe dar paso a una de orden análogo.