a local view
6.2 Implementation of the NHS Health Check in Hammersmith and Fulham In Hammersmith and Fulham, the implementation of a CVD prevention programme was
También en Timeo 41 e-42 d está implícita la reminiscencia, si es que la revelación anterior al nacimiento ba de serles de alguna utilidad a las almas cuando se encamen.
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latón yeldiálogosocrático102 b-103 c, y la discusión sobre el flujo y la estabilidad al final del Crátilo). En estos diálogos, Platón no ofrece tanto una teoría sistemática, cuanto un esbo zo sugerente del marco de referencia metafísico y epistemológico para su expo sición protréptica de la vida filosófica. En el Parménides y el Teeteto comenza rá algo diferente: una revisión crítica de los problemas que se le plantean al desarrollo técnico de la teoría y un análisis meticuloso de algunas de las cues tiones epistemológicas que se supone que resuelve. Cuando Parménides y el extranjero de Elea asumen el liderazgo de Sócrates, el diálogo platónico entra en una nueva fase, y llega a su fia el tema de este libro. En el Teeteto no se hace referencia explícita a las Formas, y cuando vuelven a aparecer en el Sofista y el
Timeo hay un nuevo protagonista y se cuenta una nueva historia.
Podemos concluir, pues, el análisis de las Formas en los diálogos socráticos citando el pasaje en el que Platón hace que Parménides, tras úna crítica rigu rosa de la teoría y pese a ella, exprese su compromiso perdurable (es decir, el de Platón) con su supuesto principal. Si a la vista de todas estas dificultades, le dice Parménides a un jovencísimo Sócrates, «no admites que hay Formas de las cosas, y si no hay una Forma delimitada para cada cosa, no tendrás ningún objeto al que dirigir tu pensamiento; ...y destruirás completamente el poder de la dialéctica», es decir, la capacidad del discurso filosófico (Parménides 135 b- c). Sin las Formas, dice Parménides, no hay pensamiento ni discurso racional; y el Torneo añadirá lo que estaba implícito en. el Crátilo’ sin las Formas no hay estructura racional del mundo.
Así pues, tras todo lo dicho concluimos señalando la importancia funda mental de las Formas para una comprensión teórica de la naturaleza y del conocimiento, como se venía haciendo en las exposiciones tradicionales del pensamiento platónico. He tratado de demostrar, sin embargo, que la teoría no comienza aquí, sino más bien con la Belleza y el éros, con las virtudes y con el Bien. La epistemología y la metafísica platónicas vinieron exigidas por su empresa básica —que comienza en el Gorgias, pero que no se realiza satisfac toriamente en este diálogo—, a saber, alcanzar una comprensión y una justifi cación filosóficas para las radicales pretensiones de la vida moral de Sócrates.
I X Ep i l o g o s o b r e e lp a p e ld e l o so p u e s t o s
EN LA DOCTRINA DE LAS FORMAS
La deficiencia ontológica de los participantes sensibles se especifica a menudo atendiendo al hecho de que poseen propiedades contrarias: son tanto bellos como feos, iguales y desiguales, justos e injustos, piadosos e impíos
(Fedón 74 b y ss., República V, 479 a y ss., etc.). Así, cuando explica por qué
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resentación del a s f o r m a slos guardianes tienen que estudiar matemáticas, Sócrates distínguelas percep ciones que provocan reflexión racional de aquellas que no lo hacen, y sugiere que la ventaja epistemológica de las primeras se debe a que arrastran percep ciones contrarias al mismo tiempo. Así, la visión de un. dedo no nos lleva a pre guntar «¿qué es un dedo?», pero la visión de algo largo coincide con la de algo corto, y de modo semejante el tacto de algo grueso y delgado, áspero y suave. Estas percepciones simultáneas de cualidades contrarias conducen a aporías cognitivas; y el alma se ve inclinada en consecuencia a recurrir al cálculo y al pensamiento racional [¡ogismós y jióesís) al preguntar si se trata de dos obje tos o de uno, y a preguntar finalmente «¿qué es lo largo y qué lo corto?» (VII, 523-524).
La importancia de la contrariedad, tanto aquí como en las exposiciones á las que me be referido más arriba, llevó a algunos intérpretes a concluir que la doctrina de las Formas se limitaba originalmente a conceptos que implican la copresencia de opuestos en los particulares, y que por consiguiente las espe cies naturales como hombre y abeja (o dedo) no se incluían en la versión pri mitiva de la teoría. Así, consecuentemente, las Formas de los artefactos repre sentarían un estadio todavía más taxdio de desarrollo: para Cama y Mesa en
República X y para Lanzadera y Nombre en el Crátilo.
Aparte de las dudas cronológicas que plantea cualquier hipótesis evolutiva que sitúe el Crátilo después de los-tbros centrales de la República, no existen razones filosóficas para vincular la doctrina de las formas a los pares de con ceptos opuestos que coaparecen en los particulares sensibles. Bien es verdad que estos pares de opuestos ofrecen los ejemplos más notables de cosas que son tanto F como no F, y en consecuencia contribuyen a una exposición más convincente desde un punto de vista retórico (además, al centrar la atención en ellos, se enlaza con una tradición dé explicación en filosofía natural que se remonta hasta Herádito y Anaxágoras, y probablemente también a los mile- sios), pero los criterios enumerados en mi análisis de la revelación de Diotima, junto con los pasajes pertinentes del Fedón y la República, no dependen en modo alguno de la coexistencia de opuestos. La contraposición entre Ser y Devenir, inmutabilidad y cambio, unidad y pluralidad, accesibilidad para el intelecto y para la percepción sensible, realidad uniforme y apariencia en pers pectiva..., todos estos criterios se le aplican igualmente a las Formas de la Humanidad y del Fuego'que a las de la Belleza y la Igualdad. Los seres huma nos no sólo están sometidos al cambio y la mortalidad, también tienen muchas propiedades que no son esencialmente humanas (peso, tamaño, masa, ubica ción), y como es obvio, cualquier instancia de cualquier tipo, natural o artifi cial, aparecerá de modo diferente desde distintas perspectivas y en momentos distintos.
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latóny eldiálo go socráticoConcluyo que si dejamos de lado el argumento, en cierto modo enrevesado, en favor del estudio de las matemáticas en República VII, la prominencia de las parejas de contrarios en la exposición de la doctrina, de las Formas se debe a ventajas retóricas e históricas (tales como el papel explicativo de los opues tos en la filosofía presocrática), y no a una motivación filosófica profunda.